Sociedad y Poder

La foto de Salvador Cabañas

January 29, 2010

— 12:00 am

El rictus de dolor congelado en el rostro desfallecido, la boca ensangrentada igual que las baldosas sobre las que se había desplomado, la playera levantada hasta la mitad del torso, los ojos cerrados en una escena alumbrada en dramático contraluz: esa fue la imagen que buscaron centenares de miles de internautas y que numerosos medios de comunicación convencionales dieron a conocer explotando la tragedia de Salvador Cabañas.

La imagen, aparentemente tomada por uno de los paramédicos que acudieron a socorrerlo, le dio la vuelta a la Red amplificando el asombro que ocasionó la agresión al futbolista paraguayo la mañana del lunes pasado, 25 de enero. En poco rato, la escena se propagó gracias a enlaces de Twitter que apuntaban hacia los sitios que habían reproducido la fotografía. Algo más tarde, en las redes sociales de Internet proliferaron los comentarios críticos a la divulgación de esa imagen.

Al margen de las implicaciones éticas que hay en la divulgación de esa imagen, resulta preocupante el descaro de quienes fueron llamados para auxiliar al futbolista herido pero antes de subirlo a la ambulancia le tomaron una foto con propósitos mercantiles. El periodista Carlos Loret de Mola ha explicado que la foto fue vendida en 7 mil pesos. Luego circuló por el servicio de la agencia fotográfica Cuartoscuro, de donde la tomó el sitio SDP Noticias. El director de ese sitio de noticias asegura, posiblemente exagerando, que podrían haber llegado a un millón las visitas en busca de la para entonces multipublicitada imagen. Varios diarios impresos la reprodujeron al día siguiente.

La fotografía del futbolista tirado en el piso, malherido, es evidentemente impresionante. La expectación por mirarla creció de manera proporcional a la fama de ese delantero del América y a la estupefacción ante el atentado que sufrió. Se trata de una imagen que confirma lo que ya sabíamos. En sí misma, no añade un ápice de información a las noticias que saturaban los medios electrónicos y digitales la mañana del lunes. Pero ya fuese como secuela de la inquietud ante ese hecho dramático, por ganas de documentar el desasosiego, en busca de explicaciones distintas a las que ya se propalaban, por puro morbo o por todo eso junto, centenares de miles de internautas miramos a Salvador Cabañas inconsciente en el baño del Bar Bar.

Quienes han cuestionado la publicación de esa foto consideran que es una expresión de amarillismo y recuerdan la desalmada proclividad que tienen muchos medios de comunicación para explotar los acontecimientos trágicos. Entre aquellos que consideran apropiado haberla difundido, se dice que puesto que así es la realidad no hay que ocultarla, que la foto era de interés público y que así es el periodismo.

Gabriela Warkentin, profesora en la Universidad Iberoamericana, comentó de inmediato esos dilemas para concluir que “la publicación de la fotografía de Cabañas, abatido, sangrando, fue un error. Propia de la noticia espectáculo y ajeno a las mínimas reglas de respeto a la persona, al individuo, a la víctima”. Fernando Mejía Barquera, profesor en la Universidad de la Ciudad de México, se pregunta y contesta: “¿Era imprescindible publicar esa foto? No ¿Los medios que lo hicieron incurrieron en ‘falta de ética’? Tampoco”.

En ese debate no habrá unanimidades pero es útil tanto para discutir el periodismo que queremos, como para apreciar la reacción de la sociedad ante cobertura mediática de asuntos especialmente sensibles. El periodismo es, antes que nada, la búsqueda y publicación de informaciones. Pero el periodismo no se reduce a la comunicación de hechos; además busca explicarlos, ponerlos en contexto. De la manera como se cumpla con esas tareas, depende el tipo de periodismo que se practique.

Las a veces frágiles barreras entre la noticia y la impudicia, entre responsabilidad y obscenidad, entre periodismo y amarillismo, se zarandean en casos como éste. Lo mismo ocurre, aunque con menos discusión, cuando diversos medios se refocilan publicando fotografías de víctimas del narcotráfico.

La foto del futbolista herido no aportó más información a la que ya se conocía, ni permitió explicar esa tragedia. Inquietó, eso sí, nuestras emociones conmovidas ya por el atentado. Si el periodismo tuviera la función de emocionar, la difusión de la foto se habría justificado. Si el periodismo es o se quiere que sea otra cosa, entonces esa imagen era prescindible. Su propagación, no hay que olvidarlo, ocurrió gracias a la codicia de un paramédico irresponsable que hoy tiene 7 mil pesos más en la bolsa.

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Reforma política: lo que no le contaron a Calderón

January 27, 2010

— 12:00 am

Ochenta y tres veces mencionó ayer el presidente Felipe Calderón las palabras ciudadanos o ciudadanía. Al dirigirse a los diputados del PAN reunidos en Puebla, enfatizó de esa manera la vocación que, según él, singulariza a la reforma política que propuso hace seis semanas. Con esa definición, el presidente ofrece una versión parcial de tal iniciativa. Allí hay, en efecto, algunos recursos para la participación directa de la sociedad en los asuntos públicos. Pero también se encuentran medidas que refuerzan el presidencialismo y otras que renuevan cierto populismo engañoso y demagógico.

La exposición del presidente Calderón es tramposilla y polarizadora. Pretende mostrarse como heraldo del interés de los ciudadanos, en contraposición a un sistema de partidos enquistado en privilegios. De esa manera, el presidente responde al maltrato que sus propuestas recibieron antier y ayer en el seminario organizado por el Senado de la República. O, mejor dicho, responde a las versiones que difundieron los medios acerca de ese evento porque, como es costumbre, no todo lo que se dijo allí apareció de manera destacada en las notas de medios impresos y electrónicos. Ni lo que más se difundió en tales notas, constituyó en todos los casos el meollo de las intervenciones de especialistas y dirigentes políticos.

Breves y más a la caza de la frase rotunda que de las propuestas o coincidencias, las informaciones en los medios suelen dejar a un lado la miga del discurso político. En la cobertura de ese evento se perdieron definiciones como los cuestionamientos del senador Navarrete a la alternancia política, el temor de los panistas Madero y Nava a que los plazos electorales malogren la reforma, la casi candorosa simpleza del Partido Nueva Alianza, el rechazo del PVEM a la reelección de presidente municipales pero no a la de legisladores, las coincidencias del perredista Ortega y la priista Paredes en temas como la reivindicación del laicismo, la creación de una ley de partidos y la crítica a los medios de comunicación (hay que democratizarlos dijo el dirigente del PRD, debemos trascender la democracia electoral sustentada en la mercadotecnia consideró la presidenta del PRI).

Estos son algunos fragmentos tomados de la transcripción de la sesión inaugural del seminario del Senado sobre reforma política que tuvo lugar el lunes 25 de enero.

Carlos Navarrete, presidente del Senado: “son tiempos difíciles y surge necesariamente una pregunta: ¿Cómo podremos consolidar a nuestra democracia cuando la mitad de la población  vive en la pobreza, cómo en medio de la disputa por la nación podemos llegar a acuerdos?  La alternancia en la presidencia de la República en el 2000, y el advenimiento de la pluralidad política de los gobiernos locales y en el Congreso de la Unión desde 1989, desafortunadamente no han propiciado todavía mejores condiciones de vida para una buena parte de la población que padece pobreza, desigualdad e inseguridad”.

Gustavo Madero, coordinador de los senadores del PAN: “Si no somos capaces de alcanzar acuerdos será solamente porque no hubo la voluntad política o porque el cálculo electoral no permitió ver más allá de lo inmediato.  Pero no debemos caer en el error de condicionar la voluntad de acuerdos en el Congreso a la agenda electoral partidista”.

Arnaud Peral, Representante en México del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo: “El tema de las reelecciones se plantea demasiado a menudo como el derecho del político a ser reelegido, dejando a un lado el mundo más importancia del derecho de la ciudadanía a reelegir a líderes que han demostrado un buen desempeño. Claro que para que se protejan los ejecutivos será siempre de la mayor importancia que los controles democráticos, los contrapesos y el peso de los demás poderes se refuercen paralelamente”.

Pedro Salazar Ugarte, secretario académico del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM: “Aunque el Estado mexicano sí ha sido objeto de importantes reformas en las últimas décadas, basta con pensar en la creación de los organismos autónomos que no existían hace algunos años, o en la profunda reforma al Poder Judicial de mediados de los años 90 del Siglo pasado, lo cierto es que sigue pendiente una reforma que aumente la capacidad de los gobiernos para dar resultados y permita implementar políticas de Estado en temas fundamentales”.

Manlio Fabio Beltrones, presidente del Instituto Belisario Domínguez del Senado y coordinador de los senadores del PRI: “La reforma política que hace falta es la que otorgue a los mexicanos, certidumbre y confianza, en el que el futuro será mejor. Por experiencia, muchos de los que aquí estamos, sabemos que las reformas políticas, por sí mismas, no resuelven los problemas económicos, tampoco los de orden social; pero sin ellas, es más complicado atender esos retos y dar respuesta a la sociedad”.

Pilar Torre, diputada del Partido Nueva Alianza: “Lo que requerimos suena en esencia muy sencillo, dar las formas de organización idóneas, que permitan el mayor progreso para nuestras compatriotas… Lamentamos la iniciativa de incrementar a 4 por ciento el porcentaje mínimo de la votación nacional emitida en algunas de las elecciones ordinarias para que un partido político nacional conserve su registro”.

Luis Maldonado Venegas, representante del Partido Convergencia: “No nos confundamos, la democracia representativa en México se ha agotado. Caminemos en esta coyuntura política e histórica hacia un modelo democrático que permita que los mexicanos dejen de ser solamente electores, testigos pasivos y se conviertan en ciudadanos plenos. Es decir, garanticemos que las libertades políticas sean la palanca para construir la ciudadanía civil y social de nuestros conciudadanos”.

Ricardo Cantú Garza, representante del Partido del Trabajo: “Necesitamos avanzar en el ejercicio de la democracia directa, mediante el plebiscito, el referéndum y la iniciativa popular. Pero también avanzar en la revocación de mandato, que los servidores públicos, especialmente aquellos que tienen período de seis años a mitad de su ejercicio, a los tres años, se sometan al juicio popular y mediante un referéndum que les permita conformar su mandato popular o revocarlo”.

Arturo Escobar y Vega, senador del Partido Verde: “Estamos absolutamente en contra de la reelección de presidentes municipales. Hoy no encontramos en nuestro país en muchas entidades federativas principios democráticos mínimos para pensar que aquellos que manejan recursos públicos o ejercen un cargo en la administración pública, van a sacar las manos de una reelección o de una posible reelección en presidentes municipales”.

Jesús Ortega Martínez, presidente nacional del Partido de la Revolución Democrática: “…hoy nos encontramos como país en el peor de los escenarios: una economía en quiebra y un sistema político decadente…Los que protagonizaron la alternancia, se ocuparon de montarse en la Presidencia para conducir, sin cambios sustantivos, la vieja maquinaria del antiguo sistema… No avanzamos hacia un sistema republicano y de instituciones democráticas, sino retrocedemos al sistema de caciques estatales”. Entre otras propuestas, Ortega planteó, en un nuevo régimen, garantizar constitucionalmente el carácter laico del Estado; crear equilibrios entre los poderes y suprimir de la Constitución la idea de que hay un poder supremo; una ley de partidos políticos; se opuso a elevar el porcentaje de votación necesario para que los partidos tengan registro; pugnó por “la gobernabilidad democrática, mediante alianzas políticas, sustentadas en programas de gobierno, y que puedan conformar mayorías estables”. Sugirió la ratificación de los miembros del gabinete y la aprobación del Plan Nacional de Desarrollo por parte del Congreso, “la democratización de los medios de comunicación, y la creación de un órgano autónomo para su regulación”.

César Nava Vázquez, presidente del Partido Acción Nacional: Respaldó cada una de las propuestas de reforma política que presentó el presidente Felipe Calderón el 15 de diciembre y además sugirió que haya una sola autoridad electoral para todo el país, profundizar la reforma política en el Distrito Federal, crear órganos de rendición de cuentas “verdaderamente autónomos” en los estados y reducir el financiamiento público que reciben los partidos. Exhortó: “No dejemos que la agenda electoral obstaculice o peor aún condicione la reforma política y los cambios que el país necesita”.

Beatriz Paredes Rangel, presidenta del Partido Revolucionario Institucional: “Estamos atrapados en la tendencia de judicializar los procesos electorales y el costo de las instituciones que organizan las elecciones y atienden el litigio electoral se ha multiplicado sobremanera”. Consideró inoportuna la creación de la cédula de identidad. Luego dijo: “La influencia acrecentada de los poderes fácticos debe llevarnos a ser prudentes con decisiones que son aparentemente de avanzada, pero que en la realidad nacional, actual, pudieran ser contraproducentes. Por eso, el debate sobre las candidaturas independientes se tiene que dar no desde el ideal democrático de una sociedad civil ampliamente participativa y con alta densidad ciudadana, sino desde el hecho inusitado del hiperactivismo de los grupos de ultraderecha, que quizá crean que la confusión que impera en algunos temas los llevará a tomar el poder político. Desde el PRI les decimos no pasarán”. Abogó por el carácter laico del Estado (“si algo le enseñó a la humanidad la crisis del 11 de septiembre de 2001, es que auténtico desarrollo democrático, modernidad y laicidad van de la mano”). Propuso transitar “de una democracia electoral basada en la mercadotecnia a una democracia integral, con gran participación de los seres humanos”. Luego consideró necesario que haya una Ley General de Partidos Políticos. Enumeró rasgos del régimen que es preciso superar: “La descalificación permanente entre Ejecutivo y Legislativo, el culto a la personalidad unipersonal (sic) como sustituto de la fortaleza y prestigio de las instituciones; la propaganda como subterfugio para la manipulación social ante la ineficacia política, ante la incapacidad de definir el aparato del Estado democrático y participativo que exige la viabilidad y vigencia del México del Siglo XXI, moderno y soberano. El país requiere soluciones de fondo, no requiere maquillaje”.

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Antipriismo, ideologías y pastelazos

January 25, 2010

— 12:00 am

Simpatizante de esos acuerdos, el senador Santiago Creel consideró ayer que en las alianzas que buscan el PAN y el PRD, “hay ideología, no es pragmatismo. La frase puede ser atractiva. Pero después de ella, el destacado senador panista nos queda debiendo una explicación que no podría resolverse en unas cuantas palabras.

¿Cuál ideología? ¿La de aquellos que en el PRD se oponen a la reforma fiscal que ha propuesto el gobierno del PAN? ¿La de quienes desde el PRD impulsaron el matrimonio entre personas del mismo sexo, una iniciativa que removió el fundamentalismo que anida en Acción Nacional?

¿Sería cimiento de una alianza entre esos partidos la postura antisindicalista, y de esa manera antisocial del gobierno del presidente Calderón que aplastó al Sindicato Mexicano de Electricistas en una medida de legalidad que todavía se encuentra a revisión? O, ¿prevalecería la posición al parecer mayoritaria en el PRD que cuestionó la decisión del 10 de octubre aunque, por cierto, no con mucha insistencia?

La expresión del senador Creel responde a los numerosos cuestionamientos que ha suscitado el anuncio de posibles acuerdos entre PAN y PRD para marchar juntos en algunas elecciones estatales. Ya comentamos en este espacio, apenas el viernes, la excesiva cuan sintomática reacción del PRI ante esas posibles alianzas, así como la dificultad de panistas y perredistas para justificar, en el terreno de las ideas y las propuestas, un acuerdo tan inopinado como ese.

La verdad es que, por mucho que se esfuerce, el senador Creel no podrá  explicar el sustento ideológico de tales acuerdos porque no lo hay. A menos que resuelva adjudicarle al antipriismo el carácter de ideología que puede ser asumida desde posiciones tan variadas como incluso contradictorias.

Motivos para desconfiar del PRI –más aún: motivos para considerar que el PRI es uno de los grandes males de este país– los hay en abundancia. Solamente con una pizca de memoria es posible recordar el clientelismo, el autoritarismo, la antidemocracia y la sujeción del interés de la sociedad que padecimos durante la hegemonía de los gobiernos priistas. El PRI dificultó y obstaculizó, hasta que no pudo mantener esa política, los esfuerzos de la sociedad para organizarse fuera de la órbita de influencia de ese partido. Gracias al empeño de grupos de muy diversa índole, y a una paulatina aunque hasta la fecha todavía insuficiente madurez de los ciudadanos, pudimos construir cauces al pluralismo de la sociedad.

Esa diversidad dio paso a un panorama político tan competitivo que, en 2000, pudimos asistir a la derrota priista en las elecciones presidenciales. Como todos sabemos, y muchos deploramos, la victoria del PAN confirmó que para empujar la democracia mexicana no bastaba con sacar al PRI de Los Pinos.

Por eso uno de los argumentos que ahora presenta el senador Creel para justificar las posibles alianzas locales del PAN con el PRD resulta endeble cuando señala que en estados como Oaxaca e Hidalgo, esos partidos pueden lograr una alternancia que no ha sido posible durante décadas. Ciertamente, los cacicazgos priistas en esas y otras entidades han subyugado a la democracia. Pero los mexicanos ya hemos constatado que el cambio de gobernantes no por sí solo es garantía de mejoras en la conducción de los asuntos públicos.

La alternancia que significó la sustitución del PRI, por el PAN, no se tradujo en un gobierno sustancialmente distinto. En algunos aspectos, incluso, los disparates y errores de Vicente Fox a menudo resultaban peores, e incluso más costosos, que los excesos de los presidentes priistas. Ahora mismo la incapacidad del presidente Felipe Calderón para conducirse como auténtico estadista, construyendo acuerdos pero además tomando decisiones por encima de sus fobias o preferencias ideológicas, suscita fundadas reservas acerca del resultado de su hasta ahora desastrada gestión. Más allá de las anécdotas, pero sin prescindir de ellas, es difícil esperar un comportamiento responsable en un presidente que encuentra divertido humillar con un pastelazo a uno de sus subordinados.

La única manera para que las alianzas entre PAN y PRI estuvieran respaldadas en un ideario común, sería que esos partidos emprendieran un diagnóstico serio de la situación nacional reciente, hicieran la autocrítica de sus respectivos cuan abundantes yerros, identificaran temas relevantes en los que estuvieran de acuerdo y a partir de ellos construyeran una plataforma conjunta. Pero ese proceso no se resuelve en unos cuantos días y requeriría que tanto Acción Nacional como el Partido de la Revolución Democrática experimentaran transformaciones intensas. Esa reconversión, para utilizar un término de moda, parece imposible en las circunstancias actuales.

Así que sin ideas, o pretendiendo simplemente que el antipriismo clasifique como ideología, los posibles acuerdos estales entre PAN y PRI serán, para emplear la expresión del senador Creel, mero pragmatismo. Esa es una manera elegante de llamarle al oportunismo.

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Todos contra el PRI

January 22, 2010

— 12:00 am

En todo el mundo los partidos se coaligan, coinciden, hacen alianzas y acuerdos, de la misma manera que se escinden y enfrentan. La tensión entre pactos y rupturas forma parte de la política. Esa es la miga de cualquier régimen en donde coexisten varias fuerzas políticas y así ha sucedido en México especialmente desde que terminó la hegemonía de un solo partido.

El propósito del PAN y el PRD para marchar juntos en algunas elecciones estatales durante los próximos meses ha ocasionado escándalo y preocupaciones. Que así sea la reacción en el PRI, que es el partido que saldría perjudicado con esa posible coincidencia, no resulta extraño. Enrique Peña Nieto, que a mediano plazo podría ser el principal damnificado con ella, dijo que tal coalición sería “perversa”. Y dio sus razones: los partidos así cohesionados en algunas elecciones, “están realmente renunciando a lo que es la plataforma ideológica de cada partido, en el único propósito de buscar el poder por el poder mismo”.

La declaración del gobernador del Estado de México podría entenderse como una convocatoria a la congruencia y a la defensa de los principios que, en toda democracia que se respete, deberían definir a cada organización política. Pero el partido del que es militante el señor Peña Nieto no se singulariza por su coherencia programática (baste recordar la heterodoxa alianza que Beatriz Paredes ha entablado con la jerarquía de la iglesia católica) ni por el respeto a sus propios principios, cualesquiera que sean. El mismo gobernador mexiquense, no es un político que se distinga por su aptitud para la elaboración de ideas.

Por su parte el coordinador de los senadores priistas, Manlio Fabio Beltrones, eligió para expresar su desacuerdo una fórmula más propia de los obispos y del flanco derecho de las sociedades al considerar que la alianza entre PAN y PRD sería “contra natura”. El senador Beltrones tendría que explicar qué considera “natural” en el ejercicio político para encontrar contradicción con esa presunta normalidad en el propósito aliancista de sus adversarios.

Tampoco hay especial afán de congruencia en los escarceos de líderes panistas y perredistas interesados en marchar juntos en elecciones estatales como las que ocurrirán este año en Oaxaca e Hidalgo. Hay quienes consideran esa posibilidad también en Durango, Puebla, Quintana Roo, Sinaloa y Veracruz.

PAN y PRD llevan varios años enfrentándose en cuanto foro público y político tienen a su disposición. Las diferencias de esos partidos en prácticamente cualquier tema de política económica y política social, lo mismo que respecto de las reformas electoral, judicial o educativa para solamente mencionar algunos temas, han quedado registradas tanto en los medios como en los diarios de los debates parlamentarios. En varios episodios recientes, como las discusiones acerca del aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo o la eutanasia, han quedado confirmadas discrepancias inconciliables entre esos partidos.

Si en cada uno de ellos hay dirigentes que ahora se proponen marchar juntos, es porque de esa manera confiarían en ganar algunas gubernaturas. No tienen coincidencias básicas en casi ningún tema de la agenda nacional, pero comparten un adversario común ante el cual en algunos estados la oposición dividida no ha podido lograr mas que una presencia testimonial.

Solamente los juntaría su animadversión al PRI. Los dirigentes y eventuales candidatos coaligados de PAN y PRD podrían decir, como Borges acerca de su entrañable Buenos Aires, que no los une el amor sino el espanto.

Así que, a falta de querencia suficiente, los líderes panistas y perredistas tienen que evaluar ahora si el espanto anti priista del cual participan basta para lanzarse a la aventura de las candidaturas comunes. Sus coincidencias, por lo pronto, son cuando mucho en torno a algunos personajes pero no alrededor de ideas ni proyectos.

Hasta ahora por ejemplo se sabe que, en Oaxaca, Gabino Cué se propone como la opción para derrotar al PRI. Con ese afán, ha abjurado del anticalderonismo que sigue profesando el movimiento encabezado por López Obrador y del que ha sido integrante destacado. Si se trata de alcanzar la candidatura por el PAN, Cué no tiene empacho en, ahora sí, reconocer al presidente Constitucional.

En Hidalgo, mientras tanto, Xóchitl Gálvez quiere la candidatura unificada de las oposiciones cansadas de perder ante los cacicazgos priistas. Pero más allá de esa voluntariosa vocación para gobernar a sus paisanos, no se le han conocido propuestas acerca de los muchos problemas que sufre aquella entidad.

En ausencia de tales proyectos y sin más coincidencia que las ganas de ganarle al PRI, se podrá decir que a los partidos en posible alianza no los une en amor, ni siquiera el espanto, sino la elemental y contundente avidez política.

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Aquí es el caos absoluto

January 20, 2010

— 12:00 am

Hace apenas año y medio Suzy Castor, la socióloga haitiana más prestigiada y respetada, confiaba en que la sociedad de su país lograse solidificarse y tomar las riendas de su destino. Haití, recordaba, experimentaba un difícil proceso de maduración que tenía que llevar a su pueblo a decidir por sí solo para evitar que la comunidad internacional decidiera por él. A la extensa cuan ignominiosa historia de intervenciones y expoliaciones foráneas, ya en el siglo XXI se añadía la presencia, necesaria pero preocupante, de las fuerzas de paz de las Naciones Unidas.

La doctora Castor dirige en Puerto Príncipe la Fundación Gerárd Pierre Charles, que lleva el nombre de su marido, fallecido en octubre de 2004. A los dos, muchos mexicanos los recordamos con afecto gracias al cuarto de siglo que vivieron en nuestro país, exiliados ante la dictadura de la familia Duvalier. Después de contribuir a la formación de varias generaciones de científicos sociales en la UNAM, Gerárd y su esposa regresaron a Haití a comienzos de los años 80. Él era dirigente del Partido Unificado Comunista. Inicialmente respaldó al gobierno de Jean Bertrand Aristide y luego se convirtió en uno de sus más tenaces opositores. Formó partidos y coaliciones, lo propusieron para el Nobel de la Paz, fue una de las figuras más respetadas tanto en la política haitiana como en la academia latinoamericana. Murió a los 69 años en La Habana, donde recibía tratamiento médico.

De Suzy Castor, que además dirige el Centro de Estudios para el Desarrollo (CRESFED)

se ha tenido noticia en los días recientes gracias a la mención de unas declaraciones suyas que hace la reportera Blanche Petrich en La Jornada del lunes pasado y a una entrevista aparecida ayer en Il Manifesto de Italia. En esta última, Castor deplora la tardanza de la ayuda internacional y advierte el desmoronamiento del gobierno, la descoordinación de la gente, los riesgos de que su país quede supeditado a la presencia militar.

Interrogada a distancia por el periodista Nikos Moise sobre las dificultades en la ayuda humanitaria en los días recientes, la doctora Castor dijo: “La ayuda ha tardado en llegar. Para poder entender lo que sucede es preciso vivirlo. Hay barrios, zonas enteras, destruidos para siempre. Y muertos todas partes: miles y miles en toda la ciudad. Falta el agua, y eso crea exasperación en la población. El caos es total”.

Este es el resto de la conversación.

– ¿Cuáles son los mayores peligros?

– Son dos las cosas más urgentes: los muchos muertos bajo los escombros y la esperanza de salvar los últimos supervivientes. Por lo tanto, hay que lograr levantar los muertos y los escombros por las calles porque ahora, en zonas muy amplias, hay cadáveres abandonados en descomposición: es un peligro para los vivos y causa de epidemias. Luego, hay que pensar en los heridos: de todas las clases, edades y categorías sociales. Los hospitales no logran ayudarles y los heridos se acumulan afuera de los hospitales. Hoy existe una pequeña ayuda sanitaria por parte de los socorristas, en las naves-hospital y eso quizá alivie un poco el sufrimiento de la gente.

- ¿Y el gobierno haitiano que hace?

- Estamos ante el desmoronamiento del gobierno. Su ausencia es completa. Y también la ausencia de la sociedad civil, hay que decirlo. Ha habido gran desorganización. Si no hubiera sido por la dedicación individual de aquellos que han puesto en peligro su propia vida y que escarban con las uñas para socorrer a quienes corrían el riesgo de morir, no me imagino lo que habría ocurrido. Pero esta dedicación, este heroísmo, necesitan ser coordinados y orientados. Por nuestra parte (Cresfed) estamos organizando una red de solidaridad en forma para dar un poco de alivio ante lo más urgente y ante todo este dolor.

- La presencia del ejército estadounidense, ¿le plantea hoy a Haití un problema de soberanía nacional?

- Puede haber este peligro; que la solidaridad no se convierta encarcelamiento. Es necesario que haya concertación entre socorristas y necesitados. Hay muchos grupos de la sociedad civil que ahora comienzan a conectarse. Sin embargo deben saber que aquí es el caos absoluto: nada de luz, nada de transportes, nada de comunicaciones. Hasta ahora cada uno hacía lo que podía. A partir de hoy nos empezamos a organizar y a tratar de cambiar de dirección.

- Miles de marinos tomarán el control de Haití. ¿Hay soldados para las calles de Puerto Príncipe?

- Durante los días terribles posteriores al terremoto que lo ha derrumbado todo, no había ninguno en las calles. Los ciudadanos han tenido cavar con las manos para salvar vidas, para socorrer a quien lo necesitaba. Desde ayer se empiezan a ver los policías y los soldados de la ONU. Pero la desesperación, el miedo, la pobreza, han desatado la ira de la población. Hay casos terribles de justicia sumaria, abusos, robos, saqueos, que se han producido y se producirán todavía. La emergencia va a durar largo.

- ¿Cómo hacen para tener agua, comida y medicamentos?

- Hasta ahora hemos encontrado algo en los mercados. Para la semana próxima prevemos situaciones de penuria en este sentido. Nuestra esperanza es que el gobierno se recupere lo más pronto posible. Hay voluntad en las personas, pero esto no basta para encauzar la participación de la gente. Será en la medida en que el gobierno se organice y se recupere que podremos mejorar. Porque existe un grave peligro: no queremos que las ayudas se conviertan en nuestro comisario externo.

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Medio siglo de la Ley Federal de Radio y TV

January 18, 2010

— 12:00 am

Obsoleta, pero sobre todo incumplida, la Ley Federal de Radio y Televisión llega al medio siglo. Mañana se cumplen 50 años de su publicación, en el Diario Oficial de la Federación, el martes 19 de enero de 1960.

Cuando aquella ley fue discutida y publicada, no existían las transmisiones por satélite, ni la digitalización de la información. Aún no surgían la televisión por cable ni la radio por Internet. No había contenidos audiovisuales acumulables y reproducibles en formatos como el DVD. La televisión y la radio eran entendidas solamente como las estaciones que difunden contenidos a través de las ondas electromagnéticas, de tal manera que esa Ley Federal no regula a la televisión de paga, entre muchas otras omisiones.

Aquella era una legislación para un país distinto. Pero sigue vigente en el México que lleva casi una década metido en el siglo XXI. En el transcurso de los últimos 50 años la mayor parte de los intentos, siempre fallidos, para reformar la ley de radio y televisión, surgió de sectores de la sociedad y el mundo político interesados en promover la diversidad y la calidad en esos medios.

Por lo general, a los empresarios que han acaparado la mayor parte de las frecuencias no les interesaba modificar esa ley con la que, en lo fundamental, estaban de acuerdo no por sus contenidos sino por la indolencia del gobierno federal para hacerla cumplir. Solamente hasta hace un lustro, cuando a fines de 2005 impulsaron la llamada Ley Televisa, los empresarios más influyentes en la televisión y la radio quisieron modificar esas reglas para reforzar el aprovechamiento que ya hacían del espectro radioeléctrico.

Como es sabido, en junio de 2007 la Suprema Corte desechó los rubros más significativos de aquella contrarreforma. Hoy la Ley Federal de Radio y Televisión se encuentra incompleta. Los legisladores no se han querido poner de acuerdo para actualizarla, o han pretendido hacerlo de manera tan improvisada que terminan por no convencer a nadie.

Mientras tanto, la de 1960 es la Ley Federal que regula a los medios electrónicos. Contiene disposiciones arcaicas como la obligación, en su artículo 84, para que en las transmisiones solamente trabajen locutores que hayan recibido un certificado de aptitud y para que los comentaristas deban acreditar ante la SEP sus conocimientos en la materia de la cual se ocupan. Además, en ese ordenamiento hay páginas enteras que constituyen un inventario de inobservancias por parte de la autoridad federal.

Artículo 10.- Compete a la Secretaría de Gobernación:

I.- Vigilar que las transmisiones de radio y televisión se mantengan dentro de los límites del respeto a la vida privada, a la dignidad personal y a la moral, y no ataquen los derechos de tercero, ni provoquen la comisión de algún delito o perturben el orden y la paz públicos;

II.- Vigilar que las transmisiones de radio y televisión dirigidos a la población infantil propicien su desarrollo armónico, estimulen la creatividad y la solidaridad humana, procuren la comprensión de los valores nacionales y el conocimiento de la comunidad internacional. Promuevan el interés científico, artístico y social de los niños, al proporcionar diversión y coadyuvar a su proceso formativo”.

Cualquier cotejo entre esas normas y los contenidos frecuentes en la televisión y la radio mexicanas, permitirá comprobar las cotidianas infracciones en las que incurren muchos empresarios de tales medios, así como la negligencia de la Secretaría de Gobernación.

Seguramente las formulaciones de la LFRyTV en materia de contenidos tendrían que ser renovadas o precisadas. Pero hasta el día de hoy, y desde hace medio siglo, es legal la siguiente norma:

Artículo 63.- Quedan prohibidas todas las transmisiones que causen la corrupción del lenguaje y las contrarias a las buenas costumbres, ya sea mediante expresiones maliciosas, palabras o imágenes procaces, frases y escenas de doble sentido, apología de la violencia o del crimen; se prohíbe, también, todo aquello que sea denigrante u ofensivo para el culto cívico de los héroes y para las creencias religiosas, o discriminatorio de las razas; queda asimismo prohibido el empleo de recursos de baja comicidad y sonidos ofensivos”.

Evidentemente, la mayoría de los programas presuntamente humorísticos –si no es que todos– y de los noticieros, transgreden esas normas. Se podía decir que las pretensiones del Artículo 63 son arcaicas en una sociedad abierta en donde los ciudadanos se cuidan a sí mismos ante contenidos vulgares y transgresiones sintácticas en los medios electrónicos, además de que nunca nos pondríamos de acuerdo acerca de lo que son las buenas costumbres. Si no es vigente, esa disposición habría que reformarla igual que muchas otras de la Ley Federal de Radio y Televisión. Mientras tanto, su cumplimiento es exigible.

También lo son las reglas, cotidianamente quebrantadas, acerca de la publicidad. Por ejemplo:

Artículo 67.- La propaganda comercial que se transmita por la radio y la televisión se ajustará a las siguientes bases:

I.- Deberá mantener un prudente equilibrio entre el anuncio comercial y el conjunto de la programación;

II.- No hará publicidad a centros de vicio de cualquier naturaleza;

III.- No transmitirá propaganda o anuncios de productos industriales, comerciales o de actividades que engañen al público o le causen algún perjuicio por la exageración o falsedad en la indicación de sus usos, aplicaciones o propiedades.

IV.- No deberá hacer, en la programación referida por el Artículo 59 Bis, publicidad que incite a la violencia, así como aquélla relativa a productos alimenticios que distorsionen los hábitos de la buena nutrición”.

Más allá de la ambigüedad que puede suponer el entendimiento sobre el “prudente equilibrio” que pretende entre programación y publicidad, el Artículo 67, si se cumpliera, haría imposible la transmisión de casi cualquier informercial, limitaría prácticamente todos los comerciales de productos alimenticios y medicinales y buena parte de los anuncios de juguetes (el artículo 59 Bis, ahora 59 Ter, se refiera a la programación dirigida a los niños).

Y ni qué decir del Artículo 5., tan relevante como quebrantado, que establece las responsabilidades públicas de la radiodifusión:

Artículo 5o.- La radio y la televisión, tienen la función social de contribuir al fortalecimiento de la integración nacional y el mejoramiento de las formas de convivencia humana. Al efecto, a través de sus transmisiones, procurarán:

“I.- Afirmar el respeto a los principios de la moral social, la dignidad humana y los vínculos familiares;

“II.- Evitar influencias nocivas o perturbadoras al desarrollo armónico de la niñez y la juventud;

“III.- Contribuir a elevar el nivel cultural del pueblo y a conservar las características nacionales, las costumbres del país y sus tradiciones, la propiedad del idioma y a exaltar los valores de la nacionalidad mexicana.

“IV.- Fortalecer las convicciones democráticas, la unidad nacional y la amistad y cooperación internacionales”.

La Ley Federal de Radio y Televisión es insuficiente para regular a los medios electrónicos. Carece de reglas claras para asignar y renovar concesiones, asigna a la autoridad administrativa una gran discrecionalidad, deja en el desamparo a los medios públicos y no contempla la existencia de nuevas expresiones como los medios comunitarios, carece de previsiones para la digitalización de los mensajes y las telecomunicaciones, deja en el desamparo derechos fundamentales de las audiencias. Pero si tan solo se cumplieran algunas de sus disposiciones –por ejemplo la que establece el respeto a la dignidad humana– los contenidos preponderantes en los medios electrónicos no serían el pantano de barbaridades, insolencias y tosquedades que padecen hoy radioescuchas y televidentes.

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Numeralia haitiana

January 15, 2010

— 12:00 am

La tragedia es peor cuando se ensaña con los más pobres. Quizá nunca se conocerá la cantidad de víctimas del terremoto que devastó al de por sí históricamente lastimado Haití. Estos son algunos datos duros sobre el país que hoy en día suscita la consternación y, ojalá, una categórica solidaridad mundial.

Superficie: 27 750 kilómetros cuadrados (casi idéntico al tamaño de Nayarit).

Población: Algo más de 9 millones de personas. Similar a la población del Distrito Federal.

Producto Interno Bruto por persona: 1300 dólares anuales. El PIB por persona en México es de 14300 dólares al año; el de Guatemala, 5300, el de Nicaragua, 2900.

Sitio en el que se encuentra Haití, de acuerdo con su PIB por persona, entre 229 países del mundo: 203.

Porcentaje de la población que vive con menos de 1.25 dólares diarios: 55%

Porcentaje de la población que vive con menos de 2 dólares al día: 72% (en México es de 4.8%).

Haitianos con empleo: 3 millones 600 mil.

Porcentaje de trabajadores que se dedican a la agricultura: 66%

Población en condiciones de pobreza: 80%

Tasa de inflación en 2008: 15.5%

Porcentaje de la población que vive en ciudades: 49%

Porcentaje de población de raza negra: 95%

Esperanza de vida al nacer: 61 años. En México, es de 76 años.

Lugar que ocupa Haití en términos de esperanza de vida al nacer en un elenco de 224 países del mundo: 181.

Número de muertos por cada mil habitantes, al año: 8.65. En México son 4.8, en Brasil 6.3, en Rusia 16.

Porcentaje de niños de entre uno y 2 años que no reciben vacunas: 42% (en México es de 4%).

Tasa de mortalidad infantil: 60 (niños menores de un año que mueren por cada mil nacimientos al año. En República Dominicana es de 26, en Colombia 19, en México 18.5, en Costa Rica 9).

Promedio de hijos que tiene cada mujer haitiana: 3.81. (En México es de 2.34).

Porcentaje de mujeres de entre 15 y 19 años que no utilizan método anticonceptivo alguno, ni ellas ni sus parejas: 76%

Porcentaje de la población que no tiene agua potable: 42%

Porcentaje de haitianos entre 15 y 49 años que padecen SIDA: 2.2%. En Etiopía es 2.1%, en Sierra Leona, 1.7%, en Estados Unidos 0.6%, en México 0.30%

Porcentaje de haitianos mayores de 15 años que no saben leer y escribir: 47%

Porcentaje del PIB que se destina a la educación: 1.4%

Lugar que ocupa Haití entre 182 países del mundo según el porcentaje del PIB que destina a la educación: 175.

Líneas telefónicas: 150 mil.

Teléfonos celulares: 3 millones 200 mil.

Usuarios de Internet: 800 mil.

Porcentaje de la población con acceso a Internet: 9% (En México es aproximadamente el 28%)

Fuentes: CIA World FactbookInforme sobre desarrollo humano 2009 del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo; Base de Datos del Banco Mundial; Yearbook of Statistics de la International Telecommunication Union.

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El método Harrison Ford

January 13, 2010

— 12:00 am

Con llaneza y sentido del humor, el actor Harrison Ford asegura que para no sentir el paso del tiempo ha ido quitando los espejos que tiene en su casa. El protagonista de más de 60 películas, cumplirá en julio 68 años de edad y está preparándose para representar de nuevo a Indiana Jones. La idea de prescindir de los espejos no parece mala, siempre y cuando aquel que la practique tenga plena conciencia de esa intencional negación de la realidad.

Al retirar los espejos dejamos de vernos a nosotros mismos, que es una manera elegante y menos riesgosa de andar por la casa, o por el mundo, sin cerrar los ojos para no mirar nuestros defectos. En una persona el paso del tiempo es, como reza el lugar común, implacable. Pero la apreciación que tenemos de nosotros mismos no siempre es tan honesta o tan claridosa como la que nos ofrece el espejo. Por eso hay quienes desvían la vista por la mañana cuando se afeitan o se maquillan, de la misma manera que la costumbre de mirarnos a diario es tan rutinaria que pocas veces advertimos de qué manera nuestro rostro cambia, junto con nosotros.

Allá con su autoestima artificial quienes cubran los espejos para no tropezarse con su propia realidad. Después de cierta edad cada quien es responsable de su propio rostro, dice una máxima atribuida al hoy multicelebrado Albert Camus. Así que esconderse del espejo no sirve más que para hacerse tonto. Y si ese autoengaño es cuestionable en las personas, tratándose de asuntos y personajes públicos puede llegar a ser una expresión de necedad o de impericia.

En México el método de Mr. Harrison Ford –sin que el protagonista de Frantic tenga culpa alguna– parece haberse extendido por los más variados intersticios de nuestra clase política. A los políticos mexicanos les gusta prescindir de los espejos que reflejan su realidad y cada vez que puedan miran hacia otro lado, o incluso o niegan lo que advierten en ellos.

Todavía hoy, a pesar del desarrollo político que presuntamente hemos experimentado, todas las dependencias públicas gastan dinero en publicidad que ensalza las obras y declaraciones de los funcionarios que las encabezan. El dispendio en propaganda sigue siendo uno de los mecanismos que limitan la libertad en los medios de comunicación pero, sobre todo, una fuente de derroche financiero que no tiene justificación alguna.

Y así como gasta para colocar falsos espejos mediáticos que muestran una imagen indulgente pero embustera por parcial, el poder político abomina los reflejos críticos. El presidente Felipe Calderón con frecuencia ofrece muestras de esa intolerancia un tanto pueril que niega la realidad como si haciendo caso omiso de ella desaparecieran las circunstancias que la originan.

Cuando exhorta a los embajadores y cónsules mexicanos para que hablen bien del país, les impone una misión poco menos que imposible. Sólo a costa de resultar ingenuos y perder credibilidad, los diplomáticos mexicanos pueden hacer caso omiso de la compleja y con frecuencia desfavorable realidad de un país cruzado por agobios que todos conocemos.

Cuando con notorio resentimiento le reprocha a Carlos Slim que hace un año haya pronosticado la caída de empleos que traería la nueva crisis financiera, el presidente Calderón se afana para imponer el diagnóstico optimista con que pretende que miremos la situación económica del país.

Cuando, por instrucciones presidenciales, el secretario Fernando Gómez Mont califica como “infantiles” las declaraciones del líder priista en el Senado que reprochó la falta de atención del presidente Calderón al trabajo del Congreso, el gobierno insiste en crear una cortina de reflejos complacidos y risueños. La escaramuza declarativa con la que Manlio Fabio Beltrones comenzó tan fallidamente el año, empeñado en soslayar la responsabilidad del Poder Legislativo en el aumento a las gasolinas, fue igualmente lamentable.

Los medios de comunicación podrían constituir los espejos más fieles, eficaces por veraces, si cumplieran con su función más elemental que consiste en retratar la realidad. Pero con mucha frecuencia los medios cargan las tintas, destacando los ángulos más escandalosos de cada acontecimiento; buscan en la realidad no las circunstancias que es preciso difundir y explicar sino meros pretextos para impresionar a sus audiencias. En esos casos, los reflejos mediáticos de la realidad son como los que causan asombro y nerviosismo en las casas de los espejos que hay en las ferias. Allí a la realidad se le distorsiona, achicándola o ensanchándola. Todos se divierten, contemplando esas imágenes que los desfiguran.

Nos faltan espejos, bien bruñidos y sinceros. Pero antes que nada falta voluntad para mirarnos con transparencia y autocrítica. Espejos para nuestros políticos: he allí una modesta sugerencia para acompañar el Bicentenario.

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Televisa y las tonterías de Esteban Arce

January 11, 2010

— 12:00 am

Las rabiosas quejas contra Esteban Arce por las tonterías que dijo acerca de los homosexuales se equivocan de destinatario. El problema no son los prejuicios de ese locutor, que con cierta frecuencia se ufana de un conservadurismo agresivo e ignorante. Lo realmente grave, que ha sido resaltado en ese episodio, es el amplio espacio que la principal empresa de la televisión mexicana le otorga a necedades como las que dice ese personaje.

Todas las mañanas, de lunes a viernes, Arce y varios de sus colegas ocupan la frecuencia de Canal 4 para desparramar gansadas y vulgaridades. Con la coartada de que allí se ofrecen noticias, ese conductor se ocupa de asuntos públicos a los que trivializa y que son motivo de bufonadas que se difunden con más ordinariez que ingenio. Su objetivo, es la burla sin información ni explicación.

Cuando Arce y sus compañeros de mesa se ocupan de temas sensibles como el que ahora le ha dado a ese programa una notoriedad que no merece, lo hacen para buscar sonrisas del público a partir de remedar estereotipos. En ese contexto Arce manifiesta, carente de toda pena, insolencias y simplezas como las que recalcó cuando la sexóloga Elsy Reyes llevó a ese programa el tema de la preferencia y la orientación sexual.

Arce aprovechó de inmediato ese asunto para decir que la homosexualidad no es “normal”. Cuando la especialista quería hacer aclaraciones, el conductor la interrumpía a gritos.

La exposición que Reyes llevaba acerca de la diversidad de opciones sexuales que pueden tener los individuos, quedó en frases sueltas y apabullada por las exclamaciones de Arce. No se trató de una conversación sino de un desigual intercambio de exclamaciones, tal y como se puede apreciar en  el video colocado en YouTube y que ayer llegaba a casi 150 mil visitas.

Durante los 7 minutos que duró el segmento televisivo, Esteban Arce insistió en la presunta “anormalidad”, adjudicándole una connotación peyorativa a ese concepto. Luego de referirse de manera despectiva a los homosexuales, asoció esa orientación sexual a que “hay mucha degeneración y hay mucha droga”. Para Arce la sexualidad “normal” es la que a él le parece adecuada y, sin más cartabón que su prejuiciada visión del mundo, descalifica todas las demás.

Con admirable paciencia, pero desbordada por la intolerante vehemencia de su interlocutor, Reyes intentaba paliar algunas de las carencias intelectuales de Arce.

“Algo que no tenga que ver con nuestras ideologías no quiere decir que sea malo…”, quiso explicar la especialista.

Arce no dejaba de interrumpir: “¡No es mi ideología, es la naturaleza! Yo me quito la religión, yo me quito todo. La naturaleza pone un hombre, una mujer. Eso es lo normal, que tengan hijos y se reproduzcan. Lo que viene al lado ya no es normal, aunque lo digas tú o lo diga Shakespeare o lo diga Einstein”.

– “Es algo mucho más profundo que eso. Yo sí lo único que… es estar por la tolerancia”.

– “Bueno gracias, vámonos”. Arce golpea el escritorio. Entran comerciales.

Esa conversación ocurrió el 18 de diciembre y fue cuestionada de inmediato en mensajes de Twitter y en espacios en Facebook donde se exigía la destitución de Arce. Ya iniciado el nuevo año, varias de esas reacciones rebotaron en algunos medios convencionales que ampliaron la difusión de las opiniones de ese conductor.

Más tarde, en un boletín difundido el 6 de enero, el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación hizo una declaración en donde, sin mencionar a Arce y sus despropósitos, exhortaba a la responsabilidad y la tolerancia en los medios de comunicación y otros espacios de la vida pública. Prudente ese llamado, fue leído como benigna reconvención al conductor de “Matutino Express”. Pero también podría tener como destinatarios a quienes, inconformes con los comentarios de Arce, lo colmaron de improperios y exigencias de censura. Una gran cantidad de esos antagonistas de Arce se colocaron en el mismo nivel, con el mismo estilo, del prejuiciado conductor de Televisa.

Esteban Arce tiene derecho a decir todos los despropósitos que quiera. Los televidentes tienen derecho a cambiar de canal o apagar el televisor. Pero en un canal que usufructúa una concesión pública, máxime cuando se abordan asuntos que requieren explicaciones cuidadosas, tendrían que existir reglas para evitar las simplificaciones. Y sobre todo, tendrían que respetarse opiniones y enfoques diversos.

Si algo se le debería reprochar a Esteban Arce, es el comportamiento que tuvo con Elsy Reyes, a la que no dejó exponer sus argumentos a pesar de que era invitada en su programa. Pero la ramplonería, la carencia de respeto tanto a participantes como a espectadores y la diseminación de prejuicios a veces con la coartada de que se trata de series humorísticas, forman parte de la programación regular de Televisa.

De ese corte, es el tipo de televisión con el que hace negocio Televisa. A la audiencia de la televisión abierta, se la satura de sandeces y vulgaridades. Al entretenimiento, se le confunde con aturdimiento.

El día de hoy Televisa anunciará una campaña para promover sitios turísticos de México con videos de imágenes fastuosas y opípara producción. Pero en la calidad de sus programas, ese consorcio va de peor en peor. Con puntería, el escritor Fabrizio Mejía Madrid señaló en su espacio en Twitter: “La televisión de los setentas es a la de Azcárraga Jean lo que una película de Pedro Infante a una del Chatanuga”.


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Calderón: mirar al pasado cerrando los ojos a la crisis actual

January 8, 2010

— 12:00 am

Hueco de contenido y plano en la forma, el mensaje de año nuevo del presidente Felipe Calderón resultó fallido, sobreactuado y en exceso retórico. De frente a la cámara durante los 10 minutos que duró el saludo en cadena nacional este 6 de enero, enfatizando sus palabras con movimientos de manos y brazos, flanqueado por la bandera nacional y con varias docenas de decorativos libros a sus espaldas, el presidente Calderón inició sus actividades públicas en el nuevo año incursionando en lo que desde ahora podemos considerar como la disputa por la tradición. En este año de conmemoraciones centenarias, no habrá fuerza política que no procure apropiarse de la historia nacional proponiéndose como heredera, continuadora o al menos usufructuaria de las gestas –y los gestos– de los héroes independentistas y revolucionarios a los que con tanto tesón conmemoraremos durante los siguientes 12 meses.

Con ese afán, Calderón exhortó: “hagamos de este año, 2010, nuestro momento en la historia, para seguir con el camino trazado por los Padres de la Patria”. Cada quien entenderá como le convenga cuál es ese camino. Para el presidente de la República, su gobierno está continuando la ruta de los próceres de hace 100 y 200 años, cualquiera que ella sea. Unos minutos antes había dicho, refiriéndose a la situación de la economía, “vamos en el camino correcto”.

El presidente dedicó buena parte de su mensaje a proponerse como continuador de ese rumbo, en una figura retórica que seguramente escucharemos demasiadas veces en los siguientes meses pero que resulta harto discutible. Es difícil reconocer a un gobierno del PAN como continuador de los empeños del excomulgado Hidalgo, el heterodoxo Morelos, el laico Carranza, o de caudillos populares como Zapata y Villa, de quienes se encuentran tan distantes las políticas de la administración actual.

Desde luego no será la primera vez que desde el poder político se desgranan discursos y se violenta la historia para identificar al gobierno en turno con un pasado nacional que sigue involucrando a la mayoría de los mexicanos. El actual presidente ha tenido la desventura de celebrar los centenarios patrios en un contexto de crisis económica y desencanto político que compiten, juntos, contra sus palabras.

Cuando el presidente Calderón se ufana de que ante la crisis económica “los mexicanos salimos adelante”, trata de inyectarle a la sociedad una dosis de confianza que no sería desdeñable si fuera genuina y eficaz. Lamentablemente el optimismo retórico del presidente se contradice con la realidad de una economía maltratada y sin opciones de recuperación claras. Abundan los diagnósticos consternados ante la acumulación de carencias recientes. Uno de los más apabullantes es el recuento de varios documentos que publicó Ricardo Becerra en El Universal de antier: caída de casi 8% en el PIB, más de 26 millones de mexicanos que no tendrán recursos ni siquiera para comprar la canasta básica, casi 11 mil empresas cerradas durante 2009, contracción del 8.5% en el consumo, casi medio millón de empleos perdidos.

Ante datos de ese corte, ¿cómo atender con seriedad al vano esfuerzo del presidente Calderón cuando convoca a eludir “visiones pesimistas nos paralicen e impidan alcanzar nuestros ideales”? ¿Vamos a enfrentar la crisis cerrando los ojos al presente, mirando con nostalgia al pasado nacional y tomados todos de la mano en un voluntarioso esfuerzo para parecer unidos y firmes ante la adversidad económica y las crecientes carencias sociales? ¿No sería más sensato, pero también verosímil, un discurso que reconociera autocríticamente las fallas del gobierno y de la sociedad, que hiciera un balance de aciertos pero también errores y que al tratar como adultos a los ciudadanos les exigiera también responsabilidades?

Las prioridades que apunta el presidente Calderón –creación de empleos, combate a la pobreza y fortalecimiento de la seguridad pública–  atienden los problemas de mayor relevancia. El anuncio de “un impulso inédito a la infraestructura” (carreteras, puertos, aeropuertos) parece pertinente, sobre todo por la capacidad que esos proyectos pueden tener para ocupar mano de obra. Sin embargo ese esfuerzo estará limitado por las restricciones del presupuesto federal, que casi no creció debido a la ausencia de una auténtica reforma fiscal. Esa reforma, como todos sabemos, no fue posible debido a la reticencia de los partidos políticos a enfrentar con seriedad la necesidad de fortalecer al Estado y a sus finanzas.

A esas fuerzas políticas, el presidente Calderón las desdeñó en su mensaje de nuevo año. Ni una palabra dijo acerca de la concertación que hace falta entre los legisladores, ni sobre la iniciativa de reforma política que él mismo envió el Congreso hace tres semanas. En aquella ocasión dijo, para respaldar su iniciativa de reformas para las instituciones políticas: “reafirmo mi convicción de que sí es posible transformar a México”. Esa convicción se le olvidó muy pronto al presidente Calderón, o simplemente no consideró necesario mencionar el tema en su mensaje a los ciudadanos con motivo del año nuevo. De ser así, estaremos constatando que el presidente tiene un discurso para el conjunto de la sociedad y otro para la llamada clase política.

Por lo pronto, el mensaje presidencial fue minimizado en la prensa. Ayer, 7 de enero, Reforma relegó la información sobre la alocución del presidente a la página 5. El Universal a la 6, con una pequeña llamada en primera plana. Milenio incluyó una breve mención en primera, como complemento a la nota principal acerca del pleito entre el secretario de Gobernación y el líder de los senadores del PRI. La Jornada destacó ese mismo tema, con una nota lateral, a una columna, en primera plana. La Razón informó del mensaje presidencial en su cintillo, de manera similar a La Crónica que colocó una pequeña foto del presidente en el segmento superior de su primera plana. Excélsior fue intencionalmente incisivo: bajo un titular principal que decía “Desocupación en 2009. Un millón pidió su fondo de desempleo”, colocó la frase “Calderón sostiene que la economía está sana”.

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