Sociedad y Poder

Las últimas informaciones de Eliseo Barrón

May 29, 2009

— 10:35 am

Eliseo Barrón Hernández era un reportero de a pie. Lo suyo eran las notas breves, directas, información pura y dura. Tenía 11 años practicando el qué, quién, cuándo y dónde en las notas policiacas que escribía para la edición en Torreón, Coahuila, del diario Milenio. El cómo y el por qué por lo general se los dejaba a otros periodistas.

De prisa y precisa, la información acerca de crímenes, robos y accidentes no se presta mucho a la especulación. Sin embargo el auge del narcotráfico ha llevado las notas policiacas a la primera plana de los diarios. Quizá esa circunstancia hizo más complejo, y acaso arriesgado, el trabajo de Eliseo Barrón. El lunes por la noche varios hombres armados lo sacaron de su casa por la fuerza. Al día siguiente su cadáver apareció en un predio de Gómez Palacio, ciudad vecina de Torreón. Es evidente que lo torturaron.

Con Eliseo Barrón, son cinco los periodistas mexicanos asesinados en el transcurso de este año. Es posible que no todos hayan sido victimados como resultado de su trabajo informativo pero las parsimoniosas indagaciones judiciales no lo han esclarecido.

El Centro Nacional de Comunicación Social, CENCOS, que mantiene un registro de agresiones a periodistas, indica que el 13 febrero Jean Paul Ibarra, fotógrafo de El Correo de Iguala, Guerrero, fue asesinado a tiros cuando viajaba en una motocicleta con otra periodista que resultó herida. Ibarra cubría asuntos policiacos.

El 23 de, febrero en Huayacocotla, Veracruz, Luis Daniel Méndez Hernández, reportero de la radiodifusora “La Poderosa”, murió tiroteado cuando salía de un salón de baile.

El 29 de febrero Juan Carlos Hernández Mundo, director del periódico El Quijote de Taxco, Guerrero, murió cuando le dispararon desde una camioneta.

El 3 de abril Carlos Ortega Samper, de El Tiempo de Durango, fue victimado cuando se resistió a ser secuestrado por cuatro individuos que lo querían sacar de su automóvil en el poblado de Santa María del Oro. Ortega había denunciado al alcalde y otras autoridades de ese municipio por amenazarlo después de que publicó denuncias por hechos de corrupción.

Ninguna de las averiguaciones por esos asesinatos ha sido resuelta. El Commitee to Protect Journalists con sede en Nueva York, indicaba el martes pasado que en el transcurso de 2009 ha registrado 11 casos confirmados de periodistas asesinados en todo el mundo debido a su trabajo como informadores y 12 casos por confirmar, entre ellos 2 mexicanos (Jean Paul Ibarra y Carlos Ortega). Con el nuevo crimen, esa cifra habrá aumentado a 3.

La información de cualquiera de esas muertes posiblemente habría sido cubierta de manera escueta por Eliseo Barrón. Uno de sus últimos reportes periodísticos, si no es que el último, fue acerca de un escolta del jefe de la policía municipal en Torreón a quien despidieron porque el domingo pasado, alcoholizado, se puso a tirar balazos. Días antes, escribió sobre el despido de 302 agentes policiacos presuntamente vinculados con la delincuencia organizada.

Quién sabe cuál de esas informaciones desató la violencia de sus asesinos. Eliseo Barrón era reportero de notas concisas, sin especulaciones ni florituras. Los títulos de algunas de las más recientes dan cuenta de sus temas cotidianos: “Engañan a vendedora con billete de $500 falso” (25 de abril); “Niña de Matamoros baleada en persecución murió hoy” (1 de mayo); “Con tres impactos de bala asesinan a soldado” (11 de mayo); “Policía asesino sigue prófugo de la justicia“(11 de mayo); “Madre del niño atropellado por chofer pide castigo para el agresor” (19 de mayo). Los que por lo general ocupaban a Barrón no eran asuntos tan estridentes como los  que protagonizan las grandes pandillas de narcotraficantes.

Más que las intimidaciones de capos criminales, lo que Eliseo Barrón había deplorado eran las limitaciones que los compromisos personales y comerciales imponen a la información periodística. El 8 de diciembre pasado apareció, firmada con su nombre, la siguiente opinión en un foro de discusión en línea sobre la censura en la prensa latinoamericana:

“La autocensura se inicia en los medios cuando el funcionario o la persona, son ‘amigos’ de los jefes y por ende no se puede emitir ninguna información en su contra.

“En México ya sea periódicos de circulación nacional o local, no se habla en contra de los alcaldes o gobernadores, debido a que se teme les quite la publicidad, de la cual ya la tienen cobrada por adelantado, o se tienen convenios.

“En lo que respecta a las notas policiacas, el 90 por ciento de ellas no se publican cuando el sospechoso es familiar, amigo o conocido de un funcionario municipal o estatal.

“Esa es una autocensura, que en la realidad tiene que ver con amistades entre los funcionarios y los directivos de los medios, aunque en ocasiones es por un asunto de carácter económico o publicitario”.

Esas, forman parte de las restricciones cotidianas que padecen reporteros como Eliseo Barrón Hernández. A un panorama profesional acotado por diversas formas de censura, se añade ahora el asesinato como instrumento de coacción a los periodistas.

Desde el martes es noticia que Eliseo Barrón Hernández murió torturado, después de que lo secuestraron delante de sus pequeñas hijas. Se sabe el qué y el dónde. Resulta imprescindible conocer además el cómo y el por qué.

Esta nota, ahora actualizada con ligeros cambios, apareció ayer jueves en la edición digital del periódico El País.

4 Comentarios »

  1. A ver estimados amigos y televidentes. Si alguuno de los más acérrimos y espontáneos defensores de El Samy tiene una mejor oferta de trabajo para él, donde no se le humille, pues ¡adelante!, contrátenlo ya. De otra manera, mejor dejénse de succionadas y permitan que se gane la vida honesta y alegremente. ¿O le tienen envidia por lo bien que se lo pasa entre buenas nenorras? Hace años, cuando mi señor padre lanzó al aire una programación cultural en Canal 8, las mentadas a Televisa fueron tan inexplicablemente feroces, que un buen día El Jefe decidió cancelar el célebre experimento televisivo, y en su lugar apareció lo más selecto de los churros cinematográficos sobre luchadores, cabareteras y charritos. ¿Y que pasó a continuación? Súbitamente cesó el escándalo y todos felices. Así acabó aquel célebre experimento de aproximarse a la cultura, donde -entre otros méritos- el gran escritor Juan José Arreola vivió sus mejores momentos. Por lo tanto, El Samy es un hijo, por así decirlo, de todo aquel proceso vivido en la pantalla chica. Así que no debe haber queja por la programación actual calificada por muchos de mierda. Además, para que se hacen bolas, si el sueño inconfesable de todo estudioso de la Comunicación, intelectual, periodista o seudocrítico es despertarse algún día lamiéndole la suela de los zapatos al gigante televisivo. ¿Verdad que sí, mis queridos Ciro Comes Mielda y Carlos Guarrín; Carlos Monsiváis, Krauze y demás hipócritas y rastreros etcéteras? Nos vemos, pero por el Canal de las Estrellas.

    Comment by Emilio Azcarraga — May 29, 2009 @ 3:26 pm

  2. Si el señor ¿Emilio Azcárraga? (¡será efectivamente el señor Azcarraga o será otro seudónimo del señor Freud?) considera que los “demás hipócritas y rastreros etcétera tienen el “inconfesable sueño de despertarse algún día lamiéndole la suela de los zapatos al gigante televisivo”, pues que pobre imaginación tiene, y además no creo que tenga la capacidad de pensar o soñar o decidir por los demás; y si tanto le molestan las críticas al programa en el que apareció Sammy,pues pobrecito “señor Azcárraga” porque a ese es el riesgo que corren cualquier programa de televisión ya sea bueno, regular o malo; además, ¿no podría, el “señor Azcárraga” hablar correctamente en vez de pronunciar, por ejemplo, Ciro Comes Mielda o Carlos Guarrín (y hago énfasis en yo no soy partidaria de ninguno de estos dos periodistas, ¿eh?)

    Comment by Cristina Cruz Juárez — May 29, 2009 @ 6:12 pm

  3. Nomás faltaría creer que a Televisa no hay que cuestionarle sus excesos porque entonces su programación se vuelve peor. Sería difícil envilecer aún más la comicidad peregrina y el mal gusto de los programas pretendidamente divertidos de esa empresa. Si los hacen peores, allá ellos. Por cierto, no hay que olvidar que el canal “cultural” fue creado en 1983 después de que, seis años antes, había sido utilizado para enfrentar la huelga de los trabajadores de la UNAM. En aquellas emisiones culturales tanto en el 8 como otros espacios de Televisa hay, ciertamente, contenidos muy rescatables como los programas de Octavio Paz. Una de las enseñanzas de aquel poeta y pensador era el ánimo crítico con respeto a las personas pero con ideas afiladas. Nada de eso hay en el mensaje que encabeza esta lista de comentarios.

    Comment by Raúl Trejo — May 30, 2009 @ 11:36 am

  4. Señoras y señores:

    Hagan patria, apaguen la TV y lean libros.

    Comment by Hervey Rivera — May 30, 2009 @ 11:47 am

Sigue esta columna en RSS. TrackBack URL

Deja un comentario