Raúl Trejo Delarbre
Tendrían que ocurrir incidentes demasiado catastróficos, o notoriamente escandalosos, para que el PRI no tuviera más votos que otros partidos en las elecciones del próximo 5 de julio. La ventaja que conserva en todas las encuestas es tal que ahora hay quienes se preguntan si será suficiente para alcanzar la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados.
El Revolucionario Institucional debería lograr más del 44 por ciento de la votación en todo el país, pero además una cantidad suficiente de triunfos en los 300 distritos, para tener más de la mitad de los 500 integrantes de esa Cámara. Aun faltan cuatro meses y las campañas formales todavía no empiezan: de acuerdo con las nuevas reglas ahora durarán únicamente 60 días, durante mayo y junio. Así que será prematuro aventurar cualquier desenlace, particularmente en una situación tan política y socialmente veleidosa como la que transcurre nuestro país.
Pero allá va. Sea por ineficiencia notoria de sus rivales, por desmemoria de los ciudadanos y/o por efecto de una favorable cobertura mediática, el PRI pareciera renacer no de sus cenizas sino de un extendido, sancionado y durante largo tiempo deplorado desprestigio. Los ciudadanos que, hartos o temerosos por el ensanchamiento de la inseguridad y las dificultades económicas voltean hacia un pasado que con frecuencia idealizamos o que les parece menor peor que la situación actual y que están dispuestos a respaldarlo, soslayan los muchos defectos del PRI.
La renovación de ese partido no convence ni siquiera a los priistas que saben, puesto que la padecen o practican a diario, que la vieja cultura política definida por simulaciones, clientelismos y corrupciones, está lejos de haber desaparecido. Pocos retratos del “nuevo PRI” han sido tan puntuales como la portada que publicó la semana pasada la revista emeequis: un individuo con cara y facha de gandalla, de lentes oscuros, sonrisa sarcástica e impostada jovialidad -paliacate en la frente, pantalones de mezclilla, brazaletes de cuero-: “Ahí viene el nuevo PRI”, anunció esa publicación.
Y ahí viene. El suplemento Enfoque del diario Reforma dio a conocer ayer domingo los resultados de su encuesta trimestral sobre la popularidad de quienes podrían competir por la presidencia de la República en 2012. Faltan más de mil 200 días para esa elección. Y más que un eventual y expuesto pronóstico, los datos de ejercicios como ese son útiles por el diagnóstico que ofrecen de las imágenes que los personajes políticos suscitan en la sociedad.
Si las elecciones se realizaran ahora y los candidatos de los partidos nacionales fueran Enrique Peña Nieto (PRI), Andrés Manuel López Obrador (PRD) y Santiago Creel (PAN) el actual gobernador del Estado de México recibiría el 39 por ciento de los votos. El perredista tendría 22 por ciento y el panista, 15 por ciento.
Lo más interesante es la ventaja que cada uno de ellos tiene como posible candidato en cada uno de sus partidos. El 54 por ciento de los ciudadanos que simpatizan con el PRI considera que el candidato presidencial debería ser Peña Nieto. El 57 por ciento de quienes querrían votar por el PRD prefiere a López Obrador (a Marcelo Ebrard lo menciona únicamente el 19%). El 40 por cientode los seguidores del PAN sostiene que el candidato presidencial debe ser Santiago Creel.
En el caso de Peña Nieto no es aventurado considerar que su intensa -e incluso legalmente discutible- exposición en los medios electrónicos le ayuda a estar a la cabeza de las preferencias priistas. Pero ¿qué decir de Santiago Creel?
Creel ha sido deliberada e incluso burdamente vetado por la televisión privada. Su caso demuestra que en México sí hay vida política a pesar de Televisa.

[...] Raúl Trejo Delarbre se refiere al nuevo (cuestiona) PRI y comenta encuesta de Reforma que posiciona favorablemente a Peña. [...]
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