El jueves pasado quedé de verme con una amiga editora de una importante revista del medio para comer. Al ponernos de acuerdo, me pidió que yo escogiera el lugar. Le sugerí que fuéramos a un restaurante nuevo que ninguna de las dos conociera. Ya había visto El GU mencionado en algunas revistas y periódicos donde decían que el restaurante tenía una “carta moderna dirigida a conocedores que quieren experimentar con sabores atrevidos y diferentes”. La mera descripción tal vez debería haberme disuadido. Pero bueno, el lugar se veía precioso en las fotos y decidí arriesgarme.
Llegamos prácticamente al mismo momento al restaurante. Escogimos una agradable mesa junto a la ventana para observar todo el movimiento. El lugar, como en las fotos, estaba precioso. Cuenta con una agradable sección interior para fumadores. Lo anterior sin duda es un plus para ellos. Sin embargo, no es tan atractivo para los no fumadores, ya que ambas secciones están conectadas.
En una esquina del lugar ubicaron una hermosa cocina abierta, donde uno puede observar a los cocineros trabajando apresuradamente. Mi acompañante observó, con mucha razón, lo obscuro de la misma. Comentamos sobre lo complejo que ha de ser trabajar en lugar tan mal iluminado. Ese día prácticamente toda la sección de no fumar estaba llena de comensales que tenían tipo de ejecutivos, por lo que pensamos que el lugar debería estar bueno.
Nos pusimos al corriente y pasaron los minutos. Al darnos cuenta que todavía no nos habían tomado la orden de bebidas, le pedimos a un mesero algo de tomar. Nos ofreció la carta de cocteles, la cual ojeamos rápidamente. Se veían buenísimos, por lo que cada una pidió uno diferente.
Pasó el tiempo. Nuestras bebidas llegaron a la mesa y fueron bien recibidas. El mío con pepino, menta y jengibre estaba muy fresco y agradable.
Siguió pasando el tiempo. Pedimos si nos podían traer el menú. Junto con el menú llegó una rica selección de pan calientito, que sin duda fue lo mejor de la tarde, aunque en ese momento no lo sabíamos. Lo revisamos con cuidado. Había platillos para todos los gustos: comida japonesa, tailandesa, española, italiana, mexicana, norteamericana, fusión. ¡De chile y de dulce! El menú era muy extenso y se perdía uno en él. Habían tantos ingredientes y tantas combinaciones, que era imposible discernir cuál era el fuerte del chef.
Pasó más tiempo. Finalmente pedimos nuestra comida. Para compartir ordenamos al centro un jamón serrano con puré de higo y jitomate fresco. De segundo tiempo mi acompañante pidió una pasta y yo un Rib Eye. Al momento de pedir mi platillo, le advertí al mesero lo quisquillosa que soy en cuanto a la cocción de mi carne: le pedí un término medio, ni más ni menos. Me dijo que no me preocupara.
Pasó más tiempo. A nuestra mesa llegó la botana. En el puré de higo dominaba el sabor a vinagreta. El tomate estaba todavía muy verde. Nunca entendimos lo que hacían estas preparaciones en el plato. Lo único rescatable eran el jamón serrano y el pan tostado.
Ví mi reloj eran ya las 4.00 de la tarde y todavía no había llegado nuestro plato fuerte. Le comenté a nuestro mesero que faltaba el segundo tiempo. Nos contestó que en realidad él no era nuestro mesero a pesar haber tomado la orden y traído nuestras bebidas y entrada. Nos quedamos sorprendidas ¿entonces quién era nuestro mesero?
Llegaron los segundos tiempos. Mi carne estaba sobre-cocida e incomible. La pasta de mi acompañante también dejaba mucho que desear. Era una pasta delgada cocida, tanto que estaba a punto de disolverse. Tenía una increíble cantidad de crema rebajada sin ningún destello del queso parmesano prometido. Pedimos hablar con el capitán para ver si nos podría preparar algo rápidamente. Nos dijo que cualquier cosa tardaría por lo menos unos 15 minutos. Nos vimos con ojos de tristeza. Ya no valía la pena ni intentarlo.
Pedimos la cuenta y las dos salimos hambrientas del lugar. ¿Será que la mala iluminación de la cocina les impide ver la comida que sirven? ¿Cuántas historias no hay de gente que sueña con abrir un restaurante e inversionistas incautos que caen para financiar estos sueños? Siempre que tengo experiencias tan malas en un lugar donde se nota la inversión y la inocencia e inexperiencia del talento de cocina, siento una enorme pena por los dueños del dinero. Es increíble como alguien puede invertir tanto en un lugar y luego no cuidar lo más importante: la comida. Fue una aventura fallida culinaria. De la vista, no nació nuestro amor para El GU esa tarde.
Espero que tengas un maravilloso pre-viernes y recuerda, ¡hay que buscar el sabor de la vida!
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El Gu
Presidente Mazaryk 49-C,
Col. Polanco
5555453133
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En la noche estaba tan hambrienta, que preparé mi sándwich favorito. Un sándwich de huevo pochado con jamón serrano, queso gruyere y espárragos.
(Para 2 sándwiches)
Ingredientes
Pan blanco cortado en rebanadas gruesas
4 lajas de queso gruyere
4 lajas de prosciutto o jamón serrano
1 huevo pochado
- Cocina los espárragos rápidamente en una vaporera o cocínalos sobre una parrilla con un poco de aceite de oliva.
- Prepara tus rebanadas de pan para tostar y ponles de cada lado una laja de queso para que se derrita. Tuéstalas en el horno.
- Para hacer un huevo pochado es muy complicado. Puedes tratar de hacerlos de la manera tradicional en la estufa con agua hirviendo y unas gotas de vinagre o si quieres porqué no pruebas este truco que me enseñaron. En una taza para café agrega una taza de agua más una cucharadita de vinagre. Agrega el huevo teniendo cuidado de no romper la yema. Con un palillo pica suavemente la yema. Cocina por un minuto o menos (aquí depende de la potencia de tu micro-hondas por lo que tal vez tendrás que ajustar los tiempos) hasta que esté a punto de ebullir el agua. Si truena, para inmediatamente el micro-hondas ya que puede explotar el huevo.
- Sobre el pan con queso pon los espárragos, luego el huevo, y al final las lajas de jamón serrano.
- Termina con un listón de aceite de oliva, pimienta recién molida y un poco de tomillo picado.
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