Esta semana escribo con el corazón en la mano porque he sufrido una pérdida de un ser muy querido en la vida. Mi abuelo, un ser humano excepcional, a sus 92 años decidió que ya la vida le había dado suficiente y era tiempo de partir. Siempre es difícil decir adiós, sin embargo lo entiendo. Era un hombre fuerte e independiente y con los años yo misma fui testigo de lo difícil que fue para él volverse viejo. Es importante saber cuando llega tu momento y agradezco que tuviera la oportunidad de decidirlo y sobre todo llegar a esta encrucijada sin mucho sufrimiento.
No podría resumir en un solo párrafo lo que significó mi abuelo para mí. Era un hombre bondadoso, callado, con unos brillantes ojos azules. Quiso por más de 60 años a mi abuela. Se enamoraron en 1941 y casaron justo en tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Todavía recuerdo la primera foto que vi, jóvenes y enamorados, parecían estrellas de cine de la época de oro de Hollywood. La foto en blanco y negro de una joven pareja de picnic. Mi abuelo guapísimo y vestido impecable en su uniforme no le pedía nada a Clark Gable. Mi abuela elegante con un vestido blanco de flores que dejaba ver unas piernas envidiables y una sonrisa seductora. Décadas más tarde, solo se había profundizado el amor: podías ver la complicidad y cariño mutuo que se tenían. Hace algunos veranos, mi abuela compartió conmigo correspondencia que se enviaron mientras estuvo mi abuelo en el ejército Norteamericano en Europa. Eran cartas dónde no sólo me di cuenta del granito de arena que puso mi abuelo en la historia del mundo, sino también de lo enamorados que estaban. Fue un excepcional compañero de vida de mi abuela, un hombre comprometido con la familia que quiso a sus dos hijos con todo su corazón y un abuelo amoroso que consintió a sus tres nietas sin limitaciones, al que recordaré por siempre.
Al recibir la noticia, hice un viaje para el que no estaba preparada, ni tenía muchas ganas de hacer. Tomé un avión a Orlando y después manejé un par de horas a un pequeño pueblo para llegar a casa de mis abuelos. Todo el camino sentía una angustia y urgencia indescriptible de llegar. Sin embargo, al llegar y ser acogida por la familia inmediatamente la carga se aligeró. Nunca había entendido cómo el contar con seres queridos a tu alrededor te ayuda a superar la pérdida de uno de los tuyos. Llevo ya varios días de convivencia, salpicados de todo tipo de diligencias, pero también de momentos familiares en los que recordamos con cariño a mi abuelo. Han habido momentos de tristeza, pero también muchos más de alegría.
No sé si haya un dicho que diga “conoce a los tuyos y te conocerás mejor”. Siempre para mí la comida ha sido un eje fundamental de mi vida. En estos días la comida, ha funcionado como una puerta de oportunidad para sentarnos y acompañarnos, pero también para crear nuevas memorias. La vida continúa. Entiendo que la pasión que tengo por la comida viene de mi abuela, viene de mi madre. Mi abuelo también era un gran comensal. Tenía una debilidad por un buen trozo de carne al igual que yo. Cada vez que lo visitaba me encantaba traerle una caja de chocolates y ver su cara cuando la abría; ver esos ojos llenos de vida que brillaban de alegría. Me divertía saber que los guardaría celosamente como tesoros: esos son los mejores regalos, los que sabes que les gustarán. Compartíamos un gusto por los panes dulces, galletas y pasteles, sobre todo los que prepara mi abuela que es una magnifica repostera. Me queda claro hoy más que nunca no debemos desaprovechar ninguna oportunidad para sentarnos con los seres queridos a la mesa y que no hay momentos más dulces que los que pasas con ellos.
Esta semana me disculparás, no haré ninguna reseña, ni te contaré una historia de comida o viajes, ni te daré una receta, ni pondré imágenes en mi artículo. Lo único que espero dejarte con mis reflexiones para que cuando lo termines de leer abraces a tus seres queridos. No te olvides de ellos. Este fin de semana no te quedes con las ganas de sentarte a la mesa y disfrutar de una rica comida en familia. Hoy te puedo asegurar que sin importar el momento en que se estás viviendo, sin duda te sabrá mejor con ellos. Abuelo, te extrañaré, tengo partido el corazón, pero también sé que ya era hora de partir.
Espero que tengas un maravilloso pre-viernes y recuerda hay que buscar el sabor de la vida.
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