Placeres

Navidades Viejas y Nuevas

December 24, 2009

— 1:02 am

Me da un gusto enorme que mi columna haya caído el día hoy y que tenga la oportunidad de desearte personalmente una muy Feliz Navidad. En medio de las celebraciones y las compras frenéticas de último minuto, donde si no fue un regalo lo que se te olvidó,  es el ingrediente fundamental para tu receta que te hace regresar ya por enésima vez al supermercado, todos estamos listos para celebrar y disfrutar a nuestro modo este festejo.

Luces y colores de Navidad ¡Felicidades!
Luces y colores de Navidad ¡Felicidades!

Siempre para mí la Navidad está envuelta en un sinfín de emociones. Lo que más me gusta de esta época es la idea de reunirme con la familia y tener la oportunidad de compartir ratos memorables con mis seres queridos.  Todavía recuerdo las Navidades cuando de niña, creciendo en una casa “bicultural” (sí, soy hija de padre mexicano y mamá “gringa”) donde los festejos de Navidad se extendían por dos días.  Primero, celebrábamos la tradicional cena de Navidad en la noche del 24. Me la pasaba traduciendo gran parte de la misma amables conversaciones entre mi familia mexicana (compuesta de mi abuelita, bis abuela y tías) y mis abuelos gringos que viajaban religiosamente cada año para visitarnos. Con el paso de los años agradecía que mis primos hablaban mejor inglés, así como la adición de la novia de mi primo, luego esposa, que hablaba perfecto inglés. Sin embargo, si algo recuerdo más allá de las conversaciones amables, es la presencia de los seres queridos que ya no están.  Entre ellos, mi bisuabuela, mi mamá Lupe, que siempre tenía historias maravillosas que contarnos de la época del Porfiriato y la Revolución, llenas de la coquetería que siempre la caracterizaron y las cuales sin duda fluían mejor con la ayuda de un mezcalito, su bebida favorita.

Además llegan a mi paladar los sabores tan familiares, que año con año probaba, salpimentados con las historias que aderezaron mis navidades. Como el año en que llegó mi papá a nuestra casa en plena zona residencial con un guajolote que después descubriríamos en realidad era guajolota. No sé si fuimos mi hermana y yo o mis papás, o todos, que no tuvimos el corazón de sacrificarla, por lo que la adoptamos. Esta guajolota con sus sonidos aderezó nuestra Navidad y creo que la de todos los vecinos que estoy segura oyeron su presencia.  Después la llevamos a nuestra casa de fin de semana. Fuimos muy afortunados porque nos pagó con muchos huevos grandotes por muchos años, después de que le conseguimos una pareja para que no estuviera solita.

Los Romeritos no pueden faltar en esta época del año
Los Romeritos no pueden faltar en esta época del año

Para mí no hay nada como sentarme en una gran mesa y poder disfrutar a toda la familia junta. Todavía saboreo los espectaculares banquetes que preparaba mi mamá. En mi casa de niña, la Navidad se convertía en todo un ritual el cual requería de toda una preparación desde varias semanas antes. Los sabores de los romeritos preparados con mole y romeros del mercado de Tlalpan. Este es el mercado que siento más mío en toda la ciudad, porque ahí crecí y me conocían por ser hija de la Sra. Saldaña, como una de “las niñas”. El pavo, el bacalao de mi abuelita, sazonado a perfección con la receta que años después compartiría conmigo y que me entrenaría a preparar con seriedad y pasión. Hoy a sus ochenta y tantos años ya no cocina, dice que ya no hace mucho, pero para mí, siempre estará presente en mi mente cuando cocino esa clase de bacalo que me dio donde aprendí el ingrediente clave para todo platillo: la paciencia para dejar que salga el sazón.  Sin embargo, si hay algo que me hacía totalmente feliz en las Navidades era el final. Este se imponía sobre todo. Mi mamá es una guerrera de la sección dulce en la Navidad, ofreciendo una amplia selección de galletas: de almendra en distintos colores con distintas figuras, las de azúcar también con todo tipo de temas navideños, pasteles de dátil, bolitas de nuez, el hojaldre relleno de almendra y sus deliciosos pasteles de navidad o mejor conocidos por “fruicakes”.

Deliciosas galletas de Navidad
Deliciosas galletas de Navidad

Después el día 25 muy temprano, nos levantábamos, no sin un poco de trabajo laborioso entre los niños para levantar a todos los adultos, que en ocasiones incluían visitas intempestivas al cuarto de visitas donde dormían mis abuelos. Todos, sin excepción, tenían que bajar para ver qué había dejado Santa Clos bajo el árbol y también para poder abrir los regalos que habían quedado pendientes entre nuestra pequeña familia. No hay  nada como el placer de arrancar el papel de un regalo e imaginarte que hay dentro cuando eres niño. Después nos preparábamos para la gran comida del día de Navidad, donde siempre había algo nuevo y una vez más, la selección dulce Navideña de la casa Saldaña. Además, año con año a esta comida nos acompañaban también amigos queridos con los que crecimos casi como familia. Justo visité hace unas semanas a mis abuelos gringos, que todavía tengo la fortuna de contar con ellos. Parecería paradójico como uno puede crecer viendo a sus abuelos sólo dos veces por año, pero teniendo una relación tan cercana. Tal vez son los tiempos de convivencia intensivos que llevamos acumulados a lo largo de los años: todos tenemos memorias muy cálidas de estas visitas y del día de Navidad, que todavía traen muchas carcajadas.

Con el paso de los años, uno crece y hay nuevas adiciones a las familias. Recuerdo la primera Navidad que pasé con mi familia política. Acostumbrada a una familia pequeña y Navidades tranquilas, me avasalló el número de sus miembros y pero sobre todo la energía que se sentía en la casa. Todos cantamos posada esa noche, acompañados a la guitarra por mi suegro y una cuñada. Después a entrarle a la comida, el baile. El alcohol fluía y todavía recuerdo como esa Navidad, se convirtió en toda una parranda. A lo largo de los años, la familia ha crecido, algunos se han ido. Pero sobre todo, si hay una presencia que falta, que ha dejado un hueco enorme en esta familia, es mi suegro, quien falleció hace algunos años y con quien yo en lo personal, tenía una relación privilegiada, llena de mucho cariño y amistad.

Mientras escribo este artículo, no sabes la nostalgia que me está dando. Este año, vendrá mi familia adoptiva a cenar, ya que un año nos reunimos con una familia y el otro con la otra. La pequeña familia Saldaña se dispersará en Querétaro, Monterrey, Yucatán y hasta la Patagonia.  Me podría ahogar en la nostalgia, pero aquí veo una gran oportunidad. Esta Navidad me está dando muchas ganas de crear una nueva historia.

Sé que hasta este momento he escrito sobre una Navidad “color de rosa”. Sí, yo también he tenido Navidades incómodas, no lo voy a negar, dónde afloran los sentimientos y reclamos,  donde la prudencia de uno es lo único que salva el momento. Pero te propongo algo, vamos a dejar atrás cualquier pendiente, cualquier nostalgia y tengamos una Feliz Navidad a nuestra manera, llena de buenos momentos. En lugar de dejar que domine el pasado, vivamos el presente y las oportunidades que este año nos brinda.  Vamos a proponernos tener una Navidad memorable, sin importar nuestras condiciones, lo duro que haya sido el año con nosotros y demos gracias por lo que tenemos hoy.

Espero que tengas una muy Feliz Navidad y recuerda hay que buscar el sabor de la vida.

***

Receta de Azúcar de mi Mamá

3 tazas de harina
¼ cucharada de polvo para hornear
1 taza de mantequilla
1 taza de azúcar
1 pizca de sal
2 huevos
3 cucharadas de leche mezcladas con una cucharadita de bicarbonato de soda
Azúcar de color verde o rojo

Incorpora todos los ingredientes con la ayuda de un procesador de alimentos hasta que tengas una masa uniforme. Con la ayuda de un rodillo estira la masa y corta en las formas que desees. Espolvorealas con azúcar. Calienta el horno a 180  ̊ Celsius y deja que se cocinen por 12 minutos o hasta que estén doradas e infladas, pero ten cuidado de que no se quemen.

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