
Berlín tradicional
Desde la semana pasada, he estado viendo noticias sobre la ciudad de Berlín que están girando en torno al vigésimo aniversario de su caída. No puedo creer que lleve almacenando en mi memoria por 20 años las imágenes de la gente colgada sobre el muro de Berlín con martillos destruyéndolo. Justo este verano, visité esta excitante ciudad, la cual como si habláramos de una moneda, se muestra con dos caras que nada tienen que ver la una con la otra. La primera y más conocida: es la cara sofisticada de cualquier ciudad cosmopolita y luego otra, a la que bautizaría como la alternativa.
La moderna arquitectura y sus habitantes vestidos minimalistamente, envueltos por escenas donde interactúan con edificios antiguos e históricamente imponentes, como lo es la Puerta de Brandemburgo, el Reichstag y la Opera del Estado nos muestran una ciudad de primer mundo. Un indicador más de su sofisticación, son los innumerables hoteles de diseñador que han surgido en los últimos años donde uno se puede quedar y deleitar en el proceso con aires minimalistas y edredones de pluma de ganso. Los espacios son contemporáneos y están rodeados de todo tipo de pinturas y esculturas vanguardistas, que ayudan a entender cómo Berlín se ha posicionado como una meca del arte en el mundo.
Mi comida más rica en esta ciudad fue en “Fácil”, el restaurante de uno de estos nuevos hoteles boutique, poseedor de una estrella Michelin. Ubicado dentro del hotel Mándala, al entrar uno es acogido por el servicio personalizado de sus empleados que se desviven por atenderte. El restaurante está decorado en tonos grises austeros que le dan un aire zen a todo el espacio. En las mesas se encuentran pequeños arreglos con flores de color rosa brillante. Al ver el menú no podía dejar de salivar por la anticipación de lo que comería esa noche. “Fácil” cumplió con la expectativa: la comida fue memorable y especial. Mi paladar probó especias del medio oriente como el curry y el té limón y la salsa “harissa” africana preparada a base de chiles secos, combinados con ingredientes gourmet como el foie gras y la res wagyu en preparaciones donde la buena técnica resaltaba el sabor de los ingredientes. La cava, que además contaba con una buena selección de vinos por copeo, era amplia y propositiva; ideal para encontrar maridajes increíbles con la comida.

Final feliz en Fácil
La escena del restaurante se contrasta con la otra cara de la ciudad donde parecería existir una línea invisible bien trazada de dos mundos que no se mezclan, como agua y aceite. Mientras que en el restaurante y en el Berlín moderno se respira el orden típico alemán, en la otra cara existe el caos resultante de la diversidad étnica, la división histórica de la misma y la anarquía de un grupo pequeño de la población. Berlín es una ciudad con muchas sorpresas, en la cual uno es invitado a explorar y explorar. La diversidad cultural que ofrece es impresionante. ¿Sabías que en Berlín se encuentra la concentración más grande de turcos fuera de Turquía? Sí, tienen hasta un barrio, llamado Kreuzberg, también conocido como “Little Istanbul”, donde puedes sentarte y comer como lo harías en cualquier lugar de este país. En este barrio almorcé en un restaurante de nombre Hasir, en donde experimenté un viaje sensorial y probé una vez más los sabores tan complejos, sutiles y deliciosos de la gastronomía turca, que cualquier viajero que ha viajado a Turquía añora.
Por casualidad, al mismo tiempo que visitaba Berlín, coincidí con un querido amigo: Narghis, un connotado abogado de Lima y además un impulsor del arte local, quien recientemente se inició en el negocio editorial con la revista peruana dedomedio. Mientras platicábamos sobre lo que haríamos en Berlín, me mostró un pequeño artículo publicado en el New York Times sobre unos tours “alternativos”, donde la propuesta incluía un recorrido de un Berlín poco visitado donde verías los sitios escondidos, aprenderías sobre el arte del grafitti y además lugares diferentes para escuchar música electrónica y reggae. La descripción, definitivamente me causó curiosidad. La logística era muy simple: llegas sin previa cita al punto de encuentro ubicado en el Starbucks del Alexanderplatz a las 11.00 o a la 1.00 y de ahí te desplazas en metro o a pie, por los distintos lugares. El costo, es como dirían aquí, con lo que gustes cooperar (vi que la gente daba entre 5 a 10 euros por persona) después de que termina el tour que dura entre 4 y 5 horas.
Definitivamente recomiendo el tour, éste lado caótico también tiene su atractivo. Fui a lugares ubicados en edificios en los que no me atrevería a entrar sola, donde no sólo el lugar, sino también la gente intimidaban. Me adentré en una cultura, que hasta ese momento siempre tengo que confesar, me había causado cierto enojo. Nunca había siquiera pensado en tratar de entender; ni su mensaje, ni su protesta, ni a verlo como arte y expresión. Eso sí, tengo que decir que como en todo, hay de grafitti a grafitti. No tiene nada que ver un par de rayones y garabatos sobre una pared recién pintada (sobre todo si es la de la casa de uno), con la calidad artística de lo que vi. Además, aprendí a identificar el estilo de algunos grafiteros, inclusive algunos que han alcanzado fama mundial, como Bansky, Jeff Soto y Alias, así como otros perdidos en el anonimato. Lo que más me impresionó es cómo este tipo de arte es pasajero, donde está en un minuto y luego es reemplazado por otra cosa, pero además me dejó una gran pregunta ¿en qué punto la contaminación visual se convierte en arte?
Mientras escribo la columna de esta semana, me doy cuenta que nunca es suficiente entender una ciudad a través de visitas turísticas organizadas, sino que vale la pena aventurarse. La primera cara de la moneda, la tradicional, es la que vemos normalmente, pero para ver la segunda, la alternativa, requerimos de un poco más de tiempo y dedicación. Y sobre todo si como bien dicen “los viajes ilustran” a mí me ilustró la visita a Berlín. No voy a decir que soy fan del grafitti, pero ahora lo veo con otros ojos y es más, he encontrado algunas muestras de grafitti de muy buen nivel en el DF. Lo he visto con otros ojos, con los de alguien que lo entiende mejor. Ojalá y te quedes invitado con este artículo a buscar la otra cara de la moneda y no conformarte con el tour tradicional.
Espero que tengas un maravilloso pre-viernes y recuerda hay que buscar el sabor de la vida.
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Facil
5 piso, Mándala Hotel
Potsdamer Strasse 3
10785 Berlín
Tel: 49 (0)30 59005 12 34.
Hasir (varias sucursales fuí a la de Mitte)
Oranienburger Str.4
10178 Berlín
Tel: 49 (0) 30 2804 16 16.
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Se ha convertido en un favorito de mi casa para cenar en la noche. Si visitas Berlín en algún momento tendrás que comerte un “currywurst”, que es una salchicha cubierta con una salsa picante preparada con tomate y curry que se vende en por toda la ciudad en puestos callejeros. Sin embargo deberás cerciorarte que el que elijas, sea un puesto donde no utilicen salsa cátsup, sino que hagan su propia preparación de salsa.
Currywurst
1/2 taza de cebolla picada
1 cucharada de aceite
2 cucharadas de polvo de curry fuerte
1 cucharada de paprika picante
1 cajita de jitomate en cubitos (sin sazonar)
¼ taza de azúcar
1 chorrito de vinagre de vino tinto
Sal al gusto
4 salchichas alemanas
En un sartén calentar el aceite. Agrega la cebolla hasta que esté transparente y agrégale el curry y la páprika. Agrega los cubitos de jitomate. Después añade el azúcar, el vinagre y la sal. Incorpora todos los ingredientes. Deja que la mezcla hierba y luego deja que la salsa se reduzca por una media hora. Licúala en la licuadora, cuélala (aunque a mí me gusta sin colar) y sírvela sobre una salchicha caliente.

Gracias Ana , por compartir tus interesantes experiencias ,. Ya adquirí la revista de este mes ” TRAVEL AND LEISURE ” MEXICO , EN DONDE RECOMIENDAS LOS 25 MELORES RESTAURANTES DEL PAIS.
Excelentes recomendaciones.
Buen fin de semana.
Saludos .
Marcelo
Comment by Marcelo — November 13, 2009 @ 1:20 pm