
El fin de semana estuve en el Puerto de Veracruz. Nunca me había puesto a reflexionar sobre el asunto del desayuno en nuestra cultura. Siempre parecería que al medio día es la hora más importante para nosotros en cuestión de alimentos. Sin embargo, mientras que desayunaba en el restaurante Villarica del hotel Diligencias en el zócalo de la ciudad y observaba a los comensales regresar una y otra vez con alegría a surtirse en el buffet, caí en cuenta de lo importante que es para nosotros y de lo placentero que puede ser un desayuno bien surtido. Para el mexicano es imperdonable pensar en iniciar el día con un estómago vacío. Esto probablemente explica la oferta ilimitada de opciones para comer un bocado rápido en casi cada esquina desde tempranas horas de la mañana. Todos en algún momento hemos recurrido a las famosas tortas de tamal o unos ricos taquitos de canasta con la salsa extra picante para llenar el huequito del hambre y empezar el día con el pie derecho. Sin embargo, el fenómeno no parecería replicarse en otras culturas. Por ejemplo en Europa, los cafés en la mañana son visitados por personas que van en camino al trabajo y que visitan rutinariamente su cafetería favorita en busca de un café exprés y si bien les va un pan que se llevan en una bolsita para comer mientras caminan. En la barra solo vemos como cientos de pequeñas tazas de café se van apilando vacías, mientras las mesas están desiertas.
Para mí Veracruz es símbolo de buena comida y gente amigable. Durante mi visita al bello puerto de Veracruz hice todo lo que se espera de un turista que lo visita después de haberlo visitado ya varias veces: camine por las calles del avejentado, olvidado y tristemente dilapidado centro. Recorrí el malecón. Sí, baile en la plaza central una pieza de danzón el sábado en la tarde después de comerme una nieve en las famosas Nieves El Malecón. Ese mismo día me senté en el lugar que antiguamente albergaba el famoso Gran Café de la Parroquia (ahora ubicado a unas cuadras) mientras oía la transmisión de un programa de radio en vivo sobre jaranas. Encontré un changarro maravilloso para comerme un delicioso coctel de caracol, cocinado a perfección, aderezado simplemente con chile habanero, aceite de oliva y limón en La Suliana II. Sí, hice todo lo que tenía que hacer para turistear, incluyendo una visita a la zona de Boca de Río al restaurante el Canda para comer un festín de mariscos. Ahí comí una sopa de ostión inolvidable, mientras admiraba la bahía donde se incorporaba el río al mar, en la verdadera boca del río.
Durante mi estancia al recorrer la ciudad preguntaba a quien pudiera dónde era el lugar favorito de los locales para desayunar. Ya en viajes previos, me habían mencionado el Samborcito, sin embargo pensé que así era cómo los locales le habían puesto a la tienda y restaurante conocido por todos nosotros. Nada me podría haber preparado para esta experiencia, donde el nombre sí le hace juego al Sanborn’s que todos conocemos, pero donde la experiencia dista mucho de la ofrecida por esta cadena conocida por todos. Aquí si sirven un almuerzo 100% jarocho.
Llegué con mucha hambre el domingo como a las 9.30 de la mañana. El lugar inmediatamente me impactó por lo higiénico de sus instalaciones, contrario a lo que uno imaginaría cuando va a visitar la antojería favorita de la ciudad. Todas las meseras estaban vestidas impecablemente con redes en el cabello. No podía haber más contraste con el techo: estaba formado por dos grandes palapas de palma. Inmediatamente me sentí acogida por el lugar; todos sonreían, todos a pesar de tener mucho trabajo se tomaban el tiempo para atenderte, siempre atentos a tus necesidades.

Plátanos con crema rellenos de queso
Inmediatamente al sentarme, llegó la mesera para ofrecerme algo que tomar junto con el menú. Contrario a la sugerencia del taxista que me había llevado al lugar, (sí, confieso, por miedo de arruinar mi apetito), desistí de pedir un atole de entrada y pedí un delicioso jugo de naranja. Después de una negociación con mi acompañante y un minucioso estudio del menú, pedimos una serie de platillos surtidos para compartir.
Para empezar llegaron a nuestra mesa unas gordas con mole y con queso fresco. La masa inflada era el vehículo perfecto para acompañar un delicioso queso fresco con crema y lo mejor, un mole especiado y picante. Inmediatamente les siguió una picada con chicharrón que estaba deliciosa. Después arribaron a la mesa unos huevos revueltos con frijoles, que combinaban tanto frijoles enteros como machacados con un poco de epazote que estaban espectaculares. La concentración en el banquete fue tal, que casi brinco al oír los primeros acordes emanados de un grupo formado por 4 miembros: un guitarrista, un tecladista, un bajista y percusionista. Los sonidos, una combinación de música cubana, con jazz y música tropical. La música parecía envolvernos a todos los comensales e inmediatamente levantarnos el ánimo y llenarnos de alegría. Ya en la puerta se podía ver cómo a partir de las 10 de la mañana la gente tenía que empezar a hacer cola para entrar.

Un dulcecito típico para endulzar la vida
No pudimos resistir la tentación y ordenamos unos platanitos fritos rellenos de queso terminados con queso fresco y crema. Los plátanos en realidad eran una combinación de masa con plátano en forma de unos pequeños bocados que me recordaron a la forma de los plátanos dominicos: eran un banquete. Para terminar con algo más dulce, pedí una gordita dulce, la cual estaba preparada con una mezcla de piloncillo y anís. Mientras volteaba a ver las mesas contiguas, no había duda, ésta era la salida especial del día para todos. Familias enteras se reunían y, como me contaba el taxista que me llevó, era claro que este restaurante era para todos: el favorito de tanto ricos, como pobres.
No sé cómo mi acompañante y yo pudimos salir del lugar caminando, pero lo hicimos. Si alguna vez alguien me preguntara sobre cuál sería mi domingo perfecto, probablemente éste lo sería. Un almuerzo con música, antojitos y sabor: no se puede pedir más. Puedo aseverar sin temor a equivocarme que definitivamente el desayuno es fundamental para todos nosotros y que éste nos provoca muchísimo placer.
Espero que tengas un maravilloso pre-viernes y recuerda, hay que disfrutar el sabor de la vida.
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Restaurante Villarica
Av. Independencia No. 1115 Centro, Veracruz
Nieves El Malecón
www.nievesdelmalecon.com
Zamora #20, Centro Histórico
La Suliana II
Zaragoza, casi esquina con Canal, Centro Histórico
El Canda
Zamora No. 7, Boca del Río
Tel. 229 9 86 24 90
Samborcito
16 de Septiembre No. 727, Col. Flores Magón
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Coctel de Camarón
400 gms camarón cocido y pelado
½ taza de limón
½ taza de aceite de oliva extra-virgen
½ cebolla rebanada en lajas muy delgadas
Chile Habanero picado finamente
Sal de grano al gusto
2 cucharadas de cilantro picado
Combina el limón con el aceite de oliva en un recipiente cerrado y mézclalo vigorosamente para formar una especie de vinagreta. En un molcajete machaca el chile habanero con la sal de grano y unas gotas de aceite. Agrega la mezcla de chile a la vinagreta, junto con las cebollas y el camarón. Termina de decorar el coctel con el cilantro. Acompáñalo de unas tostadas.

¡Me muero por probar esos plátanos! Es uno de mis alimentos preferidos, el plátano macho, y nunca se sirve mejor que en la comida veracruzana. Una hermosa columna más. El desayuno, sin duda, es mi comida favorita del día.
Comment by Lita — September 18, 2009 @ 2:30 pm