
Un bello atardecer en la tranquila Bahía de Buzios
Tengo que confesarte que las últimas semanas han sido una locura. He comido fuera poco y no he visitado ningún restaurante nuevo. Sin embargo, tengo una razón de mucho peso. Estoy feliz de compartir contigo una muy buena noticia: a partir de esta semana, todos los sábados podrás ver mi nuevo programa en el Canal 40 llamado Sabor 40, donde a través de los sabores e ingredientes conoceremos lo último en el tema de la gastronomía. Además he recibido algunos correos donde me preguntan qué otros lugares recomiendo en Brasil.
Recientemente estuve en Búzios, un pequeño pueblo pesquero que fue descubierto por Brigitte Bardot, de quien vemos una bella escultura en la avenida principal y el Gato Dumas, ese chef argentino amante de la gastronomía que revolucionó la industria y que es más, todavía dejó su marca en este pequeño pueblo, donde un restaurante ostenta su famoso nombre. A través de los años, este tranquilo pueblo se volvió un lugar de descanso para la gente acomodada. Búzios, se transforma con el ir y venir de sus visitantes, ya que durante el día llegan cruceros que invaden el pequeño pueblo y luego durante la noche, se inmersa en una tranquilidad, que invita a recorrer sus pequeñas calles empedradas para cenar. Después, la ciudad se transforma una vez más, al iniciarse la actividad nocturna. Al llegar el amanecer, si uno gusta de ejercitarse antes de que el sol lo impida, estos dos mundos se combinan al ver a la gente que regresa de la parranda, mientras que otros comienzan un nuevo día.
Para llegar a Búzios de Rio hay que salir por la zona de Niteroi y cruzar la bahía de Guanabara, por un puente enorme. Antonio, mi profesor de portugués y entrañable amigo, me ha contado historias de terror sobre el tráfico que puede llegar a acumularse en el puente, donde la gente puede permanecer varada más de 5 horas. Hoy estoy de suerte, y vuelo por el puente. Después de casi 2 horas de carretera, llegas a la entrada de Búzios. Poco a poco me voy adentrando hacia la playa. Es un lugar mágico, donde uno tiene opciones de distintas playas y de alojamiento. Llego a mi “pousada”. Vila D’Este es un pequeño hotel boutique que cuenta con una ubicación privilegiada dentro del pequeño pueblo. Al pisar el hotel, uno tiene la sensación de haber llegado al paraíso. La recepción cuenta con dos grandes salas y después una terraza que da a un acantilado y después el mar. Uno se relaja con solo de ver la vista. El hotel cuenta con varios tipos de habitaciones. Recomiendo mucho las habitaciones con terrazas privadas con vista al mar.
La avenida más importante en Búzios, es la Rua das Pedras. Es una calle empedrada, a las orillas de la bahía o como le llama, Orla Bardot, donde se encuentra la mayoría de la actividad de este pequeño pueblo. Aquí encontramos un sin número de restaurantes con variada oferta gastronómica, entremezclados con comercio de todo tipo. Conforme uno recorre el pueblo, puede conocer la oferta gastronómica del lugar y a decidir dónde comer durante su estancia. La primera sensación que recibo de Búzios es un pueblo tranquilo que invita a la relajación. En el día, la gente migra a las playas circunvecinas y en la tarde el pequeño pueblo comienza a ebullir con vida.

Un plato de mariscos fresquísimos en Satyricon
Para cenar en la noche, hay varias opciones ubicadas en la Rua das Pedras. Mi favorito es el Satyricon. Este restaurante es uno de los mejores restaurantes en Rio, cuando se trata de mariscos, pero muchos no saben que originalmente, el restaurante abrió sus puertas en Búzios en los años 60s. El restaurante es propiedad del italiano Miro Leopardi, quien llegó a Búzios para supervisar la exportación de peces a Europa. Leopardi acabó creando Brasfish, la mayor exportadora de pargo fresco, que con barcos propios pesca en los litorales de Rio de Janeiro y Espíritu Santo. Cuando uno llega al restaurante lo primero que uno ve son los grandes tanques con todo tipo de mariscos vivos. Langostas enormes, erizos, ostiones, mejillones. Recomiendo pedir la selección de mariscos frescos. La frescura es indiscutible. Nunca en mi vida he comido un erizo, que todavía mueve sus espinas, ni he probado los mejillones sin cocinar. La langosta la cocinan en su punto a la perfección. Sus sabores son dulces y sobre todo la textura es maravillosa. Cada vez me convenzo más, que la langosta debe comerse a lo que equivaldría al término de tres cuartos. Si llega a cocinarse toda, se arruina el sabor de esta delicada carne.
Otra opción para cenar es el Bar do Zé, que se encuentra frente al mar, sobre la Rua das Pedras. La decoración, que combina colores blancos y azules marinos, con pinturas tropicales invita a sentirse en la playa. Pido un cebiche de mero con limón, aceite de oliva y hierbas finas. Después como una pasta sencilla de queso de búfala con tomate seco. La comida es simple, pero muy agradable.
También en la noche, recomiendo las famosas pizzas Caprichosa. Casi el 15% de la población brasileña es de descendencia italiana, por lo que la pasta y la pizza son alimentos importantísimos en la alimentación de los brasileños. Solo para darles un ejemplo, en la época de Navidad, una gran tradición es comer el Panettone, pan típicamente italiano preparado a base de harina, mantequilla, levadura, leche, azúcar y frutos secos, donde los brasileños le dan su toque personal. No solo encontramos en este delicioso pan las frutas tradicionales como las pasas, sino que podemos toparnos con ingredientes tan diferentes como el plátano. En Brasil, en todos lados, al igual que los “rodizios” de carne, encontramos “rodizios” de pizzas, donde uno puede ir a comer en un “rodizio” de buen tamaño, más de 40 distintas variedades de pizzas. Las pizzas en este restaurante son cocinadas en hornos de leña, cuentan con una masa extendida súper delgada, y sus ingredientes de primera.
Para tomar un helado, Búzios ofrece un sin número de lugares, sin embargo para mí gusto, la heladería ganadora, es una heladería llamada Mil Frutas. La dueña es Renata Saboya, una carioca que comenzó a elaborar helados para restaurantes en su casa y de ahí, creció hasta convertirse en una de las mejores sorbeteras del país, por lo que cuenta con varias sucursales. Los sabores de frutas brasileñas son interminables, maracuyá, cajú, açai, pitanga, jabuticaba. Sin embargo, lo delicioso de estos helados es el cuidado que se pone en su elaboración. No cuentan con ningún tipo de aditivos y además están elaborados artesanalmente, con frutas de la estación.

Pizzas en la playa
Cada mañana en mi estancia en Búzios, despierto y desayuno en la comodidad de mi pequeño hotel con una vista privilegiada. Luego, energizada, hago el recorrido de las playas. Todas las playas en Brasil, son públicas y rara vez cuentan con secciones especiales para los hoteles, por lo que siempre es preferible viajar en temporada baja. Al llegar a la playa, uno siempre tiene la opción de simplemente llevar sus toallas o sillas propias y escoger un lugar en la playa o de solicitar los servicios de los restauranteros que a cambio de una pequeña propina y un consumo mínimo, se encargan de consentirlo a uno. Cualquiera de las dos opciones, es perfecta para disfrutar las vistas que nos ofrecen las distintas bahías. Además, esta es otra oportunidad para conocer un poco más sobre los hábitos locales: el brasileño en la playa siempre está comiendo algo. Al observar más cuidadosamente la oferta gastronómica, me percato de un pequeño puesto móvil de pizza con la forma de carrito de helado, que está bastante concurrido; en solo unos minutos ha vendido más de 20 pizzas, salen y salen pizzas. Después vienen las empanadas, y luego las brochetas de carne. Además, hay una oferta de todo tipo de botanas, incluyendo cacahuates originarios de la sierra brasileña. Pasa el tiempo, y sigo observando los distintos puestos de comida que pasan frente de mí y así se va el día, en la relajación total y sin ninguna preocupación.
Divido mi tiempo en Búzios descansando y comiendo. La última noche, decido quedarme en mi hotel. Durante mi estancia he desarrollado una relación amistosa tanto con Abilio el Chef de la posada, con quien he tenido largas discusiones sobre comida y con Adriano. Adriano es un mesero alegre y dispuesto a servir con quien aprendo un poco más sobre la vida en Búzios, incluyendo historias divertidas sobre sus escapadas a Cabo Frio, una ciudad mucho más grande, que se encuentra a una hora de Búzios, donde está su enamorada. La terraza tiene una vista, espectacular. Escojo una mesa en el balcón y tengo una doble visión, las luces que iluminan la bahía y su reflejo en las calmadas aguas. La cocina de Abilio es simple, pero con mucho sabor y enfocado a los ingredientes de la localidad. Empezamos la comida con una ensalada de lechugas crujientes acompañada de un aderezo caliente de queso azul. La combinación de temperaturas es un éxito. Después una pasta con tomate al dente. Terminamos con un expreso bien hecho, preparado por Abilio resultado de la experiencia adquirida de haber vivido en Italia.
Buzios es un paraíso. Durante mi estancia, me relajo y descanso. Ojalá y el fin de semana puedas también encontrar un momento para olvidarte de todo. Te recomiendo que este sábado busques mi nuevo programa en Proyecto 40. Te garantizo que por un ratito te divertirás y te desconectarás de la cotidianeidad.
Te deseo que tengas un maravilloso pre-viernes y recuerda hay que disfrutar el sabor de la vida.
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Pousada Vila D’Este. Algo do Humaitá 11. Búzios. (22) 2623 1546. www.viladeste.com.br
Satyricon. Av. José Ribeiro Dantas 500 – Orla Bardot, Búzios, (22) 2623 1595
Bar do Zé. Orla Bardot/Rua das Pedras, 382, Buzios, (22) 2623 4986
Pizzeria Caprichosa. Av. José Ribeiro Dantas 501 – Orla Bardot, Búzios (22) 2623 1595
Mil frutas. Orla Bardot/Rua das Pedras
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Sorbete de Mango
- 1 taza de agua
- 1/2 taza de azúcar
- 3 mangos maduros
- 3 cucharadas de jugo de limón
Pon a hervir el agua y añade el azúcar. Mézclalo hasta que se disuelva. Deja que se enfrié.
Pela los mangos, córtalos y licúalos con el limón. Incorpora el agua hasta que la mezcla esté sin grumos. Ponlo en un Pirex y déjalo en el congelador 3 horas. Sácalo del congelador y en procesador de alimentos pulsa la mezcla de 30 a 40 segundos y luego vuélvelo a congelar. Esto te dará una consistencia más cremosa.






