
Las calles de Isla Elefantina
El día de hoy escribo mi columna con un poco de nostalgia de los buenos tiempos. He tenido la fortuna de poder viajar por todo el mundo. Cuento con un vasto arsenal de historias donde al decir mi nacionalidad, esto inmediatamente me abría las puertas de los corazones de sus habitantes de una manera inesperada. Me acuerdo como en Indonesia me sorprendí al saber que la gente conocía a nuestro famoso portero Jorge Campos y veía telenovelas mexicanas, o como en Myanmar (conocido antes como Birmania), un país controlado por una junta militar, los habitantes iban al cine para ver las clásicas películas de la época del oro del cine mexicano. Ni se diga de la reacción que causaba un mexicano por todo Sudamérica, parecería que siempre al decir tu nacionalidad, venía seguido de una sonrisa que te hacía sentir en casa y querido, acompañado de alguna historia sobre México o un compatriota. En general el mexicano gozaba de una muy buena reputación en cualquier continente.
Parecería que ese mundo como lo conocimos se acabó y hoy en día, vamos a tener que enfrentar el miedo y la ignorancia que acompañan a una epidemia. Justo mientras pensaba esto, me imagino cómo se sentirán las personas en todo el mundo que recientemente en Semana Santa tuvieron contacto con nosotros. ¿Estarán preocupados? Es increíble como en un abrir y cerrar de ojos el mundo se transforma; no puedo comprender como pasamos de “mis amigos mexicanos” a personas non gratas.

Vista de uno de los cuartos de Baba Dool
Al pensar en esto, me pregunto que estará pensando Hassan. Lo conocí cuando visité el restaurante Baba Dool en la Isla Elefantina en Aswan como parte de mi viaje a Egipto. Tenía muchas ganas de conocer un poco más sobre la cultura y comida Nubia, sobre todo porque ésta etnia es de las culturas negras más antiguas africanas. (ver anexo para más información sobre los Nubios)

Comida simple pero deliciosa
Como última parada de un crucero de 5 días que tomo por el Nilo, visito la ciudad de Aswan. Mi guía, Fatima, también de origen Nubio me recomienda este lugar para almorzar y conocer su aldea. Para llegar tengo que tomar un taxi de agua que utilizan los locales que me llevará a la Isla Elefantina. Cruzo y a pesar de la corta distancia entre la ciudad y la isla, parecería que existe un abismo entre las dos. Es imposible no notar la diferencia en cuanto a desarrollo. Llego a una pequeña isla hacinada, con calles de tierra y viejas casas fabricadas de adobe, donde los niños corren entren cabras dejadas a pastar en lo que parecería tierra y árboles pelones. Estoy perdida y le pido a un grupo de niños su ayuda. Me llevan a una gran casa blanca hecha de ladrillos de lodo con diseños en colores azules. Cuenta con una vista privilegiada del Nilo: veo una pequeña isla que alberga un parque botánico, las “felucas” o veleros típicos que navegan plácidamente y la orilla del otro lado que se compone de grandes dunas donde templos antiguos han sido construidos.
Al ingresar es cuando veo por primera vez a Hassan, un alto y delgado hombre con una blanca y sencilla túnica larga. Me recibe con una gran sonrisa y me invita a pasar al lugar más especial de la casa: una terraza con un techo de caña seca que produce una agradable sombra que se agradece en el acalorado día y que permite que se reciba una fresca brisa. Con curiosidad me pregunta de dónde vengo. Al decirle que soy mexicana, inmediatamente me cuenta como él, un amante del futbol, recuerda vívidamente lo que pasó en el Mundial de México en 1986. Al contarle que asistí a los juegos de cuartos de final entre Argentina e Inglaterra en el estadio Azteca, me sorprendo de ver que él se acuerda más del juego de lo que yo tengo en mi memoria. Me pregunta si quiero comer y desaparece, no sin antes ofrecerme algo de tomar, claro refresco o agua ya que no sirven alcohol.

La tranquila vista de la terraza
Regresa y trae consigo su pequeño celular, el cual utiliza para tocar música y ambientar mi visita. Se recarga cómodamente en una larga banca y mientras espero mi comida, hablo de todo lo que la lógica común de la etiqueta sugiere que no se debe de discutir: deportes, religión y política. Cómodamente fuma su cigarro, eso sí, no sin antes ofrecerme uno (parecería que aquí todavía no existe la cultura del respeto por el no fumador), mientras que me explica en un inglés casi perfecto y con una fluidez intelectual que demuestra que es un hombre leído, sobre los principios del Islam. El mismo admite que muchas veces su religión es vista como extremista, sin embargo también aprendo sobre la filosofía del Islam, la relación que ésta tiene con la muerte y oigo sobre la disciplina y dedicación que exige de sus seguidores.

Mi amigo Hassan
La voz de una mujer interrumpe nuestra interesante conversación y veo como corre Hassan hacia una casa adjunta. Luego me cuenta que la esposa del dueño, su primo, es quien cocina. Sin embargo son los hombres quienes se encargan del servicio. La comida llega montada en una charola cubierta de una colorida tapadera hecha de bejuco y consiste de una fresca ensalada de tomates y pepinos; un intenso y aromático consomé de pollo preparado con arroz y lentejas, un arroz con pequeños granos de trigo, un muslo de pollo frito y “baladi”, el pan local, que me recuerda mucho al pan árabe, sin embargo aquí le ponen un poco de levadura lo cual lo hace más esponjoso. Este pan se utiliza en todo Egipto. La comida, aunque modesta, está deliciosa. Los sabores son sutiles e intensos, gracias a la frescura de sus ingredientes y la utilización de especias como el “mastic” o lentisco, una resina que es pulverizada para darle sabor a los caldos, la menta y el azafrán. No puedo dejar de comer.
A la hora de pagar la cuenta, Hassan me acompaña hasta la puerta y me dirige al lugar donde tendré que tomar el ferry para volver a Aswan. Volteo mientras camino por el pequeño camino de terracería y aún veo a Hassan despidiéndose con una gran sonrisa mientras me dice que espera verme pronto otra vez.
Ojalá que pronto otra vez pueda sentir esa sensación que te proporciona ser un habitante querido en el mundo. No quiero que esta experiencia sea algo sobre lo que escriba o cuente, sino algo que la pueda vivir otra vez. Espero que Hassan no esté preocupado y me reciba con los brazos abiertos si vuelvo alguna vez y como él, todos los amigos que he hecho en el resto del mundo.
Espero que tengas un maravilloso pre-viernes y recuerda, hay que buscar el sabor de la vida.
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Baba Dool
Isla Elefantina, Aswan, Egipto
Mr Hassan Abdel Shokour
Tel: 0020 9732 4588
Cel: 0020 106 398 164
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Un poco más sobre los Nubios
Se asentaron en Nubia en lo que ahora conocemos como Sudán y Egipto. A lo largo de su historia, convivieron con los egipcios; la mayoría como dominado, pero también como unificador, cuando por más de 100 años los reyes Kushitas o mejor conocidos como Faraones Negros, reinaron tanto en Nubia como en Egipto. Hoy en día, la población Nubia en Egipto cuenta con una identidad única llena de riqueza cultural. Sin embargo también vive en pequeñas comunidades marginadas; han sido desplazados en invariables ocasiones, incluyendo la más reciente que produjo la inundación provocada por el hombre de sus aldeas y su reubicación, para la creación de las presas de Aswan. Mucha de su historia hoy en día yace debajo del Lago artificial Nasser.
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Baladi (Típico Pan Egipcio)
Ingredientes
2 cucharadas de levadura
1 taza de agua tibia
1 cucharada de sal
3 tazas de harina
Disuelve la levadura en agua tibia y déjala que comience a trabajar por unos minutos. En un recipiente mezcla la harina y la sal. Añade poco a poco el agua, mientras se incorpora la mezcla y luego amásala por varios minutos. Déjala reposar por lo menos tres horas.
Pre-calienta el horno a 170 grados Celsius o 350 grados Fahrenheit.
En una superficie plana, divide la masa en 6 porciones y fórmalas en bolitas. Ya sea con la ayuda con la ayuda rodillo o con tu mano aplánalas en bolitas de aproximadamente 18 cms con un grosor de cómo un cm y medio.
Hornear en una charola engrasada o una piedra para pizza por 10 minutos, si puedes recomiendo voltear el pan a media cocción. Sin embargo ten mucho cuidado, va a estar muy caliente.

Estimada sra. saldaña
me encantaron sus articulos,sobre todo el del tempura,agracias por compartir sus vivencias y por sus futuros comentarios.
ojala no tenga que solicitar nunca un permiso de cualquier tipo en las oficinas de imigracion americana de cd. juarez chih. por que entonces si va a sentir lo que es amar a dios en tierra de indios,sobre todo si el oficial que la llegue a atender, es de ascendencia latina.
Comment by victor mar — July 23, 2009 @ 2:31 pm