Durante el último mes he estado viajando por el Medio Oriente donde visité Siria, Líbano y Jordania. Tengo que confesar que iba con una idea preconcebida sobre lo que vería en el viaje. En los últimos meses antes de partir, había leído todo tipo de literatura: biografías, novelas y libros escritos por periodistas sobre estos países y su religión. Veía continuamente los canales de noticias para estar al tanto de los últimos acontecimientos. Ya te imaginarás, me sentía toda una conocedora, lista para mi viaje.
Si algo aprendí, es que no hay que creernos todo lo que leemos o vemos. Detrás de cada historia hay un editor que inevitablemente está influenciado por sus propios criterios editoriales.
De todo mi itinerario, Siria, era el país que más me intimidaba y al que es más le había asignado un nivel de alta peligrosidad. ¿Quién no lo haría? Con sólo imaginarme que forma parte de los llamados países del “eje del mal” me hacía temblar. Imagínate visitar un país cuna de terroristas.
Mientras me preparaba para el viaje, hubieron varios amigos que me preguntaron ¿porqué quería hacer este viaje? Yo también en algún momento dudé si sería buena idea hacerlo, pero finalmente decidí tomar el riesgo. Que bueno que lo hice.
Siria resultó ser un paraíso. No sólo porque todavía es un país donde hay poco turismo, sino también porque cuenta con una riqueza cultural impresionante, incluyendo sitios considerados patrimonio de la humanidad. Damasco y Aleppo, están catalogadas y se discuten el título de la ciudad más antigua en el mundo que continuamente ha estado habitada. Me perdí en los centros históricos de ambas ciudades y recorrí sus estrechas y sinuosas calles donde me topé con vestigios de los habitantes que habían pasado a través de los siglos por ellas. Ahí, encontré mezquitas, (que sea dicho son importantes puntos de peregrinación de la fe musulmana en ambas ciudades). Conviviendo a su lado, también importantes iglesias cristianas que hoy en día todavía están funcionando. Sí, que sorpresa ¿verdad? Hay una minoría importante de cristianos que hoy todavía habitan en ese país.
No hubo recorrido más divertido, aunque sea para mí, que cuando visité sus tradicionales mercados, o “souks” donde encontré todo tipo de especias, comida, y un sin fin de artículos, incluyendo ropa, joyas, había de todo. ¿Quién necesita de centros comerciales cuando se tienen estos mercados históricos tan bien surtidos?
Ruinas abundan. En Palmira, puedes visitar un sitio arqueológico que funcionó como provincia romana. Sin duda son de las ruinas mejores conservadas que yo he visitado. Además por si esto no fuera suficiente, este país fue un lugar estratégico para los cruzados, y en su camino dejaron importantes edificaciones, incluyendo el castillo cruzado mejor conservado en el Medio Oriente, conocido como Krak de Chevalier.
El atractivo no se agota en los sitios para visitar. Es uno de los países más acogedores que he visitado. Sus habitantes son amabilísimos. Siempre buscan la manera para hacerte sentir bienvenido. Durante mi viaje, me topé innumerables veces con Sirios que comentaban su frustración resultante de que los asociaran con terroristas. ¿Te suena familiar? Yo confieso que como mexicana muchas veces siento tristemente que cargo con el estigma de que a mi país y a sus ciudadanos se les vincule con narcotráfico y violencia. Mi percepción de los Sirios, es que son gente amigable, honesta, y hasta me atrevo a decir que en general no te van a tratar de ver la cara. Contrario a mis viajes a Egipto, Marruecos y Turquía, aquí nunca me sentí atosigada o agredida. Fue una delicia viajar por este país.
Y además, como dicen, guardé lo mejor para el final. Su gastronomía es espectacular. Sin duda esta ha influenciado a toda la zona del Levante. Partiendo de ingredientes como el carnero, las aceitunas, el tamarindo, la granada, el pimiento, la berenjena, el garbanzo, pistache, nueces, el yogurt árabe conocido como “labne”, el pan árabe y un sin fin de especias como el comino, orégano salvaje, menta y canela se obtienen preparaciones con excitantes sabores que son banquetes memorables dignos de un rey. Siempre todas las comidas empiezan con una serie de pequeñas botanas o “mezze” que van desde aceitunas en aceite, al típico humus (puré de garbanzo) o “babaganoush”(puré de garbanzo), ensaladas frescas de jitomate con pepino aceite, limón y menta o de arúgula con vinagreta de ajo y preparaciones deliciosas como los “kibbhes” unas ricas croquetas crujientes elaboradas a base de trigo o arroz acompañadas de carne de cordero. Después continúan platos más llenadores a las brasas, los famosos “kebabs” (brochetas de carne molida) o platillos con salsas agridulces que dejan huella en boca. Además, si conoces los dulces árabes, te puedo decir que en mi vida había probado postres como estos, donde los pistaches, almendras las aguas de azahar, de naranja, de rosas se incorporan con la mantequilla y pasta filo delgadísima para deleitar con sus sutiles sabores al paladar.
Se me agota el espacio de la columna, pero no las historias que acumulé en mi viaje, por lo que te prometo seguir contándote en las siguientes columnas sobre el mismo. Sin duda fue un viaje para romper paradigmas y para desechar ideas preconcebidas, abrir horizontes. Una vez más comprobé que los viajes ilustran y que no hay nada como llegar a nuestras propias conclusiones y dejar de ver el mundo como otros quieren que lo veamos.
Espero que tengas un maravilloso pre-viernes y recuerda, hay que buscar el sabor de la vida.
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Como buen país musulmán hay mucha gente que no toma bebidas alcohólicas. Descubrí esta bebida refrescante, que me encantó, especialmente con la adición de unas gotas de agua de naranja llamado polo, aunque lo pronuncian bolo.
Jugo de 8 limones amarillos
Un manojo de menta fresca
1 taza agua fresca
1 taza de hielo
Gotas de agua de naranja
Azúcar al gusto (en Siria les gusta mucho las cosas dulces por lo que vi que le agregaban casi media taza de azúcar)
En una licuadora incorpora todos los ingredientes. Sirve en unos vasos largos jaiboleros y decora con unas hojitas de menta y un popote.
Y bueno, si se te antoja puedes agregarle alcohol, ya sea vodka o ron y sabrá como una variación del tradicional mojito cubano
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