Este fin de semana por primera vez visité el City Market ubicado en la Colonia del Valle. Me quedé impresionada por la oferta de productos que manejaban y la tienda estaba a reventar el domingo a medio día. Ingresé por la sección de frutas y verduras dónde encontré todo tipo de curiosidades. Normalmente tengo que irlas a comprar en el mercado de San Juan; pero aquí había ruibarbo, colinabo, varios tipos de hongos, todo tipo de moras. Después llegué a la sección de carnes y encontré cortes de la marca “Sterling Silver” (deliciosos y de muy buena calidad), así como cerdo “Korobuta” (del cual ya en otro artículo te platiqué que a veces mal llaman Kobe de cerdo), filetes de venado, así como otras carnes exóticas. Me sentía en un sueño. Confieso que mi primera impresión fue que no era un Dean and Deluca, pero sí una buena aproximación del concepto en la ciudad de México. ¡La oferta de productos gourmet era increíble!
Pero como todo encanto, luego no dura mucho más allá del amor a primera vista. A lo lejos vi unos grandes comales donde preparaban tortillas recién hechas a mano y no resistí comprar unas. La dinámica era simple: había que tomar un número y te preguntaban cuántas docenas querías y después te avisaban con tu número cuando ya estaban listas. Al mismo tiempo fui y tomé un número en la sección de carne para pedir algunos cortes. Al llamar mi número en las tortillas las señoritas del comal me dijeron que ya estaba listo mi pedido y que otra señorita me lo entregaría, sin embargo no conté con que la señorita encargada de envolver las tortillas y entregarlas tenía una plática pendiente con el policía del establecimiento por lo que mi entrega tuvo que esperar a que finalizaran las cordialidades entre ellos. Tampoco tenía previsto que en la sección de carnicería funcionara el sistema de “agandalle”. Cuando llamó mi número el encargado, una señora trató de ser atendida fuera de turno y el responsable de atenderme en ese momento tuvo problemas en escoger a quien atender, cuando era obvio que había que respetar a la persona que tenía el número que recién se había mostrado.
Dirás, con razón, que esto es típico de un día con mucha gente. Estoy de acuerdo contigo. Aquí viene lo grave: la frescura del producto. La vitrina con caviar me hizo ojitos. Estuve a punto de llevarme una pecaminosa latita. Pecaminosa, no sólo por la delicia de su sabor, sino también por lo caro del placer. Casi me voy para atrás cuando vi que recién había pasado su fecha de caducidad. Casi instintivamente, me congratulé mentalmente: “que bueno que reviso siempre las caducidades. Pobre incauto el que caiga.”
Continué por la larga hilera de productos franceses Hediard. Brinqué de emoción cuando vi que tenían la ahumada Pimienta de “Selim Kani” de Ghana, pequeña pero intensa “Pimienta Salvaje” de Madagascar, la picante “Pimienta Sechuan” de China y la herbal “Pimienta Larga” de Indonesia en pequeños contenedores con unos ralladores de metal incluidos. Mentalmente me imaginé una cata de pimientas: ya podía saborearme unos pequeños platos con una cucharada de espaguetis al dente preparados únicamente con mantequilla y terminados con cada una de estas pimientas, para así poder identificar sus diferencias en sabor.
Tal vez fue por tanta emoción, pero al continuar mi recorrido, casi me voy de boca al toparme con un carrito surtidor de la tienda. Me parece increíble que en un día tan lleno, estén los carritos surtidores en todos los pasillos con mercancía estacionados, ocasionando todo tipo de incomodidades para el cliente: es imposible revisar con calma toda la oferta de la tienda y además, inevitablemente, en algún momento, estarás estorbando o siendo golpeado por un carrito o un cliente con más prisa que tú.
Mientras recorría el pasillo, me impresioné al ver la amplia selección de aguas, los licores variados, incluyendo hasta una botella de sake californiano de buena calidad y cervezas de todas partes del mundo. Había pasillos con chocolates, cafés, tés, conservas, latería importada. La oferta era buenísima. Llegué a los aceites de oliva. Tengo que confesar que estuve casi 10 minutos comparando los aceites para finalmente llevarme uno de Nueva Zelanda, llamado “The Village Press” elaborado a con la cepa Barnea. La aglomeración de visitantes crecía. Llegó un momento que ya no pude más, tenía que salir de ahí. Tomé mi aceite, el resto de las compras y salí corriendo de la tienda.
Ya en mi casa, con calma, me puse a revisar la botella de aceite de oliva. El destino me tenía una sorpresa preparada. Al revisar la fecha de caducidad, ¡casi me voy de boca! En la etiqueta de caducidad se veía 2011, aunque al revisarla con cuidado, era una etiquetita que cubría una fecha de caducidad de 2009. Inmediatamente revisé la fecha de elaboración del aceite, porque luego es problema de impresión y sí, era una tomada de pelo, la fecha de elaboración era de 2007. No saben el coraje que me dio. El aceite de oliva es un producto muy perecedero que normalmente debe consumirse antes de que pase el año de su elaboración. Es más, hay expertos que dicen que su sabor es mayor cuando se utiliza dentro de los 2 a 3 meses después de su elaboración. ¡Ahora la incauta había sido yo!
Por eso el nombre del artículo: tienda gourmet de tercer mundo. Una tienda gourmet no sólo debe ofrecer una variedad de productos que son especializados, sino también considero que deben cuidar el manejo, incluyendo caducidad, de los mismos. Para mí visitar una tienda gourmet es toda una experiencia. Yo si estoy dispuesta a pagar un sobre-precio por ciertas excentricidades gastronómicas, pero no por saldos que ya no se pudieron vender en otro país. Esto se me hace un abuso. Por lo mismo, ten cuidado. Aquí matan víbora en viernes.
Espero que tengas un maravilloso pre-viernes y recuerda, hay que buscar el sabor de la vida.
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City Market
http://www.citymarket.com.mx/
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Me encanta esta receta de Tapenade que es fácil de hacer, pero además deja brillar el sabor de un buen aceite de oliva.
Tapenade
5 cucharadas de alcaparras
½ taza de aceitunas verdes
1 filete de anchoa
3 dientes de ajo
½ taza de aceite de oliva extra virgen
Pica todos los ingredientes o mézclalos en un procesador de alimentos. Sirve sobre baguette calientita o tostada, dependiendo de lo que prefieras.
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