1. Tiempos extra.
Como si nada adverso hubiera sucedido el pasado 4 de julio, el titular del Ejecutivo Federal se apresta al segundo tramo de su administración. Como renovado, con nuevos bríos, como si hubiese logrado un triunfo resonante y respaldo claro a las propuestas de campaña, el presidente Calderón considera que, con dos años y cinco meses que le restan al frente del gobierno federal, aún tiene tiempo suficiente para consolidar una nueva estrategia en contra de la delincuencia organizada (ya van 25 mil caídos según la PGR y sólo 10% de las ejecuciones se están investigando con prácticamente ningún consignado) y para realizar las llamadas reformas estructurales que apuntalarían la recuperación económica y reforzarían la confianza internacional en el mercado mexicano.
En esa suerte de optimismo postelectoral, el presidente Calderón parece suponer que todos los demás están dispuestos a seguirlo en las nuevas cruzadas que emprenda. Parece no darse cuenta que, en realidad, el PAN perdió otra vez las elecciones, con dos gubernaturas menos (Aguascalientes y Tlaxcala), además del Congreso y los municipios de Baja California. El júbilo proviene no de los triunfos logrados sino de la percepción de haber golpeado al PRI y hacerlo trastabillar en su camino hacia Los Pinos.
Al abanderar a la delegación mexicana que participará en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, la emoción le ganó al jefe del Ejecutivo y exclamó que “la victoria corresponde a aquellos que no tienen miedo de alcanzarla y deciden hacer todo lo posible para lograrla”. El lapsus discursivo ilustra porque revela un modo de ser, en el que todo se vale para alcanzar los fines.
Entrando a la parte final de su administración, con dos largos años y cinco meses que le restan, estará intentando algo que puede ser bueno para él aún cuando el país pagaría otra vez los platos rotos: entregar el poder como lo recibió, en conflicto, polarizado, en riesgo y al borde del precipicio, debido a la ingerencia gubernamental en los procesos electorales, al manejo con dobleces de los nombramientos y las decisiones públicas y al intento de arrinconar y descarrilar a la principal fuerza política del país, que es, los números así lo demuestran, el PRI.
Habría tiempo, dos años y cinco meses, para coronar las reformas actualmente en curso en el Congreso. Pero la alianza perrepán no alcanza para ello, el camino de las reformas requiere de un concurso más amplio y sobre todo, la cooperación del PRI, para lograr lo cual se requiere un oficio político de mayor calado que el que se está mostrando, o de lo contrario se estará alienando al PRI a funcionar como un partido de oposición irreductible, que bloquea las propuestas del Ejecutivo Federal. Hay voces radicales dentro del priísmo que claman por replantear la relación con el gobierno y devolver golpe tras golpe, que hablan de un tiempo de confrontación para no abonar el fortalecimiento de la coalición perrepán, misma que podría trasladarse, como ya lo está haciendo, al ámbito legislativo.
Si esto sucede, pocas cosas podrían caminar en el Congreso y el gobierno y el perrepán estarán a su suerte, apostando a la recuperación económica, a la reactivación del empleo y la contención de la pobreza por lo menos en sus niveles actuales, que alcanzan ya al 60% de la población. El 2012 se estaría librando entonces, entre una decisión presidencial para no entregar el poder al PRI a cualquier costo –¿acaso sería preferible incendiar el país que aceptar el cotejo democrático y sus resultados, aún cuando se pierda?— y un priísmo reactivo, de raigambre autoritaria y soberbio talante, que buscaría ganar también a cualquier costo. Nada podría poner más cerca al país del precipicio que un empecinamiento de esta naturaleza.
2. Ajustes en el equipo.
En este contexto de suficiencia, suponiendo que cuenta ya con el respaldo legislativo necesario y un horizonte de recuperación a la vista, el titular del Ejecutivo Federal, haciendo uso de las facultades absolutamente discrecionales que le reserva la Constitución, reestructuró el gabinete político pasando los costos al segmento que aparentemente funcionaba más cercano al PRI o más lejos del pensamiento real del presidente, que es simplemente antipriísta –en 2001, siendo dirigente nacional del PAN, reclamó al entonces presidente Fox que empleara a priístas en algunos puestos y exigió la azulación integral de la administración pública, cosa en la que en su gestión se ha empeñado haciendo crecer al extremo la alta burocracia, al grado que hay ahora más plazas homólogas y adjuntas que puestos titulares en la alta estructura gubernamental (casi 1400 directores generales adjuntos que ganan lo mismo que los 980 directores generales titulares existentes con funciones establecidas conforme a la Ley Orgánica de la Administración Pública y sus reglamentos).
Envalentonado pues, el presidente Calderón echó del gabinete a quienes no mostraron la suficiente cercanía y lealtad. Aceptó las renuncias –así se les dice en el argot político a los despidos—del secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, quien tras el affaire “coaliciones por impuestos” de octubre del año pasado había renunciado ya al PAN; también la de Patricia Flores, otrora poderosa jefa de la Oficina de la Presidencia y caída en desgracia, según trascendió, por colisionar con las perspectivas y equiperos de César Nava. Le siguió el relevo del vocero, Max Cortázar, en lo que apunta a ser una revisión de la relación con los medios de comunicación.
Para ajustar el equipo, trajo para la Secretaría de Gobernación a un amigo leal y cercano –requisitos que son indispensables para integrar el equipo presidencial, por encima de la capacidad, el mérito y la experiencia que en la odiada época priísta solían contar— José Francisco Blake, hasta el martes aún secretario de Gobierno del estado de Baja California, y sacó de la Secretaría de Economía a quien ya había ocupado el cargo de Jefe de la Oficina de la Presidencia, Gerardo Ruiz Mateos, con una instrucción precisa: reestructurar a fondo el equipo.
En esta secuencia, arriba también a la oficina de Comunicación Social Alejandra Sota Miraflores, anterior responsable de Estrategia y Discurso y coordinadora, por ende, de los equipos de fontaneros empleados en las campañas negras, el doble discurso y los golpes mediáticos que tanto gustan a Los Pinos. Quizá muy pronto veremos, con la ampliación de la cobertura del Canal 11, la versión calderonista del programa “Aló Presidente” además de una mayor tracción sobre los medios de comunicación para manipular los contenidos.
En la Secretaría de Economía, nombró a un especialista en derecho canónico para impulsar la reactivación, Bruno Ferrari, quien a su vez dejó el cargo que ocupaba en ProMéxico, en donde aparentemente había tenido éxito remolcando inversiones a nuestro país.
Estos nombramientos se suman a otros realizados con el mismo mecanismo, que es el de fortalecer el tramo de control del grupo íntimo. En la Cofetel, pasando por encima de las disposiciones de ley, había nombrado hace 15 días al licenciado en relaciones internacionales Mony de Swaan, con una carrera larga en el sector público pero no vinculado preponderantemente al sector telecomunicaciones sino hasta hace apenas un año, cuando su jefe, Juan Molinar Horcasitas, relevó casuísticamente a Luis Téllez en la SCT. La señal fue clara: subordinar a la Cofetel al arbitrio presidencial, que desde allí podrá apretar a los concesionarios y permisionarios de radio y televisión en los casos que se requiera.
De manera similar, exigió la renuncia de Arely Gómez en la FEPADE y nombró a José Luis Vargas Valdéz, proveniente de CISEN, el órgano de espionaje del gobierno mexicano; sólo por si se quiere pensar para qué servirá ahora la Fiscalía Especializada en Atención a Delitos Electorales, es cosa de recordar la filtración de grabaciones ilegales de los gobernadores Fidel Herrera en Veracruz, Mario Marín en Puebla y Ulises Ruiz en Oaxaca, involucrándolos en excesos o ilícitos electorales como para suponer cuál puede ser la conexión entre ambas dependencias federales.
Si se quería enviar una señal, el mensaje es que la Presidencia se prepara para la misión más difícil de un sexenio desde una óptica autoritaria, que es la transmisión del poder, además de que no desea entregarlo al PRI. Los dos años y cinco meses restantes tiene ante sí la necesidad de poner orden en la casa, retirar paulatinamente al Ejército de las calles y sustituirlo por la nueva Policía Federal que se está reclutando (por lo menos 60 mil elementos), de ahí el énfasis del nuevo Secretario de Gobernación en el fortalecimiento de la “seguridad democrática”, en tanto que el diálogo político, a partir de los nuevos nombramientos, bien podrá quedar para mejor ocasión. Gerardo Ruiz Mateos en la oficina presidencial no es un sinónimo de mano suave, apertura y diálogo. Es una muestra más de lo que es una virtud en el círculo calderonista: hacer exacta y puntualmente lo que el presidente quiere. Así lo han referido en distintas ocasiones los secretarios fajadores del calderonismo, “kid” Molinar Horcasitas (“le ofrezco lealtad y cercanía”) y “manos de piedra” Javier Lozano, “haré lo que el Presidente me pida que haga”.
3. La alegría de los aliancistas.
En las alianzas perrepán se festinan con sonoridad los resultados del 4 de julio. No se cuentan las bajas, en las cuales los partidos coaligados perdieron Zacatecas, Aguascalientes, Tlaxcala y Baja California, donde gobernaban, sino que el motivo de la fiesta es que lograron detener la locomotora priísta y propiciar la alternancia y la caída del PRI en Oaxaca, Puebla y Sinaloa, así sea en manos de ex priístas.
No sin prisa, los aliancistas dieron dos pasos más: primero, intentar ahora pasar a un programa de gobierno y estructura de gabinete a los diferentes fragmentos involucrados, al grado que el dirigente nacional del PANAL, Jorge Kawaghi, sugiere que por fin, este partido va a cogobernar. La segunda, a ratificar el producto antiPRI de la coalición como el mejor recurso para las elecciones venideras en 2011 y la presidencial de 2012.
La gran molestia al interior del PAN es que, salvo frenar un poco la maquinaria priísta, el partido azul no ganó mucho y tendrá que procesar internamente la pretensión de César Nava de seguir al frente del mismo. Si el futuro para el panismo es ceder las candidaturas ante la amalgama perrepán, no es algo que les satisfaga. Sobre todo porque en 2011, habrá elecciones en Guerrero, Baja California y Michoacán, actualmente gobernados por el PRD, además del Estado de México y Coahuila, en donde podría funcionar la coalición antipriísta. Pero, ¿cómo coaligarse en las entidades perredistas? ¿Las cederían anticipadamente al PRD? ¿O el PRD aceptaría ir en coalición únicamente contra Enrique Peña Nieto y el clan Moreira?
Este nivel de preocupación pasa por la necesidad de estabilizar el horizonte de los gobiernos surgidos de las coaliciones perrepán. La dificultad de este punto es perceptible en el tipo de compromisos firmados por los gobernadores perrepanistas, que hablan de instaurar algo que no existe en ninguna parte sin una coalición de gobierno: un pluralismo eficaz, transparente y justo. Convertir, como le dicen, la alternancia política en una alternativa de buen gobierno ha sido precisamente lo que el PAN en dos administraciones presidenciales no ha logrado, enfrentándose a la incapacidad y los pésimos resultados de una década perdida, porque el régimen unipersonal no permite subir a los demás al carro del gobierno. Sin contrapesos, en el mayor autoritarismo, han terminado gobernando los cercanos, íntimos o leales, los amigos o los parientes, confundiendo lealtad con complicidad y subordinación a ciegas.
Dicen los gobernadores perrepanistas que en sus gobiernos no habrá reparto de cuotas entre las burocracias partidistas y que integrarán el gabinete con los mejores profesionales y los ciudadanos más probos; actuarán con estricto apego a la ley; buscarán trasladar la coalición al espacio del Congreso con una agenda legislativa común; reducirán gastos suntuarios, rendirán cuentas, fortalecerán la participación social y ciudadana, democratizarán las instituciones. Todo un catálogo de buenos propósitos que, paradójicamente, no han sido puestos en práctica ni en el gobierno federal ni en los gobiernos estatales y del Distrito Federal actualmente en manos del PRD. Se ve difícil que logren salir del sistema de botín prevaleciente, dado que requieren pagar las facturas generadas por la integración de tantos tan diversos, como son, por ejemplo, la APPO y el PANAL, cuyas huestes suelen cobrar al contado.
4. Diálogo por la seguridad.
El diálogo convocado por el presidente Calderón para transitar de la seguridad militarista a la seguridad democrática –quizá el adjetivo quiera decir “con la participación o anuencia de la sociedad”— apunta a ser sólo una pose más para materializar lo que ya ha decidido. En términos políticos, quiere decir vestir de participación una decisión ya tomada, pues al tiempo que convocó al diálogo, el presidente asentó varias cosas: primero, que la violencia persistiría aún cuando él se haya ido; segundo, que él escucharía las propuestas pero no dará ni un paso atrás y, tercero, que al irse Gómez Mont, quizá se haya llevado con él los últimos contactos útiles con el PRI, pues los nuevos nombramientos en el gabinete no mueven precisamente a la confianza e interlocución, tan necesaria en los procesos de diálogo.
Es en el ámbito del Legislativo en donde el diálogo podría funcionar y materializarse si se lograra romper la desconfianza que hoy impera, pues tras la palabra incumplida y la exhibida que el gobierno y Nava le dieron a Beatriz Paredes y Enrique Peña Nieto con la divulgación del acuerdo firmado para trocar coaliciones por impuestos el año pasado, el diálogo entre los partidos y el gobierno federal sólo podría materializarse en el impulso a las iniciativas en curso de trámite.
Hay iniciativas del Ejecutivo en el proceso legislativo y existen cercanías suficientes entre los partidos, incluido el PRI, en algunas de ellas, en tanto que otras son susceptibles de materializarse si el gobierno federal estuviera dispuesto a ello. En materia de reforma política, es posible convenir y avanzar en la ratificación de algunos integrantes del Gabinete, en la reconducción presupuestal, en las “cartas ciudadanas” para hacer posibles candidaturas independientes, iniciativa popular y referéndum, así como en el esquema, a partir de la ratificación del gabinete, para sustituir al Presidente de la República en caso de ausencia total. Sería posible legislar en materia de competencia y telecomunicaciones, si el gobierno federal aceptara la autonomía técnica y de gestión para los órganos reguladores con ratificación de los integrantes de éstos por el Senado, si, por ejemplo, se dispusiera que las reformas aplicarían con posterioridad a los actuales nombramientos, lo que salvaría el affaire De Swaan.
Y, necesariamente, tendrán que ponerse de acuerdo en lo que pudiera ser la madre de todas las batallas legislativas, que es la aprobación del paquete económico 2011. Con la confianza rota, con el acoso que sienten los legisladores mexiquenses que piensan que las coaliciones perrepán van contra su jefe, es de esperar un proceso de aprobación presupuestal prácticamente a navaja. Con ello, una reforma fiscal estaría en duda, pues el gobierno no quiere bajar los impuestos y entiende que sólo es necesaria una desregulación, en tanto que para el PRI, las alzas del año pasado fueron circunstanciales (dado el acuerdo Nava-Gómez Mont-Beatriz-Enrique) y en última instancia, sólo temporales, asociadas al contexto de crisis global en que se debatió la economía nacional el año pasado.
Será de verse con qué conejo sale de la chistera el presidente Calderón en los próximos días para superar lo que puede ser un bloqueo indefinido en el Legislativo, que si de no entregar el poder al PRI se trata, quizá le convenga.
5. El IV Informe Presidencial.
Formalmente, el presidente de la República sólo debe enviar por escrito al Congreso de la Unión el texto de su IV Informe de Gobierno. No parece que el nuevo formato, aprobado en 2008, vaya a sufrir algún cambio en lo inmediato como para suponer que el titular del Ejecutivo Federal pudiera acudir al Congreso a pronunciar algún mensaje, como se hacía antaño, a menos que hubiera un acuerdo de todas las fuerzas políticas representadas para invitarlo y el presidente de la República aceptara un diálogo parlamentario con mensaje, preguntas y respuestas.
Ello sería posible, pues la alianza perrepán le otorga mejores condiciones que, por ejemplo, en 2006, cuando quienes hoy comparten un proyecto de conveniencia tomaron las calles de la ciudad de México, la tribuna y hasta bombas molotov introdujeron al recinto parlamentario. Hoy, los dirigentes del PRD están empeñados en facilitarle las cosas al gobierno del presidente Calderón, al grado que algunos diputados, como Guadalupe Acosta Naranjo, salen al paso de los priístas en su pretensión de presidir ambas cámaras del Congreso con el coloquial grito de “se van a chingar”.
Esta posibilidad, que el PRI presida ambas Cámaras, deviene del hecho de que a finales de agosto, se eligen las mesas directivas y, conforme a la Ley Orgánica del Congreso y los acuerdos parlamentarios que de ella derivan, pudiera corresponderle al PRI este derecho; en el caso de la Cámara de Diputados, porque preside actualmente la Junta de Coordinación Política y la ley le marca que no podrá repetir en ella, y, siendo la fuerza mayor en la Cámara Baja, estaría optando por asumir la Presidencia de la Mesa, que es el otro órgano de dirección colegiada disponible. En tanto que en el Senado, la Ley Orgánica establece que sólo podrá presidir la Junta de Coordinación Política el grupo parlamentario que disponga de 25% o más de los senadores, cualidad que cumplen únicamente las fracciones del PAN y del PRI. A efecto de que el PRD pudiera presidir el Senado en este año legislativo, el PRI cedió su lugar y le corresponde, en honor al acuerdo empeñado, presidir la Mesa Directiva en el año legislativo que inicia en septiembre próximo.
Coinciden, por tanto, de manera independiente, las posibilidades de que el PRI presida ambas Cámaras del Congreso en 2011, lo que les parece imposible tanto al gobierno federal como a los partidos de la coalición perrepán. Es un temor infundado, pues el hecho de que el PRI presida ambas Cámaras ya sucedió anteriormente en tiempos de la alternancia, cuando el hoy secuestrado Diego Fernández de Ceballos prefirió seguir al frente de la Junta de Coordinación Política y el priísta Enrique Jackson lo hizo al frente de la Mesa Directiva, con lo cual varias veces se dio la presidencia del PRI en las dos Cámaras del Congreso. Así que, a menos que el gobierno federal y los partidos coaligados en el perrepán se empecinen en “chingar” al PRI y torcer acuerdos y voluntades, el PRI habrá de presidir ambas Cámaras y el presidente Calderón enviará por escrito el texto del IV Informe Presidencial en la sesión de apertura del Congreso, como lo marca la Constitución, para quizá después pronunciar un mensaje (por supuesto, antipriísta), como lo ha hecho anteriormente, en la comodidad de la cadena nacional y con un público a modo, obsequioso y aplaudidor.
Finalmente, ¿qué va a informar el Presidente? Tres cosas: uno, que la recuperación económica está en curso, así sea aritmética, y se están generando empleos, aún cuando la mitad son temporales; dos, que la estrategia de minar al PRI y coaligarse con sus enemigos permitió frenar la parálisis del gobierno y aún tiene tiempo, dos años y cachito, para intentar salir del marasmo; y, tres, que Ernesto Cordero, secretario de Hacienda y Crédito Público, es el tapado de la capucha azul, si bien aún deberá librar la madre de las batallas presupuestales.
