La Costumbre del Poder

Demagogia para Ciudad Juárez

February 9, 2010

— 12:00 am

El traslado de los poderes terrenales a Ciudad Juárez es sólo una impostura, quizá  una de las mejores concebidas por un político, aunque inferior a las descritas por Leonardo Sciascia en su amplia obra literaria y periodística. Si José Reyes Baeza quiere conservar esa entidad para el PRI, tendrá que hacer algo más que haber gobernado como Francisco Barrio.

Recapitulemos. La ligera frase -por decir lo menos- del presidente constitucional, Felipe Calderón, referente a los hechos sangrientos ocurridos hace 10 días, de inmediato me llevó a recordar el talante humano y político de Francisco Barrio, cuando al ser cuestionado acerca de las ejecuciones a mujeres, sólo respondió que las muertas se lo buscaron, por andar de noche y de ofrecidas, por no decir que de putas.

La degradación de Ciudad Juárez es la degradación del poder político, que se ha visto sustituido por el peso del dinero, la debilidad de las narcodependencias y la fuerza de las armas. No importa lo que se haga para el bienestar de la sociedad cuando los barones de la droga han tomado posesión territorial de una ciudad. Revisemos el optimismo de Antanas Mockus y lo que hoy ocurre en Medellín, Colombia, donde la violencia repuntó en 80 por ciento. Es el equivalente del “rebote” padecido por los eternos practicantes de dietas no supervisadas por especialistas. Se recupera el peso perdido, y se suma además un tejido adiposo imposible de destruir.

Con referencia al caso “Juárez”, a los del gobierno local, estatal y federal les sucede lo mismo que a aquellos narcodependientes les ocurre cuando ingresan a un programa de desintoxicación con la esperanza de curarse sin aceptar que están enfermos, sin reconocer que necesitan ayuda profesional, con el deseo de regresar pronto a su ámbito con el propósito de olvidar el problema durante un tiempo,  no de solucionarlo.

Mientras el gobierno, con sus tres poderes, los partidos y los titulares de los poderes fácticos no se decidan a diagnosticar a la nación, “la debilidad de este Estado no permitirá recuperar los espacios económicos, políticos, sociales y culturales cedidos a la delincuencia organizada, a los barones de la droga. He dicho debilidad, no la fuerza, porque un Estado fuerte puede llegar incluso a ceder. Son los Estados impotentes los que se permiten los terribles rigores”, nos alecciona esta paráfrasis de Sciascia y nos muestra también que la debilidad no es una suposición.

¿De qué otra manera entender el cambio de la sede de los poderes terrenales de Chihuahua a Ciudad Juárez? Lo que hoy sucede en México es para sentarse a reflexionar, buscar analogías, descubrirlas, analizarlas, no meterlas con calzador, pero ¿qué son los sicarios y los barones de la droga sino seres humanos codiciosos de poder, como lo fueron los líderes de las Brigadas Rojas que secuestraron, ejecutaron y encajuelaron a Aldo Moro?

¿Qué pensó Sciascia de esa muerte inútil? “Por el poder o del poder había vivido hasta las nueve de la mañana de ese 16 de marzo. Ha esperado tener aún: tal vez para regresar, para asumirlo plenamente, ciertamente para evitar afrontar <<esa muerte>>. Pero ahora que lo tienen los otros, reconoce en los otros su rostro sucio, estúpido, feroz. En los <<amigos>>, en los fidelísimos de las horas alegres; esas macabras horas alegres del poder”.

Es preciso detenerse en la reflexión, madurarla, preguntarse si en las condiciones actuales del país, de este México nuestro que tiene heridas abiertas en casi todo el territorio y en muy pocas conciencias, pueden tener horas alegres quienes gobiernan, o definitivamente es lo macabro lo que sobrevuela el meridiano del sexenio, cuando las aguas negras desafían al Distrito Federal y al centro de la república, mientras la fiesta de las balas se enseñorea a pesar de la estrategia.

No importa lo que proponga el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, porque para resolver definitivamente el contencioso que la legalidad y la seguridad jurídica tienen con la delincuencia organizada, primero hay que resolver el impasse de la transición, la reforma del Estado, puesto que hay que fortalecerlo, lo que no quiere decir que hay que darle viagra al presidencialismo, puesto que el descrito por Jorge Carpizo dejó de existir, y es más difícil resucitar un muerto que crear algo nuevo para sustituirlo, a menos que se sea querido por el Cristo de idéntica manera que quiso al Lázaro bíblico.

2 Comentarios »

  1. TU FRASE “…de este México nuestro que tiene heridas abiertas en casi todo el territorio y en muy pocas conciencias…” ME PARECE MUY REPRESENTATIVA DE TODO LO QUE NOS SUCEDE…AHI ANDAN LAS AUTORIDADES DANDO GOLPES DE CIEGO TRATANDO DE RESOLVER LA MUY VARIADA PROBLEMATICA DEL PAIS Y NO SUCEDE NADA…Y LAS POCAS CONCIENCIAS QUE?

    SALUDOS

    RP

    Comment by ROGELIO PADILLA — February 9, 2010 @ 12:46 pm

  2. y los habitantes de Mexico, que? todo mexicano quiere que le lluevan las cosas del cielo o del gobierno.el resultado esta alli: los politicos le dan por su lado a la gente y el pais es un pais miserable, pero no de ahora, lo ha sido desde siempre. los habitantes no tenemos la responsabilidad?
    y si no: desde cuando se inunda la la cd. de mexico? desde que el emperador azteca (Ahuizotl). pero la gente feliz con su Arbol de Navidad MAS GRANDE DEL MUNDO, pistas de HILEO y PLAYAS ARTIFICIALES en la cd. de Mexico. Que mas quieren?

    Comment by peje — February 9, 2010 @ 6:15 pm

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