La Costumbre del Poder

Patente de corso

November 26, 2009

— 12:00 am

El poder siempre se ha servido de los delincuentes y de la disidencia, incluso para condenar a los inocentes, como lo hizo Pilatos al hacer uso de Barrabas cuando de sacudirse a los sacerdotes judíos se trató. En otra esfera, pero con la misma intención, Mary Renault nos refiere, en Fuego en el paraíso, que Alejandro leía Costumbres persas, de Heródoto, en donde aprendió que “… los servicios del transgresor siempre deben compararse con sus delitos, y sólo si éstos son mayores que los primeros debe castigársele”.

En la misma línea de servicio a la sociedad y siempre, sí… siempre, aunque se dude, con el firme propósito de consolidar a la nación y de fortalecer al Estado, Isabel I y otros monarcas europeos extendieron patentes de corso, para defender a pueblo y gobierno de los enemigos de la nación, ya fuere como una acción de guerra aunque no se perteneciese a las fuerzas armadas, o como un permiso especial para servirse de actos prohibidos a los demás. En un sentido amplio, hoy disfrutan de la patente de corso no escrita las policías de todas las naciones, por aquello del uso y aplicación de la violencia legítima como atributo del Estado; también los amigos de los gobernantes, que se enriquecen en contra de los intereses del propio Estado.

Seamos sensatos, ¿de qué otra manera operan los traficantes de armas, de personas, los cabilderos, los entrepreneurs de todo tipo y laya que se mueven en las esferas del poder? ¿Cómo puede producirse el estupefaciente en un país donde poco o nada se consume, y venderse a precios estratosféricos a diez o quince mil kilómetros de distancia? ¿Cómo los capitales pueden moverse sin fronteras? ¿Por qué hay delitos permanentes, inextinguibles, que dejarán de existir sólo cuando el hombre desaparezca de la tierra? Por las patentes de corso.

Es en este contexto que hemos de preguntarnos, para intentar comprender, sobre las razones que motivaron a Felipe Calderón Hinojosa, presidente constitucional, a sustituir su programa de empleo y reactivación económica por el combate a la delincuencia organizada, cuando con las desventajas que se tienen —en armamento, en recursos económicos y humanos, en ausencia de un proyecto de nación—, enfrentarse a los cárteles es como dedicarse a torear coches en ejes viales: no deja fama ni dinero.

La redacción de EjeCentral aportó antier las cifras de los ejecutados en lo que va del año, un total de 19 muertes violentas diarias; cifras que, sin embargo, no especifican nacionalidad, aunque es un secreto a voces que los sicarios usados por los barones de la droga son de Centro y Sud América. Cifras que determinan la obsesión del presidente Calderón, hecha pública en su visita a Tamaulipas y también durante el acto de inauguración del Centro de Inteligencia de la Policía Federal; cifras que son muestra del combate al tráfico de estupefacientes, pero de ninguna manera señalan que se combata el consumo, que crece todos los días y es veneno para la generación que ha de resolver los problemas del futuro inmediato.

En la obra ya citada de Mary Renault, la autora refiere a Demóstenes y a Aristóteles, quienes se aprestaron a formar parte del grupo de mentores de Alejandro, y estaban conscientes de que “las dos últimas generaciones habían visto como cada forma de gobierno se convertía en su propia perversión: la aristocracia devino oligarquía; la democracia, demagogia, y su propia familia (la de Alejandro) caía en los extremos de la tiranía. En progresión matemática, de acuerdo con el número de individuos que compartían el mal, se incrementaba el peso muerto en contra de las reformas… cambiar una oligarquía que se distinguiese por su poder y su crueldad era destructivo para el alma; para sustituir la demagogia era preciso convertirse en demagogo y destruir la propia mente… para reformar una monarquía sólo se necesitaba educar a un hombre”.

Hemos de darnos de santos que por lo pronto haya corsarios dispuestos a combatir a los piratas y a los filibusteros; debemos considerarnos afortunados si no se pasan al enemigo.

3 Comentarios »

  1. Estimado gregorio:
    Tu artículo es, como siempre, ilustrativo.
    Agregaría que en nuestro país, a diferencia de lo señalado por Max Weber,el gobierno legitimó la estupidez.
    Saludos cariñosos,
    Federico

    Comment by Federico Ortiz Quezada — November 26, 2009 @ 7:47 am

  2. señor goyo, incluyo otro aspotegma: “cuídate juan que ya por ahí te están buscando”

    Comment by GUTIERRITOS — November 26, 2009 @ 11:25 am

  3. es apotegma, error de dedo

    Comment by GUTIERRITOS — November 26, 2009 @ 11:26 am

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