No hay vuelta de hoja. La historia contemporánea de México habrá que rastrearla en la nota roja, porque es en esas crónicas, reportajes o narraciones donde se descubrirán los motivos escondidos o transparentes que determinaron ciertas decisiones de algunos políticos. Los casos paradigmáticos de los últimos 15 o 20 años serán: los feminicidios de Ciudad Juárez, los secuestros de Silvia Vargas Escalera y Fernando Martí, el militarizado combate a los cárteles de la droga, Atenco, Oaxaca, Mario Marín, Zhenly Ye Gon y la impunidad con la que se mueven en el escenario nacional algunos de los actores de dichos eventos.
Siempre tuve la certeza de que Abdel Latif Sharif Sharif era inocente de los crímenes que le imputaron, en sentido contrario al que los hombres de poder sancionan a sus subordinados: “castígalos por lo que en verdad hicieron, no por lo que dicen que hicieron”.
Fue en 2004 cuando Ramón Márquez publicó en Proceso la verdad de la injusticia cometida con El Egipcio: “Durante el proceso penal, los detectives descubrieron que Sharif había tenido una cita con Elizabeth Castro García –17 años–, violada y muerta en agosto. Su abogado dijo que <<las pruebas médicas probaron que no había ocurrido la violación, pero, aun así, las autoridades decidieron mantenerlo en prisión>>, y adujo que la descripción del cuerpo de Elizabeth no concordaba con el de la mujer encontrada. La familia de la chica fallecida no estuvo dispuesta a una exhumación, pero jamás explicó sus razones. Poco después, Elizabeth se presentó ante la policía para comprobar que estaba viva. Fue exhumado el cuerpo identificado como suyo; en realidad, se trataba de Silvia Rivera Salas, adolescente que, según la policía, murió en marzo apuñalada por dos hombres. Pero no cedió: fuera como fuera, el egipcio también estaba relacionado con ese homicidio.”
Hasta la fecha no hay desmentido. Arturo Chávez Chávez, hoy responsable de la procuración de justicia a nivel federal, ha sabido guardar silencio, de la misma manera que permanecieron callados quienes tuvieron la obligación política de consignar a Abdel Latif Sharif Sharif, y convencer a la madre de Elizabeth Castro García de cobrar un seguro de vida por el cadáver de una mujer que no era el de su hija. No debe extrañarnos entonces que la Corte Interamericana de Derechos Humanos haya asumido la responsabilidad de hacer observaciones al gobierno mexicano por el descuido con el que ha procedido en el caso de algunas de las muertas de Juárez.
Claro que de El Egipcio ni quien se acuerde. Murió de pulmonía en la cárcel, incomunicado y asediado por la autoridad a la que le urgía silenciarlo, pues el único asesinato que se le pudo probar fue el de la autopresentada viva Elizabeth Castro García. Cuando en agosto del año 2000 se lo dije al presidente electo Vicente Fox delante de Ricardo Alemán, Estela Livera, Carlos Marín, Jorge Meléndez, Catalina Noriega, Miguel Badillo y Martha Sahagún, entre otros, aseguró que yo mentía, que Francisco Barrio era incapaz de un desaguisado de ese tamaño. Hoy, repito, nadie desmiente a Ramón Márquez.
Llegamos al tema de los barones de la droga, a los que ayer el presidente Felipe Calderón, de gira por Tamaulipas, pidió combatir con mano firme, como una sesgada respuesta al supuesto miedo, temor o angustia que pudiesen sentir los dirigentes de Estados Unidos por la actitud del gobierno mexicano, que es invariable, a pesar de lo afirmado por la empresa de inteligencia estratégica Stratfor, en nota de José Carreño Figueras; información que habremos de analizar junto con algunos de los otros casos paradigmáticos de crimen e impunidad en México.

O sea, en México impera el “agandalle” y el crimen. Qué pena, sr. expresidente fox, sr. arturo chávez chávez, etc. (como dice Doña Marcela Gómez Zalce: con minúsculas).
Comment by Joe Teuffer — November 25, 2009 @ 12:58 pm