La Amarga

Cómo salir de Pompeya

December 24, 2009

— 12:00 am

El domingo fui al Museo de Antropología e Historia a ver la magnífica exposición de obras de Pompeya.

Me sorprendí  al ver que la fila para entrar no era tan larga y lenta como imaginé  que sería. Sobre todo, si consideramos que ese día la entrada es gratis.

Ya empezaba a sospechar que no podía ser todo tan maravilloso ni que yo pudiera sentirme tan feliz viendo las fantásticas cosas que ya se hacían en esa época que por lejana me suena a Piedradura, el pueblo de Pedro y Vilma Picapiedra.

No me equivocaba, pues claro que habría algo que terminaría por recordarme que nuestros funcionarios sufren de cerebro reducido y parece que este mal no tiene remedio alguno. Cuando por fin me decidí a salir de ahí, comprendí que, la fila no era para entrar sino para salir.  No puede haber cosa más absurda si además consideras que no hay nada que se pueda robar, a menos que alguien piense que puede meter una Venus de mármol de 200 kilos o más.

Al final de la exposición, en medio de algunas obras milenarias, se veía una luz, que no era otra cosa más que una puertita abierta, donde una mujer policía pedía, para permitir la salida –o la libertad- a cada persona, boleto por boleto. Luego, con su manita regordeta colocaba la pistola para leer el código de barras del boleto, y ¡chin, falla, a ver otra vez, ahora sí!, el que sigue, y nuevamente pedía a la siguiente persona, su boleto, leía el código, lo regresaba a su dueño y el que sigueeeeeeeee! Mientras, todos estábamos sudando pues no había aire en ese lugar claustrofóbico y al mismo tiempo la bola de personas se acumulaba con gran velocidad y con peligro de que, gracias al amontonadero de gente, se perdiera el control de no tumbar las obras.

¡Fuego! ¡Fuego! ¿Se imaginan que alguien hubiera gritado eso? La masa se habría movido cual manada de elefantes, queriendo salir por la puerta que es sólo un poco más ancha que las caderas de la mujer policía, quien cumplía cabalmente con su labor burocrática de leer el código de barras para que después, el funcionario encargado pueda gritar a los cuatro vientos, cuánta gente visitó su exposición.

Y que los votos del pueblo valgan cacahuate

December 4, 2009

— 12:00 am

Primero un perredista alentando a que los electores de Iztapalapa voten por alguien que no se llama Juanito y que no está en el PRD, sino Rafael Acosta y en el PT; luego que cuando gane, el que tome el poder no sea el tal Juanito sino la tal Clara Brugada. Luego, el tal Marcelo Ebrard “convenciendo” al tal Juanito para que pida licencia. Luego el tal Juanito entrando como ladrón a tomar posesión en Iztapalapa.

Cuando el rayito de sol hizo su numerito digno de película de la India María, no me imaginé siquiera que este pedazo de imbécil, o sea Juanito, pudiera ganar las elecciones, aun cuando estuviera apoyado por el populista número uno de este país y vaya que tiene mucha competencia. Menos aún lo pensé, cuando vi que nuestro Hugo Chávez mexicano lo quitó de la publicidad electoral.

Estaba todo tan mal y tan complicado, tan feo y tan oliendo a mierda que nunca pensé  que ganaría. Pero ganó.

Ganó  contra todos mis deseos y contra todos los vaticinios que hice y ¡vaya que soy bruja! Ganó. Ganó. Ganó y al contrario de lo que hubiera hecho nuestro truenito de lucecita, o sea alegar que hubo fraude porque no me gustó el resultado, acepté con todo mi pesar que la democracia significa aceptar lo que no nos gusta cuando así lo ha decidido la mayoría.

Pues bien, ahora resulta que no importa que el tal Juanito haya ganado las elecciones. Lo van a destituir sin siquiera haber tenido oportunidad para portarse mal. Es decir, qué importa que de esta manera también tan burda como lo fue todo el proceso juanitesco, se le dé la vuelta a la voluntad en las urnas del tan amado pueblo de nuestro destello de claridad. Qué importa, de todas formas lo van a destituir porque simplemente no les gustó para gobernante de la delegación a la que le corresponden más de 3 mil millones de pesos de presupuesto.

Y a todo esto ¿dónde anda el relámpago de la luminiscencia, que por cierto, inició  todo este des…barajuste?

Un, dos, tres por mí y por todos mis amigos

November 20, 2009

— 12:00 am

Los mexicanos somos capaces de despotricar en contra de los funcionarios públicos, decir que son unos corruptos e ineficientes, con lo que estoy totalmente de acuerdo, pero jamás decírselos en su cara si los conocemos, si son nuestros vecinos o si son nuestros parientes o amigos.

Basta que seamos uno de ellos o que conozcamos a uno de ellos, para que pensemos que nosotros o nuestros amigos no son esa clase de funcionarios o políticos que tanto aborrecemos. La vara con la que nos medimos a nosotros mismos y a nuestros amigos y conocidos se vuelve muy flexible y se nos olvida que los otros funcionarios o políticos son amigos de otros que también los miden con varas muy flexibles.

No podemos decirle siquiera a un vecino, como los míos, que estacionar su coche en la banqueta es no solo incorrecto y de mal gusto, sino ilegal.

No somos capaces de decirle a nuestros amigos o parientes, si son funcionarios públicos, que si usan su Blackberry para hacer llamadas personales están mal usando nuestro dinero.

Esas críticas las dejamos para el funcionario o político desconocido. En la vida diaria y cotidiana nuestra, no es educado ni políticamente correcto regañar a un amigo porque renta películas piratas, por ejemplo.

Nos quejamos de los políticos cínicos y desvergonzados pero somos iguales en nuestra vida diaria. Nos quejamos de que no hay justicia igual para todos y no somos capaces de  reconocer cuando hemos cometido un acto ilegal, o cuando alguno de nuestros conocidos no es otra cosa sino un corrupto.

Como en el bote pateado, un, dos, tres por mí y por todos mis amigos.

Las ventas nocturnas de día

November 6, 2009

— 12:00 am

Hasta donde yo me había quedado, nocturno siempre era lo relativo a la noche, pero como dijera mi abuelita, nada es como antes.

Pensando en que las ofertas navideñas están por comenzar y en el terror que las multitudes me causan, acudí de día a una tienda departamental con toda la intención de evitar las ventas nocturnas, para comprar algo que de verdad necesito. Digo de verdad porque no estoy usando el verbo como lo usan muchas personas cuando dicen que necesitan ir a una tienda para ver qué es lo que necesitan.

Nomás al entrar los borbotones de personas me atacaron, y cuando pregunté a un vendedor qué era lo que ocurría, me enteré que, a pesar de ser las 4 de la tarde, se trataba de una venta nocturna de día. Válgame. Salí como de rayo del lugar. Debí suponerlo dado que desde el estacionamiento el problema era notorio e irritante. ¿Por qué ya no puede uno ni siquiera confiar en el vocabulario más básico? ¡Nocturno es nocturno!

Cuando le comenté a una amiga de mi espantosa experiencia, de la que salí por supuesto sin comprar lo que yo sí requería, no como toda esa bola de compradores compulsivos, me dijo que ella pensaba que se había curado ya de su enfermedad de asistir a cuánta venta nocturna se hiciera en la ciudad pero que estaba a punto de tener una recaída. Pensando en ayudarle a pasar la fiebre de la abstinencia, le dije que no había visto ninguna oferta que valiera la pena, lo cual es totalmente cierto, pero ella me contestó que lo que extrañaba no era eso sino el jaloneo y la pelea con otras personas por la misma prenda, zapato o perfume.

O sea, comprar ya no es comprar, sino jalonear y pelearse. Nocturno es diurno y mi abuelita… ¡ahora soy yo!

¡Guácala con las uñas largas!

October 30, 2009

— 12:00 am

En alguna época, los hombres y mujeres franceses usaban pelucas porque la moda así lo dictaba. La realidad era que las pelucas se usaban porque no se lavaban el pelo con frecuencia, y las peinetas que también estaban de moda, en realidad servían para rascarse la cabeza porque estaban llenos de piojos.

Sin embargo, a pesar de que uno podría pensar que eso sucedía en aquella época porque no había casi nada de información sobre la limpieza y el efecto que ésta tiene en la salud de las personas, la realidad es que actualmente sigue habiendo prácticas mugrosas entre la gente que se precia de tener educación.

Comer en la calle, por ejemplo, pareciera ser una costumbre inocente, sin embargo, si pudiéramos ver con unos lentes de gran aumento, lo que anda volando por el aire, nos daríamos cuenta de las porquerías que nos comemos, pues el aire con frecuencia tiene heces fecales, de perro en el mejor de los casos.

Pueden traer el mejor coche, o haber ido a la mejor universidad del país, sin embargo, ni la educación superior ni los doctorados enseñan a la gente a lavarse las manos después de ir al baño. Casi me muero de asco cuando saludo a alguien que recién sale del sanitario y… ¡guácala, tiene la mano calientita!

Y lo que sí es de plano un mugrero, son las uñas largas que les da por usar a las mujeres coquetas, que piensan que traerlas como de águila a punto de agarrar a su presa, es sexy.

No, no es sexy. Las uñas largas además de muy feas, son muy cochinas. No importa quien sea sus uñas tendrán mugre, pues si tiene que maniobrar cuando va al baño, no me quiero imaginar cuántas cosas puede haber en ellas. O se corta las garras o mejor que no salude de mano.

¡Cómo te atreves a cobrarme!

October 23, 2009

— 12:00 am

En un restaurante de lujo, a estas horas, después de haber bebido un vasitito de 200 pesos de un súper whisky, estoy segura que está un amigo hablando muy mal de mí porque se me ocurrió cobrarle unos tristes pesos que le presté. Tan poca lana y portarme tan mal con él. Qué manera de tratar a un amigo de hace tantos años y por tan poquito dinero.

Pagará su bebida con su súper tarjeta American Express que no tiene límites y pedirá al valet del lugar que le traigan su Beetle. Tiene prisa pues debe recoger su maleta Hackett en su loft de la Condesa, para ir al aeropuerto porque tiene un viaje a Los Ángeles. Pedirá un taxi y mientras el conductor lidia con el tráfico de la ciudad, él escuchará su música preferida en su I Pod touch. Quizá me equivoque y ya tenga un I Phone 3G ¿Se puede escuchar música en eso? Yo no puedo saberlo, pues no tengo ni lo uno ni lo otro. Me parecen muy caros y me convenzo de que no los necesito pues todavía puedo disfrutar mis discos compactos en el radio de mi coche también compacto y hablar por mi simple celular que no tiene ni altavoz siquiera.

Hace seis meses que me debe una minucia de dinero dirá él, aunque no era tan poca cosa cuando la prisa le corría por que se lo prestara. Qué poco aguante el mío, si ya me dijo que me lo pagaba el 30 de mayo. Ah perdón, mejor el 30 de junio. Que lo aguante al 30 de julio ¿sale?. La última fue el 20 de octubre. Nada, ni sus luces.

Cada vez que le cobro, me siento terrible. Mi sangre mexicana hace que no me atreva a salpicarle toda la cara gritándole págame hijo de… ¡Al contrario! Fui la gallina más grande del planeta pues hasta le dije que me perdonara por mi insistencia con el tema de mi lana, pretendiendo en forma ladina como mexicana que soy, que él me dijera que no, que al contrario pues él es el que está avergonzado por no haberme pagado aún mi minucia de dinero. Qué tonta yo, pues le puse la cara para que con su bondad infinita, me perdonara, pues tal cual, me contestó “no te preocupes amiga”. ¡Cómo no me voy a preocupar pedazo de inútil, si me debes. Es dinero mío. No es tuyo! ¡Y no es una minucia desgraciado!

Que Polanski se pudra en la cárcel

October 16, 2009

— 12:00 am

Todos podemos coincidir o no en que Roman Polanski es un gran director de cine. La opinión sobre su obra fílmica puede ser tan variada como seres humanos en el mundo. Pero que debe ser castigado por su crimen, no debiera ser un tema de discusión.

Sin embargo, pareciera no ser tan claro, pues muchos comentarios se hacen acerca de que las autoridades deberían dejarlo libre porque ya ha pasado mucho tiempo desde el día en que tuvo sexo con una niña de trece años. Otros, que aunque Samantha Geimer tenía esa edad, en realidad parecía mayor. Y así, muchos más.

No me importan ahora los comentarios que hacen los colegas del director, sino que me han impresionado los que han hecho gente común, como tú o como yo defendiendo a Roman Polanski, particularmente cuando el argumento es que les resulta injusto que ahora él esté tras las rejas si esa niña estaba muy desarrollada físicamente y muy despierta sexualmente.

Más impresión me causa que además, esas mismas personas se proclaman en contra de la pederastia y odian a Marcial Maciel, a Kamel Nacif y al Góber Precioso.¿No es contradictorio?

El aclamado director tuvo sexo con una niña de trece años. No hay más qué  argumentar. Para exculparlo no sirve que incluso su propia madre se la hubiera entregado ni tampoco importa si a esa edad ella era más despierta que otras niñas. Lo que se castiga y así debe ser, es que un hombre de 44 años tenga relaciones sexuales con una niña o niño. Eso es ser pederasta.

Todos debemos proclamarnos porque se castigue a los pederastas, sean directores de cine, fundadores de asociaciones religiosas o sacerdotes, maestros, políticos, personas comunes, etc. Todos ellos merecen pudrirse en la cárcel.

¿Así nomás porque sí?

October 9, 2009

— 12:00 am

¿Un político tan desconfiado y tan paranoico ofreciendo su apoyo incondicional al sindicato de la ineficiencia y haraganería como lo es el de los electricistas?

Es de lo más patético oír a Andrés Manuel decir que, con tal de que esa ineficiente empresa no pase a manos privadas, les apoyará incondicionalmente. Que no engañe a la gente. Comisión Federal de Electricidad no es privada y funciona bien. Y ultimadamente, ¿qué puede ser peor que una empresa pública que gasta nuestro dinero igual que si se lo tragara un hoyo negro? ¿Qué puede ser peor que una empresa que no funciona?

Todo mundo que ha vivido bajo la luz y bajo la muy frecuente oscuridad de esta empresa, todo aquél que ha tratado de hacer alguna aclaración en su recibo o que se ha presentado en las oficinas obsoletas puede entender que ninguna persona decente podría otorgar apoyo incondicional a ese sindicato.

Este remedo de empresa recibe cuarenta mil millones de pesos al año del gobierno federal y no tiene obligación de dar cuentas a nadie. ¡Y todavía el cínico de Martín Esparza dice que no le damos un solo peso con nuestros impuestos!

Qué  sospechoso, verdad, que López Obrador otorgue incondicionalmente su apoyo a una empresa ineficiente con un subsidio de tal magnitud. No sé si estoy siendo muy mal pensada pero… ¿no será que por ahí, aprovechando que los sindicatos no tienen obligación de dar cuentas a nadie, esté pensando en financiarse? Me recuerda algo relacionado con tres mil millones de pesos y un Juanito. Se ve que le gustan las grandes cantidades.

De una cosa sí estoy segura, López Obrador no apoya a nadie nomás porque sí.

¡Sí son delincuentes!

September 18, 2009

— 12:00 am

La Suprema Corte de Justicia de la Nación acaba de emitir un criterio en el que se reitera la posición de que los adictos a las drogas no deben ser considerados como delincuentes sino como enfermos. Mira tú, como siempre sucede en este país, les va mejor a lo que se portan mal que a los que no.

Estoy de acuerdo en que están enfermos, pero también son delincuentes. Más vale que empecemos a aceptarlo con todas sus palabras.

Si se es adicto es porque se consume alguna droga; si se consume es porque se le compra a alguien; si se compra es porque alguien la vende y… la venta está prohibida. Eso es el tráfico de drogas: hacerla llegar a los consumidores. La lógica nos lleva a concluir que los adictos y consumidores eventuales son parte del tráfico de las drogas, aunque sean la punta final de la cuerda.

No siento lástima por los adictos, y mucho menos si éstos tuvieron la oportunidad de decidir otra vida y escogieron la de las drogas.

Siento lástima por los policías municipales que como gatitos indefensos se enfrentan a los narcotraficantes armados hasta los dientes. Siento lástima por todos aquéllos que han sido injustamente acusados y encarcelados para que los políticos puedan darnos cifras positivas de la guerra contra el narcotráfico, aunque sean falsas.

Me pronuncio a favor de la legalización de la droga y de que cada quien, si quiere, convierta su cerebro en un estropajo como el que les queda a las pobres vacas locas. Pero mientras tanto, mientras no sea legal comprar droga y consumirla, todos esos enfermos deben ser considerados como delincuentes, porque sí lo son.

¡Ahora resulta que contra la pobreza!

September 11, 2009

— 12:00 am

¿Pero de quién pudo ser la brillante idea de cobrar un impuesto contra la pobreza? Del puritito nombre de la iniciativa (Ley de Contribución contra la pobreza) me sale espuma de la boca.

A ver (favor de leer mi columna HABER O A VER), por ejemplo, si efectivamente se trata de una contribución que acabará con la pobreza, lo primero que yo pienso es que los pobres no deberían pagarla ¿no crees? Espeluznante, porque además, son tantos millones de pobres en este país, que nomás imagínate la cantidad de personas -80 millones de pobres- que no estarían obligadas a pagar el impuesto. De nada serviría este impuesto si un 80% de este país queda exento de su pago.

Y la clase media… ¿por qué tiene que pagar ese impuesto?, ¿desde cuándo la tan golpeada clase media es la responsable de la pobreza en este país? La clase media en México es la que se ha encargado de paliar a la pobreza, pues es la que se dedica a gastar millones de pesos en el año subsidiando al gobierno en sus obligaciones, por ejemplo, subsidiando el desempleo cuando le das dinero a los dueños de las banquetas mejor conocidos como los viene-viene´s, , o a las personas que acomodan tu compra en las bolsas del súper mercado. Es la clase media la que paga el IMSS con su sueldo y va a los hospitales y con los médicos privados, dejando al menos, una cola menos larga a los pobres de la que sería si también la clase media reclamara su derecho al uso de este instituto, subsidiándolo al dejar de exigirle la entrega de los medicamentos que se supone debería tener para todos sus derechohabientes.

Es la clase media quien le da su auto a lavar al lumpen de la esquina, quien va al mercado y compra al tendero, al de abarrotes, al que vende macetas en la calle.

Entonces, ¡por qué lo tiene que pagar la clase media si es la que siempre ha hecho las labores de redistribución de la riqueza que deberían corresponderle al gobierno!

Solo nos quedan… los ricos y los millonarios y los multimillonarios. Pero ¿qué sería cobrar un 2% a los 40 o 60 ricos que hay en este país? Nada.

Todos vamos a pagar ese mugroso impuesto, si se aprueba por el Congreso, pero como diría Fox… ¿y yo por qué?

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