November 20, 2009
— 12:00 am
Los mexicanos somos capaces de despotricar en contra de los funcionarios públicos, decir que son unos corruptos e ineficientes, con lo que estoy totalmente de acuerdo, pero jamás decírselos en su cara si los conocemos, si son nuestros vecinos o si son nuestros parientes o amigos.
Basta que seamos uno de ellos o que conozcamos a uno de ellos, para que pensemos que nosotros o nuestros amigos no son esa clase de funcionarios o políticos que tanto aborrecemos. La vara con la que nos medimos a nosotros mismos y a nuestros amigos y conocidos se vuelve muy flexible y se nos olvida que los otros funcionarios o políticos son amigos de otros que también los miden con varas muy flexibles.
No podemos decirle siquiera a un vecino, como los míos, que estacionar su coche en la banqueta es no solo incorrecto y de mal gusto, sino ilegal.
No somos capaces de decirle a nuestros amigos o parientes, si son funcionarios públicos, que si usan su Blackberry para hacer llamadas personales están mal usando nuestro dinero.
Esas críticas las dejamos para el funcionario o político desconocido. En la vida diaria y cotidiana nuestra, no es educado ni políticamente correcto regañar a un amigo porque renta películas piratas, por ejemplo.
Nos quejamos de los políticos cínicos y desvergonzados pero somos iguales en nuestra vida diaria. Nos quejamos de que no hay justicia igual para todos y no somos capaces de reconocer cuando hemos cometido un acto ilegal, o cuando alguno de nuestros conocidos no es otra cosa sino un corrupto.
Como en el bote pateado, un, dos, tres por mí y por todos mis amigos.
November 6, 2009
— 12:00 am
Hasta donde yo me había quedado, nocturno siempre era lo relativo a la noche, pero como dijera mi abuelita, nada es como antes.
Pensando en que las ofertas navideñas están por comenzar y en el terror que las multitudes me causan, acudí de día a una tienda departamental con toda la intención de evitar las ventas nocturnas, para comprar algo que de verdad necesito. Digo de verdad porque no estoy usando el verbo como lo usan muchas personas cuando dicen que necesitan ir a una tienda para ver qué es lo que necesitan.
Nomás al entrar los borbotones de personas me atacaron, y cuando pregunté a un vendedor qué era lo que ocurría, me enteré que, a pesar de ser las 4 de la tarde, se trataba de una venta nocturna de día. Válgame. Salí como de rayo del lugar. Debí suponerlo dado que desde el estacionamiento el problema era notorio e irritante. ¿Por qué ya no puede uno ni siquiera confiar en el vocabulario más básico? ¡Nocturno es nocturno!
Cuando le comenté a una amiga de mi espantosa experiencia, de la que salí por supuesto sin comprar lo que yo sí requería, no como toda esa bola de compradores compulsivos, me dijo que ella pensaba que se había curado ya de su enfermedad de asistir a cuánta venta nocturna se hiciera en la ciudad pero que estaba a punto de tener una recaída. Pensando en ayudarle a pasar la fiebre de la abstinencia, le dije que no había visto ninguna oferta que valiera la pena, lo cual es totalmente cierto, pero ella me contestó que lo que extrañaba no era eso sino el jaloneo y la pelea con otras personas por la misma prenda, zapato o perfume.
O sea, comprar ya no es comprar, sino jalonear y pelearse. Nocturno es diurno y mi abuelita… ¡ahora soy yo!