En un restaurante de lujo, a estas horas, después de haber bebido un vasitito de 200 pesos de un súper whisky, estoy segura que está un amigo hablando muy mal de mí porque se me ocurrió cobrarle unos tristes pesos que le presté. Tan poca lana y portarme tan mal con él. Qué manera de tratar a un amigo de hace tantos años y por tan poquito dinero.
Pagará su bebida con su súper tarjeta American Express que no tiene límites y pedirá al valet del lugar que le traigan su Beetle. Tiene prisa pues debe recoger su maleta Hackett en su loft de la Condesa, para ir al aeropuerto porque tiene un viaje a Los Ángeles. Pedirá un taxi y mientras el conductor lidia con el tráfico de la ciudad, él escuchará su música preferida en su I Pod touch. Quizá me equivoque y ya tenga un I Phone 3G ¿Se puede escuchar música en eso? Yo no puedo saberlo, pues no tengo ni lo uno ni lo otro. Me parecen muy caros y me convenzo de que no los necesito pues todavía puedo disfrutar mis discos compactos en el radio de mi coche también compacto y hablar por mi simple celular que no tiene ni altavoz siquiera.
Hace seis meses que me debe una minucia de dinero dirá él, aunque no era tan poca cosa cuando la prisa le corría por que se lo prestara. Qué poco aguante el mío, si ya me dijo que me lo pagaba el 30 de mayo. Ah perdón, mejor el 30 de junio. Que lo aguante al 30 de julio ¿sale?. La última fue el 20 de octubre. Nada, ni sus luces.
Cada vez que le cobro, me siento terrible. Mi sangre mexicana hace que no me atreva a salpicarle toda la cara gritándole págame hijo de… ¡Al contrario! Fui la gallina más grande del planeta pues hasta le dije que me perdonara por mi insistencia con el tema de mi lana, pretendiendo en forma ladina como mexicana que soy, que él me dijera que no, que al contrario pues él es el que está avergonzado por no haberme pagado aún mi minucia de dinero. Qué tonta yo, pues le puse la cara para que con su bondad infinita, me perdonara, pues tal cual, me contestó “no te preocupes amiga”. ¡Cómo no me voy a preocupar pedazo de inútil, si me debes. Es dinero mío. No es tuyo! ¡Y no es una minucia desgraciado!

MUY BUENO
Y SI ES CIERTO BOLA DE BAQUETONES, LES COBRAS Y APARTE DE OFENDERSE, SE PONEN DIGNOS Y DE PILON NO TE PAGAN JAJAJA
Comment by Juana S — October 23, 2009 @ 12:50 pm
Claro, al final, el ogro es uno. Además, normalmente pasa que como te deben, entonces ya ni se conectan a tu chat, se te esconden, no te contestan el celular. Te huyen, te vuelves el más apestado de sus amigos porque no te va a pagar.
Comment by Margarita Santacruz — October 23, 2009 @ 1:06 pm
Mi politica es solamente prestar pequeñas cantidades y a gente que me cae mal pero no puedo sacar de mi vida cotidiana sin tener un impacto indeseable. De esta forma ellos son los que desaparecen voluntariamente y todo por unos pocos pesos.
Comment by Vero — October 25, 2009 @ 5:17 pm
Amarga, es hora de despedirte de esa lana…y de tu amigo. Si fué poco dinero, ya te salió barato el descubrir de qué pié cojea tu cuate. Porque esto no es simplemente un préstamo, sino una cuestión de principios. A poco quieres tener un amigo cuya palabra no vale nada? Realmente te interesa rodearte de quien te falta al respeto tratando de verte la cara de mensa? Para mí el tema es absoluto: o eres decente y responsable o no lo eres. Y por cierto…me prestas una lana?
Comment by Catalina reloaded — November 2, 2009 @ 1:30 pm