La Amarga

¡Guácala con las uñas largas!

October 30, 2009

— 12:00 am

En alguna época, los hombres y mujeres franceses usaban pelucas porque la moda así lo dictaba. La realidad era que las pelucas se usaban porque no se lavaban el pelo con frecuencia, y las peinetas que también estaban de moda, en realidad servían para rascarse la cabeza porque estaban llenos de piojos.

Sin embargo, a pesar de que uno podría pensar que eso sucedía en aquella época porque no había casi nada de información sobre la limpieza y el efecto que ésta tiene en la salud de las personas, la realidad es que actualmente sigue habiendo prácticas mugrosas entre la gente que se precia de tener educación.

Comer en la calle, por ejemplo, pareciera ser una costumbre inocente, sin embargo, si pudiéramos ver con unos lentes de gran aumento, lo que anda volando por el aire, nos daríamos cuenta de las porquerías que nos comemos, pues el aire con frecuencia tiene heces fecales, de perro en el mejor de los casos.

Pueden traer el mejor coche, o haber ido a la mejor universidad del país, sin embargo, ni la educación superior ni los doctorados enseñan a la gente a lavarse las manos después de ir al baño. Casi me muero de asco cuando saludo a alguien que recién sale del sanitario y… ¡guácala, tiene la mano calientita!

Y lo que sí es de plano un mugrero, son las uñas largas que les da por usar a las mujeres coquetas, que piensan que traerlas como de águila a punto de agarrar a su presa, es sexy.

No, no es sexy. Las uñas largas además de muy feas, son muy cochinas. No importa quien sea sus uñas tendrán mugre, pues si tiene que maniobrar cuando va al baño, no me quiero imaginar cuántas cosas puede haber en ellas. O se corta las garras o mejor que no salude de mano.

¡Cómo te atreves a cobrarme!

October 23, 2009

— 12:00 am

En un restaurante de lujo, a estas horas, después de haber bebido un vasitito de 200 pesos de un súper whisky, estoy segura que está un amigo hablando muy mal de mí porque se me ocurrió cobrarle unos tristes pesos que le presté. Tan poca lana y portarme tan mal con él. Qué manera de tratar a un amigo de hace tantos años y por tan poquito dinero.

Pagará su bebida con su súper tarjeta American Express que no tiene límites y pedirá al valet del lugar que le traigan su Beetle. Tiene prisa pues debe recoger su maleta Hackett en su loft de la Condesa, para ir al aeropuerto porque tiene un viaje a Los Ángeles. Pedirá un taxi y mientras el conductor lidia con el tráfico de la ciudad, él escuchará su música preferida en su I Pod touch. Quizá me equivoque y ya tenga un I Phone 3G ¿Se puede escuchar música en eso? Yo no puedo saberlo, pues no tengo ni lo uno ni lo otro. Me parecen muy caros y me convenzo de que no los necesito pues todavía puedo disfrutar mis discos compactos en el radio de mi coche también compacto y hablar por mi simple celular que no tiene ni altavoz siquiera.

Hace seis meses que me debe una minucia de dinero dirá él, aunque no era tan poca cosa cuando la prisa le corría por que se lo prestara. Qué poco aguante el mío, si ya me dijo que me lo pagaba el 30 de mayo. Ah perdón, mejor el 30 de junio. Que lo aguante al 30 de julio ¿sale?. La última fue el 20 de octubre. Nada, ni sus luces.

Cada vez que le cobro, me siento terrible. Mi sangre mexicana hace que no me atreva a salpicarle toda la cara gritándole págame hijo de… ¡Al contrario! Fui la gallina más grande del planeta pues hasta le dije que me perdonara por mi insistencia con el tema de mi lana, pretendiendo en forma ladina como mexicana que soy, que él me dijera que no, que al contrario pues él es el que está avergonzado por no haberme pagado aún mi minucia de dinero. Qué tonta yo, pues le puse la cara para que con su bondad infinita, me perdonara, pues tal cual, me contestó “no te preocupes amiga”. ¡Cómo no me voy a preocupar pedazo de inútil, si me debes. Es dinero mío. No es tuyo! ¡Y no es una minucia desgraciado!

Que Polanski se pudra en la cárcel

October 16, 2009

— 12:00 am

Todos podemos coincidir o no en que Roman Polanski es un gran director de cine. La opinión sobre su obra fílmica puede ser tan variada como seres humanos en el mundo. Pero que debe ser castigado por su crimen, no debiera ser un tema de discusión.

Sin embargo, pareciera no ser tan claro, pues muchos comentarios se hacen acerca de que las autoridades deberían dejarlo libre porque ya ha pasado mucho tiempo desde el día en que tuvo sexo con una niña de trece años. Otros, que aunque Samantha Geimer tenía esa edad, en realidad parecía mayor. Y así, muchos más.

No me importan ahora los comentarios que hacen los colegas del director, sino que me han impresionado los que han hecho gente común, como tú o como yo defendiendo a Roman Polanski, particularmente cuando el argumento es que les resulta injusto que ahora él esté tras las rejas si esa niña estaba muy desarrollada físicamente y muy despierta sexualmente.

Más impresión me causa que además, esas mismas personas se proclaman en contra de la pederastia y odian a Marcial Maciel, a Kamel Nacif y al Góber Precioso.¿No es contradictorio?

El aclamado director tuvo sexo con una niña de trece años. No hay más qué  argumentar. Para exculparlo no sirve que incluso su propia madre se la hubiera entregado ni tampoco importa si a esa edad ella era más despierta que otras niñas. Lo que se castiga y así debe ser, es que un hombre de 44 años tenga relaciones sexuales con una niña o niño. Eso es ser pederasta.

Todos debemos proclamarnos porque se castigue a los pederastas, sean directores de cine, fundadores de asociaciones religiosas o sacerdotes, maestros, políticos, personas comunes, etc. Todos ellos merecen pudrirse en la cárcel.

¿Así nomás porque sí?

October 9, 2009

— 12:00 am

¿Un político tan desconfiado y tan paranoico ofreciendo su apoyo incondicional al sindicato de la ineficiencia y haraganería como lo es el de los electricistas?

Es de lo más patético oír a Andrés Manuel decir que, con tal de que esa ineficiente empresa no pase a manos privadas, les apoyará incondicionalmente. Que no engañe a la gente. Comisión Federal de Electricidad no es privada y funciona bien. Y ultimadamente, ¿qué puede ser peor que una empresa pública que gasta nuestro dinero igual que si se lo tragara un hoyo negro? ¿Qué puede ser peor que una empresa que no funciona?

Todo mundo que ha vivido bajo la luz y bajo la muy frecuente oscuridad de esta empresa, todo aquél que ha tratado de hacer alguna aclaración en su recibo o que se ha presentado en las oficinas obsoletas puede entender que ninguna persona decente podría otorgar apoyo incondicional a ese sindicato.

Este remedo de empresa recibe cuarenta mil millones de pesos al año del gobierno federal y no tiene obligación de dar cuentas a nadie. ¡Y todavía el cínico de Martín Esparza dice que no le damos un solo peso con nuestros impuestos!

Qué  sospechoso, verdad, que López Obrador otorgue incondicionalmente su apoyo a una empresa ineficiente con un subsidio de tal magnitud. No sé si estoy siendo muy mal pensada pero… ¿no será que por ahí, aprovechando que los sindicatos no tienen obligación de dar cuentas a nadie, esté pensando en financiarse? Me recuerda algo relacionado con tres mil millones de pesos y un Juanito. Se ve que le gustan las grandes cantidades.

De una cosa sí estoy segura, López Obrador no apoya a nadie nomás porque sí.