September 18, 2009
— 12:00 am
La Suprema Corte de Justicia de la Nación acaba de emitir un criterio en el que se reitera la posición de que los adictos a las drogas no deben ser considerados como delincuentes sino como enfermos. Mira tú, como siempre sucede en este país, les va mejor a lo que se portan mal que a los que no.
Estoy de acuerdo en que están enfermos, pero también son delincuentes. Más vale que empecemos a aceptarlo con todas sus palabras.
Si se es adicto es porque se consume alguna droga; si se consume es porque se le compra a alguien; si se compra es porque alguien la vende y… la venta está prohibida. Eso es el tráfico de drogas: hacerla llegar a los consumidores. La lógica nos lleva a concluir que los adictos y consumidores eventuales son parte del tráfico de las drogas, aunque sean la punta final de la cuerda.
No siento lástima por los adictos, y mucho menos si éstos tuvieron la oportunidad de decidir otra vida y escogieron la de las drogas.
Siento lástima por los policías municipales que como gatitos indefensos se enfrentan a los narcotraficantes armados hasta los dientes. Siento lástima por todos aquéllos que han sido injustamente acusados y encarcelados para que los políticos puedan darnos cifras positivas de la guerra contra el narcotráfico, aunque sean falsas.
Me pronuncio a favor de la legalización de la droga y de que cada quien, si quiere, convierta su cerebro en un estropajo como el que les queda a las pobres vacas locas. Pero mientras tanto, mientras no sea legal comprar droga y consumirla, todos esos enfermos deben ser considerados como delincuentes, porque sí lo son.
September 11, 2009
— 12:00 am
¿Pero de quién pudo ser la brillante idea de cobrar un impuesto contra la pobreza? Del puritito nombre de la iniciativa (Ley de Contribución contra la pobreza) me sale espuma de la boca.
A ver (favor de leer mi columna HABER O A VER), por ejemplo, si efectivamente se trata de una contribución que acabará con la pobreza, lo primero que yo pienso es que los pobres no deberían pagarla ¿no crees? Espeluznante, porque además, son tantos millones de pobres en este país, que nomás imagínate la cantidad de personas -80 millones de pobres- que no estarían obligadas a pagar el impuesto. De nada serviría este impuesto si un 80% de este país queda exento de su pago.
Y la clase media… ¿por qué tiene que pagar ese impuesto?, ¿desde cuándo la tan golpeada clase media es la responsable de la pobreza en este país? La clase media en México es la que se ha encargado de paliar a la pobreza, pues es la que se dedica a gastar millones de pesos en el año subsidiando al gobierno en sus obligaciones, por ejemplo, subsidiando el desempleo cuando le das dinero a los dueños de las banquetas mejor conocidos como los viene-viene´s, , o a las personas que acomodan tu compra en las bolsas del súper mercado. Es la clase media la que paga el IMSS con su sueldo y va a los hospitales y con los médicos privados, dejando al menos, una cola menos larga a los pobres de la que sería si también la clase media reclamara su derecho al uso de este instituto, subsidiándolo al dejar de exigirle la entrega de los medicamentos que se supone debería tener para todos sus derechohabientes.
Es la clase media quien le da su auto a lavar al lumpen de la esquina, quien va al mercado y compra al tendero, al de abarrotes, al que vende macetas en la calle.
Entonces, ¡por qué lo tiene que pagar la clase media si es la que siempre ha hecho las labores de redistribución de la riqueza que deberían corresponderle al gobierno!
Solo nos quedan… los ricos y los millonarios y los multimillonarios. Pero ¿qué sería cobrar un 2% a los 40 o 60 ricos que hay en este país? Nada.
Todos vamos a pagar ese mugroso impuesto, si se aprueba por el Congreso, pero como diría Fox… ¿y yo por qué?
September 4, 2009
— 12:00 am
Estando sentada en la mesa de un restaurante, marqué al celular de un amigo mío. Nada de novedad tendría esto que te cuento, querido lector, si no fuera porque el comensal con el que yo pretendía disfrutar de una deliciosa comida, era el destinatario de mi llamada.
Le pareció que era una broma que yo le estuviera marcando a su celular al mismo tiempo que él sostenía una llamada de casi 20 minutos. Manejando con gran habilidad la llamada y sus expresiones faciales, me lanzó un “basta traviesita, estoy al tel, ¿qué no ves?”.
“No es broma”, le expresé de manera amable pero contundente cuando por fin colgó. “Es más fácil tener tu atención por el teléfono que en persona”. Le increpé que la siguiente vez, no se molestara en citarme físicamente pues podíamos tratar lo que fuera por teléfono y sin tener que meternos al tráfico. Es más, le dije, mejor hablas conmigo por celular e invitas a otra persona para que la maltrates con tu desatención y mala educación.
Es una pena que este amigo no sea el único con este defecto. Son muchas las veces que la gente en los restaurantes o en reuniones de cualquier tipo, en lugar de aprovechar a la que tiene enfrente, esté conversando con otra gente en su celular, o esté jugando con su Blackberry o I Phone, Messenger, Facebook, y… ahora Twitter.
Para el que está del otro lado, pretendiendo conversar como normalmente se hacía en el siglo pasado, es decir, viendo a los ojos del interlocutor y esperando su aportación a la plática, es absolutamente molesto percatarse que para el de enfrente, no tiene la menor importancia que estés ahí con él.
Pareciera que el rasgo distintivo de esta época es la anulación de la capacidad para relacionarnos con el otro cuando lo tenemos enfrente. Bienvenidos al impersonal futuro.