La Amarga

¡No es el estrés ni son los huesos anchos!

July 31, 2009

— 12:00 am

Con su enorme panza, el gordazo de mi amigo se sentó en la frágil silla frente al escritorio del doctor para quejarse del intenso dolor en el cuerpo, en las articulaciones, en el pecho y demás.

Me cuenta que el doctor le dijo algo así como “amigo, estás muy estresado, debes cambiar tu estilo de vida”, “el estrés en tu condición no es para nada un buen aliado, sino por el contrario todo un enemigo”.

Estoy segura que cuando el médico se refirió a su condición, ni por un segundo le vino a la mente esa escena de todos los días rodeando por los costados la enorme panza para atarse las cintas de los zapatos ni tampoco su cerebro le sugirió, para nada, la idea de empezar a comer verduritas a las que siempre ha considerado que son comida para vacas. Al contrario, lo que le dijo respecto a “cambiar de estilo de vida” y “dejar el estrés en el pasado” le dio la excusa perfecta para dejar el empleo en plena época de crisis porque le resultaba muy estresante. Grrrrrrrr.

Odio a los doctores que de todo le echan la culpa al estrés. ¡Por favor, que alguien me diga quién vive sin estrés en su trabajo! Aunque me dedicara a meter en bolsas de plástico 25 vasos de hielo seco -como le llaman en mi pueblo al unicel- me estresaría  pensar que quizá en algunas ¡puse 24!

El doctor debió gritarle al gordazo de mi amigo que era obvio que tuviera esas dolencias, pues ¡es un obeso de 110 kg.!

No se vale ser un doctor políticamente correcto. No hay gordas porque sus huesos sean anchos, o ¿alguien ha visto una calaca de 150 cm de cadera?

¡Empuja a tu tía de 80 años!

July 24, 2009

— 12:00 am

Tengo algunas amigas que con su manita dobladita dicen que el gobierno roba y roba y que por eso ellas no pagan impuestos, compran películas piratas y estacionan su camionetota donde les da la gana.

La verdad es que yo creo que soy tonta, porque no veo la relación. ¿Será que porque alguien asesinó al mismísimo y buenísimo Mahatma Gandhi yo tengo permiso para robarle dulces a los niños o pisotear las flores del vecino? O mejor aún, es como que porque mi vecino me tapa la cochera yo puedo echarle el coche al próximo peatón que vea cruzando por la esquina.

La última versión de mi amiga de manita dobladita es la de otro amigo a quien yo siempre había admirado por sus habilidades como emprendedor. Me anunció muy ufano que no va a pagar impuestos este año, a pesar de que sí tuvo ganancias. ¿Es que acaso encontró una forma de deducir el 100% de sus ingresos mediante algún complicado artículo de la ley que yo no he descubierto? No, lo que pasa es que él está decidido a no pagar, porque a él no le gustan los impuestos y que no ve mucho beneficio en eso. Afortunadamente, a 25 cuadras de su casa puede encontrar alguna alcantarilla mal tapada, para justificar que no quiera pagar impuestos, porque el gobierno, en lugar de usar bien los impuestos, no tapa las alcantarillas.

La verdad es que no soy la más entusiasta de las calles de México, pero me imagino que de algún lado sale el dinero para pavimentarlas, para darle un poco de mantenimiento al drenaje y para plantar algún arbolito afuera de alguna escuela pública, a la que alguien le dio su pintadita. A la mejor los políticos roban (bueno, sin el “a la mejor”), pero hay un cierto esfuercito por darnos servicios. Y todavía no creo que porque algunos roben yo también tenga que robar.

Mi amigo será quizá un empresario hábil, pero quizá no sea por méritos, sino porque tiene sobre mí una ventaja mal habida. Gana cuando menos 28% más que yo, porque yo sí cumplo con el pago de impuestos, y seguiré haciéndolo porque espero no volverme tan cínica para justificar con el golpe en Honduras mi decisión de tumbarle el bastón a mi tía de 80 años.

Tengo un vecino defraudador

July 17, 2009

— 12:00 am

Tengo un vecino que es uno de los tres socios de la inmobiliaria a la que yo compré  un departamento. Todo hasta aquí sería normal si no fuera porque la inmobiliaria… entregó todo mal y defectuoso y porque por supuesto, no responde por ello.

En diversas asambleas de vecinos, le hemos echado en cara su responsabilidad por los vicios, ocultos y evidentes y su única respuesta, por demás cínica, es que él no es la inmobiliaria. Es como tener un perro y no responder por él si muerde a alguien, pues… en cierto y estricto sentido, el dueño no es el perro.

Nomás para poner un ejemplo sencillo y burdo, te cuento que en mi caso, al venderme el desarrollo, los defraudadores esos prometían grandes y hermosos jardines en los interiores comunes de los edificios. Al entregarlos, para acceder a ellos, los vecinos tenemos que treparnos en un auto, pasar por una escotilla y, si la fuerza de los brazos y el estómago de alguno de los vecinos lo permiten, porque por supuesto en la trepadera quedan descalificados la mayoría, se encontrará con un dizque jardín que no es otra cosa que un pedazo con humedad de 1.5 por 2 metros, absolutamente rodeado de concreto. Por obvias razones yo he desistido de ir a entrenar ahí para el maratón de la Ciudad de México.

Este vecino defraudador y sus socios, se amparan totalmente en la falta de Estado de Derecho de este país. En la ausencia de autoridad y de gobierno. Ellos saben que un juicio en tribunales lleva mucho tiempo y que, de perderlo -si es que esto sucediera- sería muy difícil que un juez pudiera hacer efectiva una sentencia en su contra, ya que lo más seguro es que, como defraudadores profesionales que son, no tengan ni un solo bien a su nombre con el que pudieran responder por sus tropelías y delitos.

Las inmobiliarias se han convertido en un nicho de delincuentes. Son muchos los ahora propietarios de inmuebles que, en el mejor de los casos, los recibieron con innumerables defectos y vicios ocultos.  Los socios de esas inmobiliarias, se pasean en los eventos de la alta sociedad: se han vuelto más ricos aún con nuestro dinero.

Haber o a ver

July 3, 2009

— 12:00 am

¡Uy! Cuántas veces has recibido, querido lector, un mensaje escrito de un amigo tuyo, en tu celular o en tu mensajería instantánea diciéndote: ¡Haber si nos vemos! Estoy segura que muchas veces.

¡Haber si llego a tiempo! Me cayó un mensaje ayer a mi celular de una amiga que… estudió en la misma preparatoria y en la misma universidad que yo. Lo primero que pensé es ¡cómo fue que pudo graduarse de la universidad si ni a la primaria asistió!

Es una amargura tremenda, lo sé, pero debemos reconocer que en este país miles de estudiantes universitarios y miles de experimentados profesionistas… ¡no saben escribir!

¿Qué no deberían empezar por ahí las escuelas? ¿No es un presupuesto indispensable saber escribir para poder asistir a una universidad?

Sería muy fácil que yo en este momento, para terminar de amargarme el día, le echara toda la culpa a esa cara de tótem que es Elba Esther Gordillo, pero en realidad aunque me muero de ganas de hacerlo, de lo que estoy convencida es que, si alguien tuvo la privilegiada oportunidad de estudiar una carrera universitaria, no puede menos que saber escribir. Y no es culpa de ese adefesio corrupto, aunque me muerda la lengua.

Es que es lo mismo que escudarse en que, todas nuestras neurosis son culpa de nuestros padres, aun cuando ya seamos lo suficientemente grandulones como para corregirlas. Así pasa con la ortografía. Puede ser que la educación primaria y secundaria hubiera sido deficiente, como seguramente lo fue y sigue siendo gracias a nuestros adorables líderes de la educación que este país ha tenido, pero en la universidad ya eres lo suficientemente crecido para escribir como debe ser.

Por eso creo que les debemos decir a esos amigos que antes de reunirse con nosotros, a ver si mejor aprenden a escribir.