La Amarga

La alacena del pánico

May 15, 2009

— 12:00 am

Hace dos semanas, en medio de la alerta de la influenza porcina -así se llamaba por aquellas épocas-, tuve el antojo de cenar unos deliciosos perros calientes -los llamo así por decencia pero realmente yo siempre digo hot dogs-, así que tomé mi bolsita como la patita que va al mercado con su rebozo de bolitas para comprar los ingredientes necesarios, entre ellos, sí querido lector, salchichas de puercote.

¡Santos cielos huracanados! Ya había yo oído rumorcillos sobre las compras de pánico, pero esto sí que me sorprendió grandemente. Nada más llegar a la sección aburridísima de enlatados, me percaté que no había ni una sola lata de atún oxidada siquiera. Ni qué decir del área de mis antojadísimas salchichas de puercote. Las filas para pagar eran increíblemente largas. Recordé la película que en español se llamó “Cuando el destino nos alcance” donde la gente comía galletas verdes de humanos. Así que, haciendo fila me preguntaba si realmente la gente estaría pensando que terminaríamos comiéndonos los unos a los otros en galletitas de animalitos verdes, y por tanto se me ocurrió mencionar en voz alta que yo realmente había ido por un vil antojo, que no entendía por qué estaban todos comprando víveres como si fuera a caer una bomba nuclear. No lo hubiera hecho jamás, casi me matan a salivazos por los gritotes de las personas que estaban adelante y atrás de mí en la fila. Una señora hasta se atrevió a acercarse a gritarme con todo y su tapabocas. El caso es que cuando yo traté de argumentar algo a mi favor, salió corriendo y se formó en una fila lejana, aunque más larga, por atreverme a hacerlo sin el pedazo de tela en la boca.

Me gustaría encontrarme con esas lindas personas ahora que las cosas han vuelto a la normalidad -tan normales son que Peña Nieto aseguró que por eso sigue usando corbatas valiéndole cacahuate las recomendaciones de las autoridades sanitarias- y preguntarles como pa´ cuando se irán a acabar su alacena del pánico.

1 Comentario »

  1. Jajaja… Tienes toda la razón. En mi caso no fui al súper por un antojo, sino porque moría de sed; pasé a comprar una botella con agua y salí con las manos vacías; la verdad no quise esperar en las largas filas…

    Comment by Guillermina — May 15, 2009 @ 12:20 pm

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