Ahí estoy, sin falta, hecha bolas entre el montón de personas que con emoción pensábamos que veríamos al Distrito Federal con sus luces apagadas. Y… ¿qué creen? Pues que llego al amontonadero de gente igual de ingenua que yo y lo único que alcanzaba yo a ver es que el zócalo estaba lleno de enormes carpas mugrosas y que un fulanito, en un templete, también enorme, estaba hablando puras incongruencias acerca de la energía y la contaminación en el mundo. Obviamente, su discursillo carecía totalmente de sintaxis y orden, y sobre todo, de contenido. En fin, que su labor era hablar incoherencias y muchas, para esperar la tan sonada hora en la que se apagarían las luces y haríamos todos un desagravio a nuestro planeta por lo mal que lo hemos tratado.
Pero ahí no termina toda mi amargura, queridos lectores. ¡Ah no! Quien haya pensado que era un momento de desagravio al planeta, se equivocó. Cuando por fin se calló el fulanito con diarrea de palabras -igualmente desechables como la mierda-, y después de que Ebrard nos enjaretara otro discursillo casi igual de chafa, que empieza el conteo hacia atrás y ¡zas!, qué emoción, se empezaron a apagar las lucecillas, primero las de los edificios del gobierno del Distrito Federal, luego las del Palacio Nacional y también, aunque sea a medias las luces de la Catedral. En ese momento pensé: mira, al final no estuvo tan mal haber venido. Tan positiva me puse que pensé que quizá pronto dejaría mi blog de La Amarga y me convertiría en La buena onda.
En fin, que en ésas estaba yo de positiva, cuando… ¡no! ¡No puede ser! En ese mismo momento, empezó un resonar de tambores a todo volumen, obviamente de música figuradamente autóctona y de ésa que se supone se oye en Tepoztlán cuando eres gringo y vas a que te den un embarrón de lodo, a través de bocinas que tronaban los oídos de todos los pendejos que acudimos al lugar. ¿Qué de plano no se les ocurre a nuestros gobernantes que, en primer lugar, puede llegar a gustarnos un poco de silencio, y que, en segundo lugar, el apagón valió cacahuate comparado con la energía usada por sus bocinotas?
