El presidente Felipe Calderón se metió en un problema político al dejar en el terreno de lo incierto su posición sobre la legalización de las drogas. Hace unos días desató una discusión más sanguínea que racional, más empírica que documentada. Desde que abrió ese nuevo foro de deliberación, el Presidente ha reiterado que se opone a ello, pero tanto él como a sus críticos les ha faltado claridad argumentativa. Aún no hay quien explique, de manera más científica, ¿por qué? y ¿para qué? legalizarlas.
Quienes abogan abiertamente por la legalización afirman que es una forma de reducir la violencia en México y que el consumo, según los comportamientos en otros países donde hay una legalización de facto, como en Holanda o Portugal, no subirá. El Presidente piensa lo contrario, y dice que legalizar las drogas podría ocasionar que México pague todas las consecuencias negativas –millones de nuevos consumidores, alega-, sin recibir nada positivo a cambio –beneficios que no explica-. Empero, ninguna de las dos partes ha aportado algo más que enunciados.
El marco de referencia en el que debe estar focalizado el debate es cómo va afectar a México si el primer martes de noviembre próximo los residentes de California, aprueban la legalización de la posesión de marihuana. Hasta ahora no está claro que eso sucederá, pero si se concreta ejercerá gran presión política sobre el gobierno mexicano. ¿Cómo justificar la guerra contra el narcotráfico cuando la principal droga de exportación al mercado estadounidense se legalizó en California, el principal estado consumidor de marihuana y mayor productor en Norteamérica? La pregunta planteada de esa manera, como lo hacen algunos críticos de Calderón, tiene que desagregarse para evitar caer en sofismas.
Desde el punto de vista de seguridad pública, puede argumentarse que la violencia no bajará en el corto plazo, y que en el largo, inclusive, puede aumentar. Si se legalizara la marihuana en California no tendrá ningún impacto sobre la violencia en este país porque ésta no se da en las rutas de esa droga, sino en las de la cocaína. Los muertos de los dos últimos años y medio en Chihuahua, Durango y Sinaloa, los estados más violentos, son por la guerra entre cárteles por la ruta de distribución de la cocaína, que se origina en Topolobampo y termina en Ciudad Juárez, por donde viaja el 70% de esa droga para el mercado estadounidense. El 90% de la cocaína que se vende en este mercado cruza por la frontera con México, principalmente por Texas y en mucho menor medida por California y Arizona.
Entonces, ¿de dónde se saca que la eventual legalización de la marihuana en México reduciría los niveles de violencia? El mercado de la marihuana en México ha estado estable por una generación y es la principal droga de exportación. Los cárteles de la droga obtienen de ella sus ingresos para operación, mientras que de la cocaína, logran las utilidades que les permite mejor equipamiento, armamento y capacidad de corromper. El mercado se encuentra en Estados Unidos, donde vive alrededor del 36% de los adictos a la cocaína en el mundo.
La erradicación de cultivos en Colombia, su principal proveedor, provocó que el total de cocaína en el mercado estadounidense se redujera en casi un 50% desde 2008, pero el consumo se ha mantenido inalterable. Por la ley de la oferta y la demanda, el precio de la cocaína entre 2006 y 2009 se ha duplicado, y mientras la ganancia neta para los cárteles mexicanos por la introducción de la cocaína es anualmente de dos mil 900 millones de dólares, para las bandas criminales estadounidenses significa utilidades por 29 mil 500 millones de dólares.
Los estadounidenses no están hablando de legalizar la cocaína u otras drogas, como la heroína o las metanfetaminas. Pero en México, el debate abierto por el Presidente fue en términos ambiguos, pese a que fuera de la marihuana, el resto de las drogas producen daños irreversibles en el cerebro y son un problema de salud. En términos hipotéticos y para efectos de argumentación en México, si se abriera la legalización en Estados Unidos a todas las drogas, no está claro si el consumo repetiría el mismo patrón que se dio al levantar la Prohibición del alcohol en 1933, cuando el consumo se elevó en 20%.
Para el gobierno de Estados Unidos, si se legalizaran las drogas tendría un ahorro en el gasto público al eliminar políticas de control por unos 48 mil millones de dólares, a los que se sumarían ingresos adicionales de 34 mil millones por concepto de pago de impuestos, según un estudio del Departamento de Economía de la Universidad de Harvard. El precio de calle de las drogas también bajaría, en el caso de la cocaína hasta en un 20%. Si se extrapola a lo que sucede en México, la lucha entre los cárteles podría acentuarse porque habría menos utilidades a repartir entre varias organizaciones.
En el caso mexicano, siguiendo la misma lógica economicista, ¿sería posible que una legalización de las drogas en México redujera el gasto público en materia de seguridad pública y combate a las drogas, que sólo desde el punto de vista policial supera los cuatro mil millones de pesos? Parecería una decisión racional para un gobierno liberal, que aún no se analiza. Sin embargo, ahí no paran los obstáculos para una legalización, inclusive en la marihuana, la más proclive a dejar de ser prohibida.
De diciembre de 2006 a junio de 2010, el periodo de la guerra contra las drogas, se han detenido a 49 mil 223 personas por posesión y cultivo de marihuana. Si se legalizara, una discusión inevitable es que esas personas podrían ser puestas en libertad porque el delito por el cual se encuentran en la cárcel se declaró inexistente y la ley es retroactiva en todos los casos donde no perjudica al acusado. En ese grupo hay cientos de campesinos, consumidores, pero también delincuentes. ¿Hay un argumento para que no salgan en libertad? Hasta ahora nadie lo ha explorado.
El tema de la legalización no ha sido debatido a fondo, sino con lugares comunes y trivialidades. Es una gran discusión que hasta ahora se encuentra estéril. Se tiene que entrar a su deliberación profunda, académica y multidisciplinaria. Urge, además, porque si California aprueba la legalización de la marihuana, vamos a quedar atrapados una vez más en retórica barata, pagando altos costos políticos, de nueva cuenta, por nuestra negligencia y visión de corto plazo.
