Estrictamente Personal

Cascabel veracruzano

February 15, 2010

— 12:00 am

La contienda interna más importante que tiene el PAN, por sus consecuencias, en la lucha por una candidatura a gobernador es en Veracruz, donde este jueves, si no se modifica el programa, el Comité Ejecutivo del partido en el estado decidirá a quién desea para enfrentar al PRI, que probablemente llevará a Javier Duarte como abanderado, y que indiscutiblemente enfrentará la maquinaria del gobernador Fidel Herrera. Hay dos precandidatos muy fuertes, el ex senador Gerardo Buganza, y el director del ISSSTE, Miguel Ángel Yunes, que representan las fuerzas locales y del centro, respectivamente, y un tercero en discordia, el senador Juan Bueno.

Este proceso no puede verse en un primer plano, porque no se entendería qué es lo que está en juego, hacia el interior de Los Pinos, hacia el interior del PAN nacional, e incluso sobre opciones que puedan abrirse, en función del resultado, para abrir opciones al presidente Felipe Calderón que enfrenta presiones internas, en su equipo y partido, para que destituya al secretario Fernando Gómez Mont, quien al renunciar al PAN la semana pasada, abrió un flanco de guerra con su partido. Para entenderlo, hay que desagregarlo.

1.- El pasado 11 de febrero, la Comisión Nacional de Elecciones del PAN confirmó que no harían alianza con ningún partido en Veracruz. Esto pasó desapercibido por el escandaloso anuncio de la alianza en Oaxaca, pero no deja de ser altamente significativo. La decisión muestra el fin, cuando menos por lo que resta del año, de la alianza con la maestra Elba Esther Gordillo con el presidente Felipe Calderón, y hace de lado el respaldo a quien presume de su apoyo político, Yunes. Al no cuajar una candidatura común PAN-Nueva Alianza, el partido de los maestros camina a establecer ese acuerdo con el PRI. Lo paradójico es que Gordillo, muy cercana de Yunes, se podría ir a jugar electoralmente con Herrera, con quien el director del ISSSTE, tiene una vieja, profunda y rudísima confrontación.

2.- La Comisión Nacional de Elecciones determinó también que el método de elección sería por medio de una votación entre militantes activos y adherentes. La decisión favorece la postura por la que pujaron Buganza y Bueno, cuyos equipos consideran que Yunes, pese a nunca dejar de estar en Veracruz y mantener su residencia en el estado, no tiene el arraigo entre las bases panistas para poder alcanzar la candidatura. Yunes deseaba una elección abierta, pero ese fallo es su primer revés en el proceso. Su derrota no es individual. Desde enero el Presidente mismo estuvo cabildeando por Yunes, cabildeo al que se sumó el líder nacional del PAN, César Nava. Sin embargo, la resistencia encontrada entre los panistas veracruzanos, de acuerdo con miembros del partido, obligó a Yunes a no renunciar a su cargo. Cuando las cosas se complicaron, él comenzó a decir que si la contienda no era justa, no participaría. Pero ya está dentro.

3.- Dentro de Los Pinos hay una división. El Presidente y su esposa, Margarita Zavala, desean que sea Yunes el candidato, pero entre el equipo de colaboradores, prefieren que sea Buganza. Según panistas, la división no es únicamente entre las señoras Zavala y la jefa de la Oficina de la Presidencia, Patricia Flores, sino que con ella, además de sus subalternos, Rafael Giménez en estategia, y Alejandra Sota en imagen, se han sumado la coordinadora de la bancada en la Cámara de Diputados, Josefina Vázquez Mota, y el ex líder nacional del PAN, Germán Martínez.

4.- Ni Buganza ni Yunes convencen a todos los consejeros del PAN en Veracruz. Buganza, que ya perdió la elección hace seis años con Herrera, lo consideran en la extrema derecha del partido y con una religiosidad –va todos los días a misa- que al haberse antepuesto siempre a su carrera política, no sienten que tenga ni la pasión ni la enjundia para gobernar y enfrentársele a Herera. Pero a Yunes lo recuerdan como un terriblemente duro secretario de Gobierno durante la gestión priista de Patricio Chirinos, y cómo en el sexenio pasado, todavía diputado del PRI, fue uno de los parlamentarios más persuasivos en la denostación del PAN y uno de los que crearon un clima de opinión pública que condujo a una millonaria multa del IFE al partido por violaciones al código electoral durante la campaña de Vicente Fox.

5.- Cuando los delegados vayan a su sesión este jueves, tendrán en las manos los resultados de dos encuestas que Nava mandó hacer este fin de semana para saber quién de los tres precandidatos, se encontraba mejor posicionado. Originalmente la encuesta iba a ser hecha por Arcop, que ha trabajado desde hace más de una década con el PAN, y cuyo ex socio es Giménez, que trabaja con Flores. Pero Nava contrató a Gauss –la casa encuestadora de cabecera de Los Pinos en el sexenio de Fox- y G Mark. Importantes miembros del PAN sostienen que la encuesta es una jugarreta de Nava para apoyar a Yunes.

En Veracruz, que históricamente ha tenido una de las clases políticas más intensas, hay mucha agitación por el proceso. Buganza, con el respaldo de los colaboradores de Calderón en Los Pinos, ha hecho una precampaña de alto impacto, bastante tramposa, con un producto que no existe, Café Buganza. Junto con ello ha estado difundiendo encuestas –elaboradas por la Cámara de Comercio local-, donde se muestra delante de Yunes y Torio. Yunes no se ha quedado con los brazos cruzados y ha promovido acuerdos públicos a su favor, y utilizado recursos públicos –según las denuncias- para promocionarse entre los veracruzanos bajo la cobertura del ISSSTE.

Si Yunes pierde, perderán también Calderón y Zavala en Veracruz. Pero una buena posibilidad puede venir de todo ello, que comenzó a circular en medios políticos del puerto de Veracruz el viernes pasado, en el sentido que si Yunes no fuera en la candidatura, podría ser una alternativa real para relevar a Gómez Mont. Todo está muy revuelto, pero se aclarará en unos días y se definirá, con seguridad, entre Buganza y Yunes. ¿Cómo impacta a Herrera y su candidato? Según especialistas, muy poco. “La única diferencia de quién es candidato –dijo un experto-, será en el tono de la campaña”. No más.

rrivapalacio@ejecentral.com.mx

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Esquizofrenia en Juárez

February 12, 2010

— 12:00 am

Una matanza de 14 personas en Ciudad Juárez, desató la esquizofrenia. El gobernador de Chihuahua, José Reyes Baeza, anunció -sin consultar al Congreso local primero- que trasladaría los poderes a esa ciudad; luego dijo que no era “trasladar”, sino tener fuerte “presencia”. El secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont fue a esa ciudad fronteriza y ofreció disculpas por la generalización hecha por el presidente Felipe Calderón de que todo era un pleito de pandillas; luego reculó y aclaró que sólo había dado “explicaciones”. Como todos fuimos antes Marcos y luego Haití, ahora todos somos Juárez. Pero esa matanza revela la hipocresía colectiva.

Sin eliminar lo terrible y doloroso de esa matanza, uno se pregunta porqué nada similar pasó cuando un comando de La Línea -el grupo de sicarios del Cártel de Sinaloa-, irrumpió en una fiesta en agosto de 2008 en la comunidad de Creel, en Chiahuhua, y se puso a disparar sin discriminación. La mayoría de los presentes también eran jóvenes, como en Juárez, y 13 personas quedaron muertos cruzados por las balas de los “cuernos de chivo” y otras armas cortas.  Entre quienes fallecieron se encontraba un bebé, quien cuando comenzó la balacera trató de ser cubierto por su padre. Inútil, porque ambos fueron ejecutados. De ese crimen, también terrible y doloroso, hoy nadie parece acordarse.

En aquél agosto, ni Reyes Baeza hizo intento alguno por “trasladar” o tener mejor “presencia” en Creel, ni el gobierno federal anunció que formularía una nueva estrategia para combatir al narcotráfico. Cínicamente se puede alegar que como no se estaba en tiempos electorales, los 13 muertos de Creel no valían lo que los 14 de Juárez. También se puede argumentar que no se había dado la tragedia de la guardería ABC en Hermosillo, que le costó la gubernatura al PRI y el descrédito al entonces gobernador Eduardo Bours, y le costó al gobierno federal acusaciones de omisiones, negligencias y favoritismos. Nada de eso les podrán achacar ahora en Juárez, donde desplegaron un enorme control de daños, salvo que son grandes demagogos que pretenden engañar a los mexicanos.

Reyes Baeza es un desvergonzado. En los dos últimos años, Juárez se convirtió en la peor ciudad para vivir. Fue la más violenta, con el 30% de las ejecuciones totales en el país, que provocò el cierre de 10 mil negocios y un éxodo calculado en 100 mil personas. Siempre culpó al gobierno federal, pero no aplicó políticas públicas que colocaran un dique al crecimiento de las pandillas asociadas con los cárteles. El gobernador quiere que en Chihuahua vean que está preocupado por sus gobernados, pero estos lo están rechazando. Malabareó con el cambio de poderes, pero no se le ocurrió, lo que hubiera sido mejor idea, plantear su propia estrategia para la recuperación de las comunidades.

El gobierno federal si ha venido jugando con esa idea, sobre todo tras las críticas de que su estrategia no ha funcionado. El presidente Calderón dijo que se reformularía una estrategia integral, pero si realmente habla en serio, es una charada. Existe desde el 8 marzo de 2007, pero no se aplicó integralmente, y mucho menos se cumplió. En esa fecha hubo un acto en Los Pinos, donde Calderón dijo que la seguridad pública de los mexicanos era uno de sus objetivos en el sexenio, por lo que “debemos actuar de inmediato,… para salvarlos de las garras de las drogas y del peligro del crimen”.

Calderón precisó en aquél entonces: “El objetivo es también recuperar condiciones mínimas de seguridad en el país que nos permitan convivir y vivir en paz y recuperar fundamentalmente las calles, las plazas, los pueblos y las ciudades”. Si uno se atiene a sus palabras y los resultados, se puede afirmar que su fracaso es rotundo. Pero sería muy fácil. Lo que falló es que nunca pudo poner en práctica lo que anunció esa mañana: la Estrategia Integral de Prevención del Delito y Combate a la Delincuencia.

La guerra contra el narcotráfico sí profundizó su lucha policial, de inteligencia, y se amplió la plataforma tecnológica, pero no más. La Secretaría de Educación no promovió la cultura de legalidad, ni construyó espacios seguros y libres de violencia en las escuelas; la Secretaría de Desarrollo Social no incorporó los componentes de apoyo social para evitar que la pobreza fuera el combustible para el reclutamiento de sicarios entre los jóvenes, ni creó espacios alternativos de esparcimiento para esos segmentos de la población en busca de identidad; y la Secretaría de Hacienda no hizo prácticamente nada para romper los circuitos financieros del lavado de dinero.

Su promesa de impulsar una campaña de información para sensibilizar a los mexicanos sobre el fenómeno, se convirtió en una intensa y masiva campaña de propaganda donde lo que se estimulaba era que los desplazados se fueran al narcotráfico: a quien no tiene nada, le mostraron cientos de veces en televisión a los narcotraficantes detenidos, junto con sus lujosas y poderosas armas, las montañas de dinero que tenían, los espectaculares vehículos que manejaban y, además, las hermosas mujeres que tenían a su disposición. Es decir, toda una invitación a que se unieran a ellos.

Hablar hoy en día de una nueva estrategia integral es un despropósito. Cuando se planteó, el gobierno jaló disparejo. No se puede cambiar un plan si no es probado, ejecutado y evaluado. La mejor estrategia que puede seguir el Presidente es obligar a que todo su gabinete cumpla con lo que les ordenó y que no lo sigan engañando, porque al hacerlo engañan a los mexicanos. Igual que Reyes Baeza, hizo al brincar en la coyuntura como un mandatario preocupado y cercano a la población, cuando ha sido distante, negligente e irresponsable. Son dos gobiernos que dicen ahora que quieren hacer algo. Pues que lo hagan, si quieren con toda la fanfarrea que deseen, pero que no se queden con las mismas palabras que se vienen escuchando hace un largo tiempo, que provocan mucho ruido en edificios de aire.

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Los motivos de Gómez Mont

February 11, 2010

— 12:00 am

Fernando Gómez Mont, miembro de una de las familias que le dieron sentido y destino al PAN, renunció al PAN. En un gobierno tan ideologizado como el de Felipe Calderón, la interpretación de varios analistas de que es una “bomba” hacia el interior de la administración, no es una exageración. Pero al mismo tiempo, Gómez Mont se levanta como el único miembro del calderonismo, el Presidente incluido, capaz de ser congruente con sus compromisos y demostrar que su palabra tiene valor. Paradójicamente, si no lo obligan a renunciar a la Secretaría de Gobernación, puede convertirse en el único que logre que el sexenio de Felipe Calderón pueda trascender positivamente.

Lo único que no tiene la renuncia de Gómez Mont al PAN son secretos. En su carta al líder panista César Nava, dijo que por “discreción profesional” no podía explicar sus motivos. Hay un motivo doctrinario, y es su rechazo ideológico a las alianzas, cualesquiera que estas fueran. Pero una, sobretodo, la detonó: la alianza del PAN con la izquierda en Oaxaca, con el senador Gabino Cué como su candidato. En una plática con Cué, Gómez Mont le dijo: “No veo cómo puedas caminar bajo el mismo paraguas de López Obrador y Calderón”. El conflicto postelectoral de 2006 sigue vivo, con López Obrador insultando sistemáticamente a Calderón, y este y su equipo en Los Pinos, obsesionados en cómo terminar de aniquilarlo políticamente.

En esa plática, hace mes y medio aproximadamente, Gómez Mont fue muy claro: ni cree en esa alianza, ni la apoyaría. Cué se preocupó, pero un veterano político le aconsejó: “Busca a Nava, sus resortes son diferentes a los de Gómez Mont”. Eso hizo Cué, quien dos semanas después confiaba que la alianza para impulsarlo a la candidatura se iba a concretar. Las noticias de las posibilidades que se negociara positivamente la alianza para el senador llegaron a Oaxaca, y el gobernador Ulises Ruiz, tomó el avión a México.

Hace tres lunes exactamente, en el despacho del secretario de Gobernación en el  Palacio de Covián, Ruiz visitó a Gómez Mont. Había mucho de qué hablar y reclamar. Cuando se dificultó la negociación del presupuesto porque los priistas en el Senado se rebelaron al acuerdo cupular que había hecho la dirigente nacional del partido Beatriz Paredes y un pequeño grupo de diputados con el gobierno, Gómez Mont y el entonces secretario de Hacienda, Agustín Carstens, comenzaron a hablar con los gobernadores priistas para que los apoyaran.

Pedían que le dijeran a sus bancadas que respaldaran el  aumento en los impuestos. A cambio, ofrecieron, les liberarían recursos presupuestales que estaban empantanados, y habría mayores partidas para aquellos rubros –como en las áreas de infraestructura y el campo- que necesitaran reforzar. Una de las condiciones para ese acuerdo es que no hubiera alianzas en las elecciones para gobernador de este año. Gómez Mont dijo estar de acuerdo, y que confiaran en su palabra. Dos gobernadores llevaron la voz cantante a favor del presupuesto, Enrique Peña Nieto del estado de México, y Ruiz de Oaxaca. Cuando a Peña Nieto le llovieron las críticas por su presión a la bancada, reculó ligeramente. Ruiz nunca lo hizo, y se batió con sus pares y con los líderes parlamentarios a favor del impuesto.

Ese lunes que vio a Gómez Mont en su despacho, no había mucho que recordar. El secretario de Gobernación le dijo que estaba opuesto a la alianza, y que si esta se concretaba, renunciaría. No puedo seguir negociando con la oposición si no puedo cumplir mi palabra, le dijo Gómez Mont a Ruiz, según una reconstrucción de todo el episodio elaborada por personas que conocen todos sus detalles. No quedó claro en ese momento si ya lo había planteado al Presidente, pero en esos días nadie tenía  duda sobre su postura. Gómez Mont había arreciado críticas públicas a las alianzas, aunque en realidad era solamente una la que había provocado su repudio: Oaxaca.

Ruiz salió conforme, creyendo en Gómez Mont. A sus espaldas, el viejo odio del presidente Calderón al PRI, terminó inclinándolo hacia la postura de Nava, que deseaba las alianzas con el PRD, PT y Convergencia, la coalición de izquierda que tiene a López Obrador como su jefe político, y le dio el visto bueno. Todavía la semana pasada, cuando empezaron a anunciarse las alianzas electorales en otros estados, como Durango y Puebla, varios priistas expresaron públicamente su desacuerdo. Una línea de pensamiento muy crítica dentro del PRI a Calderón fue expuesta por el senador Fernando Baeza, quien recordó en declaraciones a la prensa que el Presidente había olvidado que había sido gracias a los priistas y sus diputados, por lo que pudo tomar posesión y colocarse la banda presidencial el 1 de diciembre de 2006.

Los priistas están incendiados. Paredes, la líder nacional que ha pagado altos costos políticos dentro del partido por su cercanía con Calderón y por haber jugado internamente para sacar adelante reformas que buscaba el Presidente, admitió a varios periodistas que “los habían chamaqueado”. Paredes elevó a tonos inusuales su discurso, menospreciando a Nava y utilizando una palabra que no es común en su lenguaje para describir lo que habían hecho los panistas con la izquierda que repudia a su Presidente: “chaquetearon”.

La conclusión de la negociación de la alianza en Oaxaca arrinconó a Gómez Mont. El secretario de Gobernación no tenía mucho que perder, porque su carrera pública la había determinado hasta 2012. No quería ser candidato a la Presidencia, y desde que Calderón lo invitó al gabinete se lo dijo –una de sus razones fue que tenía el lastre de haber sido Alcohólico Anónimo-, y lo repitió en público y en privado. Su renuncia al PAN, si pone en entredicho su permanencia como secretario de Gobernación, lo único que haría es achicar el tiempo de permanencia en ese cargo.

Pero paradójicamente Gómez Mont, que es viejo amigo de Felipe Calderón y de su esposa Margarita Zavala, y que pese a haber crecido con el senador Santiago Creel se la jugó con el actual mandatario durante la precampaña para la candidatura presidencial panista, puede estar haciéndole un gran favor al Presidente mismo. Carente Calderón de un equipo consistente y congruente, él mismo cayendo en la esquizofrenia del discurso que en ocasiones denuesta a los partidos y horas después los llama a la unidad y la concordia, la actitud recta de Gómez Mont le regala un interlocutor de alto valor frente a la oposición.

Gómez Mont no engañó a Cué, ni a la oposición y mantuvo su compromiso político con el PRI, aunque ello provocó su salida del PAN, al no haber cumplido Calderón y  el PAN, esos acuerdos políticos que tuvieron con los gobernadores y las cúpulas priistas cuando requirieron de su ayuda para sacar adelante el presupuesto. Desde la muerte del ex secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, Calderón no había tenido a ningún colaborador cuya palabra respetaran.

El Presidente tendrá que evaluar si quiere que se quede Gómez Mont en el gabinete o le pide que se vaya. En el pasado, ya le presentó su renuncia en dos ocasiones, una de ellas cuando lo maltrató, como suele hacer el Presidente con sus colaboradores, pero llegaron a buen término. En esta ocasión, cuando menos ya sobrevivió un día más como secretario de Gobernación, lo que eleva las posibilidades de que se mantenga en el cargo. Gobernar el país con un hombre que ya no tiene partido, le puede dar una mayor credibilidad a la política interna, que es de lo que esta urgido Calderón. Como Carlos Salinas que necesitó al apartidista Jorge Carpizo en Gobernación para darle certidumbre a la elección de 1994,  Ernesto Zedillo recurrió al panista Antonio Lozano Gracia para darle credibilidad a la procuración de justicia, y Carlos Abascal se salió del PAN para ayudar en las negociaciones con los partidos a Vicente Fox.

La “bomba” que lanzó Gómez Mont al PAN no desbarrancará la alianza para Oaxaca –donde tampoco hay garantía alguna que triunfe sobre el PRI-, ni modificará lo que este martes hizo el consejo político panista al votar 40 contra 1, por ir con Cué como su candidato. En el corto plazo, galvaniza la crisis doctrinaria que está viviendo el PAN por el tema de las alianzas. Y en el largo, Calderón necesitará sacar dos presupuestos más y, sobretodo, buscar las reformas estructurales que tanto le urgen para darle un puerto de destino a su gobierno, ahogado hoy en una guerra contra el narcotráfico que sólo le ha dado negativos a él y a su partido. Calderón tendrá que evaluar el costo-beneficio de lo que propició –la alianza y la renuncia-, y decidir qué es lo que quiere hacia delante.

Tendrá que entender, asimismo, que hoy en día Calderón necesita hoy en día más a Gómez Mont de lo que Gómez Mont lo necesita al Presidente.

rrrrivapalacio@ejecentral.com.mx

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Gobiernos fallidos

February 10, 2010

— 12:00 am

La guerra contra el narcotráfico prueba una realidad: no hay un gobierno fallido en México; hay varios gobiernos fallidos. Si el presidente Felipe Calderón debe responder por las bolsas de impunidad que siguen existiendo en el país, también deben rendir cuentas los gobernadores de Chihuahua, Sinaloa, Baja California, Guerrero y Durango. José Reyes Baeza, Jesús Aguilar Padilla, José Osuna Millán, Zeferino Torreblanca e Ismael Hernández Deras, nos deben explicaciones claras y urgentes. Señores gobernadores, tienen la palabra.

Reyes Baeza se despertó del letargo en el que tenía al cuerpo político y las estructuras en Chihuahua, y en las últimas 72 horas quiere resolver lo que no ha hecho en cinco años de gestión. Su estado ha sido durante todo 2008 y 2009 el más violento y el que más victimas ha tenido en esta larga cruzada contra los cárteles de la droga. Chihuahua suma casi el 30% del total de ejecutados en estos dos años, con una cifra que supera las cuatro mil 514 víctimas. Es decir, cada día de los dos últimos años, han sido asesinados en el estado seis personas.

Los indicadores del gobierno federal muestran el mapa de la violencia en los cinco municipios de la muerte de Chihuahua: Ciudad Juárez, tres mil 544 ejecutados, lo que totaliza el 23.34% del total de esas muertes a nivel nacional; Chihuahua capital, con 692 muertos, Hidalgo del Parral con 105, Nuevo Casas Grandes con 95, y Guadalupe con 38. ¿Qué pretende hacer Reyes Baeza trasladando los poderes estatales de Chihuahua a Juárez? Resolver el problema no. Tiene dos años en omisión y negligencia. Diversas fuerzas políticas lo acusan de querer salvar la gubernatura para el PRI con esta mudanza administrativa, y no hay ninguna razón sobre su tardía reacción que permita creer en otros motivos.

Reyes Baeza es un desastre como gobernador, cuando menos en lo que a este fenómeno de violencia respecta. Muy atrás de él, pero muy arriba de la mayoría de sus colegas se encuentra Aguilar Padilla, que ha sido actor pasivo en la pugna entre los viejos socios y compadres en el Cártel de Sinaloa, que se están matando en luchas callejeras con redes de protección institucional. Sinaloa suma el 10.65% de los ejecutados en el país, donde la capital Culiacán aporta 6.55%, que representan 995 víctimas en esos dos años. En Navolato, a 25 kilómetros de Culiacán, se dieron 188 ejecuciones, seguido de Mazatlán con 153, Guasave con 101, Sinaloa (municipio) con 90, y Salvador Alvarado con 89.

Ninguno de los dos tienen cara frente a la nación por el desorden que han acumulado en estos dos años frente a sus gobernados. En esos dos estados se concentró el 40.38% de la violencia nacional durante los dos últimos años, de acuerdo con los indicadores federales. Si se suma a Baja California, Durango y Guerrero, la concentración de la violencia que azota al país en esas cinco entidades asciende a 53.71% . Baja California, bajo el mando panista de Osuna Millán, aporta a la estadística de la muerte nacional el 7.05% del total, mientras que Durango, con el priista Hernández Deras contribuye con el 3.36%, y Guerrero, gobernada por el perredista Torreblanca, el 2.92%.

Las cifras no ayudan a comprender la magnitud del desastre de esos gobiernos. Es cierto que el narcotráfico es un delito del orden federal, por lo que muchos gobiernos locales han decidido cerrar los ojos y responsabilizar al gobierno federal de todos sus males. Pero la solución al narcotráfico no es sólo policial. En ello están en deuda. Los gobiernos locales no han creado los incentivos para romper el ciclo de reclutamiento de jóvenes como sicarios, ni creado los espacios de recreación y esparcimiento en sus comunidades que suelen ser una primera frontera contra la seducción de la delincuencia organizada.

No es casual que el 93.5% de los ejecutados sean hombres, y que aunque el promedio de edad de ellos se sitúe entre 31 y 35 años, más de la mitad (54%) de ese gran total tienen entre 21 y 35 años de edad; es decir, en la plenitud de su vida productiva, optaron por la informalidad de la delincuencia. Prácticamente todos ellos murieron por arma de fuego, y en sólo 3.4% de los casos hubo mutilación del cuerpo.

La radiografía nacional sobre la violencia muestra que los ejecutados, que son la expresión más primitiva y sangrienta de la lucha que se libra, salpica a 844 municipios en el país. O sea, la guerra contra el narcotráfico se está librando en el 29% de la superficie del territorio nacional. Pero en la deconstrucción de esta violencia, en sólo 21 municipios de esas cinco entidades se concentra poco más de la mitad de ejecutados. Si se sigue con el desagregado de las cifras, el 50% de las ejecuciones, lo más crudo de esta guerra, se ubica en 12 municipios, que en orden de mortalidad son Ciudad Juárez, Culiacán, Tijuana, Chihuahua, Gómez Palacio (Durango), Acapulco, Nogales (Sonora), Navolato, Durango, Torreón, Mazatlán y Morelia.

El número reducido de municipios en los que se aprecia con mayor crudeza la violencia no es para alegrarse, si uno reflexiona sobre el total de víctimas asesinadas en una concentración demográfica tan reducida. No es aventurado afirmar que en esas poblaciones la sociedad es tan rehén de la delincuencia organizada, como rebasados están los gobiernos. Esos cinco gobernadores son el ejemplo más claro de gobiernos fallidos. Tres de ellos serán relevados tras las elecciones de este año –Chihuahua, Durango y Sinaloa-, y cuando menos en sus casos, es hora de cobrarles la factura de su abandono.

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Nota: El director del ISSSTE, Miguel Ángel Yunes, negó que en el proceso de sucesión en Veracruz, tenga apoyo de la primera dama, Margarita Zavala, como se publicó  a la última columna en este espacio, “Fricciones en Los Pinos”. Yunes dijo que todo eso eran “fantasías” originadas por operadores políticos que buscan difamarlo.

Fricción en Los Pinos

February 8, 2010

— 12:00 am

Las batallas electorales que enfrenta el PAN tienen un prólogo bastante peculiar. Se trata de una lucha de poder entre dos poderosas mujeres que operan en Los Pinos: Margarita Zavala, esposa del presidente Felipe Calderón, y Patricia Flores, jefa de la Oficina de la Presidencia. Esta confrontación, que ha trascendido los blancos muros palaciegos, está provocando tensión y confusión entre los panistas, algunos de los cuales, admiten en privado, no saben, por lo inédito y anómalo de la situación, a cuál  directriz responder.

La lucha se traduce en un enfrentamiento de precandidatos a gubernaturas, que duplica esfuerzos, estrategias y recursos. Las señales que están recibiendo líderes locales panistas generan una incertidumbre que amenaza con paralizar maquinarias electorales y están abriendo las puertas de guerras sucias fraternales. El estudio de caso más notorio se encuentra en Veracruz, donde el choque de las poderosas de Los Pinos le añade ingredientes incendiarios al proceso electoral.

En Veracruz hay un precandidato natural, que ya contendió por la gubernatura hace seis años, Gerardo Buganza, quien aceleró su campaña desde la semana pasada, tras un agrio enfrentamiento el fin de semana antepasado durante un cónclave de panistas locales, frente al secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, con el director del ISSSTE, Miguel Ángel Yunes, quien como suele hacerlo se burló de él y lo insultó. Buganza, lo que nunca, le respondió, incluso, con palabras altisonantes.

Yunes, quien es un panista de nuevo ingreso, ha querido ser gobernador de Veracruz hace tiempo, pero no se le han acomodado las cosas. Fue influyente secretario de Gobierno durante la administración de Patricio Chirinos, quien había sido un poderoso asesor en las sombras del presidente Carlos Salinas, y se mantuvo en el PRI hasta este sexenio. En este momento, Yunes es un político con fuertes expectativas para la candidatura, como candidato del centro. En las últimas semanas trató de despresurizar su precandidatura, y le dijo a algunos líderes políticos que no iría por la gubernatura y se quedaría en el ISSSTE. Nadie le creyó.

Yunes ha continuado con una precampaña extraoficial –como todos los aspirantes al gobierno, de su partido o del resto- para ir ganando terreno. Yunes y Buganza tendrán la competencia, a distancia, del senador Juan Bueno, quien ha viajado cada fin de semana a su tierra para hablar con electores, pero sobretodo, con los integrantes del consejo político estatal para persuadirlos que él puede ser el tercero entre la discordia. Bueno sembró una carga de profundidad este viernes pasado al declarar en Veracruz que la candidatura deberá ser decidida entre panistas, y no mediante una elección abierta. Esta postura lo beneficia a él, pero también a Buganza; perjudica a Yunes, quien no es bien visto entre el panismo local.

La dinámica que se vive en Los Pinos los ha llevado a navegar entre los buques de guerra de las señoras Zavala y Flores que están en choque constante. La esposa del Presidente, que tiene un gran oficio político y una inteligencia tan sofisticada que le ha permitido operar ampliamente desde Los Pinos sin que nadie lo note en su exterior, es el gran respaldo que tiene Yunes, de acuerdo con dirigentes panistas. La jefa de la Oficina de la Presidencia, que ha acumulado y centralizado el poder de una manera como nunca la tuvo el primer responsable de esa área, Juan Camilo Mouriño, está del lado de Buganza.

Ambas han utilizado recursos para mandar a hacer diferentes tipos de estudio en el estado, y ambas tienen resultados diferentes, dicen panistas veracruzanos. Zavala dice que Yunes va adelante, de acuerdo con encuestas que tiene en su poder; Flores asegura que los panistas veracruzanos quieren a Buganza, sugiriendo que esas encuestas no están reflejando la realidad de lo que está sucediendo en Veracruz. Flores encargó una encuesta a realizarse esta semana a la empresa Arcop, que ha sido la casa encuestadora del PAN desde que Felipe Calderón era el dirigente nacional del PAN. En el cónclave de panistas hace dos fines de semana, Gómez Mont pidió la unidad de todos para sacar adelante la elección, pero sus palabras no parece que se escucharan en Los Pinos.

El relanzamiento de la campaña de Buganza esta semana que pasó, tuvo como eje la promoción de “Café Buganza”. Ese nuevo producto en el mercado –que levantó las cejas de los productores de café en el estado, porque no ha pasado sus estándares de calidad-, permitirá elevar la recordación del nombre de Gerardo Buganza entre el electorado, que es importante al momento de votar. “Café Buganza” apareció en espectaculares y en spots de radio y televisión. De acuerdo con fuentes de la industria de televisión veracruzana, la pauta publicitaria, al menos en la entidad, no la pagó Buganza, sino Alejandra Sota.

Para muchos, el nombre de Alejandra Sota puede no significar nada. Pero ella es la responsable de imagen del presidente Calderón, quien se encarga de ver los spots, de escoger el mensaje y de elaborar los discursos. Es decir, la semiótica y la propaganda es lo suyo. En el organigrama de la Presidencia depende directamente de la señora Flores, de quien también depende Rafael Giménez, que trabaja en estrategia, y que fue fundador de Arcop, aunque al entrar a trabajar en el gobierno actual vendió sus acciones para evitar el conflicto de interés.

El activismo del equipo de Flores a favor de Buganza es al margen del PAN nacional, y habrá que pedir informes de transparencia a Los Pinos para determinar de dónde están saliendo los recursos para pagar la encuesta y la pauta publicitaria de “Café Buganza”. La señora Flores está violentando el proceso electoral, lo que también está haciendo la señora Zavala, quien aunque no tiene recursos públicos para hacer ese trabajo de proselitismo, el ser la esposa del Presidente le da una ventaja sobre cualquier otro operador político en Veracruz. ¿Dónde esté el líder nacional del PAN, César Nava? Está fuera de esta dinámica de choque. ¿Dónde el presidente Calderón? Metido de lleno en la elección, y escuchando a las dos partes, según dirigentes panistas. A qué juega, nadie sabe. Pero lo que sí ven es que esta tolerancia al doble juego, daña a los panistas veracruzanos.

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El pasado del “Jey Jey”

February 5, 2010

— 12:00 am

José Jorge Balderas Garza es una persona alta y corpulenta. Sus escoltas igual. La madrugada del 25 de enero uno de ellos le llevó cargando a dos voluptuosas cubanas para que lo acompañaran en su mesa de pista en el antro Bar Bar de la ciudad de México. En la mesa había otras 10 personas que bebieron más de ocho botellas de whiskey y licores de hierbas. Antes de amanecer, el “Jey Jey”, como se pronuncian sus iniciales con fonética anglosajona, había metido un tiro en la cabeza del futbolista Salvador Cabañas y abierto una caja de pandora de donde siguen saliendo sorpresas que apestan. Una de ellas tiene que ver con Balderas Garza, quien se dio a la fuga y sobre el cual hay una cacería nacional e internacional.

Las autoridades apenas estaban tratando de descifrar el rompecabezas del atentado de alto impacto, cuando en el mundo de los antros y restaurantes daban por sentado que había sido el “Jey Jey”. El lunes al mediodía comentaban en esos lugares que “todos sabían que el ‘Jey Jey’ era un narcotraficante y que iba todo el tiempo al Bar Bar”. Los empleados del Bar Bar, que se encuentran arraigados, lo conocían hace unos cuatro años, y hacía tiempo les generaba un enorme temor. Poco a poco, las autoridades del Distrito Federal han estado dibujando el mapa de actividades a las que se dedicaba Balderas Garza, quien utilizaba diversos alias, tenía varias casas, y disponía de recursos que muchas veces parecían ilimitados.

La primera línea de investigación ubicó al “Jey Jey” operando narcomenudeo en Tlanepantla, Naucalpan y Huixquilucan. Vivía en Tecamachalco, una zona residencial de alto ingreso en el estado de México, e iba al Sport City en Interlomas, del cual es socio. En Tlanepantla tenía vínculos con diversos centros nocturnos, en particular con uno llamado “Exxxcess”, a donde acudía frecuentemente, según investigaciones paralelas del gobierno federal. Balderas Garza iba tanto, que se está investigando si era dueño o accionista del lugar.

El “Jey Jey” se esfumó la madrugada en la que le disparó a Cabañas. A los pocos días la prensa lo ubicó en Cancún, debido a la filtración de un reporte bancario -que no se confirmó- que mostraba que su tarjeta de crédito bancaria había sido utilizada en un cajero automático. El gobierno de Quintana Roo negó tajantemente que estuviera en el estado, y no se sabe si exista una fotografía de la persona que habría retirado dinero en ese cajero. Sin embargo, se mantiene la sospecha de que sí haya pasado por Cancún con destino a Buenos Aires, que es una ruta que suelen usar personas buscadas por la policía. No se ha podido establecer si el “Jey Jey” se encuentra en el Distrito Federal, en territorio nacional, o si huyó del país, pero de lo que sí están convencidas las autoridades, federales y capitalinas, es de la protección que tiene del narcotráfico.

Las investigaciones de la procuradurìa capitalina conectan a Balderas Gómez con George Khouri Layón, alias “El Coqui”, quien fue detenido en septiembre del año pasado y señalado como el principal introductor de la cocaína en Las Lomas y Polanco, otros barrios residenciales de la ciudad de México. “El Coqui” manejaba tres antros, dos de ellos clausurados hoy en día, y vivió un romance con una artista de telenovelas. Funcionarios capitalinos sostienen que el vínculo de Balderas Garza con el narcotráfico se daba a través de “El Coqui”, quien tenía relación con el Cártel de los hermanos Beltrán Leyva. Ambos se veían regularmente en un antro de la colonia Roma llamado “Doberman”, que en la actualidad se llama “Dorby”.

Khouri Layón está vinculado a José Antonio Jiménez Cuevas, apodado “El Niño”, también detenido el año pasado por autoridades federales como el jefe de “La Banda de El Niño”, que se dedicaba a secuestros, y relacionada con otra banda de secuestradores, Los Petriciolet. Jiménez Cuevas fue señalado como miembro del grupo que realizó al menos cinco secuestros, entre ellos los de Fernando Martí y Antonio Equihua. “El Niño” se presentaba como Agente Federal de Investigaciones, y en la banda de secuestradores figuraban al menos tres agentes judiciales del Distrito Federal, quienes también formaban parte de la red institucional de protección a los Beltrán Leyva.

Jiménez Cuevas y Khouri Layón han sido señalados como operadores de Édgard Valdés Villarreal, “La Barbie”, quien era la mano derecha operativa del jefe de aquél cártel, Arturo Beltrán Leyva, que murió en un operativo en Cuernavaca en diciembre pasado. Este enjambre de vinculaciones en el bajo mundo condujo a algunos medios a difundir desde la semana pasada que Balderas Gómez estaba ligado a “La Barbie”. Funcionarios federales originalmente presumían que el vínculo del “Jey Jey” era con el Cártel de Sinaloa -que encabezan Ismael “El Mayo” Zambada y Joaquín “El Chapo” Guzmán-, que está confrontado con los Beltrán Leyva y con “La Barbie, pero nuevas informaciones derivadas de interrogatorios en los últimos días, han llevado a un punto de coincidencia con funcionarios capitalinos: Balderas Garza sí era un cuadro importante en la estructura de “La Barbie”.

Funcionarios de la PGR afirman que Balderas Garza era el distribuidor de drogas de los Beltrán Leyva en la zona de Tlanepantla, junto con el hombre identificado “El Paco” o “El Contador”, que aparece con él en el Bar Bar,  que aparentemente no era su escolta o su socio, sino tenía una jerarquía ligeramente más alta en la estructura criminal del cártel. Cuando salieron del bar tras el ataque a Cabañas, de acuerdo con información que recopiló la PGR, “El Contador” y Balderas Garza se separaron en un punto que no fue revelado. El “Jey Jey”, de acuerdo con estos informes, fue protegido por dos personas que fueron identificados como “El Indio” y “El Chaparro”, quienes son los que controlan el narcomenudeo de los Beltrán Leyva en Tepito. Las autoridades federales y capitalinas no tienen información aún de qué sucedió con  Balderas Garza después de que fue arropado por ellos.

En cualquier caso, lo que está arrojando la primera parte del pasado del “Jey Jey”, es que hay una vida criminal en el submundo de los antros que rebasa la propia estructura de propiedad de muchos de ellos, a los controles que les pueden exigir las autoridades y a la propia vida nocturna que han desarrollado en ellos artistas y deportistas, empresarios y figuras públicas. Algunos no están libres de culpa y acuden probablemente a esos lugares para conectar droga y mujeres. Pero muchos otros, quizás la mayoría, no. Van a divertirse en espacios de esparcimiento.

Lo que sucedió hace casi dos semanas en el Bar Bar no es un hecho inédito. Sobresalió por la prominencia de Cabañas, quien a diferencia de otros casos sin impacto mediático, salió con vida. Habla de un tejido social subterráneo donde se mezclan el divertimento, los placeres y los vicios, y es otra de las caras de la delincuencia organizada, con la que se convive cotidianamente entre risas y alegrías, que ha ido penetrando una sociedad permisiva amparada por la impunidad. Esto es lo que debe haber decidido a  Balderas Garza a disparar contra una persona tan famosa como el futbolista, la impunidad.

La delincuencia es un fenómeno que nunca podrá erradicarse, ni en México ni en el mundo, y es la inexistencia de impunidad lo que eleva el costo de delinquir. Pero hasta ahora, el “Jay Jay” y sus amigos se han salido con la suya. La impunidad sigue siendo parte del paisaje nacional en México. La lección a casi dos semanas del atentado, ¿alguien lo duda?, es ominosa.

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Ejecución en Juárez

February 3, 2010

— 12:00 am

La conmoción e indignación por la matanza de 16 jóvenes este fin de semana en Ciudad Juárez, tiene un espejo que está distorsionando lo que sucede en aquella población fronteriza, la enorme atención dada a la agresión al futbolista Salvador Cabañas, que terminó como un espectáculo de la televisión. Como una especie de reivindicación por lo que fue un exceso mediático, también ha sido excesiva la reacción por la matanza de los muchachos. Es un acto criminal brutal y espantoso, que tiene como característica la ejecución a mansalva donde cayeron niños, aunque su contexto es consistente con lo que ha venido sucediendo en Ciudad Juárez en los últimos años.

Por las características de la ejecución, no había sido una acción espontánea. Llegaron en siete vehículos serpentineando por las calles del fraccionamiento Villa de Salvárcar, en el suroriente de Juárez, donde las ejecuciones no son algo extraño. Ordenaron que todas las mujeres que estaban en una fiesta que se desarrollaba simultáneamente en tres casas contiguas del vecindario se fueran. El comando entró en una vivienda y le dijo a uno de quienes se encontraban ahí: “Te andamos buscando a tí”. Caminó a la siguiente y repitió la frase cuando encontró a otro joven.

De acuerdo con un inculpado de la matanza, el comando iba por tres personas, pero aparentemente una logró escapar. Según explicó, se trataba de integrantes de la pandilla “Artistas Asesinos”, ligada al Cártel de Sinaloa, con quienes han peleado desde hace dos décadas por el control del narcomenudeo en esa ciudad. Las autoridades en Ciudad Juárez dicen que la matanza en Villa de Salvárcar está relacionada con una ejecución que se dio en noviembre pasado, cuando un joven nacido en El Paso, Édgar René Ochoa, de 24 años, y Gustavo Antonio Jácquez, de 21, quienes vivían en el mismo barrio, fueron interceptados por un grupo, y los asesinaron junto con otras dos personas que iban con ellos. La línea de investigación en ese caso, de acuerdo con funcionarios estatales, es narcomenudeo, la frontera más violenta en donde están luchando, literalmente puerta a puerta, los cárteles de Juárez y de Sinaloa, a través de sus organizaciones subsidarias “La Línea” y “Gente Nueva”, respectivamente.

La PGR adelantó el lunes que la investigación apunta hacia la posible participación de un grupo llamado “Los Aztecas”, que desde hace más de una década tiene en el narcomenudeo su principal fuente de ingreso. La PGR no abundó en la información, pero el martes, por la declaración del inculpado que presentaron las autoridades de Chihuahua a la prensa, se identificó como el jefe del comando a Adrián Ramírez, apodado “El Rama”, quien era miembro de “Los Aztecas” y trabajaba para el Cártel de Juárez. Ramírez, dijeron las autoridades, murió el lunes en una enfrentamiento con militares en Ciudad Juárez.

“Los Aztecas” nacieron en El Paso en los 90´s dentro de las prisiones estadounidenses, donde llegaron  a convertirse en, según un informe confidencial del Centro de Inteligencia de El Paso (EPIC), “una de las pandillas en las cárceles más violentas en Estados Unidos”. Se extendieron rápidamente a Ciudad Juárez como una organización muy bien estructurada, que según EPIC tiene unos  dos mil miembros, la mayoría mexicanos o mexicano-americanos.

Comenzaron a trabajar con La Federación, el cártel de cárteles mexicanos que se asoció en 2002 para enfrentar al de Tijuana y a El Golfo, que encabezaban Joaquín “El Chapo” Guzmán y Arturo Beltrán Leyva. De acuerdo con el informe de EPIC, que recoge y procesa todo el material de inteligencia a lo largo de la frontera con México, “‘Los Aztecas’ proveen soldados de a pie para realizar ejecuciones en nombre de los líderes del Cártel de Juárez, tanto de sus adversarios como de narcomenudistas que no pagaban sus deudas.

“Los Aztecas” controlan el narcomenudeo, y sólo en El Paso, declaro Josué Aguirre, un ex miembro de la organización que se convirtió en informante del FBI, tenían bajo su arcoiris de terror a 47 narcomenudistas, a quienes les combraban “impuestos”. Quien no pagaba, moría, era la ley. Las drogas se las compraban al Cártel de Juárez, quien les daba descuento a cambio de que hiciera trabajos sucios para sus líderes. El dinero de la venta iba para el Cártel, y los “impuestos” iban a sus dirigentes en las prisiones para mantener el control en las cárceles.

Esta pandilla tuvo que tomar partido cuando la Federación se rompió en enero de 2008.  Cuando esto sucedió, no dudaron en quedarse con el Cártel de Juárez, que encabeza Vicente Carrillo Fuentes, y quien se mantuvo en alianza con los hermanos Beltrán Leyva. “Los Aztecas”, encabezados por Eladio Arguelles Palos, se convirtieron en una organización táctica indispensable para “La Línea”, el brazo armado del Cártel de Juárez en la lucha interminable y sangrienta contra los sicarios de Guzmán Loaera e Ismael “El Mayo” Zambada, los jefes del ahora llamado Cártel del Sinaloa, que desde entonces han querido quedarse con la plaza, por donde entra el 70 por ciento de la cocaína a Estados Unidos.

“La Línea” es dirigida por el “JL”, José Luis Ledezma, quien reporta directamente a Carrillo Fuentes. Ledezma ha participado en ejecuciones directas de sicarios enemigos, en la que destacan matanzas similares a las del fin de semana pasado, sacrificando a narcomenudistas que trabajaban para Gente Nueva, que es el nombre con el cual opera el Cártel de Sinaloa, de Zambada y Guzmán Loaera en Ciudad Juárez. La vinculación entre “La Línea” y “Los Aztecas” no es orgánica, pero no se puede disasociar.

La matanza en Juárez responde a la dialéctica de la confrontación entre los cárteles, disputando la plaza. Lo que brinca de la lógica del conflicto en el que viven, es que el comando haya optado por hacer muy pública la acción, presuntamente en represalia contra tres personas. Hasta ahora, las grandes matanzas -en Juárez o en otras plazas-, habían sido realizadas con sigilo. Cuando se rompió la Federación, Arturo Beltrán Leyva ordenó a sus sicarios masacrar familiar enteras de narcos rivales en Sinaloa, donde lejos del conocimiento público hubo ejecuciones que superaron en mucho la del domingo pasado en Villa de Salvárcar. La señal que lanzó el comando, cualquiera que este sea, pretende aterrorizar a sus rivales. El efecto colateral es que horrorizó a una nación que mostró aún no estar inmunizada a este tipo de fenómenos de violencia bajo cuyas imágenes y símbolos ha estado sometida desde hace tres años.

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El embajador traidor

February 1, 2010

— 12:00 am

Doce de 31 políticos que fueron arrestados en Michoacán a un mes antes de las elecciones federales el año pasado, recuperaron su libertad. El juez los liberó, “con las reservas de ley”, por no encontrar pruebas suficientes que respaldaran la acusación que formaban parte de la red de protección de La Familia Michoacana. Una vez más, un caso de la PGR sobre narcotráfico, se cae. El responsable de haberlos metidos a la cárcel injustamente está muy lejos para rendir cuentas, a nueve mil kilómetros, despachando como embajador en Londres. Es Eduardo Medina Mora, el procurador general que traicionó a la ley y a sus jefes, salió impune.

Cuando Medina Mora arrestó a funcionarios del gobierno de Leonel Godoy y a presidentes municipales michoacanos, el PRD protestó. Afirmó que era un montaje político para lastimar al partido y favorecer al PAN en las elecciones venideras. El procurador respondió que la PGR contaba con suficiente evidencia para acusarlos de asociación delictuosa y delitos contra la salud, tras haberlos investigado ocho meses. Pero cuando los detuvo, y los arraigó por 90 días, para fincarles cargos, lo que dijo a muchos que esa investigación no era lo que Medina Mora aseguraba.

Entre las condenas del PRD surgió la voz de Cuauhtémoc Cárdenas, quien dijo: “Pensando que puede haber condiciones similares en otros lugares, (por lo que) uno puede pensar por el momento que hay un ingrediente político-electoral”. Cárdenas tenía razón. El gobierno federal quería ir también tras el PRI, pero cuando le pidieron a Medina Mora que actuara contra los gobiernos de Tamaulipas, Durango, Chihuahua y Nuevo León, no procedió. Argumentó que no se iba a prestar a tal despropósito. Su doble rasero tenía una razón.

Medina Mora no actuó en contra de priistas porque un gobernador de ese partido lo convenció de ello. Si rechazaba las instrucciones, él le garantizaba que en 2012, cuando el PRI regresara al poder, tendría inmunidad política y trabajo. Es decir, le ofreció un salvavidas a la represión calderonista, y el compromiso de que se olvidaría todo el desaseo que hizo al frente de la PGR al politizar la justicia sin pudor o freno alguno, durante la primera parte del sexenio de Felipe Calderón.

El gobierno no sabía de este acuerdo cuando lo designó el Presidente embajador en el Reino Unido. No se sabe si lo sabría después, cuando ya era muy tarde para retirarle el nombramiento, pero en las preparaciones del viaje, la Secretaría de Relaciones Exteriores –donde la canciller Patricia Espinosa es muy amiga de él-, le negó todas las plazas de confianza que había solicitado. Medina Mora fue tan castigado por el gobierno en su salida a Londres, que ni siquiera le autorizaron una escolta, como debía haber procedido por haber sido el procurador general de la guerra contra el narcotráfico.

Medina Mora, que tiene una enorme cachaza, ha continuado su vida política, más alejado de los panistas que de los priistas. La Embajada de México en Londres ha abierto sus puertas a un insigne priista que suele ir a tomar café –por la mañana, no el té por la tarde- de manera regular con él. Se trata del ex presidente Carlos Salinas, que vive en Londres –sus hijos más pequeños estudian ahí-, y que viene cada dos meses a México. Salinas no sólo va a conversar sobre la agenda mexicana, de la cual busca estar muy al tanto, sino para el cabildeo empresarial.

Salinas, de acuerdo con personas que conocen su trabajo, está involucrado con empresas británicas que quieren invertir en México –el Reino Unido es el tercer inversionista más importante-, y a las que les presta servicio, tanto para facilitar sus trámites, como para transferirles conocimiento –know how- y abrirles las puertas. El ex presidente no había tenido mejor aliado en Londres, hasta que llegó Medina Mora, a quien conoce previamente, y con quien lo unen vasos comunicantes e intereses comunes con, por ejemplo, Televisa. En él encontró la puerta abierta para un cabildero de lujo, por parte de otro experimentado cabildero.

Medina Mora debe sentirse bastante arropado por los priistas. Tiene el apoyo de gobernadores que son viejos amigos, como el del estado de México, Enrique Peña Nieto, o de poderosos dirigentes, como el senador Manlio Fabio Beltrones. Ahora procura la cercanía de Salinas –con quien tenía contacto desde México-, y su trabajo en México como publirrelacionista le da un blindaje mediático ante la opinión pública.

Qué debe saber Medina Mora de los más altos funcionarios federales, es un enigma porque no lo tocan. Su traición al partido en el poder, y al Presidente en particular el año pasado, fue una consecuencia más de su relación con ese grupo. Desde que arrancó la precampaña presidencial en 2005, el equipo cercano de Calderón lo consideraba un traidor. Medina Mora nunca estuvo del lado de Calderón, sino que se la jugó con el ex secretario de Gobernación Santiago Creel. Perdió pero no cayó.

Buscó repetir en el gobierno de Calderón como secretario de Seguridad Pública, cargo que ocupó en la última parte del sexenio de Vicente Fox, pero durante los problemas que tuvo el equipo de transición calderonista para integrar el gabinete de Seguridad, Medina Mora se salvó. Aunque la cartera de Seguridad Pública nunca iba a ser para él, se quedó en la PGR porque el abogado Julio Esponda, muy cercano a la primera dama Margarita Zavala, no pudo darle la vuelta a los conflictos de interés derivados de sus relaciones con los ministerios públicos federales.

Medina Mora entró por la puerta de atrás al gabinete y ni así aprendió. Jugó a favor de la entonces secretaria de Educación, Josefina Vázquez Mota, y en contra del ex secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño. Cuando se alargaba el placet británico a su nombramiento, dejó correr la voz que el Presidente parecía estar arrepintiéndose de que saliera del gabinete. Hasta el final jugó a espaldas del calderonismo. El michoacanazo fue su responsabilidad, pero la factura va para el gobierno. Es un embajador tolerado, jugando del lado del enemigo.

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La lucha por el sound bite

January 29, 2010

— 12:00 am

La política mexicana está llena de frases grandilocuentes, metáforas, mentiras y sí, también tonterías. Las figuras públicas juegan con la retórica y la desmemoria para impulsar sus agendas y dirimen sus diferencias mediante discursos y declaraciones. La competencia real, frente la incompetencia de ganar en la política, es vencer en el debate. Manipulan audiencias, polarizan a sus pares, generan confusion. Es como un carrusel que hace tiempo perdió el eje, su ritmo y su destino. Veamos:

Uno. El presidente Felipe Calderón escogió el cónclave de panistas en Puebla donde discutieron su agenda legislativa, para defender su reforma política. Era un acto de partido, que se tiene que subrayar por la naturaleza del mensaje presidencial. “Si la resistencia vence a los aparatos burocráticos partidistas, deben ser los ciudadanos los que rompan tales aparatos”, expuso. “La democracia parte del principio de la capacidad de los ciudadanos para tomar las decisiones que más bien común puedan generar”. La frase es sonora, desafiante, estaba dirigida al coro. Pero ¿qué dijo el Presidente?

Calderón le dio un buen empujón al precipicio al sistema multipartidista. Tiene razón cuando habla de la tosudez de las burocracias partidistas, pero lo que hizo fue erigirse en una especie de “presidente de los ciudadanos”, a quienes convocó a que ¿destruyeran a los partidos?  No es su mensaje producto de la confusión, pues la segunda parte de la frase, donde plantea que los ciudadanos tomen la decisiones para alcanzar el mayor bien común -influencia de John Stuart Mill- es un rechazo implícito al sistema de representación, que se apoya en el voto. En una democracia, al votar los ciudadanos depositan un mandato al candidato para que tome decisiones colectivas en nombre suyo. Calderón parece querer una cosa diferente, pero sus palabras, sin mayor asidero que la retórica, se las llevará el viento.

Segundo: En una entrevista televisiva, el dirigente nacional del PRD, Jesús Ortega, hizo una defensa de las alianzas con el PAN, y dijo que no son una unión electoral con un partido, sino en torno a una candidatura ciudadana. Para reforzar su dicho, Ortega mencionó los Pactos de la Moncloa en España y el desarrollo económico que ha tenido esa nación durante las tres últimas décadas, como un ejemplo de lo que este tipo de acuerdos entre partidos políticos rivales, tienen beneficios de largo plazo para los ciudadanos. ¿Qué dijo Ortega?

Una tontería. Eso es lo que dijo Ortega. Los Pactos de la Moncloa fueron esencialmente acuerdos económicos entre partidos que, como consecuencia, destrabaron una serie de compromisos políticos. Para llegar a ello, los partidos y sus líderes, fueron construyendo la confianza mutua a través del armado de un acuerdo general contra el terrorismo. Ninguno de ellos fue electoral. Ninguno pretendía una alianza para derrocar a un partido que consideraran hegemónico. Ortega mezcló peras con manzanas y quiere engañar con cuentas de vidrio. La transición democrática española fue difícil, pero ayudó su necesidad estratégica de entrar a la Unión Europea. Con esa palanca de presión, el entonces presidente francés Valery Giscard D’Estaing obligó al Rey Juan Carlos a detener el golpe de Estado en 1982, organizado por sus tutores en el Ejército que, cuando menos, tuvieron un aval de 11 horas de silencio en los cuales el monarca no intervino en sus acciones golpistas. España entró a la Unión Europea, y todavía le entregan las ayudas económicas negociadas en su ingreso. O sea, nada que ver con lo que dijo Ortega.

Tercero:  Metidos en el chapoteadero que se ha convertido el proceso electoral para la gubernatura en Zacatecas, el senador Ricardo Monreal ha mantenido una campaña de crítica a la gobernadora Amalia García, en un largo enfrentamiento que dividió a la izquierda en la entidad,  y que aniquiló la posibilidad de una candidatura de unidad entre el PRD y el Partido del Trabajo, al cual pertenece ahora el senador, en la próxima elección para gobernador. Monreal denunció que la insistencia de García de imponer como candidato a Antonio Mejía Haro -que finalmente resultó nominado-, impedía cualquier tipo de acuerdo. ¿Qué hizo Monreal?

Un acto de cinismo a cielo abierto. La acusación contra la gobernadora puede tener todo el sustento que se desee; de hecho, sí impuso a su delfín, Mejía Haro, como candidato a gobernador. Pero lo que produce el ruido es de quién viene la señalización. Monreal fue acompañado en todo este tramo por su hermano Saúl, a quien hizo presidente estatal del PT, y de David, el presidente municipal de Fresnillo. El precandidato del PT era precisamente David. Entonces, si García impuso a Mejía Haro, ¿qué iba a hacer Ricardo con David? Exactamente lo mismo. No le gustó que la gobernadora le ganara la partida. Tampoco podrá alegar que las bases de la izquierda querían a su hermano y no a otro, pues ya está negociando con el PRI que vayan en alianza contra el PRD en Zacatecas, aunque en esta lógica de derrotar al candidato de García, el senador tenga que sacrificar a su hermano en la candidatura. La democracia parece ser un principio que se acaba cuando afecta el interés particular del político.

Estas son apenas tres postales de una inagotable cantera de palabras fáciles que usan  los políticos mexicanos en sus debates públicos. Emplean la retórica para engañar a los ciudadanos. Manosean la teoría política y la historia, abusan de la falta de memoria del electorado. Apuestan al sound bite y el flashazo efímero. Se trata de estar, no de perdudar, porque la supervivencia está garantizada. Tiene razón Calderón cuando plantea la iniciativa ciudadana, la reelección y la rendición de cuentas. Serviría para colocar las primeras piedras a un sistema que así como castigue, incentive. El problema es que el Presidente cae en la misma lógica operativa del resto de los políticos, atentos a lo inmediato, desatentos al largo plazo. Son grandes en la táctica, pero pésimos en la estrategia. Pero es la clase política con la que tenemos que arriar. No hay nadie que parezca salvarse. Todavía.

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Ruptura en el Olimpo (II y última)

January 27, 2010

— 12:00 am

El quiebre en el equipo político del presidente Felipe Calderón es profundo. Lo peor, que se puede agravar. El secretario de Gobernación Fernando Gómez Mont dejó abierta la posibilidad de su renuncia si se hacía la alianza entre el PAN y la izquierda en Oaxaca, lo que llevó a que el líder del PAN, César Nava, a extremar la cautela y adelantar que esa decisión será hasta dentro de un mes, sin que haya nada seguro. Lo que se dio es un parche temporal, como se vienen dando las reparaciones artesanales en el corazón político presidencial, que late a un ritmo de 2012 revoluciones por día.

La sucesión presidencial ya arribó al calderonismo por una puerta sorpresiva, el realineamiento de secretarios dentro del gabinete. Una parte está en el precandidato natural, Ernesto Cordero, secretario de Hacienda, y otra parte se está sumando detrás de la coordinadora de la bancada del PAN en el Congreso, Josefina Vázquez Mota, que no está en el ánimo de Los Pinos. Otros jugadores dudan, rectifican o esperan una mejor coyuntura.

Vázquez Mota es una figura a seguir. Es a quien preferirían los empresarios, quien mejor relación tiene con ellos y sin posibilidades reales en el corto plazo de que Cordero pueda hacerle sombra. Su mejor aliado para ello, el secretario de Economía, Gerardo Ruiz Mateos, no termina de ser mal visto por el sector. Vázquez Mota ha resultado una gran alambrista. Hasta el año pasado contaba con dos apoyos fundamentales en el gabinete: Agustín Carstens, secretario de Hacienda, y Eduardo Medina Mora. A su salida, parecía haber quedado despojada de apoyos. Sin embargo, rápidamente se hizo de nuevos respaldos en esos niveles, algunos inesperados, de acuerdo con funcionarios que conocen el detalle de las alianzas y los reacomodos.

Según esos funcionarios, uno de ellos es el secretario de Comunicaciones, Juan Molinar. Dijeron que tras ver que la tragedia de la guardería ABC de Hermosillo lo iba a perseguir -por haber sido durante su gestión al frente del IMSS la renovación de su permiso de operación-, tomó partido. No por Cordero, sino por su par en el cuarto de guerra durante la campaña presidencial, Vázquez Mota. A su causa, agregaron, sumó al secretario, el de Educación, Alonso Lujambio.
Su percepción, hasta diciembre pasado, era que Lujambio, quien fue integrado al gabinete con la intención de que se constituyera en una opción adicional para 2012, no creció lo que esperaba el Presidente, sino que se fue desdibujando. Decían que Lujambio le había entregado la Secretaría de Educación Pública a su ex secretaria Vázquez Mota, puesto que se había quedado con el mismo equipo de subsecretarios y los nuevos coordinadores habían sido puestos por ella. Sin embargo, en enero cambió.

Lujambio relevó al subsecretario Miguel Székely y del director de la Unidad de Planeación, Jorge Santibáñez, muy cercanos a Vázquez Mota. Székely fue remplazado por Miguel Ángel Martínez Espinosa, quien era secretario de Educación en Jalisco y que forma parte del grupo político del ex gobernador del estado y presidente de la Cámara, Francisco Ramírez Acuña, que está enfrentado con Vázquez Mota en San Lázaro. Santibáñez, quien fue el ariete de Vázquez Mota en la campaña negativa contra la maestra Elba Esther Gordillo, fue sustituido por Francisco Ciscomani, uno de los dos únicos funcionarios que llegaron con Lujambio a la SEP.

La interpretación en los adversarios de Vázquez Mota es que Lujambio, muy cercano a Molinar desde hace años, optó por no jugar el 2012 con la diputada e intentar, una vez más, construir su candidatura presidencial. Este es su año, el del Bicentenario, donde el único proyecto visible que tiene el gobierno federal es el que el secretario de Educación ha puesto en marcha desde esta semana con 155 programas de televisión para discutir México a través de estos dos siglos. Lujambio va a tener que remar muy fuerte y a establecer alianzas dentro del gabinete y del partido, que están repartidas en este momento entre dos precandidatos.

Cordero, el nuevo secretario de Hacienda, era junto con el finado Juan Camilo Mouriño  el único del grupo más compacto de Calderón, que gozaba de su plena confianza. A la muerte del principal asesor político del Presidente a fines de 2008, nadie más subió al nivel de Cordero, con quien comenta todo tipo de temas y respeta su opinión, con quien hace vida social familiar los domingos, y a quien le encarga tareas por fuera de sus atribuciones que le son de prioridad. Detrás de Cordero está todo el grupo afín a Mouriño, entre los cuales se encuentra el grupo operador en Los Pinos.

El respaldo es total. Incluso, la construcción de su candidatura la lleva la responsable de imagen de la Presidencia, Alejandra Sota, quien contrató cinco empresas para que vayan posicionándolo ante la opinión pública. Cordero tiene en apariencia un cargo que sólo le generará negativos, pero si en efecto la economía se recupera lo suficiente este año como para empezar a repercutir positivamente en el bolsillo de los mexicanos durante 2011, la apuesta de Calderón por convertirlo en “el secretario del crecimiento”, podrá tener una buena asidera electoral.

En este momento, el realineamiento claro dentro del gabinete se da entre Cordero y Vázquez Mota, y Javier Lozano, secretario deTrabajo, midiendo sus posibilidades. Lozano es, junto con Gómez Mont y después de Cordero, a quien el Presidente más respeta profesionalmente. Carece de buen ambiente en el gabinete, porque siempre luce como el más preparado en todos los temas, fuera de su área, donde pide opiniones el Presidente. Lozano tendrá que esperar que los punteros sufran descalabros, y si no es así, buscar la candidatura por el gobierno del Distrito Federal.

El equilibrio en esta lucha aún sorda lo da el secretario de Gobernación, quien por razones personales ha decidido que la Presidencia no se encuentra en su futuro. Pero el equilibrio se ha debilitado esta semana por el tema de las alianzas. Su amago de renuncia obedece a un compromiso con el gobernador Ulises Ruiz a cambio de su apoyo al aumento de impuestos; si se incumple, el secretario de Gobernación se queda sin palabra y se vuelve un interlocutor fallido. El Presidente no lo puede perder. Un realineamiento en el gabinete es suficiente. Ahora son dos grupos en pugna, y puede venir uno más con Lujambio. Calderón necesita a su árbitro, si quiere que el Olimpo se mantenga unido y con posibilidades de llevar a la victoria a su abanderado en 2012.

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