Estrictamente Personal

Ejecución en Juárez

February 3, 2010

— 12:00 am

La conmoción e indignación por la matanza de 16 jóvenes este fin de semana en Ciudad Juárez, tiene un espejo que está distorsionando lo que sucede en aquella población fronteriza, la enorme atención dada a la agresión al futbolista Salvador Cabañas, que terminó como un espectáculo de la televisión. Como una especie de reivindicación por lo que fue un exceso mediático, también ha sido excesiva la reacción por la matanza de los muchachos. Es un acto criminal brutal y espantoso, que tiene como característica la ejecución a mansalva donde cayeron niños, aunque su contexto es consistente con lo que ha venido sucediendo en Ciudad Juárez en los últimos años.

Por las características de la ejecución, no había sido una acción espontánea. Llegaron en siete vehículos serpentineando por las calles del fraccionamiento Villa de Salvárcar, en el suroriente de Juárez, donde las ejecuciones no son algo extraño. Ordenaron que todas las mujeres que estaban en una fiesta que se desarrollaba simultáneamente en tres casas contiguas del vecindario se fueran. El comando entró en una vivienda y le dijo a uno de quienes se encontraban ahí: “Te andamos buscando a tí”. Caminó a la siguiente y repitió la frase cuando encontró a otro joven.

De acuerdo con un inculpado de la matanza, el comando iba por tres personas, pero aparentemente una logró escapar. Según explicó, se trataba de integrantes de la pandilla “Artistas Asesinos”, ligada al Cártel de Sinaloa, con quienes han peleado desde hace dos décadas por el control del narcomenudeo en esa ciudad. Las autoridades en Ciudad Juárez dicen que la matanza en Villa de Salvárcar está relacionada con una ejecución que se dio en noviembre pasado, cuando un joven nacido en El Paso, Édgar René Ochoa, de 24 años, y Gustavo Antonio Jácquez, de 21, quienes vivían en el mismo barrio, fueron interceptados por un grupo, y los asesinaron junto con otras dos personas que iban con ellos. La línea de investigación en ese caso, de acuerdo con funcionarios estatales, es narcomenudeo, la frontera más violenta en donde están luchando, literalmente puerta a puerta, los cárteles de Juárez y de Sinaloa, a través de sus organizaciones subsidarias “La Línea” y “Gente Nueva”, respectivamente.

La PGR adelantó el lunes que la investigación apunta hacia la posible participación de un grupo llamado “Los Aztecas”, que desde hace más de una década tiene en el narcomenudeo su principal fuente de ingreso. La PGR no abundó en la información, pero el martes, por la declaración del inculpado que presentaron las autoridades de Chihuahua a la prensa, se identificó como el jefe del comando a Adrián Ramírez, apodado “El Rama”, quien era miembro de “Los Aztecas” y trabajaba para el Cártel de Juárez. Ramírez, dijeron las autoridades, murió el lunes en una enfrentamiento con militares en Ciudad Juárez.

“Los Aztecas” nacieron en El Paso en los 90´s dentro de las prisiones estadounidenses, donde llegaron  a convertirse en, según un informe confidencial del Centro de Inteligencia de El Paso (EPIC), “una de las pandillas en las cárceles más violentas en Estados Unidos”. Se extendieron rápidamente a Ciudad Juárez como una organización muy bien estructurada, que según EPIC tiene unos  dos mil miembros, la mayoría mexicanos o mexicano-americanos.

Comenzaron a trabajar con La Federación, el cártel de cárteles mexicanos que se asoció en 2002 para enfrentar al de Tijuana y a El Golfo, que encabezaban Joaquín “El Chapo” Guzmán y Arturo Beltrán Leyva. De acuerdo con el informe de EPIC, que recoge y procesa todo el material de inteligencia a lo largo de la frontera con México, “‘Los Aztecas’ proveen soldados de a pie para realizar ejecuciones en nombre de los líderes del Cártel de Juárez, tanto de sus adversarios como de narcomenudistas que no pagaban sus deudas.

“Los Aztecas” controlan el narcomenudeo, y sólo en El Paso, declaro Josué Aguirre, un ex miembro de la organización que se convirtió en informante del FBI, tenían bajo su arcoiris de terror a 47 narcomenudistas, a quienes les combraban “impuestos”. Quien no pagaba, moría, era la ley. Las drogas se las compraban al Cártel de Juárez, quien les daba descuento a cambio de que hiciera trabajos sucios para sus líderes. El dinero de la venta iba para el Cártel, y los “impuestos” iban a sus dirigentes en las prisiones para mantener el control en las cárceles.

Esta pandilla tuvo que tomar partido cuando la Federación se rompió en enero de 2008.  Cuando esto sucedió, no dudaron en quedarse con el Cártel de Juárez, que encabeza Vicente Carrillo Fuentes, y quien se mantuvo en alianza con los hermanos Beltrán Leyva. “Los Aztecas”, encabezados por Eladio Arguelles Palos, se convirtieron en una organización táctica indispensable para “La Línea”, el brazo armado del Cártel de Juárez en la lucha interminable y sangrienta contra los sicarios de Guzmán Loaera e Ismael “El Mayo” Zambada, los jefes del ahora llamado Cártel del Sinaloa, que desde entonces han querido quedarse con la plaza, por donde entra el 70 por ciento de la cocaína a Estados Unidos.

“La Línea” es dirigida por el “JL”, José Luis Ledezma, quien reporta directamente a Carrillo Fuentes. Ledezma ha participado en ejecuciones directas de sicarios enemigos, en la que destacan matanzas similares a las del fin de semana pasado, sacrificando a narcomenudistas que trabajaban para Gente Nueva, que es el nombre con el cual opera el Cártel de Sinaloa, de Zambada y Guzmán Loaera en Ciudad Juárez. La vinculación entre “La Línea” y “Los Aztecas” no es orgánica, pero no se puede disasociar.

La matanza en Juárez responde a la dialéctica de la confrontación entre los cárteles, disputando la plaza. Lo que brinca de la lógica del conflicto en el que viven, es que el comando haya optado por hacer muy pública la acción, presuntamente en represalia contra tres personas. Hasta ahora, las grandes matanzas -en Juárez o en otras plazas-, habían sido realizadas con sigilo. Cuando se rompió la Federación, Arturo Beltrán Leyva ordenó a sus sicarios masacrar familiar enteras de narcos rivales en Sinaloa, donde lejos del conocimiento público hubo ejecuciones que superaron en mucho la del domingo pasado en Villa de Salvárcar. La señal que lanzó el comando, cualquiera que este sea, pretende aterrorizar a sus rivales. El efecto colateral es que horrorizó a una nación que mostró aún no estar inmunizada a este tipo de fenómenos de violencia bajo cuyas imágenes y símbolos ha estado sometida desde hace tres años.

rrivapalacio@ejecentral.com.mx

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