Estrictamente Personal

Espías en conflicto

February 26, 2010

— 12:00 am

Un escándalo fue desatado por el diario The Washington Post al informar este miércoles que ambos gobiernos alcanzaron un acuerdo para que agentes estadounidenses realicen labores de inteligencia en el centro de comando de la Policía Federal en Ciudad Juárez. Sin demora, México y Estados Unidos negaron la información, que en realidad es un debate ocioso. Desde hace tiempo agentes estadounidenses operan en México, tienen en nómina a jefes policiales mexicanos y han infiltrado el corazón de los cárteles de la droga.

Sin existir un acuerdo formal que implique modificaciones legales que permitan a los agentes estadounidenses a realizar acciones operativas extraterritoriales, ambos gobiernos han intercambiado información de inteligencia sensible por largo tiempo. Pero también, agentes estadounidenses han realizado operaciones tácticas en México, con y sin autorización del gobierno mexicano, desde hace más de 30 años.

Agentes estadounidense realizaron vuelos de apoyo junto a militares mexicanos durante la campaña de erradicación del opio en Guerrero, donde incluso murieron dos agentes de la DEA, cuando chocó su avioneta cerca de Acapulco en 1976. Agentes de la oficina de Inmigración y Aduanas encubrieron en 2005 a uno de los responsables de los feminicidios en Ciudad Juárez, porque era un informante del Cártel de Juárez. Y cuatro años antes, tras el atentado terrorista en Estados Unidos, Washington envió a decenas de agentes encubiertos a México para detectar más agresores y eventuales futuros ataques a su territorio. El gobierno mexicano no fue enterado porque no confiaban en él.

La relación de ambos gobiernos es vasta y en ocasiones rebasa la imaginación. Por ejemplo, la CIA capturó a Ye Gon –en México o Estados Unidos- y lo llevó a Vancouver, donde pudo interrogarlo sin los límites que establece la ley estadounidense, dos meses antes de que “apareciera” en un suburbio en Washington y lo detuviera la DEA. En ese tiempo, la CIA le permitió hablar con él a José Luis Santiago Vasconcelos, quien era subprocurador de Asuntos Jurídicos y Relaciones Internacionales de la PGR, y se trasladó a Vancouver. Poco después dijo que los interrogatorios de la CIA habían “secado” a Ye Gon.

La CIA y el FBI han entrenado a policías mexicanos responsables de la lucha contra el narcotráfico. Inclusive, el comando de élite de la Marina que cazó y mató a Arturo Beltrán Leyva en diciembre pasado, tenía dos semanas de haber regresado de Estados Unidos, y según fuentes políticas, la información de dónde se encontraba el entonces jefe máximo del Cártel de los hermanos Beltrán Leva la proporcionó Washington con la presión no sólo para que fueran por él, sino que fuera esa unidad de élite la que realizara el ataque.

Las agencias de inteligencia estadounidense han tenido como uno de sus principales objetivos en México la infiltración de los cárteles de la droga. Uno de los casos desconocidos por la opinión pública es la penetración de las organizaciones del recientemente fallecido Beltrán Leyva y Heriberto Lazcano “Z-1”, jefe de Los Zetas. En el mismo momento en el cual estaban construyendo la alianza que modificó el mapa de los cárteles de la droga en México en la primavera de 2008, un agente de la DEA estaba mandando la información en tiempo real a través de mensajes de texto de su celular.

Los agentes estadounidenses suelen contratar a personal mexicano, como servicio de apoyo, o como informantes. El caso más notorio de doble empleo es el de Alfredo Zavala Avelar, piloto de la Secretaría de Agricultura que trabajaba con el agente de la DEA, Enrique Camarena Salazar, asesinados en 1985 luego de revelar la existencia del rancho “El Búfalo”, en Chihuahua, una maquinaria de producción de marihuana del Cártel de Guadalajara. Son muy reacios a contratar jefes policiales, porque su experiencia no ha sido positiva. Una experiencia muy dramática fue en la “Operación Limpieza”, cuando descubrieron que un informante del Cártel de Sinaloa trabajaba en el área de narcotráfico en la Embajada de Estados Unidos en México. Los testigos protegidos que aportaron detalles de esa operación fueron interrogados en Estados Unidos, porque no confiaban en la PGR.

Pero al mismo tiempo, la PGR, cuando menos en tiempos del procurador Eduardo Medina Mora, se excedió en sus servicios y rompió leyes mexicanas sin castigo alguno, al autorizar que agentes de la DEA presenciaran interrogatorios a jefes policiales presuntamente vinculados al narcotráfico, y en cuando menos una ocasión les permitió que formularan preguntas. Medina Mora protegió también a Édgar Bayardo, asesinado en diciembre pasado, quien tenía tres patrones: la Policía Federal, a la Agencia de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos, y el Cártel de Sinaloa.

El trabajo que realizan las agencias de inteligencia estadounidenses en México ha culminado en varias de las operaciones más exitosas que ha tenido el gobierno mexicano en los últimos años en contra de los cárteles de la droga. Fue la DEA la que alertó a la Marina mexicana en 2007 del cargamento de seudoefedrina que condujo a Zhenli Ye Gon, el importador de precursores químicos para Joaquín “El Chapo” Guzmán, y también lo que logró la detención de Javier Arellano Félix, “El Tigrillo”, en 2006, en una operación conjunta con la Guardia Costera de Estados Unidos, supuestamente en aguas internacionales, a 25 kilómetros de la costera de La Paz, en Baja California Sur.

En muchas ocasiones pareciera que los estadounidenses tienen mejor información sobre los cárteles mexicanos, que las propias autoridades mexicanas. En diciembre se colgaron el éxito de la operación contra Arturo Beltrán Leyva, y en enero, el jefe de operaciones de la DEA, Michael Braun, anticipó a The Washington Times que el arresto de Joaquín “El Chapo” Guzmán podría darse en un plazo de 90 días. Mejor vocero del gobierno mexicano, no podrían haber encontrado. Entonces,¿por qué la reacción tan fuerte e inmediata a lo revelado por el Post? Quizás porque en el momento actual el gobierno mexicano quedó desnudado y exhibido de que solo, no puede contra los cárteles.

rrivapalacio@ejecentral.com.mx

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La frustración de Salinas

February 24, 2010

— 12:00 am

Carlos Salinas reapareció en público pero ya no tembló, ni sucedió nada extraordinario, ni la clase política detuvo la respiración. Su influencia está a la baja, por lo cual ha estado tratando de restablecer viejas relaciones que se habían marchitado porque lo habían traicionado o él había traicionado. Quienes han hablado con él en semanas recientes lo siguen viendo muy al tanto de lo que sucede en México y el mundo, muy actualizado de la política y la economía, pero sin el acceso al poder que tenía hasta hace no mucho, ni provocar ese halo de admiración y temor que le inyectaba fortaleza.

Hace un año se consideraba a sí mismo un facilitador que impediría que en la carrera por la Presidencia se pelearan el gobernador Enrique Peña Nieto, el senador Manlio Fabio Beltrones y la líder nacional del PRI, Beatriz Paredes, que pudiera poner en riesgo el regreso del PRI a Los Pinos en 2012. Con Peña Nieto se dejaba ver, se placeaba, proyectaba la impresión de que él era su proyecto para la Presidencia y que él lo abrigaba. Con Paredes mantiene una relación estrecha, y con Beltrones, con quien se distanció tras el asesinato de Luis Donaldo Colosio, se acercó en noviembre y mantiene una relación fluida. Inclusive con su superasesor José Córdoba Montoya, con quien peleó en 1994 y lo envió fuera del país, ha vuelto a reencontrarse, así como con la maestra Elba Esther Gordillo, con quien se enemistó hace un par de años.

Pero del Salinas omnipresente sólo queda el recuerdo. Para quienes están anclados en una vieja percepciones, es factor real de poder. Para quienes conocen en detalle cómo está el enjambre de grupos dentro del PRI, saben que su fuerza es relativa. Ni siquiera algunos de sus más cercanos durante su administración quieren estar cerca de él hoy en día. Cuando los convocaba hasta hace no mucho, dice uno de ellos, “nos trataba como si estuviéramos en sesiones del gabinete. Nos preguntaba qué pensábamos de tal o cual tema y cómo se podría resolver”. Empezaron a dejar de ir, salvo el que nunca faltó, Francisco Rojas, coordinador de la bancada del PRI en el Congreso.

Salinas parece necesitado de atención y ha perdonado a los más cortesanos. Uno de ellos es Emilio Chuayffet, quien después de alabarlo hasta el último día de su sexenio, le dio la espalda como secretario de Gobernación de Ernesto Zedillo. Años después, Chuayffet fue a pedirle perdón y a decir que lo había engañado Zedillo. Salinas no sólo lo perdonó, sino que se ha convertido en uno de los políticos más cercanos a él. Con quien no puede reconciliarse, y difícilmente llegará a ese estadio, es con Zedillo, quien frustró su ambición de convertirse, como en un momento le dijo a John D. Negroponte, cuando era embajador de Estados Unidos en México, “en el mejor presidente en la historia” nacional, y de asegurar su vida transexenal con la presidencia de la naciente Organización Mundial de Comercio, cuyo cargo se le cayó cuando se vio involucrado en una serie de escándalos donde su sucesor persiguió a la familia Salinas y metió a su  hermano mayor en la cárcel.

Ese odio hacia Zedillo lo nubla y lo limita, aunque no termina de darse cuenta. Sus dos libros apologéticos de su administración llevan una dosis de rencor hacia su sucesor, lo  que nubla la calidad intelectual de la obra. Ese odio hacia Zedillo ha provocado un distanciamiento con quien veía como su proyecto, Peña Nieto, quien tiene como un amigo indivisible hoy en día en su vida cotidiana a Jaime Camil, el empresario y proveedor de la Secretaría de la Defensa que intimó como nadie pudo hacerlo jamás con el ex presidente Zedillo.

A Salinas no le gusta la cercanía de Peña Nieto con Camil, y ha comenzado a circular la especie que ya no lo está viendo con la misma fuerza. Dice que en caso de que su candidatura se debilite, tiene que abrir opciones. Dentro del PRI hay quien sabe de dos jóvenes políticos, del mismo corte de Peña Nieto, a quienes les ha comenzado a decir que ellos podrían ser un plan alternativo si el gobernador mexiquense se quedara en el camino. Uno es el gobernador de Nuevo León, Rodrigo Medina, y otro es el presidente municipal de Huixquilucan, estado de México, Alfredo del Mazo.

Medina está convencido de que sí puede ser el caballo negro del PRI, de acuerdo con priistas regios, al grado que ha seguido fielmente la sugerencia de que no tiene que moverse ni hacer nada que lo coloque en una situación de riesgo. Esa actitud lo ha semiparalizado, convirtiéndolo, en los ojos del priismo central, en una decepción como gobernante. El caso de Del Mazo es intrigante. Hijo de un enemigo declarado de Salnas, quien como miembro del gabinete de Miguel de la Madrid fue uno de los contendientes que dejó en el camino rumbo a la candidatura del PRI a la Presidencia, no se entiende la lógica salinista, salvo que el objetivo sea causar un dolor de cabeza a Peña Nieto.

Alfredo Del Mazo padre es el principal asesor del gobernador mexiquense, y su hijo parece tener un largo futuro más allá de 2012. Medina, curiosamente, también está cerca de la familia Del Mazo, a través de Alejandro, un hijo menor que es su representante en el Distrito Federal. Todos ellos tienen fuertes conexiones personales con el ex gobernador de Nuevo León, Natividad González Parás, con quien Salinas trae una factura qué cobrar desde que optó por Zedillo en lugar de él.

La disminución de poder de Salinas no lo hace menos perverso y manipulador. Lo está haciendo con sus juegos de espejos en Nuevo León y el estado de México, y en la reconstrucción de sus viejas relaciones. No engaña a todos, pero sí a los suficientes que lo siguen viendo como un gigante. Los más sazonados en la política saben que Salinas no es el factor decisivo para 2012, pero que definitivamente, ruido y confusión, si puede crear.

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Narcopercepción

February 22, 2010

— 12:00 am

Tardaron 72 horas en el gobierno federal para lanzar la ofensiva en contra del diputado Manuel Clouthier por haber dicho que la guerra contra el narcotráfico no había tocado a Sinaloa, pero al final fue ruda. El miércoles por la noche Clouthier recibió una carta del secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, refutando su dicho, y al día siguiente pidieron su expulsión del PAN. Clouthier absorbió el enojo presidencial que como contexto tiene la cada vez más insistencia pública de que en este sexenio el cártel que menos ha sido tocado es el de Sinaloa. Y recogió la atención nacional porque en Sinaloa no es sólo el estado que vive un proceso electoral, sino desde donde se desafía permanentemente la seguridad nacional.

No le gustó al gobierno las imputaciones de Clouthier y le envió a la aplanadora azul. Pero las declaraciones de Clouthier no llevaban un solo destinatario, sino dos. Este, que es el PRI, no ha dicho nada, y la razón por la cual el diputado estalló en la prensa es precisamente porque el candidato del PRI al gobierno de Sinaloa es Jesús Vizcarra, a quien hace ya más de dos años que “Malecón”, la columna institucional del periódico El Noroeste, que es en buena parte de su familia, lo señaló de estar vinculado al narcotráfico, y el PAN le está allanando el camino al triunfo.

Vizcarra nunca atajó enérgicamente las imputaciones en “Malecón” ni las posteriores en la prensa nacional, porque consideró que eran infundios. Como era de esperarse, crecieron. Cuando hace tiempo circuló una vieja fotografía en la que aparecía junto con Ismael “El Mayo” Zambada, uno de los jefes del Cártel de Sinaloa, no aclaró las razones de esa cercanía. Al republicarla el diario Reforma hace unas semanas,  se presentó en la PGR para pedir una carta de buena conducta, que fue un mero acto  mediático, pues la PGR no hace eso. Liébano Sáenz y Miguel Ángel Yunes, que en el pasado fueron acusados de actos ilícitos de envergadura, pidieron a la PGR que los investigara. Lo hizo, cruzó sus nombres en averiguaciones, los declaró y los eximió de cualquier responsabilidad.

El aspirante a la gubernatura de Sinaloa no hizo nada de esto. Más aún, Vizcarra no quiere enfrentar abiertamente las imputaciones. Se ha negado sistemáticamente a dar entrevistas y en una plática dijo que si llegaba a la gubernatura, pediría “en privado” al  gobierno federal que atacara al narcotráfico en su estado. ¿En privado?, se le cuestionó. ¿No sería mejor exigirlo abiertamente y deslindarse públicamente de “El Mayo” Zambada, de quien dicen en Culiacán es compadre? “Se enojaría”, respondió Vizcarra. Claro que se enojaría, se le dijo, pues a “El Mayo” le debe interesar que la gente crea que el gobernador es su compadre. Vizcarra insistió en la molestia que podría causar ese deslinde a Zambada. “Prefiero pagar costos en credibilidad que hacer el deslinde público”, ratificó.

Clouthier se refiere precisamente a esas oscuras realidades. “Sinaloa es un mugrero promovido desde el poder estatal”, dijo a la prensa, aunque se contuvo de señalar al gobernador, Jesús Aguilar Padilla, quien impuso a Vizcarra como candidato, como responsable directo de ese “mugrero”. El diputado panista habla abiertamente de la “narcopolítica” y de los “narcoempresarios” en su tierra, como dos ejes vinculados eficientemente a la delincuencia organizada, contra los que en el gobierno federal “no tocan ni el tronco ni la raíz”. Su afirmación toca heridas abiertas.

Si bien, como le refutó el gobierno federal, la guerra contra el narcotráfico sí ha tocado al Cártel de Sinaloa, el nivel de golpes no es equiparable al que se ha tenido contra otras organizaciones criminales. El Cártel Tijuana fue desmembrado y prácticamente desapareció; el del Golfo estuvo a punto de correr esa suerte, por lo que se corrió al sur de México y a Centroamérica para sobrevivir; al de Juárez y los Amezcua, les han detenido a prominentes miembros de las familias que los encabezan; hay una cacería contra la Familia Michoacana; a los Beltrán Leyva les eliminaron y anularon a sus dos principales dirigentes. El de Sinaloa es diferente.

Desde que en octubre de 2008 arrestaron en la ciudad de México a Jesús “El Rey” Zambada, jefe de las operaciones en el centro del país, no ha habido ningún otro golpe de esa magnitud a Sinaloa. Aunque se ha detenido a sicarios prominentes del cártel, las cabezas siguen sin ser tocadas: “El Mayo” Zambada, Ignacio Coronel –quien ni siquiera está en el imaginario de los mexicanos- y Joaquín “El Chapo” Guzmán –venido a menos, pero quien jala la marca de esa organización-. La percepción popular, reforzada por Clouthier, es que se manejan con una libertad que no tiene el resto de los criminales.

Clouthier ha sugerido que desde el gobierno federal podría haber un acuerdo con el poder político en Sinaloa. ¿Acaso un pacto para que el PRI gane la gubernatura? El mejor candidato que pudo haber tenido el PAN, con posibilidades de triunfo, era Heriberto Félix, pero el presidente Felipe Calderón le cambió el destino al hacerlo secretario de Desarrollo Social. Clouthier quiso ser candidato, pero ni Calderón ni el líder del PAN, César Nava, le dieron el apoyo. Sin candidato fuerte, el PAN camina hacia la derrota en un estado donde la última elección presidencial todos sus candidatos perdieron salvo Felipe Calderón.

Sinaloa no es una elección como las otras 11 donde se pone en juego el gobierno estatal. Desde esas tierras se construyó la narcopolicía, se fortaleció la narcopolítica y florecieron los narcoempresarios. En una de las pláticas con Vizcarra, cuando se defendía de las imputaciones de vínculos al narcotráfico, se le dijo que el momento en que se encontraba, la percepción era más fuerte que la realidad, y que si no aclaraba todo, se convertiría en un “narcocandidato” y luego en el “narcogobernador” de un “narcoestado”. Prefirió el silencio. El PAN se irá con un candidato para perder y el gobierno sigue sin golpear la cúpula del Cártel de Sinaloa. Luego se indignan que Clouthier les diga con palabras lo que han mostrado con hechos.

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Disfuncionalidad presidencial

February 19, 2010

— 12:33 am

De principio a fin, el affaire de la renuncia de Fernando Gómez Mont al PAN pero no a la Secretaría de Gobernación, marcan un rasgo inequívoco de disfuncionalidad en la Presidencia, atribuible directamente a Felipe Calderón. Gómez Mont negoció el eventual destino de todo un estado -Oaxaca- a cambio de un fallido apoyo para la Ley de Egresos a espaldas del Presidente, y no lo despidió. Para salvarle cara, instruyó al líder nacional del PAN, César Nava, que trabajara con el Comité Ejecutivo Nacional una candidatura testimonial, o débil incluso, en Oaxaca, pero lo desobedeció.

Calderón tiene en su jefe de gabinete a un secretario que va por la libre y a un líder nacional del partido en el poder que se conduce como si estuviera en la oposición. Gómez Mont dijo que no tiene porqué informar al Presidente de todo lo que hace -aunque ello implique la redefinición de la política económica y la relación con la oposición-, y se enfrentó al poliburó panista encabezado por Nava, al cual tampoco alertó sobre los deseos de Calderón para buscar otras opciones. A ambos se les puede señalar haber estado equivocados en sus diagnósticos y sus apuestas, pero en el desenlace del sainete entre ellos, la responsabilidad final recae en el Presidente.

Indignado por la manera como el conflicto entre sus dos principales operadores políticos giraba a favor de Gómez Mont, Calderón autorizó a sus colaboradores y a miembros del gabinete a contar la historia de cómo el secretario de Gobernación lo traicionó. Unos buscaron  periodistas y otros aceptaron hablar abiertamente de un tema que habían esquivado. Por órdenes presidenciales rompieron la institucionalidad y sacaron literalmente, toda la ropa sucia palaciega al tendedero de la opinión pública.

Con la información y el mandato que les dio el Presidente, narraron con detalles la hoja de ruta del desencuentro entre Calderón y Gómez Mont, sus omisiones -como informarle de un acuerdo que no era menor sino fundamental-, su rebeldía -Calderón le pidió no hablar al Consejo Ejecutivo Nacional para argumentar su rechazo a las alianzas-, la forma incriminatoria como redactó su carta de renuncia al PAN -que exhibió al Presidente-, y les soltó la boca para que describieran su estado de ánimo en contra de su jefe de política interna. “El Presidente lo quiere despedir, pero necesita las condiciones para ello”, dijo un secretario de Estado.

La operación fue un éxito. El martes, tras el cúmulo de información alimentada por el propio Calderón, Gómez Mont se atoró en contradicciones cuando explicó en varias entrevistas sus motivos. Olía a muerto. Pero del ataúd, que descansaba en la fosa del cementerio político, Calderón dio una nueva instrucción: bajar el perfil de la exposición del secretario y hacer un nuevo control de daños, antagónico al que días antes había ordenado. En una entrevista con una televisora local, el Presidente habló de la lealtad de Gómez Mont -aunque en privado diga lo contrario-, con lo cual dio una bocanada de oxígeno al defenestrado funcionario.

En el área de urgencias del hospital político de Los Pinos, la ayuda a Gómez Mont le restó vida política al Presidente, quien se sumió en la esquizofrenia de su liderazgo y en la demostración que su Presidencia, por decir lo menos, es disfuncional. Si antes no pudo definir claramente qué rumbo quería tomar, enfrentar al PRI en las urnas, o trabajar con el PRI en las reformas de largo plazo, menos después del affaire. Si antes  no ejerció liderazgo para que el enfrentamiento entre Gómez Mont y Nava quedara circunscrito al cerrado círculo de Palacio, después quedó como rehén de los dos, en una dinámica que mantiene hoy en día confundidos y consternados a muchos panistas.

Calderon probó carecer de la autoridad que se requiere para que una administración opere institucionalmente. El daño está hecho. Su esquizofrenia en la conducción del affaire sembró más dudas que cuando comenzó hace una semana y media. Autorizó negociar las alianzas, pero luego se arrepintió. En lugar de reprobar a tiempo, trató de cubrir las apariencias. No pudo controlar a sus operadores políticos y se quedó pasamado ante las primeras centellas que salieron del encontronazo. Mandó a una jauría a aniquilar a Gómez Mont y luego reculó. Ordenó decir al público que él no sabía nada de lo que había acordado Gómez Mont, y luego lo calificó como un funcionario leal que cumplió con las tareas encomendadas. En el afán de embarrarle bálsamo a su viejo amigo, lo que logró fue meterse él mismo en el pantano, donde la verdad fue lo primero que se ahogó. Para quien observa las cosas desde afuera, es un tiradero lo que hizo el Presidente.

La política tiene su principal sustento en la certidumbre del compromiso. Si Gómez Mont ofreció su palabra y no la pudo cumplir, deja de ser interlocutor válido. Peor aún, en el descontrol del episodio, dejó exhibidos a gobernadores y dirigentes priistas, que confiaban en la discrecionalidad de su gestión. Si Nava fue excluido de uno de los compromisos tejidos por el secretario de Gobernación, también lo fue el resto del PAN. El Consejo Ejecutivo Nacional se fue a enterar por la prensa de los detalles de una negociación que se había hecho a sus espaldas, con lo cual pasaron a ser de actores de reparto. A diferencia del PRI, el PAN nunca se consideró brazo electoral del Ejecutivo, como quedó ahora de manifiesto ante la manipulación gubernamental.

Es normal que en gobiernos y partidos haya discrepancias profundas y se luche por hacer prevalecer una posición. Lo que no es normal es que sea a la vista de todos y se comprometa a todos los interlocutores. Cuando esto sucede, aquellos con quienes tienen relaciones pierden la confianza por la falta de seriedad que muestran. Cuando pierden el respeto, la posibilidad de establecer compromisos se evapora. Para un gobierno, es el inicio de una pesadilla, pues la funcionalidad que debe tener se rompe. Decía un secretario de Estado la semana pasada que la Secretaría de Gobernación no podía ser manejada con arrebatos. Hoy se podría argumentar lo mismo de Calderón: no puede gobernar con arrebatos. La falta de ligerazgo y autoridad de Calderón lo llevó a una disfuncionalidad institucional que encogió a su gobierno, a su partido y, sobretodo,  a él mismo como Presidente.

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Los pecados de Gómez Mont

February 17, 2010

— 12:00 am

Las formas como Fernando Gómez Mont renunció a su militancia en el PAN ha sido el inicio de una serie de revelaciones sobre el comportamiento del secretario de Gobernación. Despojado del esprit de corp el gobierno de Felipe Calderón, le quieren pasar la factura sobre hechos consumados. Guardaron la compostura hasta que, sostiene un secretario de Estado, le diera la espalda al Presidente. A Gómez Mont, hasta hace unos días cuidado y aparentemente respetado dentro del gabinete, le comenzaron a pasar la factura. O mejor dicho, facturas.

Primera factura: la tragedia en la guardería ABC de Hermosillo. Un incendio en una guardería subrogada por el Seguro Social a un grupo de socios privados, entre ellos familiares de varios funcionarios del gobierno del entonces mandatario Eduardo Bours, provocó una reacción del gobernador que después lamentaría. Reveló a la prensa que una de las propietarias era familiar de la primera dama, Margarita Zavala, en un intento por desviar la atención que se estaba focalizando sobre los parientes de sus colaboradores. Bours sintió una reacción política inmediata, recordó en ese entonces, pero hasta ahora se sabe que no fue represalia presidencial.

La instrucción del Presidente fue apegarse a la vía jurídica. Inclusive, cuando llegó Calderón a Hermosillo y lo recibió el director del Seguro Social, Daniel Karam, le dio una orden: no le importaba de quién resultaran familiares los socios, quería que la ley se aplicara. Otra instrucción fue para el secretario de Gobernación: el énfasis tiene que ser en el contacto con la gente. “Gómez Mont incumplió la instrucción”, dijo un miembro del gabinete. “Se dedicó a pelarse con Bours y a tensar las cosas”. Los intentos por obtener la versión de Gómez Mont, fueron inútiles.

Entre los líderes de la oposición la fama de Gómez Mont como secretario de Gobernación no era la mejor. “Es más litigante que político”, dijo un dirigente perredista. “Una vez le dije que hasta extrañábamos a (Juan Camilo) Mouriño”, dijo un líder priista. Pero esa percepción, no se sabía hasta ahora, también cundía dentro del gabinete, que ha tenido un proceso catalizador en su contra por lo que se considera que le dio la espalda al Presidente en el tema de la alianza en Oaxaca.

Segunda factura: la mesa alterna con el sindicato de electricistas. Cuando el gobierno federal estaba terminando de aplastar a la dirigencia del Sindicato Mexicano de Electricistas, surgió una propuesta desesperada del liderazgo por instaurar una comisión mediadora entre el gobierno y los agremiados. La instalación de esa mesa debía haber sido propuesta desde un principio, pero el dirigente Martín Esparza se pensaba con mayor fuerza. Cuando esta no emergió, buscó la mediación, que fue bien recibida por Gómez Mont en una declaración a la prensa.

Al día siguiente, cuando el secretario del Trabajo Javier Lozano la descalificó tajantemente, Gómez Mont le habló para reclamarle. Lozano le reviró que hubiera respaldado esa mediación fuera de tiempo. Las cosas no pararon ahí. Tantas veces se reunieron en Gobernación el SME y los mediadores, la línea política que recibieron los electricistas era seguir presionando a Lozano para buscar su desgaste y, eventualmente, su salida de la Secretaría. Los intentos por obtener la versión de Gómez Mont, fueron inútiles.

Jugar a espaldas del gobierno, en momentos críticos como fue todo el proceso de liquidación de la Compañía de Luz y Fuerza, tampoco había sido revelado anteriormente. Fue un antecedente de lo que más adelante descubrirían en Los Pinos, cuando el Presidente le preguntó a Gómez Mont si en verdad, como le habían informado, había negociado con el gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, un acuerdo de apoyo a la Ley de Egresos a cambio de que no se diera una alianza electoral en esa entidad. Gómez Mont, aceptó que no había informado ni al Presidente ni al líder del PAN, César Nava, pero una fuente cercana al secretario dijo que Nava sí sabía.

Tercera factura: el pronóstico de que el PAN perdería la elección en 2012. Los problemas que venía teniendo el presidente Calderón con Gómez Mont desde sus choques públicos con Bours, se recrudecieron tras las elecciones federales en julio. El secretario de Gobernación fue invitado por el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios para que les diera una perspectiva política. Para su sorpresa, Gómez Mont les dijo que para las elecciones presidenciales de 2012, lo que veía era un gobierno de “centro izquierda”. El auguro llegó a oídos de Calderón, quien sin embargo no hizo nada por atajarlo. Los intentos por obtener la versión de Gómez Mont, fueron inútiles.

Gómez Mont siguió descabezando precandidatos panistas a la Presidencia. Cuando en una ocasión le preguntaron sobre si veía intenciones de contender del secretario de Educación, Alonso Lujambio, respondió irónicamente que cada vez notaba que se peinaba más. Cuando la pregunta fue sobre el secretario de Hacienda, Ernesto Cordero, dijo que su propio cargo le ponía una serie de limitantes naturales. Gómez Mont no se refirió a ningún otro miembro del gabinete, dejando entrever a quien lo escuchaba que no veía a nadie más en el equipo calderonista en el horizonte 2012.

¿Para quién estaba trabajando finalmente Fernando Gómez Mont? Él insiste que para el Presidente, y que por esa misma razón no renunció al cargo de secretario de Gobernación. En Los Pinos y en el gabinete dicen que para el Presidente, Gómez Mont no está trabajando. ¿Malentendido? ¿Líneas de mando cruzadas? Fuera del gabinete, las opiniones sobre Gómez Mont son positivas. “Si él se va, el Presidente se quedará sin el único secretario que es capaz de disentir de él y argumentarle”, dijo una persona que los conoce bien. “Si no tiene esa voz a su lado, se aislará aún más en ese equipo que es muy poco sofisticado y educado”.

La sobrevivencia de Gómez Mont dentro del gabinete está en entredicho. La última palabra la tendrá el presidente Calderón, pero vista la forma como el mundo calderonista le está cayendo encima, cada día se hará más difícil que él mismo pueda convivir internamente. Lo tienen aislado y ha perdido interlocución. Igual le sucede con el PAN. Que la tenga hacia el exterior, ya no le alcanza. O al menos, por lo que señalan en Los Pinos, su tiempo se acabó.

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Cascabel veracruzano

February 15, 2010

— 12:00 am

La contienda interna más importante que tiene el PAN, por sus consecuencias, en la lucha por una candidatura a gobernador es en Veracruz, donde este jueves, si no se modifica el programa, el Comité Ejecutivo del partido en el estado decidirá a quién desea para enfrentar al PRI, que probablemente llevará a Javier Duarte como abanderado, y que indiscutiblemente enfrentará la maquinaria del gobernador Fidel Herrera. Hay dos precandidatos muy fuertes, el ex senador Gerardo Buganza, y el director del ISSSTE, Miguel Ángel Yunes, que representan las fuerzas locales y del centro, respectivamente, y un tercero en discordia, el senador Juan Bueno.

Este proceso no puede verse en un primer plano, porque no se entendería qué es lo que está en juego, hacia el interior de Los Pinos, hacia el interior del PAN nacional, e incluso sobre opciones que puedan abrirse, en función del resultado, para abrir opciones al presidente Felipe Calderón que enfrenta presiones internas, en su equipo y partido, para que destituya al secretario Fernando Gómez Mont, quien al renunciar al PAN la semana pasada, abrió un flanco de guerra con su partido. Para entenderlo, hay que desagregarlo.

1.- El pasado 11 de febrero, la Comisión Nacional de Elecciones del PAN confirmó que no harían alianza con ningún partido en Veracruz. Esto pasó desapercibido por el escandaloso anuncio de la alianza en Oaxaca, pero no deja de ser altamente significativo. La decisión muestra el fin, cuando menos por lo que resta del año, de la alianza con la maestra Elba Esther Gordillo con el presidente Felipe Calderón, y hace de lado el respaldo a quien presume de su apoyo político, Yunes. Al no cuajar una candidatura común PAN-Nueva Alianza, el partido de los maestros camina a establecer ese acuerdo con el PRI. Lo paradójico es que Gordillo, muy cercana de Yunes, se podría ir a jugar electoralmente con Herrera, con quien el director del ISSSTE, tiene una vieja, profunda y rudísima confrontación.

2.- La Comisión Nacional de Elecciones determinó también que el método de elección sería por medio de una votación entre militantes activos y adherentes. La decisión favorece la postura por la que pujaron Buganza y Bueno, cuyos equipos consideran que Yunes, pese a nunca dejar de estar en Veracruz y mantener su residencia en el estado, no tiene el arraigo entre las bases panistas para poder alcanzar la candidatura. Yunes deseaba una elección abierta, pero ese fallo es su primer revés en el proceso. Su derrota no es individual. Desde enero el Presidente mismo estuvo cabildeando por Yunes, cabildeo al que se sumó el líder nacional del PAN, César Nava. Sin embargo, la resistencia encontrada entre los panistas veracruzanos, de acuerdo con miembros del partido, obligó a Yunes a no renunciar a su cargo. Cuando las cosas se complicaron, él comenzó a decir que si la contienda no era justa, no participaría. Pero ya está dentro.

3.- Dentro de Los Pinos hay una división. El Presidente y su esposa, Margarita Zavala, desean que sea Yunes el candidato, pero entre el equipo de colaboradores, prefieren que sea Buganza. Según panistas, la división no es únicamente entre las señoras Zavala y la jefa de la Oficina de la Presidencia, Patricia Flores, sino que con ella, además de sus subalternos, Rafael Giménez en estategia, y Alejandra Sota en imagen, se han sumado la coordinadora de la bancada en la Cámara de Diputados, Josefina Vázquez Mota, y el ex líder nacional del PAN, Germán Martínez.

4.- Ni Buganza ni Yunes convencen a todos los consejeros del PAN en Veracruz. Buganza, que ya perdió la elección hace seis años con Herrera, lo consideran en la extrema derecha del partido y con una religiosidad –va todos los días a misa- que al haberse antepuesto siempre a su carrera política, no sienten que tenga ni la pasión ni la enjundia para gobernar y enfrentársele a Herera. Pero a Yunes lo recuerdan como un terriblemente duro secretario de Gobierno durante la gestión priista de Patricio Chirinos, y cómo en el sexenio pasado, todavía diputado del PRI, fue uno de los parlamentarios más persuasivos en la denostación del PAN y uno de los que crearon un clima de opinión pública que condujo a una millonaria multa del IFE al partido por violaciones al código electoral durante la campaña de Vicente Fox.

5.- Cuando los delegados vayan a su sesión este jueves, tendrán en las manos los resultados de dos encuestas que Nava mandó hacer este fin de semana para saber quién de los tres precandidatos, se encontraba mejor posicionado. Originalmente la encuesta iba a ser hecha por Arcop, que ha trabajado desde hace más de una década con el PAN, y cuyo ex socio es Giménez, que trabaja con Flores. Pero Nava contrató a Gauss –la casa encuestadora de cabecera de Los Pinos en el sexenio de Fox- y G Mark. Importantes miembros del PAN sostienen que la encuesta es una jugarreta de Nava para apoyar a Yunes.

En Veracruz, que históricamente ha tenido una de las clases políticas más intensas, hay mucha agitación por el proceso. Buganza, con el respaldo de los colaboradores de Calderón en Los Pinos, ha hecho una precampaña de alto impacto, bastante tramposa, con un producto que no existe, Café Buganza. Junto con ello ha estado difundiendo encuestas –elaboradas por la Cámara de Comercio local-, donde se muestra delante de Yunes y Torio. Yunes no se ha quedado con los brazos cruzados y ha promovido acuerdos públicos a su favor, y utilizado recursos públicos –según las denuncias- para promocionarse entre los veracruzanos bajo la cobertura del ISSSTE.

Si Yunes pierde, perderán también Calderón y Zavala en Veracruz. Pero una buena posibilidad puede venir de todo ello, que comenzó a circular en medios políticos del puerto de Veracruz el viernes pasado, en el sentido que si Yunes no fuera en la candidatura, podría ser una alternativa real para relevar a Gómez Mont. Todo está muy revuelto, pero se aclarará en unos días y se definirá, con seguridad, entre Buganza y Yunes. ¿Cómo impacta a Herrera y su candidato? Según especialistas, muy poco. “La única diferencia de quién es candidato –dijo un experto-, será en el tono de la campaña”. No más.

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Esquizofrenia en Juárez

February 12, 2010

— 12:00 am

Una matanza de 14 personas en Ciudad Juárez, desató la esquizofrenia. El gobernador de Chihuahua, José Reyes Baeza, anunció -sin consultar al Congreso local primero- que trasladaría los poderes a esa ciudad; luego dijo que no era “trasladar”, sino tener fuerte “presencia”. El secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont fue a esa ciudad fronteriza y ofreció disculpas por la generalización hecha por el presidente Felipe Calderón de que todo era un pleito de pandillas; luego reculó y aclaró que sólo había dado “explicaciones”. Como todos fuimos antes Marcos y luego Haití, ahora todos somos Juárez. Pero esa matanza revela la hipocresía colectiva.

Sin eliminar lo terrible y doloroso de esa matanza, uno se pregunta porqué nada similar pasó cuando un comando de La Línea -el grupo de sicarios del Cártel de Sinaloa-, irrumpió en una fiesta en agosto de 2008 en la comunidad de Creel, en Chiahuhua, y se puso a disparar sin discriminación. La mayoría de los presentes también eran jóvenes, como en Juárez, y 13 personas quedaron muertos cruzados por las balas de los “cuernos de chivo” y otras armas cortas.  Entre quienes fallecieron se encontraba un bebé, quien cuando comenzó la balacera trató de ser cubierto por su padre. Inútil, porque ambos fueron ejecutados. De ese crimen, también terrible y doloroso, hoy nadie parece acordarse.

En aquél agosto, ni Reyes Baeza hizo intento alguno por “trasladar” o tener mejor “presencia” en Creel, ni el gobierno federal anunció que formularía una nueva estrategia para combatir al narcotráfico. Cínicamente se puede alegar que como no se estaba en tiempos electorales, los 13 muertos de Creel no valían lo que los 14 de Juárez. También se puede argumentar que no se había dado la tragedia de la guardería ABC en Hermosillo, que le costó la gubernatura al PRI y el descrédito al entonces gobernador Eduardo Bours, y le costó al gobierno federal acusaciones de omisiones, negligencias y favoritismos. Nada de eso les podrán achacar ahora en Juárez, donde desplegaron un enorme control de daños, salvo que son grandes demagogos que pretenden engañar a los mexicanos.

Reyes Baeza es un desvergonzado. En los dos últimos años, Juárez se convirtió en la peor ciudad para vivir. Fue la más violenta, con el 30% de las ejecuciones totales en el país, que provocò el cierre de 10 mil negocios y un éxodo calculado en 100 mil personas. Siempre culpó al gobierno federal, pero no aplicó políticas públicas que colocaran un dique al crecimiento de las pandillas asociadas con los cárteles. El gobernador quiere que en Chihuahua vean que está preocupado por sus gobernados, pero estos lo están rechazando. Malabareó con el cambio de poderes, pero no se le ocurrió, lo que hubiera sido mejor idea, plantear su propia estrategia para la recuperación de las comunidades.

El gobierno federal si ha venido jugando con esa idea, sobre todo tras las críticas de que su estrategia no ha funcionado. El presidente Calderón dijo que se reformularía una estrategia integral, pero si realmente habla en serio, es una charada. Existe desde el 8 marzo de 2007, pero no se aplicó integralmente, y mucho menos se cumplió. En esa fecha hubo un acto en Los Pinos, donde Calderón dijo que la seguridad pública de los mexicanos era uno de sus objetivos en el sexenio, por lo que “debemos actuar de inmediato,… para salvarlos de las garras de las drogas y del peligro del crimen”.

Calderón precisó en aquél entonces: “El objetivo es también recuperar condiciones mínimas de seguridad en el país que nos permitan convivir y vivir en paz y recuperar fundamentalmente las calles, las plazas, los pueblos y las ciudades”. Si uno se atiene a sus palabras y los resultados, se puede afirmar que su fracaso es rotundo. Pero sería muy fácil. Lo que falló es que nunca pudo poner en práctica lo que anunció esa mañana: la Estrategia Integral de Prevención del Delito y Combate a la Delincuencia.

La guerra contra el narcotráfico sí profundizó su lucha policial, de inteligencia, y se amplió la plataforma tecnológica, pero no más. La Secretaría de Educación no promovió la cultura de legalidad, ni construyó espacios seguros y libres de violencia en las escuelas; la Secretaría de Desarrollo Social no incorporó los componentes de apoyo social para evitar que la pobreza fuera el combustible para el reclutamiento de sicarios entre los jóvenes, ni creó espacios alternativos de esparcimiento para esos segmentos de la población en busca de identidad; y la Secretaría de Hacienda no hizo prácticamente nada para romper los circuitos financieros del lavado de dinero.

Su promesa de impulsar una campaña de información para sensibilizar a los mexicanos sobre el fenómeno, se convirtió en una intensa y masiva campaña de propaganda donde lo que se estimulaba era que los desplazados se fueran al narcotráfico: a quien no tiene nada, le mostraron cientos de veces en televisión a los narcotraficantes detenidos, junto con sus lujosas y poderosas armas, las montañas de dinero que tenían, los espectaculares vehículos que manejaban y, además, las hermosas mujeres que tenían a su disposición. Es decir, toda una invitación a que se unieran a ellos.

Hablar hoy en día de una nueva estrategia integral es un despropósito. Cuando se planteó, el gobierno jaló disparejo. No se puede cambiar un plan si no es probado, ejecutado y evaluado. La mejor estrategia que puede seguir el Presidente es obligar a que todo su gabinete cumpla con lo que les ordenó y que no lo sigan engañando, porque al hacerlo engañan a los mexicanos. Igual que Reyes Baeza, hizo al brincar en la coyuntura como un mandatario preocupado y cercano a la población, cuando ha sido distante, negligente e irresponsable. Son dos gobiernos que dicen ahora que quieren hacer algo. Pues que lo hagan, si quieren con toda la fanfarrea que deseen, pero que no se queden con las mismas palabras que se vienen escuchando hace un largo tiempo, que provocan mucho ruido en edificios de aire.

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Los motivos de Gómez Mont

February 11, 2010

— 12:00 am

Fernando Gómez Mont, miembro de una de las familias que le dieron sentido y destino al PAN, renunció al PAN. En un gobierno tan ideologizado como el de Felipe Calderón, la interpretación de varios analistas de que es una “bomba” hacia el interior de la administración, no es una exageración. Pero al mismo tiempo, Gómez Mont se levanta como el único miembro del calderonismo, el Presidente incluido, capaz de ser congruente con sus compromisos y demostrar que su palabra tiene valor. Paradójicamente, si no lo obligan a renunciar a la Secretaría de Gobernación, puede convertirse en el único que logre que el sexenio de Felipe Calderón pueda trascender positivamente.

Lo único que no tiene la renuncia de Gómez Mont al PAN son secretos. En su carta al líder panista César Nava, dijo que por “discreción profesional” no podía explicar sus motivos. Hay un motivo doctrinario, y es su rechazo ideológico a las alianzas, cualesquiera que estas fueran. Pero una, sobretodo, la detonó: la alianza del PAN con la izquierda en Oaxaca, con el senador Gabino Cué como su candidato. En una plática con Cué, Gómez Mont le dijo: “No veo cómo puedas caminar bajo el mismo paraguas de López Obrador y Calderón”. El conflicto postelectoral de 2006 sigue vivo, con López Obrador insultando sistemáticamente a Calderón, y este y su equipo en Los Pinos, obsesionados en cómo terminar de aniquilarlo políticamente.

En esa plática, hace mes y medio aproximadamente, Gómez Mont fue muy claro: ni cree en esa alianza, ni la apoyaría. Cué se preocupó, pero un veterano político le aconsejó: “Busca a Nava, sus resortes son diferentes a los de Gómez Mont”. Eso hizo Cué, quien dos semanas después confiaba que la alianza para impulsarlo a la candidatura se iba a concretar. Las noticias de las posibilidades que se negociara positivamente la alianza para el senador llegaron a Oaxaca, y el gobernador Ulises Ruiz, tomó el avión a México.

Hace tres lunes exactamente, en el despacho del secretario de Gobernación en el  Palacio de Covián, Ruiz visitó a Gómez Mont. Había mucho de qué hablar y reclamar. Cuando se dificultó la negociación del presupuesto porque los priistas en el Senado se rebelaron al acuerdo cupular que había hecho la dirigente nacional del partido Beatriz Paredes y un pequeño grupo de diputados con el gobierno, Gómez Mont y el entonces secretario de Hacienda, Agustín Carstens, comenzaron a hablar con los gobernadores priistas para que los apoyaran.

Pedían que le dijeran a sus bancadas que respaldaran el  aumento en los impuestos. A cambio, ofrecieron, les liberarían recursos presupuestales que estaban empantanados, y habría mayores partidas para aquellos rubros –como en las áreas de infraestructura y el campo- que necesitaran reforzar. Una de las condiciones para ese acuerdo es que no hubiera alianzas en las elecciones para gobernador de este año. Gómez Mont dijo estar de acuerdo, y que confiaran en su palabra. Dos gobernadores llevaron la voz cantante a favor del presupuesto, Enrique Peña Nieto del estado de México, y Ruiz de Oaxaca. Cuando a Peña Nieto le llovieron las críticas por su presión a la bancada, reculó ligeramente. Ruiz nunca lo hizo, y se batió con sus pares y con los líderes parlamentarios a favor del impuesto.

Ese lunes que vio a Gómez Mont en su despacho, no había mucho que recordar. El secretario de Gobernación le dijo que estaba opuesto a la alianza, y que si esta se concretaba, renunciaría. No puedo seguir negociando con la oposición si no puedo cumplir mi palabra, le dijo Gómez Mont a Ruiz, según una reconstrucción de todo el episodio elaborada por personas que conocen todos sus detalles. No quedó claro en ese momento si ya lo había planteado al Presidente, pero en esos días nadie tenía  duda sobre su postura. Gómez Mont había arreciado críticas públicas a las alianzas, aunque en realidad era solamente una la que había provocado su repudio: Oaxaca.

Ruiz salió conforme, creyendo en Gómez Mont. A sus espaldas, el viejo odio del presidente Calderón al PRI, terminó inclinándolo hacia la postura de Nava, que deseaba las alianzas con el PRD, PT y Convergencia, la coalición de izquierda que tiene a López Obrador como su jefe político, y le dio el visto bueno. Todavía la semana pasada, cuando empezaron a anunciarse las alianzas electorales en otros estados, como Durango y Puebla, varios priistas expresaron públicamente su desacuerdo. Una línea de pensamiento muy crítica dentro del PRI a Calderón fue expuesta por el senador Fernando Baeza, quien recordó en declaraciones a la prensa que el Presidente había olvidado que había sido gracias a los priistas y sus diputados, por lo que pudo tomar posesión y colocarse la banda presidencial el 1 de diciembre de 2006.

Los priistas están incendiados. Paredes, la líder nacional que ha pagado altos costos políticos dentro del partido por su cercanía con Calderón y por haber jugado internamente para sacar adelante reformas que buscaba el Presidente, admitió a varios periodistas que “los habían chamaqueado”. Paredes elevó a tonos inusuales su discurso, menospreciando a Nava y utilizando una palabra que no es común en su lenguaje para describir lo que habían hecho los panistas con la izquierda que repudia a su Presidente: “chaquetearon”.

La conclusión de la negociación de la alianza en Oaxaca arrinconó a Gómez Mont. El secretario de Gobernación no tenía mucho que perder, porque su carrera pública la había determinado hasta 2012. No quería ser candidato a la Presidencia, y desde que Calderón lo invitó al gabinete se lo dijo –una de sus razones fue que tenía el lastre de haber sido Alcohólico Anónimo-, y lo repitió en público y en privado. Su renuncia al PAN, si pone en entredicho su permanencia como secretario de Gobernación, lo único que haría es achicar el tiempo de permanencia en ese cargo.

Pero paradójicamente Gómez Mont, que es viejo amigo de Felipe Calderón y de su esposa Margarita Zavala, y que pese a haber crecido con el senador Santiago Creel se la jugó con el actual mandatario durante la precampaña para la candidatura presidencial panista, puede estar haciéndole un gran favor al Presidente mismo. Carente Calderón de un equipo consistente y congruente, él mismo cayendo en la esquizofrenia del discurso que en ocasiones denuesta a los partidos y horas después los llama a la unidad y la concordia, la actitud recta de Gómez Mont le regala un interlocutor de alto valor frente a la oposición.

Gómez Mont no engañó a Cué, ni a la oposición y mantuvo su compromiso político con el PRI, aunque ello provocó su salida del PAN, al no haber cumplido Calderón y  el PAN, esos acuerdos políticos que tuvieron con los gobernadores y las cúpulas priistas cuando requirieron de su ayuda para sacar adelante el presupuesto. Desde la muerte del ex secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, Calderón no había tenido a ningún colaborador cuya palabra respetaran.

El Presidente tendrá que evaluar si quiere que se quede Gómez Mont en el gabinete o le pide que se vaya. En el pasado, ya le presentó su renuncia en dos ocasiones, una de ellas cuando lo maltrató, como suele hacer el Presidente con sus colaboradores, pero llegaron a buen término. En esta ocasión, cuando menos ya sobrevivió un día más como secretario de Gobernación, lo que eleva las posibilidades de que se mantenga en el cargo. Gobernar el país con un hombre que ya no tiene partido, le puede dar una mayor credibilidad a la política interna, que es de lo que esta urgido Calderón. Como Carlos Salinas que necesitó al apartidista Jorge Carpizo en Gobernación para darle certidumbre a la elección de 1994,  Ernesto Zedillo recurrió al panista Antonio Lozano Gracia para darle credibilidad a la procuración de justicia, y Carlos Abascal se salió del PAN para ayudar en las negociaciones con los partidos a Vicente Fox.

La “bomba” que lanzó Gómez Mont al PAN no desbarrancará la alianza para Oaxaca –donde tampoco hay garantía alguna que triunfe sobre el PRI-, ni modificará lo que este martes hizo el consejo político panista al votar 40 contra 1, por ir con Cué como su candidato. En el corto plazo, galvaniza la crisis doctrinaria que está viviendo el PAN por el tema de las alianzas. Y en el largo, Calderón necesitará sacar dos presupuestos más y, sobretodo, buscar las reformas estructurales que tanto le urgen para darle un puerto de destino a su gobierno, ahogado hoy en una guerra contra el narcotráfico que sólo le ha dado negativos a él y a su partido. Calderón tendrá que evaluar el costo-beneficio de lo que propició –la alianza y la renuncia-, y decidir qué es lo que quiere hacia delante.

Tendrá que entender, asimismo, que hoy en día Calderón necesita hoy en día más a Gómez Mont de lo que Gómez Mont lo necesita al Presidente.

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Gobiernos fallidos

February 10, 2010

— 12:00 am

La guerra contra el narcotráfico prueba una realidad: no hay un gobierno fallido en México; hay varios gobiernos fallidos. Si el presidente Felipe Calderón debe responder por las bolsas de impunidad que siguen existiendo en el país, también deben rendir cuentas los gobernadores de Chihuahua, Sinaloa, Baja California, Guerrero y Durango. José Reyes Baeza, Jesús Aguilar Padilla, José Osuna Millán, Zeferino Torreblanca e Ismael Hernández Deras, nos deben explicaciones claras y urgentes. Señores gobernadores, tienen la palabra.

Reyes Baeza se despertó del letargo en el que tenía al cuerpo político y las estructuras en Chihuahua, y en las últimas 72 horas quiere resolver lo que no ha hecho en cinco años de gestión. Su estado ha sido durante todo 2008 y 2009 el más violento y el que más victimas ha tenido en esta larga cruzada contra los cárteles de la droga. Chihuahua suma casi el 30% del total de ejecutados en estos dos años, con una cifra que supera las cuatro mil 514 víctimas. Es decir, cada día de los dos últimos años, han sido asesinados en el estado seis personas.

Los indicadores del gobierno federal muestran el mapa de la violencia en los cinco municipios de la muerte de Chihuahua: Ciudad Juárez, tres mil 544 ejecutados, lo que totaliza el 23.34% del total de esas muertes a nivel nacional; Chihuahua capital, con 692 muertos, Hidalgo del Parral con 105, Nuevo Casas Grandes con 95, y Guadalupe con 38. ¿Qué pretende hacer Reyes Baeza trasladando los poderes estatales de Chihuahua a Juárez? Resolver el problema no. Tiene dos años en omisión y negligencia. Diversas fuerzas políticas lo acusan de querer salvar la gubernatura para el PRI con esta mudanza administrativa, y no hay ninguna razón sobre su tardía reacción que permita creer en otros motivos.

Reyes Baeza es un desastre como gobernador, cuando menos en lo que a este fenómeno de violencia respecta. Muy atrás de él, pero muy arriba de la mayoría de sus colegas se encuentra Aguilar Padilla, que ha sido actor pasivo en la pugna entre los viejos socios y compadres en el Cártel de Sinaloa, que se están matando en luchas callejeras con redes de protección institucional. Sinaloa suma el 10.65% de los ejecutados en el país, donde la capital Culiacán aporta 6.55%, que representan 995 víctimas en esos dos años. En Navolato, a 25 kilómetros de Culiacán, se dieron 188 ejecuciones, seguido de Mazatlán con 153, Guasave con 101, Sinaloa (municipio) con 90, y Salvador Alvarado con 89.

Ninguno de los dos tienen cara frente a la nación por el desorden que han acumulado en estos dos años frente a sus gobernados. En esos dos estados se concentró el 40.38% de la violencia nacional durante los dos últimos años, de acuerdo con los indicadores federales. Si se suma a Baja California, Durango y Guerrero, la concentración de la violencia que azota al país en esas cinco entidades asciende a 53.71% . Baja California, bajo el mando panista de Osuna Millán, aporta a la estadística de la muerte nacional el 7.05% del total, mientras que Durango, con el priista Hernández Deras contribuye con el 3.36%, y Guerrero, gobernada por el perredista Torreblanca, el 2.92%.

Las cifras no ayudan a comprender la magnitud del desastre de esos gobiernos. Es cierto que el narcotráfico es un delito del orden federal, por lo que muchos gobiernos locales han decidido cerrar los ojos y responsabilizar al gobierno federal de todos sus males. Pero la solución al narcotráfico no es sólo policial. En ello están en deuda. Los gobiernos locales no han creado los incentivos para romper el ciclo de reclutamiento de jóvenes como sicarios, ni creado los espacios de recreación y esparcimiento en sus comunidades que suelen ser una primera frontera contra la seducción de la delincuencia organizada.

No es casual que el 93.5% de los ejecutados sean hombres, y que aunque el promedio de edad de ellos se sitúe entre 31 y 35 años, más de la mitad (54%) de ese gran total tienen entre 21 y 35 años de edad; es decir, en la plenitud de su vida productiva, optaron por la informalidad de la delincuencia. Prácticamente todos ellos murieron por arma de fuego, y en sólo 3.4% de los casos hubo mutilación del cuerpo.

La radiografía nacional sobre la violencia muestra que los ejecutados, que son la expresión más primitiva y sangrienta de la lucha que se libra, salpica a 844 municipios en el país. O sea, la guerra contra el narcotráfico se está librando en el 29% de la superficie del territorio nacional. Pero en la deconstrucción de esta violencia, en sólo 21 municipios de esas cinco entidades se concentra poco más de la mitad de ejecutados. Si se sigue con el desagregado de las cifras, el 50% de las ejecuciones, lo más crudo de esta guerra, se ubica en 12 municipios, que en orden de mortalidad son Ciudad Juárez, Culiacán, Tijuana, Chihuahua, Gómez Palacio (Durango), Acapulco, Nogales (Sonora), Navolato, Durango, Torreón, Mazatlán y Morelia.

El número reducido de municipios en los que se aprecia con mayor crudeza la violencia no es para alegrarse, si uno reflexiona sobre el total de víctimas asesinadas en una concentración demográfica tan reducida. No es aventurado afirmar que en esas poblaciones la sociedad es tan rehén de la delincuencia organizada, como rebasados están los gobiernos. Esos cinco gobernadores son el ejemplo más claro de gobiernos fallidos. Tres de ellos serán relevados tras las elecciones de este año –Chihuahua, Durango y Sinaloa-, y cuando menos en sus casos, es hora de cobrarles la factura de su abandono.

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Nota: El director del ISSSTE, Miguel Ángel Yunes, negó que en el proceso de sucesión en Veracruz, tenga apoyo de la primera dama, Margarita Zavala, como se publicó  a la última columna en este espacio, “Fricciones en Los Pinos”. Yunes dijo que todo eso eran “fantasías” originadas por operadores políticos que buscan difamarlo.

Fricción en Los Pinos

February 8, 2010

— 12:00 am

Las batallas electorales que enfrenta el PAN tienen un prólogo bastante peculiar. Se trata de una lucha de poder entre dos poderosas mujeres que operan en Los Pinos: Margarita Zavala, esposa del presidente Felipe Calderón, y Patricia Flores, jefa de la Oficina de la Presidencia. Esta confrontación, que ha trascendido los blancos muros palaciegos, está provocando tensión y confusión entre los panistas, algunos de los cuales, admiten en privado, no saben, por lo inédito y anómalo de la situación, a cuál  directriz responder.

La lucha se traduce en un enfrentamiento de precandidatos a gubernaturas, que duplica esfuerzos, estrategias y recursos. Las señales que están recibiendo líderes locales panistas generan una incertidumbre que amenaza con paralizar maquinarias electorales y están abriendo las puertas de guerras sucias fraternales. El estudio de caso más notorio se encuentra en Veracruz, donde el choque de las poderosas de Los Pinos le añade ingredientes incendiarios al proceso electoral.

En Veracruz hay un precandidato natural, que ya contendió por la gubernatura hace seis años, Gerardo Buganza, quien aceleró su campaña desde la semana pasada, tras un agrio enfrentamiento el fin de semana antepasado durante un cónclave de panistas locales, frente al secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, con el director del ISSSTE, Miguel Ángel Yunes, quien como suele hacerlo se burló de él y lo insultó. Buganza, lo que nunca, le respondió, incluso, con palabras altisonantes.

Yunes, quien es un panista de nuevo ingreso, ha querido ser gobernador de Veracruz hace tiempo, pero no se le han acomodado las cosas. Fue influyente secretario de Gobierno durante la administración de Patricio Chirinos, quien había sido un poderoso asesor en las sombras del presidente Carlos Salinas, y se mantuvo en el PRI hasta este sexenio. En este momento, Yunes es un político con fuertes expectativas para la candidatura, como candidato del centro. En las últimas semanas trató de despresurizar su precandidatura, y le dijo a algunos líderes políticos que no iría por la gubernatura y se quedaría en el ISSSTE. Nadie le creyó.

Yunes ha continuado con una precampaña extraoficial –como todos los aspirantes al gobierno, de su partido o del resto- para ir ganando terreno. Yunes y Buganza tendrán la competencia, a distancia, del senador Juan Bueno, quien ha viajado cada fin de semana a su tierra para hablar con electores, pero sobretodo, con los integrantes del consejo político estatal para persuadirlos que él puede ser el tercero entre la discordia. Bueno sembró una carga de profundidad este viernes pasado al declarar en Veracruz que la candidatura deberá ser decidida entre panistas, y no mediante una elección abierta. Esta postura lo beneficia a él, pero también a Buganza; perjudica a Yunes, quien no es bien visto entre el panismo local.

La dinámica que se vive en Los Pinos los ha llevado a navegar entre los buques de guerra de las señoras Zavala y Flores que están en choque constante. La esposa del Presidente, que tiene un gran oficio político y una inteligencia tan sofisticada que le ha permitido operar ampliamente desde Los Pinos sin que nadie lo note en su exterior, es el gran respaldo que tiene Yunes, de acuerdo con dirigentes panistas. La jefa de la Oficina de la Presidencia, que ha acumulado y centralizado el poder de una manera como nunca la tuvo el primer responsable de esa área, Juan Camilo Mouriño, está del lado de Buganza.

Ambas han utilizado recursos para mandar a hacer diferentes tipos de estudio en el estado, y ambas tienen resultados diferentes, dicen panistas veracruzanos. Zavala dice que Yunes va adelante, de acuerdo con encuestas que tiene en su poder; Flores asegura que los panistas veracruzanos quieren a Buganza, sugiriendo que esas encuestas no están reflejando la realidad de lo que está sucediendo en Veracruz. Flores encargó una encuesta a realizarse esta semana a la empresa Arcop, que ha sido la casa encuestadora del PAN desde que Felipe Calderón era el dirigente nacional del PAN. En el cónclave de panistas hace dos fines de semana, Gómez Mont pidió la unidad de todos para sacar adelante la elección, pero sus palabras no parece que se escucharan en Los Pinos.

El relanzamiento de la campaña de Buganza esta semana que pasó, tuvo como eje la promoción de “Café Buganza”. Ese nuevo producto en el mercado –que levantó las cejas de los productores de café en el estado, porque no ha pasado sus estándares de calidad-, permitirá elevar la recordación del nombre de Gerardo Buganza entre el electorado, que es importante al momento de votar. “Café Buganza” apareció en espectaculares y en spots de radio y televisión. De acuerdo con fuentes de la industria de televisión veracruzana, la pauta publicitaria, al menos en la entidad, no la pagó Buganza, sino Alejandra Sota.

Para muchos, el nombre de Alejandra Sota puede no significar nada. Pero ella es la responsable de imagen del presidente Calderón, quien se encarga de ver los spots, de escoger el mensaje y de elaborar los discursos. Es decir, la semiótica y la propaganda es lo suyo. En el organigrama de la Presidencia depende directamente de la señora Flores, de quien también depende Rafael Giménez, que trabaja en estrategia, y que fue fundador de Arcop, aunque al entrar a trabajar en el gobierno actual vendió sus acciones para evitar el conflicto de interés.

El activismo del equipo de Flores a favor de Buganza es al margen del PAN nacional, y habrá que pedir informes de transparencia a Los Pinos para determinar de dónde están saliendo los recursos para pagar la encuesta y la pauta publicitaria de “Café Buganza”. La señora Flores está violentando el proceso electoral, lo que también está haciendo la señora Zavala, quien aunque no tiene recursos públicos para hacer ese trabajo de proselitismo, el ser la esposa del Presidente le da una ventaja sobre cualquier otro operador político en Veracruz. ¿Dónde esté el líder nacional del PAN, César Nava? Está fuera de esta dinámica de choque. ¿Dónde el presidente Calderón? Metido de lleno en la elección, y escuchando a las dos partes, según dirigentes panistas. A qué juega, nadie sabe. Pero lo que sí ven es que esta tolerancia al doble juego, daña a los panistas veracruzanos.

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