Estrictamente Personal

La lucha por el sound bite

January 29, 2010

— 12:00 am

La política mexicana está llena de frases grandilocuentes, metáforas, mentiras y sí, también tonterías. Las figuras públicas juegan con la retórica y la desmemoria para impulsar sus agendas y dirimen sus diferencias mediante discursos y declaraciones. La competencia real, frente la incompetencia de ganar en la política, es vencer en el debate. Manipulan audiencias, polarizan a sus pares, generan confusion. Es como un carrusel que hace tiempo perdió el eje, su ritmo y su destino. Veamos:

Uno. El presidente Felipe Calderón escogió el cónclave de panistas en Puebla donde discutieron su agenda legislativa, para defender su reforma política. Era un acto de partido, que se tiene que subrayar por la naturaleza del mensaje presidencial. “Si la resistencia vence a los aparatos burocráticos partidistas, deben ser los ciudadanos los que rompan tales aparatos”, expuso. “La democracia parte del principio de la capacidad de los ciudadanos para tomar las decisiones que más bien común puedan generar”. La frase es sonora, desafiante, estaba dirigida al coro. Pero ¿qué dijo el Presidente?

Calderón le dio un buen empujón al precipicio al sistema multipartidista. Tiene razón cuando habla de la tosudez de las burocracias partidistas, pero lo que hizo fue erigirse en una especie de “presidente de los ciudadanos”, a quienes convocó a que ¿destruyeran a los partidos?  No es su mensaje producto de la confusión, pues la segunda parte de la frase, donde plantea que los ciudadanos tomen la decisiones para alcanzar el mayor bien común -influencia de John Stuart Mill- es un rechazo implícito al sistema de representación, que se apoya en el voto. En una democracia, al votar los ciudadanos depositan un mandato al candidato para que tome decisiones colectivas en nombre suyo. Calderón parece querer una cosa diferente, pero sus palabras, sin mayor asidero que la retórica, se las llevará el viento.

Segundo: En una entrevista televisiva, el dirigente nacional del PRD, Jesús Ortega, hizo una defensa de las alianzas con el PAN, y dijo que no son una unión electoral con un partido, sino en torno a una candidatura ciudadana. Para reforzar su dicho, Ortega mencionó los Pactos de la Moncloa en España y el desarrollo económico que ha tenido esa nación durante las tres últimas décadas, como un ejemplo de lo que este tipo de acuerdos entre partidos políticos rivales, tienen beneficios de largo plazo para los ciudadanos. ¿Qué dijo Ortega?

Una tontería. Eso es lo que dijo Ortega. Los Pactos de la Moncloa fueron esencialmente acuerdos económicos entre partidos que, como consecuencia, destrabaron una serie de compromisos políticos. Para llegar a ello, los partidos y sus líderes, fueron construyendo la confianza mutua a través del armado de un acuerdo general contra el terrorismo. Ninguno de ellos fue electoral. Ninguno pretendía una alianza para derrocar a un partido que consideraran hegemónico. Ortega mezcló peras con manzanas y quiere engañar con cuentas de vidrio. La transición democrática española fue difícil, pero ayudó su necesidad estratégica de entrar a la Unión Europea. Con esa palanca de presión, el entonces presidente francés Valery Giscard D’Estaing obligó al Rey Juan Carlos a detener el golpe de Estado en 1982, organizado por sus tutores en el Ejército que, cuando menos, tuvieron un aval de 11 horas de silencio en los cuales el monarca no intervino en sus acciones golpistas. España entró a la Unión Europea, y todavía le entregan las ayudas económicas negociadas en su ingreso. O sea, nada que ver con lo que dijo Ortega.

Tercero:  Metidos en el chapoteadero que se ha convertido el proceso electoral para la gubernatura en Zacatecas, el senador Ricardo Monreal ha mantenido una campaña de crítica a la gobernadora Amalia García, en un largo enfrentamiento que dividió a la izquierda en la entidad,  y que aniquiló la posibilidad de una candidatura de unidad entre el PRD y el Partido del Trabajo, al cual pertenece ahora el senador, en la próxima elección para gobernador. Monreal denunció que la insistencia de García de imponer como candidato a Antonio Mejía Haro -que finalmente resultó nominado-, impedía cualquier tipo de acuerdo. ¿Qué hizo Monreal?

Un acto de cinismo a cielo abierto. La acusación contra la gobernadora puede tener todo el sustento que se desee; de hecho, sí impuso a su delfín, Mejía Haro, como candidato a gobernador. Pero lo que produce el ruido es de quién viene la señalización. Monreal fue acompañado en todo este tramo por su hermano Saúl, a quien hizo presidente estatal del PT, y de David, el presidente municipal de Fresnillo. El precandidato del PT era precisamente David. Entonces, si García impuso a Mejía Haro, ¿qué iba a hacer Ricardo con David? Exactamente lo mismo. No le gustó que la gobernadora le ganara la partida. Tampoco podrá alegar que las bases de la izquierda querían a su hermano y no a otro, pues ya está negociando con el PRI que vayan en alianza contra el PRD en Zacatecas, aunque en esta lógica de derrotar al candidato de García, el senador tenga que sacrificar a su hermano en la candidatura. La democracia parece ser un principio que se acaba cuando afecta el interés particular del político.

Estas son apenas tres postales de una inagotable cantera de palabras fáciles que usan  los políticos mexicanos en sus debates públicos. Emplean la retórica para engañar a los ciudadanos. Manosean la teoría política y la historia, abusan de la falta de memoria del electorado. Apuestan al sound bite y el flashazo efímero. Se trata de estar, no de perdudar, porque la supervivencia está garantizada. Tiene razón Calderón cuando plantea la iniciativa ciudadana, la reelección y la rendición de cuentas. Serviría para colocar las primeras piedras a un sistema que así como castigue, incentive. El problema es que el Presidente cae en la misma lógica operativa del resto de los políticos, atentos a lo inmediato, desatentos al largo plazo. Son grandes en la táctica, pero pésimos en la estrategia. Pero es la clase política con la que tenemos que arriar. No hay nadie que parezca salvarse. Todavía.

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Ruptura en el Olimpo (II y última)

January 27, 2010

— 12:00 am

El quiebre en el equipo político del presidente Felipe Calderón es profundo. Lo peor, que se puede agravar. El secretario de Gobernación Fernando Gómez Mont dejó abierta la posibilidad de su renuncia si se hacía la alianza entre el PAN y la izquierda en Oaxaca, lo que llevó a que el líder del PAN, César Nava, a extremar la cautela y adelantar que esa decisión será hasta dentro de un mes, sin que haya nada seguro. Lo que se dio es un parche temporal, como se vienen dando las reparaciones artesanales en el corazón político presidencial, que late a un ritmo de 2012 revoluciones por día.

La sucesión presidencial ya arribó al calderonismo por una puerta sorpresiva, el realineamiento de secretarios dentro del gabinete. Una parte está en el precandidato natural, Ernesto Cordero, secretario de Hacienda, y otra parte se está sumando detrás de la coordinadora de la bancada del PAN en el Congreso, Josefina Vázquez Mota, que no está en el ánimo de Los Pinos. Otros jugadores dudan, rectifican o esperan una mejor coyuntura.

Vázquez Mota es una figura a seguir. Es a quien preferirían los empresarios, quien mejor relación tiene con ellos y sin posibilidades reales en el corto plazo de que Cordero pueda hacerle sombra. Su mejor aliado para ello, el secretario de Economía, Gerardo Ruiz Mateos, no termina de ser mal visto por el sector. Vázquez Mota ha resultado una gran alambrista. Hasta el año pasado contaba con dos apoyos fundamentales en el gabinete: Agustín Carstens, secretario de Hacienda, y Eduardo Medina Mora. A su salida, parecía haber quedado despojada de apoyos. Sin embargo, rápidamente se hizo de nuevos respaldos en esos niveles, algunos inesperados, de acuerdo con funcionarios que conocen el detalle de las alianzas y los reacomodos.

Según esos funcionarios, uno de ellos es el secretario de Comunicaciones, Juan Molinar. Dijeron que tras ver que la tragedia de la guardería ABC de Hermosillo lo iba a perseguir -por haber sido durante su gestión al frente del IMSS la renovación de su permiso de operación-, tomó partido. No por Cordero, sino por su par en el cuarto de guerra durante la campaña presidencial, Vázquez Mota. A su causa, agregaron, sumó al secretario, el de Educación, Alonso Lujambio.
Su percepción, hasta diciembre pasado, era que Lujambio, quien fue integrado al gabinete con la intención de que se constituyera en una opción adicional para 2012, no creció lo que esperaba el Presidente, sino que se fue desdibujando. Decían que Lujambio le había entregado la Secretaría de Educación Pública a su ex secretaria Vázquez Mota, puesto que se había quedado con el mismo equipo de subsecretarios y los nuevos coordinadores habían sido puestos por ella. Sin embargo, en enero cambió.

Lujambio relevó al subsecretario Miguel Székely y del director de la Unidad de Planeación, Jorge Santibáñez, muy cercanos a Vázquez Mota. Székely fue remplazado por Miguel Ángel Martínez Espinosa, quien era secretario de Educación en Jalisco y que forma parte del grupo político del ex gobernador del estado y presidente de la Cámara, Francisco Ramírez Acuña, que está enfrentado con Vázquez Mota en San Lázaro. Santibáñez, quien fue el ariete de Vázquez Mota en la campaña negativa contra la maestra Elba Esther Gordillo, fue sustituido por Francisco Ciscomani, uno de los dos únicos funcionarios que llegaron con Lujambio a la SEP.

La interpretación en los adversarios de Vázquez Mota es que Lujambio, muy cercano a Molinar desde hace años, optó por no jugar el 2012 con la diputada e intentar, una vez más, construir su candidatura presidencial. Este es su año, el del Bicentenario, donde el único proyecto visible que tiene el gobierno federal es el que el secretario de Educación ha puesto en marcha desde esta semana con 155 programas de televisión para discutir México a través de estos dos siglos. Lujambio va a tener que remar muy fuerte y a establecer alianzas dentro del gabinete y del partido, que están repartidas en este momento entre dos precandidatos.

Cordero, el nuevo secretario de Hacienda, era junto con el finado Juan Camilo Mouriño  el único del grupo más compacto de Calderón, que gozaba de su plena confianza. A la muerte del principal asesor político del Presidente a fines de 2008, nadie más subió al nivel de Cordero, con quien comenta todo tipo de temas y respeta su opinión, con quien hace vida social familiar los domingos, y a quien le encarga tareas por fuera de sus atribuciones que le son de prioridad. Detrás de Cordero está todo el grupo afín a Mouriño, entre los cuales se encuentra el grupo operador en Los Pinos.

El respaldo es total. Incluso, la construcción de su candidatura la lleva la responsable de imagen de la Presidencia, Alejandra Sota, quien contrató cinco empresas para que vayan posicionándolo ante la opinión pública. Cordero tiene en apariencia un cargo que sólo le generará negativos, pero si en efecto la economía se recupera lo suficiente este año como para empezar a repercutir positivamente en el bolsillo de los mexicanos durante 2011, la apuesta de Calderón por convertirlo en “el secretario del crecimiento”, podrá tener una buena asidera electoral.

En este momento, el realineamiento claro dentro del gabinete se da entre Cordero y Vázquez Mota, y Javier Lozano, secretario deTrabajo, midiendo sus posibilidades. Lozano es, junto con Gómez Mont y después de Cordero, a quien el Presidente más respeta profesionalmente. Carece de buen ambiente en el gabinete, porque siempre luce como el más preparado en todos los temas, fuera de su área, donde pide opiniones el Presidente. Lozano tendrá que esperar que los punteros sufran descalabros, y si no es así, buscar la candidatura por el gobierno del Distrito Federal.

El equilibrio en esta lucha aún sorda lo da el secretario de Gobernación, quien por razones personales ha decidido que la Presidencia no se encuentra en su futuro. Pero el equilibrio se ha debilitado esta semana por el tema de las alianzas. Su amago de renuncia obedece a un compromiso con el gobernador Ulises Ruiz a cambio de su apoyo al aumento de impuestos; si se incumple, el secretario de Gobernación se queda sin palabra y se vuelve un interlocutor fallido. El Presidente no lo puede perder. Un realineamiento en el gabinete es suficiente. Ahora son dos grupos en pugna, y puede venir uno más con Lujambio. Calderón necesita a su árbitro, si quiere que el Olimpo se mantenga unido y con posibilidades de llevar a la victoria a su abanderado en 2012.

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Ruptura en el Olimpo (I)

January 25, 2010

— 12:00 am

Las pretendidas alianzas entre el PAN y la izquierda en varios estados –Durango, Hidalgo, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo y Sinaloa- para competir por gubernaturas con el PRI este año, exteriorizaron la lucha que se libra en el corazón del equipo político del presidente Felipe Calderón. El desencuentro de la semana pasada entre el secretario de Gobernación, que las descalificó plenamente, y el dirigente nacional del PAN, que las defendió, mostraron el fin de una postura homogénea en el calderonismo que, en realidad, había perdido su consenso hace tiempo.

El secretario Gómez Mont, que no suele actuar como político sino como aplanadora, debe haber estado tan molesto con el avance de la cocción de las alianzas que declaró una tontería: que son incongruentes y antidemocráticas. Un día después, tras haber razonado sus palabras y su error –las 32 legislaturas locales en México incorporan las alianzas en sus leyes electorales-, y entender que había quedado muy vulnerable –Vicente Fox y Felipe Calderón llegaron al poder producto de alianzas-, matizó su afirmación, pero el fondo del problema había quedado expuesto. Gómez Mont no habló de manera individual; representa una corriente de pensamiento dentro de Los Pinos que es ortodoxa y cada vez menos tolerante.

Las razones del embate retórico de Gómez Mont no son conocidas, y tampoco se sabe qué motivó su ataque público a las alianzas. Sí se sabe que la única en la que se involucró directamente fue en la de Oaxaca, donde el senador por Convergencia, Gabino Cué, hombre cercano al ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, tuvo una reunión con el secretario hace menos de un mes donde le dijo que se olvidara de la alianza con el PAN porque no transitaría. Él mismo, le dijo a Cué, la frenaría. En ninguna otra alianza se metió tanto López Obrador, ni a otro precandidato se le vincula con él, ni hubo ningún gobernador priista que enfrentaría la posibilidad de una alianza electoral, salvo Ulises Ruiz de Oaxaca, que fuera a contracorriente con su partido durante la negociación del presupuesto, y cabildeara decididamente por el plan presentado por la Secretaría de Hacienda.

Si Gómez Mont está pagando el favor a Ruiz, a nombre del Presidente, no se sabe. Pero aún si este fuera el caso, la alianza en Oaxaca era un tema discutiéndose desde antes de la negociación del presupuesto. Ni el gobierno ni el PAN lo habían puesto sobre la mesa; el gobernador Ruiz sí: apoyo al presupuesto y el PAN no respalda a Cué. Para el presidente Calderón, que es un político táctico pero no estratégico, la coyuntura era el presupuesto. Para Nava, el líder del PAN, su objetivo era lograr que de las nueve gubernaturas del PRI que se ponen en juego este julio, pudieran quitarles al menos cinco: Durango, Hidalgo, Oaxaca, Puebla y Sinaloa. En Quintana Roo, donde quieren ir en alianza, no ven expectativas de triunfo, mientras que en Veracruz, donde no van en alianza, esperan sorprender al PRI.

Nava debe haber entendido que con fuertes maquinarias priistas en esos estados, el PAN sufriría mucho para obtener la victoria o no tendría oportunidad de lograrla. En la lógica de la política moderna, las alianzas eran la salida, entendidas estas como una negociación entre partidos a nivel local con una plataforma común y un programa aceptable para todos. Las alianzas a nivel local no significan, como se alega ligeramente, que se claudiquen las posiciones y los programas que mantienen los partidos a nivel nacional. Por ejemplo, una alianza local no implicaría que el PAN o el PRD tuvieran que mover su postura con respecto a la apertura energética. Las alianzas locales acotan su rango de objetivo a los intereses particulares de sus gobernados, para lo cual son las negociaciones. Precisamente, el matiz de Gómez Mont al día siguiente de su declaración disruptiva, se refirió a que una alianza requería un programa común, lo cual sí se encuentra en la lógica de la negociación.

El problema que afloró con ese enfrentamiento entre Gómez Mont y Nava no responde, como sugieren algunos observadores agudos, en un problema estructural entre el gobierno y el partido, lo que podría explicar la reacción del secretario a partir de un posible acuerdo con Ruiz en materia del presupuesto. Aceptar este alegato, sin embargo, podría desviar la atención de lo que está sucediendo hacia el interior del equipo del Presidente, pues se asumiría que la dinámica es funcionalista. No lo es. No hay una línea clara entre el interés gubernamental y el partidista. Calderón envió a Nava al partido para ganar elecciones, y en esa perspectiva se pueden inscribir su propuesta de reforma política –donde se abroga el Ejecutivo atribuciones metaconstitucionales a costa del Legislativo-, o el haber sacrificado un gran aspirante a la gubernatura de Sinaloa, Heriberto Félix, para llevarlo a la Secretaría de Desarrollo Social.

Pero Nava, que responde al Presidente de manera incondicional, no tiene el mismo apoyo del equipo político de Calderón. Gómez Mont es la cabeza visible, pero una pieza clave es la primera dama, Margarita Zavala, un cuadro político con amplia  experiencia que ha ido copando posiciones, como la de la poderosa jefa de la Oficina de la Presidencia, Patricia Flores, recomendada por ella. Nava salió de la secretaría particular de la Presidencia por gestiones de la señora Zavala, quien ha operado en binomio con Gómez Mont para el control en áreas de seguridad, como la PGR, la pistola cargada que tienen para los procesos electorales venideros.

Cuando Gómez Mont le dijo a Cué que se olvidara de la alianza, un político de altura le recomendó al senador buscar a Nava. “Tienen diferentes resortes”, le comentó. Eso hizo. Se comprometió a reconocer a Calderón como Presidente y tan pronto lo hizo, el secretario de Gobernación trató de reventar la alianza. Nava no es bien visto en Los Pinos o en Gobernación, y llegó al PAN porque era el único que respondería a los intereses del presidente Calderón. Quien se encuentra en la contradicción es el Presidente, que tiene que conciliar a los grupos en pugna abierta dentro del Olimpo presidencial antes que esa lucha termine arrollándolo a él también.

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El final de una alianza

January 22, 2010

— 12:00 am

El martes pasado se celebró el aniversario del ISSSTE y hubo una postal totalmente insólita: un pastelazo. Era su cumpleaños 50 y el director de organismo Miguel Ángel Yunes se acercó al pastel de la fiesta para apagar las velas, cuando el testigo de honor, el presidente Felipe Calderón, como travieso mozuelo, le estrelló la cara sobre el betún, estallando en risas mientras su esposa Margarita lo veía con ojos de “cómo te atreviste”. Qué momento tan extraño para un jefe de Estado al mostrar rasgos tan humanos sin caer en la cursilería tonta de algunos de sus antecesores. Pero qué momento tan revelador para enseñar que en el ánimo presidencial, Yunes se encuentra en un sitio privilegiado.

La confianza del Presidente con el director del ISSSTE se dio en un momento coyuntural de gran valía. Yunes es un aspirante a la candidatura del PAN al gobierno de Veracruz, visto como el delfín de Los Pinos para encaramarlo aún por encima de panistas de cepa que quieren contender, como Gerardo Buganza y Juan Bueno. Enemigo público número uno del gobernador Fidel Herrera, a quien ve muy mal Calderón, Yunes ha usado también la casaca como uno de los políticos más cercanos a la maestra Elba Esther Gordillo, que desde la campaña presidencial de 2006 forjó una alianza con Calderón. Más revelador aún fue que la aliada de ambos, la muy cercana de los dos, no estuvo presente. Sus cercanos precisan: no quiso ir.

¿Qué pasó? La alianza construida previamente a las elecciones presidenciales de 2006, se está desmoronando. Lo sabe Calderón y lo sabe Gordillo. Para el Presidente, el costo de esa alianza ha sido crecientemente costoso dentro de su equipo, y para ella, el mantenerse vinculada formal, si bien no realmente con Calderón, también le produce rendimientos decrecientes. La alianza fue muy útil como instrumento de disuasión, pero en términos electorales, contra lo que piensan muchos, no fue determinante. Los maestros no se volcaron a favor de Calderón. La instrucción a ellos en aquél verano muy caliente fue con cualquiera menos con Roberto Madrazo, el candidato del PRI, de quien había jurado venganza la maestra. En el norte del país, los maestros votaron por el panista, pero en el sur, se fueron con el candidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador.

Pero la alianza era útil para Calderón, que tenía un apoyo condicionado y a veces roto con la dirigencia del PAN, y que cuando arrancó su administración estaba empapado en la ilegitimidad. La maestra le dio una parte del sustento político que necesitaba, a cambio de puestos en el gobierno: el ISSSTE, la Lotería Nacional, el manejo de presupuestos para gobernadores de la Secretaría de Seguridad Pública Federal y, para su yerno, la subsecretaría de Educación Básica de la SEP. Dentro de Los Pinos, Margarita Zavala, la discreta esposa del Presidente que por formación y vocación nunca ha dejado de operar políticamente, solía decir que esa alianza costaba demasiado.

El principal sostén de la alianza era Juan Camilo Mouriño, quien al morir a fines de 2008 fue remplazado en la Secretaría de Gobernación por Fernando Gómez Mont, otra figura del panismo que también piensa que esa relación costaba mucho. La maestra empezó a sentir que la alianza se debilitaba cuando le pidió al Presidente la destitución de su antiguo lugarteniente como director, pero ya no tuvo la suficiente fuerza para imponer a quien deseaba. Lo mismo sucedió cuando se dio el cambio en el cargo dentro de la Secretaría de Seguridad Pública. Su relación con Yunes entró en un periodo de altibajos y más recientemente, cuando su yerno Fernando González quiso un nuevo puesto, la respuesta fue negativa.

La maestra comenzó a mover sus piezas. En vísperas de las elecciones del año pasado, Gordillo acudió al apoyo de un aliado incondicional, el entonces gobernador de Sonora, Eduardo Bours, quien estaba sometido a una embestida política tras la tragedia de la guardería ABC de Hermosillo, que finalmente le costó al PRI el gobierno del estado. Gordillo convocó en la capital sonorense a varios gobernadores que abrevan de ella, como Ismael Hernández de Durango y Mario Marín de Puebla, y de acuerdo con quienes supieron de ese cónclave, no sólo les pidió el pleno respaldo a Bours sino que le dijo al entonces gobernador que tenía que dejar el PRI e irse a dirigir el Partido Nueva Alianza, etiquetado a ella.

Bours no aceptó –cuando menos hasta ahora-, y está manejando a los legisladores sonorenses. La señal de la maestra era clara: necesitaba reagrupar fuerzas. Por razones personales, que se juntaron a cuestiones estratégicas, Gordillo hizo un largo repliegue táctico el segundo semestre de 2009. Guardó silencio y se le vio poco. Dejó de asistir a eventos presidenciales donde nunca faltaba, al oler que los vientos que la habían favorecido con Calderón habían cambiado de rumbo.

El Presidente está moviéndose en la dirección contraria a la maestra, sin que se haya hecho evidente el rompimiento. Ella también. Si bien está lista a ir en alianza con el PAN en Puebla –pese a la relación con Marín-, la posibilidad de unidad electoral en Veracruz es más significativa. Entre los pocos eventos públicos donde se dejó ver, la maestra estuvo con el gobernador Herrera, y en el destape que se hizo de Javier Duarte como el candidato del PRI al gobierno, entre los invitados especiales estuvo el presidente estatal de Nueva Alianza. Con Marcelo Ebrard, jefe de Gobierno del Distrito Federal, hay enorme cercanía personal y política.

En el arranque de la recta que llevará al 2012, el mosaico de alianzas está en  movimiento. Habrá rupturas y realineamientos, pero el más significativo, por lo que representó, será el fin de la relación política entre el Presidente y la maestra. Calderón y Gordillo seguirán como amigos, nadie lo duda, pero es bastante probable que no caminarán por el mismo sendero electoral en el futuro.

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La tragedia de Haití

January 20, 2010

— 12:00 am

Los desastres naturales siempre encuentran en los más pobres los principales  destinatarios de su furia. Haití es el último ejemplo, donde las barriadas fueron arrasadas no sólo por los daños materiales, sino porque convirtieron a los más pobres -que no tenían desde antes ni agua potable, ni viviendas, ni comida- en miserables, mientras los acaudalados apenas si sufrieron daños y la escasez no ha sido parte de su vida cotidiana en estos días. En los barrios pobres los muertos se pudrieron al aire libre porque no había ni como rescatarlos; en el rico, el rescate de lo poco dañado se hizo con escáners y sonares en busca de vida.

Haití es el estudio de caso de un estado fallido, con una historia oprobiosa de abandono y negligencia. Todavía el año pasado el presidente René Préval gritó en Francia que ayudaran a su país porque si se venía una catástrofe natural, como anticipaban que sucedería, la debilidad de las instituciones provocaría un daño aún mayor de lo que pudiera acarrear la tragedia que ya esperaban. No le hicieron caso. Haití jamás ha importado a nadie, salvo cuando los intereses geopolíticos están en juego.

Haití es la demostración de una comunidad internacional fallida. Se independizó en 1804, luego de casi cuatro décadas de lucha y seis años antes que el resto de las naciones latinoamericanas. Fue una rebelión contra la esclavitud importada por los franceses, que fue una de las potencias coloniales más salvajes, racistas y excluyentes de la historia, que no dejaron un sistema de organización como hizo el imperio británico, o una mezcla de razas como permitió la corona española. Sin mayor escrúpulo, los franceses sólo dejaron como legado la pobreza, y el pago que tuvo que pagar Haití a Francia por su independencia, a manera de indemnización, fue tan abusivo que equivalía en la época al presupuesto anual de aquella nación.

O sea, Haití comenzó con desventajas desde un principio. Los franceses lo habían formado con esclavos del cinturón subsahariano de África Occidental, que sumaban al 95% de la población en ese territorio del tamaño de Nayarit. Como los países que se independizaron en el Siglo XIX, Haití tuvo en largos periodos de inestabilidad y conflicto, que abrió las puertas para que en 1915 lo invadiera Estados Unidos. La ocupación duró hasta 1934, pero su presencia nunca cesó.

En los albores de la Guerra Fría, Estados Unidos impuso a Francois como presidente, quien gobernó dictatorialmente. El modelo tuvo para dos Duvalier, “Papa Doc” y  ”Baby Doc”, que remplazó a su padre al morir de enfermedad en 1971. Lo tumbó una insurrección popular que simplemente ya no tuvo opción: morir de hambre o morir peleando. Y Estados Unidos comenzó un largo calvario de manipulación política, poniendo y quitando presidentes, manejando procesos electorales de su manufactura, sin resolver los problemas estructurales de pobreza y abandono histórico.

La corrupción ante la cual Estados Unidos cerró los ojos en Haití tiene su espejo en Petionville, en las colinas de Puerto Príncipe, donde salvo tragedias como en el hotel Montana, todo quedó sin mayor daño. El resto de los hoteles en esa zona donde vivía y circulaba la pequeña burguesía que hacía su dinero de la venta ilegal de petróleo y las drogas, mantienen abasto de comida y energía eléctrica. Los restaurantes y las galerías de arte han cerrado por la inestable situación que se vive, mientras que el hermoso campo de golf es la sede hoy en día de la 82 División Aerotransportada de Estados Unidos, desempacada de su base en el Fuerte Bragg, en Carolina del Norte, y que participó en las intervenciones militares en República Dominicana en 1965, en Granada en 1983, y contribuyó a la deposición del dictador haitiano Raoul Cedrás en 1994, para restaurar a su marioneta Jean Bertrand Aristide.

La tragedia de Haití tiene muchas caras y muchas culpas. Estados Unidos está volcado para ayudar a una nación que contribuyeron a destruir, enviando a soldados y políticos, para restaurar el orden y establecer las bases mínimas de institucionalidad. Es una intervención humanitaria, con reminescencias a lo que hizo el gobierno de Bill Clinton en Los Balcanes. Esa doctrina ha sido tan aceptada en el mundo que cuando recibió el el presidente Barack Obama el Premio Nobel de la Paz el año pasado, se refirió a ella como una acción justificada para evitar intervenciones más dolorosas y costosas. En ese momento nadie dijo nada. Hoy hay una protesta colectiva contra Washington.

La doctrina de la intervención humanitaria fue tolerada por el mundo en Los Balcanes porque los europeos no sabían cómo salirse del conflicto y que otros les hicieran el trabajo sucio. A nadie le gustaba mucho, pero todos callaron. Naciones con menos peso miltar ni siquiera djeron nada. Estados Unidos está en esa lógica, y no ha tenido reparos en controlar el aeropuerto, enviar a sus tropas de combate a las calles de Puerto Príncipe y empezar a desplegar unidades de rescate, médicas y policías militares para frenar a las pandillas que desde la marginación de la cartolandia que es Cite Solei, han venido operando desde hace bastante tiempo.

Lo que estamos viendo, pese al ruido retórico, es una intervención abierta de Estados Unidos sobre Haití. Frente a todos y pese a todos. Los Cascos Azules de las Naciones Unidas no han podido integrarse en los niveles que tenían hasta antes del terremoto, donde perdieron a su jefe de misión y a decenas de elementos, y tampoco se ha podido restablecer una autoridad administrativa local. Probablemente no se restablecerá en el futuro mediato, y la Organización de las Naciones Unidas, que ya asumió ese papel, continúe realizándolo con el apoyo de los organismos multilaterales que ya hicieron de Santo Domingo, en la vecina República Dominicana, su base de operaciones.

Qué tragedia la de Haití a 206 años de una independencia que no les sirvió para nada. Regresaron en el ciclo histórico de la manera más violenta, que dejó expuesta la fragilidad de una nación de la cual todos se aprovecharon, todos chuparon, y no ayudaron a construir. Qué tragedia la de Haití, pero también, para otros muchos, qué lección sobre la importancia de consolidar instituciones que, al final, son las que ayudan a levantarse de las desgracias.

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Haití, el (otro) error

January 18, 2010

— 12:00 am

Hace más de tres décadas, la selección mexicana participó en un hexagonal en Haití para clasificarse a la Copa del Mundo de Alemania en 1974. Los juegos se llevaron a cabo en el Estadio Nacional de Puerto Príncipe, donde arrancó México arrollando 8-0 a  Curazao y, sin explicación alguna, se desplomó. Perdió 1-4 ante Trinidad y Tobago, y apenas superó 1-0 al país anfitrión. Los cronistas de la época narraban cómo se habían paralizado los jugadores, como si estuvieran muertos de miedo. Fue una noche para no olvidarse que muchos no comprendieron. El terror sí fue inyectado en la escuadra nacional, pero no por enfrentar a sus rivales, sino –recordaron algunos años después-, porque parecía como si fuerzas extrañas que nunca antes habían sentido, intangibles e invisibles, los habían sometido. Lo que los apabulló fue una cultura para la cual no estaban preparados.

Para empezar a comprender lo que pudo haber sucedido a los seleccionados aquellas noches de Puerto Príncipe de 1973, un visitante tuvo que pasar la experiencia de estar en Haití y entrar en un choque sicológico con una realidad prácticamente desde que aterrizó en el aeropuerto. No era la pobreza y sus legiones de miserables, ni la sanguinaria policía política de los Tonton Macoutes, sino la propia gente que sin ser necesariamente agresiva inundaban el entorno con una violencia que volaba en el ambiente, con un acoso permanente de jóvenes que gritaban, manoteaban, mostraban sus gallos y hacían señales para que uno los siguiera. La persuasión para sumergirse en el mundo del vudú era hostil, acosadora y sobretodo intimidante.

Hoy, cuando en Haití hay una tragedia y el mundo se ha volcado para asistir en la emergencia, hay códigos que se manejan por fuera de las estructuras convencionales que están buscando explicar lo que sucedió en aquella parte de la isla de La Española. Las explicaciones no son lógicas. Sí hubo un terremoto, fuerte y devastador. Pero hay algo más. Es el conjunto de creencias que rigen la vida en Haití, construido a partir del sincretismo de la religión que llevaron a esa isla los esclavos que los franceses llevaron de África Occidental ya mezclada con el catolicismo, y que se cruzó con las religiones nativas.

Habrá quien descalifique esta variable, pero es indispensable en medir el alcance para la reconstrucción y organización de lo que será el nuevo Haití. El vudú –que se exportó idéntico a Nueva Orléans y Miami, como santería a Cuba, República Dominicana y México, o como umbanda a Brasil-, ha sido el eje del control político y social en esa nación. No hubo líder alguno, dictador, autoritario o incipiente demócrata que no lo usara para gobernar. Para muchos ha pasado desapercibido, pero al abandonar sus propiedades los haitianos tras el terremoto, lo único que no dejaron atrás fueron sus gallos, el animal que es protagonista central en las ceremonias de vudú que tienen el sacrificio del animal como momento climático.

Para entender la lógica haitiana hay que deshacerse de todo referente. No hay forma de entender, con las categorías de análisis que tienen quienes no conozcan esa religión mágica que utiliza símbolos y santos cristianos, lo que está sucediendo hoy en día en las entrañas de esa nación. Para tratar de poner en su dimensión la magnitud de lo que se avecina en la reconstrucción de Haití, simplemente hay que asumir que no se va a comprender nada y que no se va a creer en lo que se ve, pero que definitivamente hay algo más allá de lo que la preparación, educación y marcos de referencia nos puedan permitir a la mayoría que existe, sin explicación racional, médica o científica alguna, pero que sí está.

La vida haitiana está empapada por sus ritos salvajes paganos, con tamborazos frenéticos y danzas convulsivas donde se sacrifican gallos cuya sangre baña a todos y se invocan a los dioses. Había muchas misas vudú para turistas –que se conocen coloquialmente como magia blanca, que es cuando el destinatario de ella acepta que se la hagan- y misas de magia negra –donde el receptor no sabe que será su víctima-, donde el turista no llegaba tan fácilmente. Hay comunidades fuera de Puerto Príncipe con centros ceremoniales importantes, como Jacmel, a dos horas de la capital, donde se encuentran las más reputadas mambos –sacerdotisas-, o Hinche, a lo largo de la carretera que conecta a República Dominicana con la devastada ciudad. En la primera se practican los ritos para embrujar; en la segunda abundan los zombis.

Nadie puede reírse. Se puede no creer, pero no burlarse. Quien ha visitado el Museo de la Santería en La Habana, siente cómo un hilo helado le recorre el cuerpo cuando observa el cuerpo de una persona que fue víctima del vudú reducido a un tamaño de escasos 10 centímetros. No es un proceso taxidérmico y químico como lo es la reducción de cabezas que hacen los jíbaros en el Amazonas, sino resultado de una pócima donde se mezclan polvos, con cabello con pedazos de hueso, que también es utilizado en el caso de los zombis, muertos vivientes que son uno de los grandes misterios científicos. Así como en instituciones tan reputadas como Harvard se han documentado casos de personas muertas que han aparecido vivas años después –sin tener explicación racional para ello-, hay quien, sin creer en esa magia, ha sido víctima de fenómenos en su cuerpo que lo llevan a la muerte hasta que lo enfrenta de la misma manera paranormal.

El vudú no es sólo la religión que cimenta y articula a la sociedad en Haití. Es el principal poder. Lo que se vive ahora en aquella nación no toca ese conjunto de valores y creencias. Están en el rescate, la emergencia sanitaria y humana, y en establecer el orden. Luego vendrá la reconstrucción. En algunas capitales se está hablando de encontrar la oportunidad a esta crisis e inventar una nación modelo. La viabilidad no va a depender del tipo de diseño y recursos que se necesitarán, sino de cómo hacer viable un futuro diferente en una sociedad tan mágica. Las metrópolis siempre han incurrido en el error de no voltear a ver el factor cultural, y los resultados han sido más devastadores que un terremoto. Si el futuro de Haití va a transitar por el mismo camino, incorporar esa variable deberá ser indispensable.

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Fraticidio en Sinaloa

January 15, 2010

— 12:00 am

En el PRI llegaron a un acuerdo cupular para las 12 elecciones a gobernador que se disputarán este año: donde gobiernen priistas, ellos manejarán el proceso –o sea, impondrán a su delfín-. Esto sucederá en Sinaloa, donde Jesús Aguilar Padilla tiene en el alcalde de Culiacán, Jesús Vizcarra, su candidato a sucederlo. Parece un capricho, pues según la última encuesta que difundió el diario El Debate, el senador Mario López Valdés Vizcarra tiene una ventaja de 2 a 1 sobre Vizcarra, quien también es señalado de tener vínculos con Ismael “El Mayo” Zambada, jefe del Cártel de Sinaloa. En las condiciones actuales, Vizcarra no parece el mejor candidato en Sinaloa, que si ganara, podría ser etiquetado como un “narcoestado”.

Sinaloa es la cuna de la mayoría de los capos del narcotráfico en la historia de México, lo que no significa que sea un territorio entregado al crimen. Pero la percepción no ayuda al PRI, que siempre ha gobernado el estado y a quienes el dicho popular le adjudican el haber dejado que crecieran y se asentaran los cárteles. La opinión pública no establece matices, pero tampoco posibilidad de optar. Es decir, todos los políticos deben ser malos si son priistas.

En este contexto, Vizcarra es el más malo de los que compiten en el proceso electoral visto como el más sucio de este año, que se describe con ligereza como una confrontación no entre políticos del mismo partido, sino entre cárteles de la droga, a partir del silogismo de que como el Cártel de Sinaloa se fracturó, también se rompió la unidad dentro del PRI, que tiene enfrentado al gobernador Aguilar Padilla y su delfín Vizcarra, con el ex gobernador Juan Millán.

La percepción se socializó en el país tras la reciente publicación en el periódico Reforma de una fotografía – difundida en Sinaloa hace tiempo- tomada hace más de dos décadas, donde aparecía Vizcarra con su tío Inés Calderón Godoy, su primo Inés Calderón Quintero -acusado de narco y asesinado en 1988-, y “El Mayo” Zambada. Vizcarra no desmintió la fotografía y dijo que acudiría a la PGR para que investigara, pero sin aclarar con energía que no estaba vinculado al narcotráfico.

Vizcarra admitie la veracidad de esa fotografía, pero subraya la línea de tiempo entre cuando se tomó y el uso que se le dio en su contra. En una plática reciente, dijo que sus negocios son públicos, que su fortuna no es nueva sino construida durante una generación con relaciones comerciales y financieras internacionales, y que podrían voltearlo de cabeza cuantas veces quisieran hasta convencerse que el dinero que ha hecho fue bien habido. Aportó los nombres de los fondos con quienes ha hecho negocios -por ejemplo el de Nicholas Brady-, y las instituciones que lo han respaldado -como ING-, al igual que empresarios de renombre -como los Coppel o los Ley- que se sientan en el consejo de administración para quien desee revisarlo.

Las acusaciones de narcotráfico, empero, han ocultado el problema de fondo, que es la lucha entre Aguilar Padilla y él, contra Millán. En los últimos meses Vizcarra ha sido acusado de haber “comprado” la candidatura al hacer socio a Aguilar Padilla de su exitosa empresa, Grupo Viz, entregándole el 4 por ciento de acciones en 2005. Vizcarra afirmó que es falso, y que Aguilar Padilla aportó 100 mil pesos en 1997 que le representan el 0.7% de la empresa, lo que le ha dio utilidades todos estos años por un total de no más de dos millones de pesos. Óscar Lara, ex secretario de Finanzas de Aguilar Padilla y hoy coordinador de la bancada sinaloense en el Congreso, tiene una participación accionaria similar en Grupo Viz.

El problema, insistió, es el pleito con Millán. Entre la cúpula del PRI existe preocupación por el conflicto. Uno de los dirigentes dice que el origen del encono es que Vizcarra timó a Millán en un negocio. Vizcarra dijo que el ex gobernador nunca fue su socio. Su problema, dijo, es porque no lo reconoció como jefe político después de haber terminado su periodo como gobernador. Millán quería que cuando Elba Esther Gordillo coordinaba la bancada priista en la primera parte del gobierno de Vicente Fox, se opusiera a la reforma fiscal, lo cual no hizo por un compromiso previamente adquirido con la maestra. Luego ignoró su petición que no pidiera licencia para buscar la presidencia municipal de Culiacán. Ganó la alcaldía y Millán le dijo que buscara ser senador, pero no le hizo caso. Cuando Aguilar Padilla asumió el poder, Vizcarra lo reconoció como el jefe político del estado.

La confrontación, en todo caso, es profunda y divisoria. Millán sigue manteniendo fuerza política y está enfrentado con Aguilar Padilla. Lo que hay, para los estándares dentro del PRI, es una rebelión de un ex gobernador que no ha aceptado que su periodo terminó. Lo que teme Millán, comentan, es que con Vizcarra en el poder, toda la fuerza que aún tiene, se disolverá. Millán piensa otra cosa, que la elección de Vizcarra será la entronización del narcotráfico en Sinaloa. Los priistas están polarizados en un estado que, por sus características históricas de criminalidad, pertenece a los que puedan ser considerados asuntos de seguridad nacional. Esta vertiente podría ser utilizada por el gobierno, urgido de triunfos electorales y fortalecimiento en su plataforma electoral para 2012.

En el PRI deben de saber que los estrategas del PAN tienen a Sinaloa entre los pocos estados que donde pueden ganar la elección para gobernador este año. Como están las cosas entre los priistas sinaloenses, esa posibilidad se ampliará en la medida en que no resulevan sus diferendos y su eventual candidato aclare su pasado. Tienen que empatar la realidad con las percepciones y controlar los daños que ha causado esta lucha fraticida. La pregunta que no tiene aún respuesta es si, con seis meses por delante, tienen el tiempo suficiente para evitar que el PAN, por la puerta que le abrieron, les quite la gubernatura.

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¿Qué pasó en Cuernavaca?

January 13, 2010

— 12:00 am

Las consecuencias del operativo donde murió el jefe del Cártel de los hermanos Beltrán Leyva en Cuernavaca al cierre de 2009 no terminan de mostrar los límites a dónde llegarán. Informaciones fragmentadas empiezan a armar el rompecabezas de las diferentes fases de esa acción. Quién lo hizo. Qué sucedió en el  enfrentamiento. Qué sucedió después. Quiénes recibieron amenazas de muerte por tapizar con billetes el cuerpo de Arturo Beltrán Leyva. Cuáles son los mensajes que se han enviado, desde el poder, al Cártel herido. Las respuestas empiezan a llenar los hoyos negros en este episodio de la guerra federal contra el narcotráfico.

¿Quién lo hizo? El gobierno informó que la operación la hizo una unidad de élite de la Marina que seguía la pista de Beltrán Leyva. La unidad de élite, de acuerdo con nuevas informaciones proporcionadas a dirigentes políticos, tenía menos de 15 días de haber regresado de un entrenamiento especial en Estados Unidos. No fue sólo una mera decisión presidencial que fuera la Marina la que se encargara del tema de Beltrán Leyva, sino que fue una imposición implícita de Washington, donde la DEA aportó los elementos finales de inteligencia que pusieron al comando especialmente entrenado por ellos, sobre la pista correcta. El comando no iba a tomar prisioneros.

Una semana antes, el 12 de diciembre, el comando fue por Beltrán Leyva que, según la inteligencia en su poder, se encontraba en un fraccionamiento exclusivo en Lomas de Ahuatepec, dentro de Cuernavaca. Una residente en el lugar, Patricia Terroba de Partida, recibió una llamada de su hermano quien le notificó que su madre se encontraba en el hospital, por lo que tomó su camioneta y salió apresurada del fraccionamiento. Los marinos, que ya habían tendido el cerco, le hicieron el alto, pero ella no se detuvo. Le dispararon y la mataron. Poco después se enfrentaron con la escolta de Beltrán Leyva, quien pudo huir y esconderse en otra zona de la misma ciudad, aparentemente herido, según información de la DEA.

¿Qué sucedió en el enfrentamiento en Cuernavaca? La operación comenzó antes del crepúsculo. El Ejército proporcionó la seguridad perimetral para que el comando de élite penetrara y realizara la operación. La Marina sabía a lo que iba y alertó a la prensa, a la que llevó del Distrito Federal a Cuernavaca en vehículos oficiales. La unidad de élite llegó a las torres en un condominio exclusivo a bordo de helicópteros, de donde descendieron desde el aire unos 15 elementos, deslizándose en rappel hacia el suelo. Otro grupo en camuflaje cerró los accesos a los condominios y llevó a los vecinos al gimnasio. La balacera comenzó cuando las escoltas de los jefes de la banda les tiraron dos granadas.

La información que se maneja en altos círculos políticos es que cuando el enfrentamiento tocó la puerta donde estaba Beltrán Leyva, hubo una negociación y se permitió que salieran dos mujeres –que figuran como detenidas en el incidente- y una niña. El fuego se reanudó, inclusive dentro del departamento. Uno de los sicarios decidió tirarse varios pisos por la ventana, y cuando iba en el aire le dispararon con balas expansivas, que fueron las que utilizaron los comandos.

¿Qué sucedió después? Los marinos dejaron entrar a la prensa. Quien primero lo  hizo fue un equipo de televisión que grabó el momento en que se colocaban los billetes sobre el cuerpo de Beltrán Leyva, pero los responsables de noticieros decidieron no difundir esas imágenes. Después entró el fotógrafo de El Universal, cuyas gráficas fueron vendidas a las agencias de noticias internacionales y los editores se ufanaron de haber tenido la “exclusiva”. El resultado inmediato fueron amenazas de muerte contra el fotógrafo, mientras que la manipulación de las imágenes desvirtuó el operativo y generó, con el asesinato de la familia del marino que cayó durante el operativo, el temor del quid pro quo con los narcotraficantes.

¿Cuáles son los mensajes? La respuesta del Cártel de los Beltrán Leyva a través de sus aliados tácticos Los Zetas con la ejecución de la familia del marino en Tabasco, hizo ver en las más altas esferas del poder que la respuesta del narco por la manipulación del cuerpo y de la difusión de las imágenes, se podía extender. La semana pasada se recurrió a un militar para que enviara un mensaje al Cártel de los Beltrán Leyva a fin de que la guerra se mantuviera dentro del parámetro de los actores, no de sus familias. El miedo que recorrió el organismo en altos niveles del gobierno es que la respuesta del narco por lo que sucedió en Cuernavaca tuviera como próximas víctimas a hijos de altos funcionarios. La seguridad sobre las familias de funcionarios específicos se ha redoblado en previsión de una respuesta negativa  del cártel sobre la propuesta de dejar fuera del teatro de combate a quienes no tienen participación alguna en él.

No se sabe si es el mensaje pudo ser transmitido en sus términos, y menos aún si existe una respuesta. Pero Cuernavaca muestra un punto determinante en el cambio de los términos en que se planteó la guerra contra el narcotráfico, tanto en el tipo de unidades de élite altamente capacitadas para entrar a combatir bajo parámetros de una guerra total, como en el orden de prioridades que están siendo consultadas o establecidas por Washington. También arroja un aprendizaje apresurado para el gobierno y los medios, que por sus actitudes recientes reflejan rasgos de frivolidad que el miedo los ha puesto a reflexionar sobre su papel y su proceder. Esta guerra declarada por el Presidente no es un capricho retórico, y hay que entender que tras Cuernavaca se abrió una nueva fase de la lucha que avizora más violencia y dolor colectivo en los meses por venir.

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Cerrojazos presidenciales

January 11, 2010

— 12:00 am

Los ingenieros petroleros sintieron desmayarse cuando al arrancar el año el presidente Felipe Calderón designó a uno de sus más cercanos como director de Pemex Gas y Petroquímica Básica, Jordy Herrera, que es un tema del cual alegan no sabe nada. No podían evitarlo, pero cuando junto con ese nombramiento llegó el del director de Programación y Presupuesto de Hacienda, Carlos Treviño, para ocupar la Dirección Corporativa de Administración, la Torre de Pemex se incendió y se abrió una lucha entre Los Pinos, el Consejo de Pemex y el sindicato petrolero, que tendrá un siguiente round este martes.

Si la designación de Herrera, quien forma parte del círculo íntimo calderonista que operaba en torno al finado Juan Camilo Mouriño, era imposible de detener en términos estatuarios, no así la de Treviño, quien dependía de otro íntimo del Presidente, Dionisio Pérez Jácome, subsecretario de Egresos, y que había sido enviado a Pemex directamente por la jefa de la Oficina de la Presidencia, Patricia Flores. Su nombramiento debía de haber sido aprobado en la última sesión del Consejo de Pemex en diciembre, pero no transitó.

En primer lugar, los representantes del sindicato petrolero se interpusieron. De ninguna manera aceptamos a Treviño, dijeron. No iban a aceptar caprichos, aún si estos vinieran de Los Pinos. Pero la parte más crítica provino de los consejeros. No tanto de Rogelio Gasca, respaldado por el PRI, o de Fluvio Ruiz, que es apoyado  por  el PRD, sino por los panistas, cercanos al calderonismo. Según personas que conocen detalles de la sesión, quienes objetaron fuertemente el nombramiento de Treviño fueron José Fortunato Álvarez, ex diputado del PAN y que fue gerente de las compañías gaseras de la familia Mouriño, y Héctor Moreira, ex vicerrector del Tecnológico de Monterrey, que fue subsecretario de Energía cuando el titular era Fernando Elizondo. Si Herrera era mucho pedir, Treviño definitivamente no.

Pero en Los Pinos no recularon. Tampoco tomaron en cuenta al director de Pemex, Juan José Suárez Coppel, aunque lo que trascendió a los medios en semanas pasadas era que los ajustes habían sido promovidos por él. Para evitar el escollo de tener que pasar los retenes internos en la empresa, la Presidencia decidió darle la vuelta a los requisitos normativos. Decidieron que quien se tenía que mover de puesto para dejárselo a Treviño era Esteban Levín, quien era el director de Finanzas de Pemex. Levín será movido –pero tiene que ser ratificado este martes- como nuevo director corporativo de Administración, para que el enviado de Los Pinos entre caminando a la Torre de Pemex, aunque sea por la puerta de atrás.

La incertidumbre reina en Pemex. En términos operativos, la dirección de Administración está vacante porque aún no asume Levín, pero en Finanzas también están paralizados ante la inminencia que su jefe –hijo del diputado Óscar Levín, quien apoyó fuertemente al gobierno federal durante las negociaciones presupuestales- sea enviado a un nuevo puesto. Suárez Coppel está atado de manos. Él no ha podido armar un equipo en la paraestatal, sino que le están imponiendo un equipo en las áreas sensibles y estratégicas para Calderón, a través de la presión de la poderosa Flores y la colaboración del equipo de Hacienda.

El equipo de Calderón está cerrándose de manera estratégica, y lo que está sucediendo en Pemex es la primera muestra pública de hacia dónde caminarán. Desde hace tiempo querían echar el guante a Pemex, particularmente en las áreas que tienen que ver con los recursos, por lo cual enviaron a un financiero puro, con experiencia dentro de la empresa, a dirigirla. Suárez Coppel fue una recomendación directa del ex secretario de Hacienda, Francisco Gil, quien goza de influencia en el calderonismo en asuntos económicos, pero ni eso le bastó. Tener el aval técnico no significa que los calderonistas lo consideren de los suyos.

Herrera y Treviño sí lo son. Representan también el primer movimiento de control del aparato del gobierno del equipo calderonista, que por primera vez en el sexenio está empezando a mover los tentáculos políticos en todo el gabinete para arropar al nuevo secretario de Hacienda, Ernesto Cordero, quien es el proyecto transexenal del presidente Calderón. La llegada de ambos subraya la forma de gobernar de Calderón. Herrera es parte del gabinete de cocina del Presidente, que trabaja cerca de él desde hace casi una década, y fue colocado como cuña de Georgina Kessel en Energía. Treviño es una extensión de ese grupo a través de Pérez Jácome.

Todos ellos formaban parte del gabinete de cocina que dirigía Mouriño, quien junto con Cordero eran las dos personas más cercanas a Calderón.  A la muerte del primero, se quedó solo el secretario de Hacienda con todos los afectos, pues nadie ha logrado remplazar al finado funcionario. Al inicio del gobierno, Cordero fue a vigilar los egresos a la Subsecretaría de Hacienda, y cuando fue enviado a Desarrollo Social, el coordinador de asesores del Presidente, Pérez Jácome lo remplazó, manteniendo la supervisión atada a Los Pinos.

Al dejar Mouriño la Oficina de la Presidencia, lo sustituyó su segundo, Gerardo Ruiz Mateos, quien cuando saltó a Economía, dejó el cargo a Patricia Flores, que ha concentrado todo el poder político del gobierno por decisión presidencial. Calderón no logró tener el control de Hacienda y de Pemex hasta este año, y con esto cierra pinzas. Tiene a Ruiz Mateos en Economía y a Javier Lozano –al secretario que más respeta en términos profesionales- en Trabajo. En Turismo mantiene a Rodolfo Elizondo, tío de Flores y con quien tiene una relación profesional estrecha. Lozano era parte del cuarto de guerra en la campaña, donde estaba Juan Molinar, hoy secretario de Comunicaciones. En Desarrollo Social, incorporó a otro incondicional, Heriberto Félix, y en Educación envió a su viejo amigo Alonso Lujambio.

Calderón está alineando el gabinete a su modo y para sus fines. Lo que está sucediendo en Pemex es el último ejemplo. Si no les gustó que les envíe a Herrera y Treviño, que se aguanten. No se los dijo en palabras. Se los está probando en los hechos.

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Los mitos de Joaquín Villalobos

January 8, 2010

— 12:00 am

En el momento más álgido de la crítica al presidente Felipe Calderón por su manejo de la guerra contra las drogas, una mano amiga salió en su defensa. Joaquín Villalobos, quien de ser uno de los cinco comandantes del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional salvadoreño pasó a ser consultor internacional en solución de conflictos, publicó un alegato en la revista Nexos donde critica a los críticos de la estrategia gubernamental. En 12 puntos pretendió desmantelar la ola expansiva opositora con argumentos con olor a pinos, bordados con verdades a medias y sofismas. Un buen intento que resultó fallido.

Villalobos empieza tropezándose al afirmar que el origen de la guerra contra el narcotráfico se debió a que el presidente Calderón decidió combatir frontalmente al narcotráfico por la violencia extendida, que había sido enfrentada por el gobierno de Vicente Fox. No dice que esa violencia entre cárteles estalló tras la fuga de Joaquín “El Chapo” Guzmán de un penal de máxima seguridad en el inicio del sexenio foxista, donde la responsabilidad era del entonces subsecretario de Gobernación, Jorge Tello Peón –viejo amigo de Villalobos-, ni explica porqué, si se percibía tan grave el fenómeno, nunca figuró en el discurso de campaña, ni en sus promesas electorales, ni en su programa de gobierno.

El narcotráfico no era prioridad para Calderón, quien iba a arrancar su gobierno sobre dos ejes: infraestructura y monopolios. Pero a cinco días de haber iniciado su administración, todo cambió. El 5 de diciembre, sin consultar con nadie, el secretario de Seguridad Pública Federal, Genaro García Luna, autorizó que detuvieran a Flavio Sosa, líder de la APPO, sobre quien había una orden de aprehensión por su participación en el conflicto magisterial en Oaxaca. La detención provocó alarma en el gobierno por las consecuencias que preveían y lo censuraron políticamente. Sin embargo, el tracking poll de la Presidencia, que es la encuesta diaria para medir las políticas del gobierno, mostró un brinco significativo en la aprobación de Calderón.

Un presidente sin legitimidad por la sospecha de fraude electoral, vio que la acción policial le daba la fuerza moral que no había conquistado en las urnas. García Luna, quien llegó al equipo porque en vísperas del anuncio del gabinete, el designado Tello Peón declinó el cargo, fue visto inmediatamente como una solución al déficit político que arrastraba Calderón. Esa ventana fue aprovechada por el secretario, quien planteó al Presidente una lucha contra el narcotráfico, con la participación de las Fuerzas Armadas, que fueron arrastradas a ella. En Los Pinos lo vieron como una oportunidad para mejorar la imagen del Presidente y siete días después comenzó la guerra. Durante dos años y medio al menos, funcionó mediáticamente.

Villalobos plantea, sobre la misma mentira original, que Calderón no tenía opción. Argumenta que el estar “atrapado” México entre Estados Unidos, el mar de los consumidores, y Centroamérica, la zona “más violenta del mundo”, no podía aislarse de la contaminación del fenómeno. Nuevo sofisma. El problema estalló mucho antes que cambiara el entorno social en Centroamérica: en 1996, los cárteles colombianos modificaron los términos de pago a sus socios mexicanos, y con ello la dinámica del fenómeno.

Los colombianos informaron a sus socios que dejarían de pagar en efectivo a los cárteles mexicanos que introducían la droga a Estados Unidos, y que saldarían las deudas en especie. Al quedarse la droga en México se modificó radicalmente el estado de cosas, en términos de negocio y de consumo. Las bandas mexicanos tuvieron que crear redes de distribución y comercialización que necesitaban respaldos logísticos y de seguridad, entrando en una espiral de competencia por el nuevo mercado. Se convirtieron en cárteles transaccionales, otro sofisma que plantea Villalobos, quien alega que las organizaciones evolucionaron al narcotráfico del contrabando, lo cual sólo sucedió con el Cártel del Golfo.

Este desconocimiento del origen de los cárteles de las drogas en México lleva a Villalobos a incurrir en otro error. Al criticar las teorías conspirativas de que detrás del narco hay políticos poderosos y empresarios, Villalobos afirma que el narco surge de clases medias bajas con poca educación que se dedicaban al contrabando. Esto refleja el origen de El Golfo, donde Juan Nepomuceno Guerra construyó una organización delictiva a partir del contrabando de whiskey y electrodomésticos en el noreste del país. Nunca quiso entrar a las drogas, que fue introducida por su sobrino, Juan García Ábrego, actualmente preso en Estados Unidos, cuando lo sustituyó. Pero el resto tuvo un origen distinto. Los principales barones de la droga que dieron origen a los cárteles que se fueron creando y recreando desde fines de los 60 y 70, eran policías, como Guillermo González Calderoni, Miguel Ángel Félix Gallardo y Rafael Aguilar, quienes encabezaron los cárteles de Guadalajara y Juárez, que se desdoblaron en Tijuana y Sinaloa.

Su operación no podía darse sin redes de apoyo institucional. Varios gobernadores han sido identificados abiertamente en el pasado por sus vínculos con los barones de las drogas, como Leopoldo Sánchez Celis y Antonio Toledo Corro; uno más está preso, Mario Villanueva. La propia Dirección Federal de Seguridad, que nació al amparo de la CIA, aceptó que algunos de sus jefes traficaran con marihuana. Más adelante, la hoy extinta DFS controló la distribución de cocaína que repartían a artistas y periodistas, y un secretario de la Defensa, Juan Arévalo Gardoqui, también fue señalado en Estados Unidos como el principal traficante de marihuana. Es decir, las teorías conspirativas, si bien alcanzan hipótesis ilimitadas, sí tienen fundamento.

Villalobos olvida convenientemente toda esa larga historia de narcotráfico en México, y utilizan las cifras y argumentos del gobierno para establecer analogías amañadas, al no emplear los contextos adecuados. Estos alegatos sofistas no eran necesarios para hacer la defensa a la guerra contra las drogas. Una defensa panfletaria no es defensa. Es propaganda, donde un ex guerrillero al servicio del gobierno –quizás espontáneo-, es el nuevo protagonista de la campaña de medios.

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