Desde hade dos semanas, casi en murmullo, los diputados panistas afirmaban: Agustín Carstens está trabajando para el PRI. Acababan de recibir la Ley de Ingresos y ya había trascendido lo que saldría de las arcas del tesoro federal para los gobernadores del PRI en la Ley de Egresos, que aún no comienza a debatirse. La semana pasada, la idea entre algunos que el secretario de Hacienda estaba traicionando al PAN, se profundizó. Carstens negoció directamente con un grupo de diputados priistas el aumento de uno por ciento al IVA, y como en rebaño, prácticamente la totalidad de diputados panistas votaron a favor. Cuando observaron que el PRI se incendiaba por el rechazo de los senadores al incremento al IVA, los senadores panistas decidieron quemar la pradera. Empezó su rebelión.
El jueves de la semana pasada, al terminar la ceremonia de entrega de la Medalla Belisario Domínguez en el Senado, los legisladores panistas fueron convocados a una reunión plenaria con el coordinador de la bancada, Gustavo Madero, a la Torre Azul, donde se encuentran las oficinas de los senadores del PAN. Iban a discutir el voto a la Ley de Ingresos, cuya minuta acababa de enviar la Cámara de Diputados al Senado para su revisión, y que ya había causado un conflicto público en el PRI, porque los senadores estaban en abierta inconformidad con el voto de sus correligionarios en el Congreso, y habían anticipado que irían en alianza con el PRD para eliminar el incremento al IVA.
En la discusión en la Torre Azul no había márgenes para nada. Si el PRI se sumaba al PRD, tendrían la mayoría suficiente para tumbar el incremento al IVA. Los senadores panistas dijeron a Madero que no podían enfrentarse a esa alianza, no sólo porque perderían la batalla, sino por el costo político-electoral que tendrían que pagar. El PAN, que históricamente se ha opuesto al IVA, no dijo en ningún momento de sus campañas electorales en 2006 y 2009 que si llegaban al poder aumentarían impuestos. El consenso de los senadores fue que votarían en contra del IVA y regresarían la minuta a la Cámara de Diputados en los mismos términos que lo harían, según lo previsto en ese momento, el PRI y el PRD. Madero pidió que reconsideraran y que apoyaran el aumento al IVA. Respondieron nuevamente que no. Las alarmas sonaron en Los Pinos.
Antes de que terminara el día, les hablaron por teléfono a los senadores responsables del área económica, Fernando Elizondo, Juan Bueno, José Isabel Trejo presidente de la Comisión de Hacienda- y Madero, para invitarlos a un desayuno a la mañana siguiente en Los Pinos. Ante el Presidente realizaron un análisis pormenorizado de las consecuencias políticas que tendría un apoyo aislado a la minuta, pero Calderón insistió: Apoyen, esto es lo que hay. La reunión fue bastante ríspida, según confiaron algunos senadores. Al mediodía, Madero convocó a otra reunión plenaria en la Torre Azul, donde tres subsecretarios de Hacienda, encabezados por el de Ingresos, José Antonio Meade, volvieron a explicarles los beneficios que traería ese incremento en el IVA. La respuesta de los senadores fue: no. Madero estaba rebasado.
La oposición de los panistas crecía, oculta porque las miradas se encontraban puestas en la crisis política del PRI por el mismo tema. El coordinador de la bancada pidió ayuda, y quien llegó a la Torre Azul el lunes por la mañana fue el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, quien buscó persuadirlos y explicarles que era imprescindible su respaldo a la Ley de Ingresos en los términos como la había aprobado el Congreso. A esa reunión sólo fueron 18 de los 51 senadores panistas. Gómez Mont, en su estilo, fue tosco y polarizó. Cuando les repitió que no había de otra, se encontró con la misma pared. “No”, respondieron por tercera ocasión.
Para el martes, el gobierno abrió el ejército de interlocutores de los senadores. Por primera vez desde que se comenzó a discutir la Ley de Ingresos en la Cámara de Diputados, pero después de haber sido aprobada, enviaron a la coordinadora de la bancada panista en el Congreso, Josefina Vázquez Mota, para que les explicara las razones políticas y técnicas por las que ellos habían aprobado el paquete fiscal. Por la tarde, Madero citó a una nueva plenaria en la Torre Azul. La mayoría de los senadores repitieron: “No”. De nuevo corrió a ellos Gómez Mont, acompañado del subsecretario Meade.
Se encerró con los senadores cinco horas, de las cuatro de la tarde a las nueve de la noche. “Por favor”, dijo en tono de exigencia, “apoyen”. Los senadores estaban inamovibles. El argumento era que no podían quedar fuera de una negociación con el PRI o con el PRD en las modificaciones a la Ley de Ingresos. El PRD, que se mantuvo siempre claro en su oposición, llevó la batuta ante la opinión pública, coincidió en sus planteamientos de rechazo al paquete con diferentes grupos políticos y económicos, inclusive antagónicos en otros momentos, y emergía como el único partido consistente. Dividido el PRI, los senadores ya estaban haciendo propuestas diversas para modificar la minuta además del IVA -como la consolidación fiscal y el Impuesto Sobre la Renta- y se comenzaban a subir al respaldo de otras iniciativas, como el exentar impuestos a internet. Ante los ojos públicos, el PAN, callado, se había paralizado. Por dentro, hervía.
Tan pronto llegó el presidente Calderón de su gira a Guatemala, llamó el martes por la noche a Carstens, Gómez Mont, Madero y Vázquez Mota. La instrucción fue que negociaran con el PRI, y que él dedicaría todo el miércoles a hablar con los senadores del PAN para persuadirlos a que respaldaran la minuta aprobada por los diputados. Calderón tuvo que invertir enorme capital político con los senadores de su partido, que le recriminaron que no hubo operación política con ellos. No lo hizo Carstens, pero tampoco Gómez Mont o la jefa de la Oficina de la Presidencia, Patricia Flores. Pero si la falla fue de sus operadores, la omisión política es atribuible a él.
Enfocada la Presidencia y Hacienda en la negociación con el PRI, no hablaron con los diputados y menos aún con los senadores. Nunca se acercaron, por ejemplo, con Santiago Creel, que controla políticamente a cerca de la mitad de los senadores panistas. Los maltrataron y trataron como empleados, provocando la rebelión. La mala operación política del gobierno les provocó un desgaste innecesario y debilitó ante los grupos políticos del PAN, con quienes tuvieron que pactar para sacar el respaldo de los senadores. Pero Calderón no las trae consigo. Tras la plenaria que sostuvieron durante cuatro horas y media el jueves por la mañana daba 38 senadores dijeron que votarían que no al paquete fiscal si el PRI se abstenía, mientras que sólo 13 señalaron que sí lo aprobarían. Las presiones de Calderón siguen, pero ya no se pudo ocultar el conflicto que trae en su granja. Más allá del voto final, en el tablero de la real politik, la derrota es para Calderón.
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