Estrictamente Personal

Rebelión pintada de azul

October 30, 2009

— 12:00 am

Desde hade dos semanas, casi en murmullo, los diputados panistas afirmaban: Agustín Carstens está trabajando para el PRI. Acababan de recibir la Ley de Ingresos y ya había trascendido lo que saldría de las arcas del tesoro federal para los gobernadores del PRI en la Ley de Egresos, que aún no comienza a debatirse. La semana pasada, la idea entre algunos que el secretario de Hacienda estaba traicionando al PAN, se profundizó. Carstens negoció directamente con un grupo de diputados priistas el aumento de uno por ciento al IVA, y como en rebaño, prácticamente la totalidad de diputados panistas votaron a favor. Cuando observaron que el PRI se incendiaba por el rechazo de los senadores al incremento al IVA, los senadores panistas decidieron quemar la pradera. Empezó su rebelión.

El jueves de la semana pasada, al terminar la ceremonia de entrega de la Medalla Belisario Domínguez en el Senado, los legisladores panistas fueron convocados a una reunión plenaria con el coordinador de la bancada, Gustavo Madero, a la Torre Azul, donde se encuentran las oficinas de los senadores del PAN. Iban a discutir el voto a la Ley de Ingresos, cuya minuta acababa de enviar la Cámara de Diputados al Senado para su revisión, y que ya había causado un conflicto público en el PRI, porque los senadores estaban en abierta inconformidad con el voto de sus correligionarios en el Congreso, y habían anticipado que irían en alianza con el PRD para eliminar el incremento al IVA.

En la discusión en la Torre Azul no había márgenes para nada. Si el PRI se sumaba al PRD, tendrían la mayoría suficiente para tumbar el incremento al IVA. Los senadores panistas dijeron a Madero que no podían enfrentarse a esa alianza, no sólo porque perderían la batalla, sino por el costo político-electoral que tendrían que pagar. El PAN, que históricamente se ha opuesto al IVA, no dijo en ningún momento de sus campañas electorales en 2006 y 2009 que si llegaban al poder aumentarían impuestos. El consenso de los senadores fue que votarían en contra del IVA y regresarían la minuta a la Cámara de Diputados en los mismos términos que lo harían, según lo previsto en ese momento, el PRI y el PRD. Madero pidió que reconsideraran y que apoyaran el aumento al IVA. Respondieron nuevamente que no. Las alarmas sonaron en Los Pinos.

Antes de que terminara el día, les hablaron por teléfono a los senadores responsables del área económica, Fernando Elizondo, Juan Bueno, José Isabel Trejo presidente de la Comisión de Hacienda- y Madero, para invitarlos a un desayuno a la mañana siguiente en Los Pinos. Ante el Presidente realizaron un análisis pormenorizado de las consecuencias políticas que tendría un apoyo aislado a la minuta, pero Calderón insistió: Apoyen, esto es lo que hay. La reunión fue bastante ríspida, según confiaron algunos senadores. Al mediodía, Madero convocó a otra reunión plenaria en la Torre Azul, donde tres subsecretarios de Hacienda, encabezados por el de Ingresos, José Antonio Meade, volvieron a explicarles los beneficios que traería ese incremento en el IVA. La respuesta de los senadores fue: no. Madero estaba rebasado.

La oposición de los panistas crecía, oculta porque las miradas se encontraban puestas en la crisis política del PRI por el mismo tema. El coordinador de la bancada pidió ayuda, y quien llegó a la Torre Azul el lunes por la mañana fue el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, quien buscó persuadirlos y explicarles que era imprescindible su respaldo a la Ley de Ingresos en los términos como la había aprobado el Congreso. A esa reunión sólo fueron 18 de los 51 senadores panistas. Gómez Mont, en su estilo, fue tosco y polarizó. Cuando les repitió que no había de otra, se encontró con la misma pared. “No”, respondieron por tercera ocasión.

Para el martes, el gobierno abrió el ejército de interlocutores de los senadores. Por primera vez desde que se comenzó a discutir la Ley de Ingresos en la Cámara de Diputados, pero después de haber sido aprobada, enviaron a la coordinadora de la bancada panista en el Congreso, Josefina Vázquez Mota, para que les explicara las razones políticas y técnicas por las que ellos habían aprobado el paquete fiscal. Por la tarde, Madero citó a una nueva plenaria en la Torre Azul. La mayoría de los senadores repitieron: “No”. De nuevo corrió a ellos Gómez Mont, acompañado del subsecretario Meade.

Se encerró con los senadores cinco horas, de las cuatro de la tarde a las nueve de la noche. “Por favor”, dijo en tono de exigencia, “apoyen”. Los senadores estaban inamovibles. El argumento era que no podían quedar fuera de una negociación con el PRI o con el PRD en las modificaciones a la Ley de Ingresos. El PRD, que se mantuvo siempre claro en su oposición, llevó la batuta ante la opinión pública, coincidió en sus planteamientos de rechazo al paquete con diferentes grupos políticos y económicos, inclusive antagónicos en otros momentos, y emergía como el único partido consistente. Dividido el PRI, los senadores ya estaban haciendo propuestas diversas para modificar la minuta además del IVA -como la consolidación fiscal y el Impuesto Sobre la Renta- y se comenzaban a subir al respaldo de otras iniciativas, como el exentar impuestos a internet. Ante los ojos públicos, el PAN, callado, se había paralizado. Por dentro, hervía.

Tan pronto llegó el presidente Calderón de su gira a Guatemala, llamó el martes por la noche a Carstens, Gómez Mont, Madero y Vázquez Mota. La instrucción fue que negociaran con el PRI, y que él dedicaría todo el miércoles a hablar con los senadores del PAN para persuadirlos a que respaldaran la minuta aprobada por los diputados. Calderón tuvo que invertir enorme capital político con los senadores de su partido, que le recriminaron que no hubo operación política con ellos. No lo hizo Carstens, pero tampoco Gómez Mont o la jefa de la Oficina de la Presidencia, Patricia Flores. Pero si la falla fue de sus operadores, la omisión política es atribuible a él.

Enfocada la Presidencia y Hacienda en la negociación con el PRI, no hablaron con los diputados y menos aún con los senadores. Nunca se acercaron, por ejemplo, con Santiago Creel, que controla políticamente a cerca de la mitad de los senadores panistas. Los maltrataron y trataron como empleados, provocando la rebelión.  La mala operación política del gobierno les provocó un desgaste innecesario y debilitó ante los grupos políticos del PAN, con quienes tuvieron que pactar para sacar el respaldo de los senadores. Pero Calderón no las trae consigo. Tras la plenaria que sostuvieron durante cuatro horas y media el jueves por la mañana daba 38 senadores dijeron que votarían que no al paquete fiscal si el PRI se abstenía, mientras que sólo 13 señalaron que sí lo aprobarían. Las presiones de Calderón siguen, pero ya no se pudo ocultar el conflicto que trae en su granja. Más allá del voto final, en el tablero de la real politik, la derrota es para Calderón.

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El queso en la ratonera

October 28, 2009

— 12:00 am

Cada 15 días, siempre en lunes, un grupo selecto se reúne en la sede del PAN para revisar las líneas estratégicas del gobierno y el partido en el poder, encabezada por el dirigente nacional César Nava. La siguiente sesión en el calendario tocaba la próxima semana, pero como es Día de Muertos, el grupo, que se denomina Comisión Política, sesionó este lunes pasado. Qué mejor día para que las ocho personas que conforman el politburó panista pudieran pasar revisión a los asuntos estratégicos de la semana. Qué mejor oportunidad para que reprobaran a Nava por haber descarrillado -como dice la prensa- el acuerdo legislativo de aumentar  el IVA. Pero no lo descalificaron. Al contrario, la Comisión Política le refrendó el respaldo.

Nava ha sido linchado mediáticamente porque desde que la mayoría del PRI aprobó en el Congreso el incremento al IVA, los acusó de haber aprobado algo muy diferente a los planteado por el Ejecutivo -lo que es cierto-, y de impedir que hubiera recursos para los más pobres -la propuesta presupuestal del gobierno era de un incremento general de impuestos de dos por ciento, etiquetada para los programas contra la pobreza-. Las declaraciones de Nava generaron irritación en el PRI y ayudó a que los senadores priistas, que habían sido excluidos de la negociación de un grupo de líderes del partido con Hacienda sobre el incremento en el IVA, provocaran una crisis interna que ha llevado a una revisión de los impuestos aprobados por los diputados.

La reacción de los priistas fue brutal contra Nava. Todos los dirigentes le lanzaron epítetos. La indignación general se tradujo en especulaciones en los medios sobre supuestos regaños del presidente Felipe Calderón a Nava por haber hecho naufragar el impuesto. En el ruido y la tolvanera que envolvía a Nava, se perdieron de vista las consecuencias políticas inmediatas de sus declaraciones:

1.- Puso a toda la cúpula a pelear. La dirigente nacional, Beatriz Paredes, fue enfrentada por el líder priista en el Senado, Manlio Fabio Beltrones. El senador y ex candidato presidencial, enlace del Senado con el grupo económico que negoció con Hacienda, Francisco Labastida, declaró que el punto del IVA no le fue comunicado. Los medios reflejaron una pugna abierta -más imaginaria que real- entre Beltrones y el gobernador del estado de México, Enrique Peña Nieto. El secretario general del partido, el senador Jesús Murillo Karam, opuesto a Paredes en este tema, empezó a negociar cómo podrían los senadores echar abajo el voto de los diputados priistas, sin que estos se sintieran ofendidos. Los diputados se fueron encima de Beltrones.

2.-  Los sectores en los que se sustenta el PRI, se partieron. El Popular se opuso desde el principio al incremento al IVA. El Campesino entró en una revuelta interna, con un reclamo airado de su líder histórico, Heladio Ramírez, al líder formal, Cruz López, quien está cercano a Paredes. Diputados pertenecientes al Sector Popular con gobernadores priistas, votaron a favor del IVA, pero perdieron sus respaldos políticos en los demás ámbitos. Los gobernadores quedaron enfrentados a los sectores del partido, y salvo el de Oaxaca, Ulises Ruiz, decidieron dar pasos para atrás.

3.- El PRI entró en su peor crisis pública interna desde 1987. Paredes quedó exhibida y señalada como traidora por negociar el incremento al IVA con el Ejecutivo a espaldas de la mayoría, y el coordinador de la bancada en el Congreso, Francisco Rojas, quedó sin interlocución real y minada su credibilidad. Toda la cúpula está preocupada ahora por encontrar una salida donde no haya heridos en el campo de batalla, y no encuentran solución que sea buena para todos. No ven en el Senado cómo salvar del revés a los diputados, y los diputados cómo salvar cara a sus gobernadores.

Todavía el fin de semana había priistas en la cúpula que exigían que se demandara al Presidente que destituyera a Nava. Pero entre los más sofisticados, empezaron a reflexionar si, en realidad, el líder del PAN les había tendido una trampa. No era posible, argumentaron algunos de los líderes y los gobernadores con mayor experiencia, que Nava hubiera actuado sin la anuencia de Calderón. Desde que empezaron a trabajar juntos en el PAN en 1995, Nava siempre ha mostrado una enorme institucionalidad y lealtad a Calderón. La mejor prueba es que después de que salió de Los Pinos casi por la puerta de atrás, rumbo al ostracismo en el PAN, cuando el Presidente lo necesitó como pieza de rescate para dirigir al partido en la salida de Germán Martínez, aceptó el encargo, que no estaba en su horizonte mediato.

Sin saberse aún con claridad si actuó o no por instrucción presidencial, Nava puso un queso en la ratonera y los priistas cayeron. Mientras lo insultaban, en todo el país el PAN repitió el discurso en contra del PRI. El trasfondo es electoral, y Nava pasó todo ese costo a los priistas. El Senado quiere votar el jueves la minuta fiscal, y la decisión de los priistas determinará el rumbo de la Ley de Ingresos. Más allá de lo que resuelvan internamente, resentirá un impacto negativo. Nava jugó como fusible del Presidente y su sacrificio logró el efecto político.

En la reunión de la Comisión Política, la evaluación fue positiva. Estuvieron los de siempre: los secretarios de Desarrollo Social, Ernesto Cordero, Educación, Alonso Lujambio, y Trabajo, Javier Lozano; los gobernadores de Guanajuato, Juan Miguel Oliva, y de Jalisco, Emilio González Márquez; la coordinadora de la bancada en el Congreso, Josefina Vázquez Mota, y el propio Nava. Sólo faltó el senador Santiago Creel, que estaba en Washington. El líder nacional del PAN se colgó una medalla: colocó una bomba de profundidad en el trasatlántico priista y le hizo un boquete. Es muy temprano para saber si será suficiente para hundirlo en las 10 gubernaturas que se ponen en juego durante 2010, pero de que les hizo un enorme hoyo, se los hizo.

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La doble traición

October 26, 2009

— 12:00 am

Fue la profecía auto cumplida. Quienes mejor la conocen en el PRI decían convencidos que Beatriz Paredes jugaría las contras a su partido y apoyaría a su amigo el presidente Felipe Calderón. La confirmación no tardó en llegar. A espaldas de casi todos los priistas, Paredes arregló con la Secretaría de Hacienda que si bien el aumento a impuestos de dos por ciento general no iba a transitar, le darían al gobierno un incremento al IVA de uno por ciento. Políticamente era una aberración para el PRI y un regalo, espléndido, para Calderón. Pero calculó mal. Por primera vez todo le salió mal y tuvo que dar marcha atrás. Le falló a su amigo Calderón y puso en el patíbulo a sus leales en el Congreso. Lo único consistente fue su racional: sacar el mejor provecho para ella y sus aspiraciones presidenciales para 2012.

Calderón ve a Paredes como no ve a ningún priista. Paredes presume ser amiga de él, como también se ufanaba ser amiga de Vicente Fox. Calderón ve a otros aspirantes del PRI a la Presidencia con recelo, como en el caso del senador Manlio Fabio Beltrones, o con enojo, como con el gobernador del estado de México Enrique Peña Nieto. Sin duda se sentiría mejor con Paredes como candidata a la Presidencia, con lo que además, dados sus antecedentes como candidata fuera de Tlaxcala, Calderón podría apostar con altas probabilidades a que el PAN mantuviera la Presidencia o, cuando menos, que su preocupación se centrara sólo en el PRD.

Paredes había hecho el trabajo sucio a Calderón. Hay que verlo no desde el ángulo financiero, donde el incremento del IVA generaría 27 mil millones de pesos, contra los 72 mil millones que resultarían del frustrado impuesto del dos por ciento, donde recaudaría menos -el argumento de los fieles a Paredes para justificar presiones, extorsiones y amenazas de la dirigente del partido a diputados para que votaran a favor -, sino desde el político. El Presidente no se atrevió a proponer un incremento al IVA porque, argumentaba en privado, la palabra tenía una connotación ideológica. Lo disfrazó para aumentar impuestos, pero su amiga se encargó de quitarle la máscara y romper el tabú ideológico.

Dentro del PAN hubo sorpresa por lo que hizo el PRI. Siempre se opusieron a aumentos al IVA, aunque ahora se sumaron para respaldar el presupuesto gubernamental. No obstante, para transferirle todo el costo político al PRI, el dirigente nacional del PAN, César Nava, identificó la propuesta como autoría plena de los priistas. Al quedar exhibidos, el PRI sufrió la implosión que se venía construyendo, con la oposición de los senadores al aumento de impuestos y su molestia de que Paredes y sus cercanos ignoraran sus observaciones. Pero las palabras de Nava y el rechazo general a dictamen, acompañado de la paliza mediática a los diputados priistas, inyectaron no sólo dudas entre los legisladores, sino que abrió la fractura.

Los líderes empresariales buscaron a los líderes del PRI. Hablaron con Paredes, Rojas y miembros del grupo económico en el Congreso, y también con el senador Manlio Fabio Beltrones, que desde el principio se opuso abiertamente al incremento de impuestos, y expresado con el voto en contra de los representantes del Sector Popular del PRI –que encabeza Marco Antonio Bernal, uno de los estrategas de Beltrones-, en la Cámara de Diputados. Los gobernadores dejaron de ver los atributos que les había ofrecido Paredes: del total recaudado, les tocaría nueve mil millones de pesos a repartirse entre 32 mandatarios, y para los siete que enfrentan elecciones en julio, no hubo garantía de que se les entregaran durante el primer semestre. Las reacciones públicas contra el IVA disiparon la cortina de humo que tendieron Paredes y los suyos para aprobar el impuesto.

Las tensiones llegaron al borde de la ruptura. Varios diputados se acercaron con el equipo de Beltrones a retomar los apoyos previos que tenían acordados, para descubrir que ya no los habría. Los senadores hablaron con los gobernadores, en particular con los que estarán en procesos electorales, les documentaron el impacto negativo que tendrían, y les explicaron cómo el paquete de ingresos no ayudaría al empleo ni al crecimiento. Varios se asustaron. Así como los gobernadores enviaron a sus diputados a votar por el IVA el martes por la noche, el viernes por la mañana les dijeron que iba para atrás.

Francisco Rojas, el jefe de la bancada que operó con Paredes el incremento al IVA, les habló a los coordinadores estatales para pedirles que no lo dejaran solo y que se mantuvieran en lo votado. “No me hables a mí –le dijo uno de ellos-, háblale a mi gobernador”. Baltazar Hinojosa, el diputado tamaulipeco muy cercano a Rojas, comenzó una revuelta contra Beltrones en el Congreso, acusándolo de estar exhibiendo a los diputados priistas, lo cual sólo enrareció las cosas en el PRI. Los comentarios negativos de Hinojosa a Beltrones llegaron rápidamente al senador, quien rechazó las exigencias de Rojas de que no modificaran el dictamen.

El jueves por la noche, dejando a Rojas a su suerte, Paredes comenzó a consultar con los líderes del partido. El secretario general del PRI, el también senador Jesús Murillo Karam, verbalizó la forma como buscarían reducir el impacto de la rectificación de los diputados. Digamos que “hicieron lo mejor posible”, propuso. A media mañana del viernes, la voz había corrido entre los diputados. Rechazarían la minuta en el Senado y la regresarían al Congreso. Una vez ahí, votarían contra el IVA. Pero los diputados no están contentos con la forma como procesó la cúpula el IVA. Los gobernadores sacaron las manos del fuego y este domingo dijeron que el dilema lo tendrían que resolver los legisladores. Paredes, quien les dio la gloria –Rojas dijo que habían salvado al país-, se las quitó. Pero ante el reclamo de los diputados, este domingo también hizo mutis. Como siempre, juega a la traición y busca salir de las batallas sin heridas. Esta vez, sin embargo, no será así.

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La traición de los cuatro

October 23, 2009

— 12:00 am

El PRI se está incendiando y los saben sus líderes. El apoyo para que se aumentara en uno por ciento el IVA resultó un búmeran. Los empresarios están presionándolos y amenazándolos –no más dinero a sus campañas políticas- desde las primeras horas del miércoles. El PAN, con quien se sumaron para aprobar ese impuesto, ya los denunció: los priistas bloquearon los apoyos a los programas contra los pobres. El PRD los acusó de urdir impuestos sin tomar en cuenta ninguna de sus propuestas alternativas. Pero lo más grave, para las expectativas del partido en 2012, es la profunda división que causó ese voto, dibujada desde el lunes, cuando la bancada del PRI aprobó respaldarlo con 124 votos a favor, pese a que 40 estuvieron en contra y 70 legisladores decidieron mejor no ir a una sesión que pelearse en ella.

La división en el PRI se extendió al pleno del Congreso cuando se votó el IVA. Treinta y cinco diputados del PRI, casi el 15 por ciento de la bancada –todos del sector popular- y los representantes de Coahuila, se sumaron al rechazo al incremento. No se trasladó el mismo repudio registrado durante la plenaria del PRI del lunes, porque los líderes del partido en el Congreso estuvieron amenazando a los legisladores. Los priistas que más resintieron la presión fueron los de Guerrero y Morelos, donde no hay gobernador de su partido que pudiera apoyarlos, que alcanzó niveles, de acuerdo con parlamentarios, de que la propia dirigente nacional, Beatriz Paredes, dijera a más de uno, personalmente: “Si no apoyas, será el fin de tu carrera política”.

Paredes está en el centro del conflicto dentro del PRI, pero no es la única a la que están responsabilizando en el partido de haber dado un giro radical de lo anunciado por los legisladores, que no aprobarían un impuesto al consumo, y entrado en una contradicción con sus electores. De acuerdo con los priistas, son cuatro legisladores quienes traicionaron al partido para hacerle un servicio político al presidente Felipe Calderón. Paredes, el coordinador de la bancada, Francisco Rojas, el vicecoordinador y ex funcionario del gobierno federal, Óscar Levín, y el lugarteniente de la dirigente del partido, Sebastián Lerdo de Tejada, y quienes acordaron directamente con el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, el nuevo impuesto.

Los cuatro, acusan dentro del partido, lo vendieron públicamente como una propuesta del grupo económico del PRI, pero resultó una mentira.  La “propuesta” del PRI la elaboró el subsecretario de Ingresos José Antonio Meade, y la minuta que se les entregó es lo que presentaron como su iniciativa de Ley de Ingresos. Rojas la presentó inclusive con la firma de Meade, no con la del Presidente, como correspondería. El grupo económico fue desplazado. Luis Videgaray, presidente de la Comisión de Presupuesto, y hombre del gobernador Enrique Peña Nieto, fue dejado al margen de todo. Alberto Cano Vélez, ligado hace años con el senador Manlio Fabio Beltrones, también. El senador Francisco Labastida, el enlace con ese grupo económico, comió con ellos el domingo, pero se enteró de la propuesta de un IVA aumentado a 16 por ciento en los medios de comunicación esa noche. “Beatriz Paredes le hizo el trabajo sucio al Presidente”, dijo uno de los dirigentes del PRI.

A diferencia de lo que se ha manejado públicamente en los últimos días, los gobernadores no fueron protagonistas directos en esa negociación. Fue Paredes quien les informó del acuerdo con Hacienda: ese uno por ciento sería repartido en participaciones federales el próximo año. En total, Hacienda les dijo que se recaudarían 30 mil millones de pesos, de los cuales, 10 mil se entregarían a los gobernadores. El gobernador Peña Nieto se opuso hasta el final, pero terminó aceptando los términos. El gobernador de Coahuila, Humberto Moreira, rechazó la oferta, y toda la bancada del estado votó en contra. El gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, no tuvo remedio: aceptó sin chistar por la presión que trae por violación a los derechos humanos durante el conflicto magisterial.

El sector obrero, totalmente controlado, no fue problema. Al sector campesino le ofreció directamente Levín, de parte de Hacienda, 60 mil millones de pesos. El líder aceptó la oferta, lo que generó un conflicto adicional con Heladio Ramírez, uno de los dirigentes históricos del sector. Un número aún no cuantificado de diputados siente que los engañaron sus dirigentes, pero su voto es irreversible. Rojas, preocupado por el destino que seguiría el paquete presupuestal en el Senado, a donde entró este jueves para revisión y votación el la próxima semana, le habló a Beltrones. “Tienes que aprobar lo que te mandamos”, le pidió, de acuerdo con personas que conocieron la conversación. “¿Por qué?”, respondió. “Son los acuerdos que tenemos”, dijo Rojas. “¿Con quién hicieron acuerdos?”, reviró Beltrones, “con nosotros no”. Rojas se encendió. Y Labastida anticipó: “El paquete no será aprobado como viene; le haremos modificaciones”.

En medio de esta crisis intramuros, Paredes también envió un mensaje a los otros líderes del partido: “No vayan a dividir al PRI”. La respuesta ha sido: “Quien dividió al PRI fuiste tú”. Rojas ha tratado de explicar y justificar lo que hicieron. “Fue para salvar a México”. La respuesta ha sido terminante. “¿Quieres salvar a México destruyendo a México?”, espetó uno de los dirigentes del partido enfrentado con él. Miembros del grupo económico que trabajaron el paquete, sostienen que no se ha alcanzado a ver la magnitud de lo que hicieron al evitar que la Ley de Ingresos se aprobara en los términos que quería el Presidente. Pero la molestia es creciente. “No es cierto”, refutó uno de los dirigentes priistas. “Beatriz hizo el trabajo sucio a Calderón.

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Locuras en el circo

October 21, 2009

— 12:00 am

En política, las pasiones mal encauzadas llevan al desastre. Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador son, en este contexto, una anomalía: tomaron como personal un asunto de negocios, importante sí, grande también, pero finalmente la lucha por la Presidencia no era un tema personal. Calderón y los suyos, pese a minimizar el potencial político de López Obrador, lo tienen como el fantasma que los sigue todo el tiempo y no los deja vivir en paz. López Obrador, que habla de Calderón como si fuera un traidor y un inútil, no puede superar la frustración de haberse quedado en el camino a Los Pinos. Si hubo fraude como dice, o no, para efectos prácticos es una discusión rebasada. Calderón es Presidente constitucional y él no. Pero en la permanente lucha entre los dos, el PRI, el enemigo histórico de ambos, camina a tambor batiente hacia la Presidencia en 2012.

Calderón está obsesionado con los priistas y los perredistas, pero sólo ha actuado contra la izquierda. Previo a la elección de julio pasado, se planearon operativos contra narcopolíticos en cuatro estados gobernados por el PRI y uno por el PRD. Contra el único que se fueron fue contra el perredista Leonel Godoy, gobernador Michoacán, la tierra de Calderón y del ex líder nacional del PAN, Germán Martínez. Calderón tiene un pacto político-electoral con Elba Esther Gordillo, líder del magisterio, el cual pese a las presiones de su entorno, no ha cancelado pese a la mala calidad educativa.

Le regaló al sindicato petrolero un director de Pemex a la medida, Juan José Suárez Coppel, el arquitecto financiero que impidió que en el sexenio pasado Carlos Romero Deschamps y otros líderes petroleros fueran a la cárcel, derivado del caso del Pemexgate. Pero contra quien sí se fue Calderón fue contra el Sindicato Mexicano de Electricistas, ligado históricamente a la izquierda, y una de las fuentes de financiamiento de López Obrador. Más allá de las razones financieras para liquidar la empresa Luz y Fuerza, el único monopolio sindical afectado es el aliado del PRD. Para consolidar su acción y darle viabilidad, Calderón recurrió al PRI por su apoyo. Los priistas, le hicieron el favor.

López Obrador está obsesionado con Calderón desde su derrota electoral. Al no reconocer la derrota -nunca tuvo un Plan B pues siempre pensó que ganaría-, pidió un recuento de voto por voto. En secreto, Calderón envió a Florencio Salazar a negociarlo y habló con los asesores del tabasqueño, Manuel Camacho y Ricardo Monreal. Calderón acepta el voto por voto, dijo Salazar, pero, preguntó, si se ratifica la victoria de Calderón –argumentó incluso que podría ampliarse la diferencia-, ¿aceptaría López Obrador la derrota? Salazar no volvió a escuchar de ellos. López Obrador no se comprometió a aceptarla. Y desde entonces, su objetivo ha sido derrocarlo.

Necesita fuerza, poder y dinero. Para lograrlo buscó una caja chica llamada Iztapalapa, y como el PRD no se la regaló, se la quitó mediante el PT. La confusión que generó con su apoyo al PT y su alejamiento del PRD generó descontrol entre la base, lo que le causó derrotas electorales importantes en sus bastiones del Distrito Federal y la zona metropolitana, desapareció en varios estados y en 10 de ellos fue relegado por el Partido Verde a cuarta fuerza. En las elecciones del domingo pasado, se esfumó de Coahuila, y en Tabasco sufrió severas pérdidas, aunque hubo un avance histórico del PT. En todos los casos, el PRI fue el gran ganador.

En la locura que vive el circo de la política mexicana, el PAN y el PRD, Calderón y López Obrador como sus exponentes más visibles, olvidan que el enemigo no son ellos, sino el PRI. Es un enemigo común al cual tratan hoy como su aliado. El gobierno lo busca para forma mayoría; el PRD para fortalecer sus posiciones. En los dos casos lo han potenciado. En la anterior legislatura, el PRI era la tercera minoría, pero con apenas un 20% de los diputados, se manejaba como si fuera mayoría. En el Senado, donde el PRI tiene apenas una tercera parte de la cámara –el PAN más de la mitad y el PRD seis senadores menos-, su coordinador Manlio Fabio Beltrones es la fuerza suprema. El Presidente lo consulta; el secretario de Gobernación busca su aprobación; el PRD lo procura para trazar líneas de acción comunes.

La lucha enconada entre PAN y PRD, o entre el PAN y el PT, o entre el PT y el PRD, no incluye en la ecuación en ningún momento al PRI. Todos aquellos partidos que eran oposición hasta 2000, habían trabajado para romper le hegemonía del PRI en la Presidencia. El debilitamiento del PRI tuvo la contribución inequívoca la lucha política común que realizaron durante años. La victoria de Vicente Fox no hubiera sido posible de no haber luchado codo con codo, literalmente hablando, Cuauhtémoc Cárdenas, Manuel Clouthier y Rosario Ibarra en 1988, para protestar contra la victoria de Carlos Salinas, cuya Presidencia quedó manchada por la sospecha de fraude y de no haber existido el “voto útil”, que desplazó millones de votos de la izquierda hacia Fox con el único propósito de sacar al PRI de Los Pinos.

Hoy tienen olvidado al enemigo. El estómago les nubló la memoria y les impide actuar con perspectiva futura. Están confundidos. El PAN quiere mantener el poder y el PRD llegar a la Presidencia. Pero su estrategia actual está equivocada. Están trabajando para el PRI y por el PRI, allanándole el camino a la Presidencia. Lo increíble es que la gran mayoría de ellos, aún no se dan cuenta.

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Ajustan las cuentas

October 19, 2009

— 12:00 am

Durante todo el fin de semana se registró una intensa actividad parlamentaria, entre muros. Los grupos económicos de los partidos se acuartelaron para afinar las propuestas que sábado y domingo se fueron intercambiando. La idea es presentar la contrapropuesta presupuestal para el lunes por la noche, o a más tardar el martes, que estará llena de sorpresas. No se limita a presentar opciones alternas al plan gubernamental, sino que algunas serán controvertidas, polémicas y generarán enfrentamientos con el gobierno y los grandes capitales.

Una alianza táctica entre PRI y PRD está cocinando nuevos impuestos que no estaban considerados en el paquete presupuestal del gobierno. El más provocador busca gravar las ganancias de la bolsa, una vieja idea que ha sido cuestionada por el gobierno y los inversionistas por ser desalentar, dicen, las inversiones. Los diputados, que piensan que eso sólo será en el inicio, quieren imponer un tasa de hasta 17% a las inversiones en bolsa, lo que contribuiría significativamente a los ingresos del gobierno, sin recargar la recaudación en los que menos tienen.

Hasta ahora, los negociadores del PAN no han mostrado oposición a ese planteamiento, como tampoco a una de las propuestas más revolucionarias que presentaron los diputados de oposición, que es la consolidación fiscal. De acuerdo con un documento de trabajo del PRI, si se diera la consolidación fiscal este año, se recaudarían 400 mil millones de pesos del sector privado. La consolidación al 100 por ciento fue descartada por los diputados, quienes aún deben definir los montos porcentuales con lo cual arrancar ese proceso en las finanzas mexicanas, a concluirse en cinco años. “Lo que estamos viendo son los plazos”, dijo uno de los diputados directamente involucrados en la negociación. “Estamos claros que el primer año será de 50 por ciento del total, y estamos viendo cómo repartimos los cuatro restantes”.

Con lo que sí están confrontados los negociadores panistas es con la propuesta del PRD para eliminar las delegaciones federales, que según sus cálculos cuestan más que los siete mil millones de pesos que sumaría la desaparición de las secretarías de la Función Pública, Reforma Agraria y Turismo juntas. El problema que enfrenta la oposición es que el tema de las delegaciones financieros, para el gobierno de Felipe Calderón, no es financiero sino político. El control de Calderón en el Consejo Político Nacional del PAN, que es lo que le permitió imponer a César Nava como sustituto de Germán Martínez, se encuentra en los delegados federales. El 70 por ciento del voto en el máximo órgano de decisión del partido lo detentan los delegados federales, por lo que cederlos como quiere el PRD, o algunos gobernadores del PRI, como Fidel Herrera, sería como ceder poder a corrientes rivales dentro del PAN.

Los negociadores panistas siguen insistiendo en el dos por ciento general al consumo, pero para la mayoría de los legisladores de oposición, el corazón del presupuesto para 2010, donde el presidente Calderón libró una batalla ideológica para imponer un IVA sin llamarlo IVA, está muerto. “Los panistas lo defienden ya más por dignidad que por otra cosa”, comentó uno de los líderes de la oposición. Al mismo tiempo, están llegando a otro tipo de acuerdos. Entre estos, se rechazará el cuatro por ciento propuesto para telecomunicaciones, pero se concederá un incremento entre dos y tres por ciento. Castigarán impositivamente licores y tabaco, pero el incremento al precio de la cerveza será mínimo. Y como otra de impositiva que podrían aparecer en la contrapropuesta legislativa, si las negociaciones siguen como hasta ahora, es un impuesto a las herencias, que ha sido rechazado en el pasado.

Los equipos económicos de los partidos trabajaron a detalle el plan presentado por el gobierno y le han venido haciendo ajustes. Por ejemplo, el precio del barril de petróleo, que estimó la Secretaría de Hacienda para fines presupuestales en 53 dólares, quedará en 59 dólares (que es lo que quiere el PRI) o 56 (que es la propuesta del PRD). Los estudios sobre el mercado petrolero ubican el precio por barril para el próximo año por encima de los 60 dólares, aunque en el mercado de futuros de Chicago, los inventarios para verano se encuentran en 70 dólares. Al mismo tiempo, están obligando al gobierno a moverse de la política monetaria rígida que ha caracterizado a los tres últimos gobiernos, y plantearán que opere con un déficit fiscal de 1.3 por ciento, contra la línea dogmática de cero déficit fiscal que prácticamente nadie respeta en el mundo, y menos aún en estos tiempos de crisis.

El gobierno de Calderón no va a sacar el presupuesto en los términos como lo planteó y litigó a través de los medios de comunicación. La queja de la oposición es que no estaba haciendo realmente un esfuerzo en la reducción de su gasto, criticando que la eliminación de las tres secretarías era más simbólica que real, y que en el caso de Turismo podría ser inclusive contraproducente. Los priistas están empujando muy fuerte para que no desaparezca esa Secretaría, pero están totalmente de acuerdo con el PRD para exigir recortes al gasto corriente del gobierno por alrededor de 130 mil millones de pesos. Los equipos negociadores aún no se habían puesto de acuerdo en los rubros donde se pedirán esos recortes, pero fuentes parlamentarias adelantaron que la petición del corte iría seguramente acompañada de las áreas donde se consideran deben hacerse esos ahorros.

Esta semana el gobierno recibirá la buena noticia de tener ya frente a sí la contrapropuesta presupuestal, pero la mala de que está lejos de ser lo que esperaba. Está muy reformada y enfocada en aspectos que no había considerado. Empezará ahora otra fase, la del pataleo gubernamental. La oposición está lista para ello. Pero sobretodo, para rechazarles modificaciones a las modificaciones.

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La guerra ya se perdió

October 14, 2009

— 12:00 am

Las guerras políticas se ganan en la opinión pública. El Sindicato Mexicano de Electricistas la perdió con el gobierno federal aún antes de entrar el campo de batalla. No tuvo una estrategia, no tuvo capacidad de respuesta, no tuvo en su líder Martín Esparza un gladiador mediático que pudiera enfrentar a los leones con el que lo dejaron solo en el coliseo de la esfera pública. Esparza es culpable por ceguera. El gobierno federal le jugó con libreto una guerra de propaganda, que fue quirúrgica,  rápida y altamente eficaz. En siete días lo aniquilaron, y la sociedad encuestada sobre la toma de la Compañía de Luz y Fuerza y su ocupación policial, se congratuló con las cruces sembradas en el camino.

Sistemáticamente, Esparza equivocó su estrategia. Jugó a la política en un tablero que huele a naftalina. Sus categorías de análisis son obsoletas, por lo que no entendió el primer disparo que le hizo el gobierno, que mostró que los términos de la guerra que estaba por enfrentar, se habían corrido de escenario. Fue políticamente torpe al ser arrastrado por el camino a la trampa a través de filtraciones cargadas de veneno que en una semana le puso a la opinión pública en contra y quedó etiquetado como un líder corrupto, indigno de cualquier arreglo futuro. Si eso es verdad o es mentira qué más da. Es absolutamente irrelevante para quien entiende que en política, la percepción es más poderosa que la realidad.

La guerra de propaganda comenzó el lunes. Ese día por la tarde se iba a anunciar que la Secretaría de Trabajo daría su veredicto sobre la toma de nota de Esparza como secretario general del SME. A las 17 horas en punto, tiempo suficiente para que circulara masivamente la filtración a la prensa esa mañana de la documentación de las elecciones en el sindicato donde Esparza ganó por 352 votos, pero 40% de ellos irregulares. La información plantada fue un manjar para los medios electrónicos. Esparza reaccionó con desatino, afirmando una y otra vez que no había habido fraude en la elección, que se había votado conforme al padrón y que tenía las actas firmadas por los escrutadores. Entre sus dichos y los documentos, cuando le negaron la toma de nota al acabar el día, el mensaje estaba bien transmitido: ganó, pero con trampas.

Cuando el secretario de Trabajo, Javier Lozano, declaró que la negativa tenía que ver con las irregularidades en la presentación de la documentación, pocos lo dudaron y Esparza volvió a morder el anzuelo. No se dio cuenta que lo desviaron del argumento central y lo masacraron. Cuando Esparza reaccionó, empujado por los expertos que señalaron la probabilidad de que Lozano hubiera incurrido en una violación a la ley al haberse adjudicado las tareas y obligaciones de la Junta de Conciliación, ya era demasiado tarde. Esparza siguió cometiendo errores.

El gobierno estaba reclutando soldados para su ejército propagandístico, y el dirigente sindical, en la frivolidad que sólo puede incurrir quien no se da cuenta del terreno en el que está plantado, inauguró un gimnasio para los sindicalistas con acabados, decía la prensa, de lujo. ¿Quién notificó a los medios de ese acto? No está claro, pero el miércoles aparecieron las fotografías de él en el gimnasio en las primeras planas de todos los periódicos, desatando, en la dialéctica prensa-radio-televisión-prensa de la opinión pública mexicana, nuevos motivos de flagelación. Dentro de esa secuela apareció una filtración adicional, el rancho de Esparza en Hidalgo, con sus fotos vestido de charro, motivo de sorna y doble juego de palabras de líder sindical charro.

Era el momento de denunciar la campaña mediática del gobierno y la propaganda que estaba siendo diseminada en los medios en paquetes informativos, ejemplificar las prácticas propagandísticas presidenciales con aquellas fotografías de supuestos perredistas armados con cuernos de chivo en Tejupilco, con lo que se empezó a construir la imagen de violento a ese partido, o como cuando se inventó a el chupacabras para generar una angustia y una curiosidad a los mexicanos, anímicamente apagados por la crisis económica de 1995. Esparza volvió a recurrir al inventario antiguo de reacción. La propaganda es un arma de todo poder, y en una sociedad mediática, más efectiva aún. Pero Esparza abrevó una vez más del pasado.
Organizó una marcha hacia Los Pinos, interrumpiendo por varias horas el tráfico por el Paseo de la Reforma, pese a que había declarado reiteradamente que si le negaban la toma de nota, ejercitaría su derecho constitucional a manifestarse sin afectar a terceros. Se lo recordaron. Entregó una carta al Presidente y escaló el discurso con un ultimátum al gobierno: si no cumplía con el desembolso de recursos que necesitaban para operar Luz y Fuerza, se las verían con el SME en cuatro días. Bravuconadas que antes asustaban, ahora quedaron como reflejo patético de un líder que no supo  descifrar los nuevos códigos de la guerra política.

Esta semana reincidió. Calificó al presidente Felipe Calderón de autoritario y fascista, en la liquidación de Luz y Fuerza. Mal. La aprobación ciudadana a la acción del gobierno superó el 70%. Calderón tenía el consenso; Esparza lo había perdido. El gobierno, sin entrar al debate, bombardeó a la población con la manipulación de símbolos (el paternalismo y los discursos) y con la sicología individual (el bono extraordinario por encima de la liquidación y la esperanza de recontratación). A través de esta línea de propaganda estableció una comunicación política que Esparza no supo enfrentar. Perdió la guerra que se pelea hoy en la esfera pública, con difusión masiva de mensajes que despertaron la imaginación y convirtieron en realidad lo que el gobierno quería que la sociedad asumiera como cierto, fueran verdades, medias verdades o mentiras. El trabajo, con la ayuda de Esparza, fue impecable.

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¿Quién sigue?

October 12, 2009

— 1:00 am

Un ex Presidente de México comentó, cuando comenzó a circular la información que el gobierno se preparaba para liquidar la Compañía de Luz y Fuerza, que en su cuarto año, con el desgaste natural que eso conlleva, con tantos frentes abiertos –guerra contra el narcotráfico, guerra contra el presupuesto, guerra (perdida) contra la pobreza-, sería una equivocación intervenir al organismo descentralizado y acabar con el Sindicato Mexicano de Electricistas que, a su juicio, era el más combativo en el país. “Se debió haber hecho al iniciar el gobierno”, decía, entendiendo también que eso hubiera sido imposible porque Felipe Calderón arrancó su mandato con un país dividido y una tercera parte del electorado enardecido en su contra. El ex Presidente evocaba el manual de operación convencional para una acción de tal envergadura.

Calderón lo hizo al revés. Con una ruta totalmente opuesta a la que siguió Carlos Salinas –la analogía natural-, cuando a los 41 días de haber asumido la Presidencia tras unas elecciones manchadas por sospechas de fraude descabezó al sindicato petrolero, en una acción sorprendente y sorpresiva. Calderón telegrafió lo que iba a hacer en su discurso del 2 de septiembre en el que afirmó que desmantelaría monopolios. Al que colocó en la picota fue al SME, al que desde antes que anunciara su propósito de segundo periodo de mandato, ya había designado como la primera víctima, como subproducto de la liquidación del organismo descentralizado. Lo adelantó de manera discreta la secretaria de Energía, Georgina Kessel, cuando hablaba insistentemente sobre el tema con líderes de opinión, y en una petición directa a la Secretaría de Hacienda el 28 de septiembre para liquidar la empresa.

El final del SME abre las interrogantes sobre cuál es el sindicato que le sigue. Las apuestas espontáneas apuntan al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), cuya líder es Elba Esther Gordillo, y el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), que encabeza Carlos Romero Deschamps. En los preparativos para la requisa de las instalaciones de Luz y Fuerza, previo a la liquidación de la empresa, el SNTE mantuvo un perfil muy bajo. Los petroleros actuaron de otra forma. La disidencia sindical se movilizó a favor del SME, y fue sujeta a una vigilancia especial de la Policía Federal, lo que le dio armas de negociación a Romero Deschamps, para su próxima negociación contractual con Pemex.

Romero Deschamps, por todas las señales que emite el gobierno, no sólo puede estar tranquilo, sino que inclusive puede capitalizar su respaldo a la liquidación de Luz y Fuerza –con la inacción y el silencio basta-, para negociar un punto que trae en el portafolio desde hace tiempo: las pensiones para los petroleros. En su caso, el desmantelamiento del SME lo beneficia coyunturalmente. Pero en el SNTE, la historia es distinta. Desde hace tiempo hay una fuerte corriente de opinión en el gobierno en contra de la alianza electoral que forjó Calderón con Gordillo. Las personas que trabajaron los detalles de la alianza previamente a las elecciones de julio de 2006 fueron Juan Camilo Mouriño, Fernando González y Miguel Ángel Jiménez. González, yerno de la maestra, fue premiado con la subsecretaría de Educación. Mouriño murió hace casi un año y Jiménez fue defenestrado como director de la Lotería Nacional y perseguido judicialmente. Es decir, la correlación de fuerzas dentro del equipo cercano a Calderón que apoyó la alianza y los compromisos con Gordillo, se modificó.

Quien siempre pensó que la alianza con Gordillo era demasiado cara, es Margarita Zavala, esposa del Presidente, pero con una trayectoria propia, voz e influencia dentro del PAN. Con la llegada de Fernando Gómez Mont a la Secretaría de Gobernación en remplazo de Mouriño, Zavala y toda esa corriente más ideológica que pragmática en el PAN, sumaron un aliado. Gómez Mont no ha dejado de insistir: Gordillo le resulta demasiada cara a Calderón y al PAN. En otro momento, estas posiciones políticas no hubieran sido nada más allá de la presión y tensión que se puede vivir en la Presidencia. Sin embargo, en las últimas semanas ha habido un cambio de coordenadas dentro de Los Pinos, precisamente en paralelo a las discusiones sostenidas sobre el futuro de Luz y Fuerza y el SME.

Informaciones que han salido de Los Pinos mismos, muestran que el ánimo en contra de la maestra Gordillo se está encendiendo de manera creciente. Asesores del Presidente que siempre acuden a las reuniones de discusión y planeación estratégica están pidiendo que se ajusten cuentas con el SNTE y con Gordillo, argumentando el incumplimiento de los compromisos políticos. La maestra ya escuchó sobre el tono y la orientación de los reclamos, y hace menos de dos semanas comentó con varios gobernadores que son cercanos a ella que las críticas que se le están haciendo en Los Pinos no tienen justificación, pues sí cumplió con los acuerdos políticos, no sólo los electorales pactados, sino los políticos, manteniendo al magisterio bajo control en estos tiempos de crisis.

Pero a diferencia de hace algunos meses, la maestra Gordillo no tiene las estrellas de Los Pinos alineadas detrás de ella, sino que se observa una descomposición política en su relación institucional con el Gobierno. Qué va a hacer el presidente Calderón con esa relación, no se sabe en este momento. Pero el consenso que se está formando en Los Pinos es adverso. La imagen pública del SNTE, objetiva o subjetivamente, es peor que la del SME, y la campaña mediática en contra de Gordillo en medios afines al panismo ha sido permanente. Gordillo ya está estableciendo alianzas por fuera del gobierno y sumando figuras políticas de otros partidos. Está viendo seguramente lo que viene. La pregunta es ¿realmente vendrá? Si hay una lógica en la acción política del gobierno, tendrá que darse el ajuste de cuentas con Gordillo, siempre y cuando el conflicto político con el SME, que apenas empiece, les salga como lo esperaban, bien y sin turbulencias, lo que falta por ver.

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Cortos circuitos

October 10, 2009

— 12:00 am

Dos son las preocupaciones que trae la clase política en estos momentos que escala el conflicto entre el gobierno federal y el Sindicato Mexicano de Electricistas. La primera es si así como el gobierno preparó la entrada a Luz y Fuerza del Centro para tomar las instalaciones y liquidar la empresa, preparó su salida. La segunda, quizás la principal, es el temor a que se asuste el gobierno ante la protesta social y política, puesto que los antecedentes son que a la autoridad panista no le gusta la gente en la calle y suele reaccionar de manera bastante torpe. En este caso, una mala reacción deviene violencia. Altos funcionarios federales aseguran que todo está perfectamente planeado. Sin embargo, la impresión en algunos círculos, particularmente en el PRI, es que no es así y que desde el punto de vista político, los ven más bien improvisados.

Uno de los elementos que se tienen para esta primera valoración partió de la falta de cabildeo gubernamental con la oposición para conocer su punto de vista sobre la acción, y el hecho que la llevaran a cabo sin haber concretado la coordinación con los mandatarios en cuyas entidades operaba Luz y Fuerza: Distrito Federal, estado de México, Hidalgo, Morelos y Puebla. Un ex director de la Comisión Federal de Electricidad, quien desarrolló cinco planes –en diferentes momentos- para liquidar a Luz y Fuerza, comentó que siempre se consideró el respaldo de esos cinco gobernantes para que junto con la autoridad federal, montaran un dispositivo de vigilancia que redujera las posibilidades de sabotajes. En este caso, los gobernantes se enteraron casi en el momento en que se daba la toma de las instalaciones. Al Distrito Federal, por ejemplo, le notificaron 45 minutos antes de que se iniciara la operación policial.

Otro de los elementos en que dudan de la meticulosidad de la operación política está relacionada a la manera como el presidente Felipe Calderón tuvo que afirmar públicamente el lunes que no habría una cacería de brujas en contra del sindicalismo, y que tampoco se daría una secuela en contra de otro sindicato. La declaración de Calderón fue interpretada como un rasgo de debilidad, porque al decir que no irían tras ningún otro sindicato, lo que produjo fue un blindaje hacia ellos. Si tenía intención el gobierno de apretar al SNTE –que tiene un mal ambiente en Los Pinos y la Secretaría de Gobernación- o alguno de los sindicatos independientes, tendrá que ser dejado para mejor ocasión, quizás ya no no en este sexenio.

Uno más es que en medio de la crisis política con el SME y en vísperas de la manifestación del jueves, Calderón tuvo que pedir ayuda a los gobernadores del PRI. El Presidente invitó a Los Pinos a los gobernadores de Coahuila, Chihuahua, Durango, Nuevo León y Tamaulipas, una vez consumada la acción. Entre lo paradójico de esa reunión es que previo a las elecciones del 5 de julio prepararon operativos contra narcopolíticos en todas esas entidades, que finalmente no se realizaron. Salvo el caso de Nuevo León, donde el gobernador acaba de tomar posesión, los otros cuatro son los mismos contra los que se pidió a la PGR emprender una acción judicial. Todos ellos, además del resto de los gobernadores del PRI, también han sido castigados con recursos federales por su negativa a aprobar el impuesto del 2%. Ahora, Calderón tuvo que dejar todo de lado y pedirles respaldo.

Esa reunión, precisamente, aporta el cuarto elemento que ha permeado sobre la duda de la planeación política que pudo haber hecho el gobierno. De acuerdo con varios participantes en el encuentro, fue desconcertante. La justificación que les dio el Presidente para la liquidación de Luz y Fuerza, no les pareció lo suficientemente sólido. Para ellos, el problema no debía centrarse en el sindicato, sino en las malas administraciones de las empresas, como sucede también en Pemex. Tampoco les convencieron los argumentos legales, expuestos por el secretario de Trabajo, Javier Lozano. En la parte técnica, observaron con extrañeza que quien explicó fue el director de la CFE, Alfredo Elías, pues la secretaria de Energía, Georgina Kessel –que llegó tarde y se disculpó por el tráfico-, nunca abrió la boca.

El presidente Calderón quiso aprovechar el momento para hacer un alegato sobre el presupuesto, pero la líder nacional del PRI, Beatriz Paredes, también presente, lo detuvo. La convocatoria había sido únicamente para hablar sobre el tema de Luz y Fuerza, no de asuntos económicos, le dijo con un tono que sorprendió a más de uno, por lo cual le pedía que se ciñera a ellos. Habló Calderón y también lo hizo el secretario de Hacienda, Agustín Carstens, pero tampoco los conmovió el argumento financiero. Varios quedaron varios con un mal sabor de boca, y uno de los presentes se quedó con la idea de que la acción en Luz y Fuerza y contra el SME respondió más a intereses políticos coyunturales tras la derrota electoral, que a una estrategia de largo plazo. Más por necesidad de una popularidad decreciente, que por una necesidad financiera.

Pero de la misma forma, les quedó claro que no habrá reversa en la decisión, pues eso sería como la derrota y caída del gobierno. Todos estos elementos concluyen inevitablemente en la primera duda si la victoria del gobierno estuvo tan bien planeada como el principio. En este tipo de acciones, la planificación tiene que ser al revés. Primero se exploran los escenarios de salida, para tenerla lista al final del camino, y luego se prepara el comienzo. De otra manera, las probabilidades de que se metan en un pantano son enormes. Ese es el temor en el PRI, los únicos con quienes Calderón ha tenido comunicación directa hasta ahora. De otra forma, ¿por qué recurrir a ellos por su apoyo? La respuesta que dan es que esa salida victoriosa, no se construyó y está pidiendo, una vez más, que entren a su rescate.

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La Jaula de Oro

October 9, 2009

— 12:00 am

Sobre la avenida Melchor Ocampo, en la ciudad de México, está el edificio sede de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro. En el primer piso se encuentra lo que se le conoce como “La Jaula de Oro”, una superficie de aproximadamente 100 metros cuadrados fuertemente resguardada. En su interior se encuentran paneles donde se monitorea 24 horas al día el suministro de energía eléctrica a  más de 20 millones de habitantes en el Distrito Federal, estado de México, Morelos, Hidalgo y Puebla. Cualquier disminución o corte en el suministro se refleja inmediatamente, para proceder a resolver el problema.

“La Jaula de Oro” es uno de los íconos de la seguridad nacional del Estado Mexicano. Es el corazón que permite que circule la sangre por el cuerpo que produce el 37.5% del Producto Interno Bruto, y cuya falla colapsaría a la nación. Fue lo primero que se aseguró cuando se levantó el EZLN en 1994, y cuando el mundo entró en alerta máxima tras el ataque terrorista en Estados Unidos en 2001. Ha sido también el epicentro de la planeación en todos los intentos que ha habido en los últimos 25 años, para liquidar la empresa y desmantelar el Sindicato Mexicano de Electricistas.

Como lo planearon los gobiernos de Carlos Salinas y Vicente Fox, el de Felipe Calderón ha hecho lo mismo. Pero a diferencia de ellos, llevó las cosas al extremo. El secretario de Trabajo, Javier Lozano, negó la toma de nota a Martín Esparza, y en respuesta, Esparza anunció que emplazaría a huelga a la Compañía de Luz y Fuerza por violaciones al contrato colectivo de trabajo, y con el respaldo de sindicatos y fuerzas políticas de oposición, inició movilizaciones callejeras en la capital federal. Lozano ha reiterado que el gobierno no caerá presa del chantaje. Es decir, el siguiente paso es la requisa de la empresa y su liquidación.

Por las declaraciones de los funcionarios del gobierno calderonista, están preparados para lo que venga. La duda, que siempre asalta por los antecedentes, es si estarán preparados para ello. Desde hace un mes, Policía Federal y Ejército están preparados para la toma de instalaciones en caso de que, metafóricamente hablando, el sindicato baje el switch y corte el suministro de electricidad. La intervención de militares en “La Jaula de Oro”, sería para evitar que una quinta parte de la población del país se quede a oscuras y la actividad productiva cese de manera súbita. Pero en realidad, eso apenas sería el comienzo.

Cuando el gobierno de Salinas preparó la liquidación de Luz y Fuerza, el gabinete se puso a trabajar y entregó un meticuloso informe sobre lo que se requeriría. Pedro Aspe, el secretario de Hacienda, planteó un fondo de 35 mil millones de pesos para que en el momento en que se estuviera haciendo la requisa, el director de la Compañía de Luz y Fuerza saliera a comprar conciencias dentro del sindicato y rompiera con la eventual homogeneidad que pudiera tener la dirigencia. El Ejército tomaría “La Jaula de Oro” 500 técnicos militares para cuidarle el corazón. Agentes federales resguardarían las instalaciones y policías del Distrito Federal contribuirían a frenar los posibles grupos violentos afines a la dirigencia descabezada.

Cuando el entonces presidente Vicente Fox ordenó al director de Luz y Fuerza, Alfonso Caso, que preparara la liquidación, lo primero que hizo fue buscar los antecedentes de lo que había hecho el gobierno salinista. Uno de los protagonistas en la administración salinista, le dijo que descubrieron que las posibilidades de evitar una crisis mayor eran tan bajas, que el costo beneficio resultaba negativo. No sólo se trataba de dinero y militares, explicó, sino de todo el procedimiento milimétrico que se tenía que hacer hasta darle la vuelta a la crisis.

El cálculo que tenía el gobierno salinista era de tres semanas para liquidar la empresa y recontratar con diferentes condiciones laborales a los electricistas para que operar “La Jaula de Oro” y, sobretodo, el servicio y  mantenimiento. Si no lograban normalizar la operación en ese plazo, el escenario era que vendría una anarquía eléctrica en las calles, donde los propios electricistas podrían comenzar a conectar energía de manera ilegal, sin capacidad humana para desmontar las conexiones piratas. El subsidio iba a  resultar menor que las consecuencias que tendría la liquidación de la empresa.

Caso regresó con el presidente Fox, quien convocó al gabinete. ¿Treinta y cinco mil millones de pesos? Ni soñarlo, respondió el secretario de Hacienda, Francisco Gil. ¿Quinientos soldados en un campamento durante dos meses? No, contestó el secretario de la Defensa, Clemente Vega. Fox no tuvo consenso alguno dentro del gabinete. ¿Qué se puede hacer? Caso le respondió: Despídame, pero no me pida que  liquide. Se acabó la discusión. Fox tampoco siguió adelante con la iniciativa.

Es probable que las condiciones que tuvieron Salinas y Fox fueran diferentes a las actuales. Pero esto tampoco significa que hoy sí estén dadas. Tampoco se sabe el detalle de los planes de contingencia del gobierno, su operación de control de instalaciones ni cómo piensa resolver el retorno a la normalidad, sin que se dé el colapso tras la liquidación de la empresa. Es de suponerse que tomaron las lecciones del pasado y se perfeccionaron los planes generales para evitar el desastre.

Uno puede pensar que también estarán armando el andamiaje institucional y amarrando en negociaciones a los actores políticos para aislar al sindicato y neutralizar a sus aliados, tanto Los Pinos como Gobernación. Sería una locura que obviaran ese tejido, pues lo que no están haciendo públicamente, es buscar una salida menos violenta y más política. Están al grito de ahora es cuando y, por supuesto, que los sigan los valientes. En esta ruta, sólo resta abrocharse el cinturón, pues la turbulencia comienza.

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