Estrictamente Personal

"La Minsa"

July 19, 2009

— 12:00 am

Arnoldo Rueda Medina era un criminal totalmente desconocido para la mayoría de los mexicanos, pero para los militares y policías representaba un diamante en bruto para comenzar el desmantelamiento total de La Familia Michoacana. La persecución resultó en su detención el 11 de julio, cuando corroboraron de qué tamaño había sido el golpe infringido a la organización criminal. Bajo un ataque de sicarios que parecía buscar su rescate, en realidad perseguían otro objetivo: matarlo. Urgía callarlo para siempre.

Rueda Martínez fue colocado en un vehículo blindado, y sus cuatro hijos, la más grande de 12 años, que se encontraban con él cuando lo detuvieron, fueron puestos en otro blindado. Los sicarios atacaron a la policía y directamente a los vehículos donde se encontraban los Rueda, que se sacudían violentamente al explotar las granadas de fragmentación y con el tableteo de los fusiles de asalto. Los niños lloraban aterrados, según las descripciones policiales, mientras los policías se sorprendían con una actitud muy inusual de Rueda Medina. No se inmutó, ni se dobló. No se quebró al ver cómo atacaban también a sus hijos, ni habló mucho en ese momento en que parecía el umbral de su muerte. Todo lo que debía suceder, si sucedía, sería la voluntad de Dios, dijo.

La voluntad de su Dios hizo que sobreviviera Rueda Medina, “La Minsa“, de quien las autoridades dicen que es la sangre y el cuerpo de la organización criminal La Familia Michoacana, y que en los momentos del ataque mostró los niveles del adoctrinamiento fundamentalista impartido por el jefe de la banda, Nazario Ortiz Moreno, que se hace llamar “El Más Loco”. A través de una evangelización enajenadora, “El Más Loco” ha hecho de sus subalternos y sus sicarios, un pequeño ejército de fanáticos, y Rueda Medina, fue un producto probado en situación extrema.

Las autoridades están elaborando el perfil de este hombre cuya vida navegó de ser tortillero a robacoches, de delincuente menor a asesino, de ejecutor a la figura más poderosa, en términos prácticos de La Familia Michoacana. No han podido extraer de él todavía información sustancial, ni siquiera el porqué del apodo de “La Minsa” -especulan que  pueda ser por su origen en el negocio de las tortillas-, pero han ido avanzando con el  voluminoso expediente que alertó a todos de su importancia.

Rueda Medina es parte del grupo de Ortiz Moreno, José de Jesús Méndez, “El Chango Méndez” -que es el otro jefe del cártel-, y Servando Gómez Martínez, “La Tuta”, que a finales de los 90 crearon en Apatzingán “La Empresa”, una organización que se decía protectora de los núcleos familiares michoacanos, de sus principios y valores, que erradicaría a los criminales que secuestraban, extorsionaban, y vendían drogas sintéticas. Es decir, que iban a combatir a los hermanos Valencia, dibujados en ese perfil. En 2000se aliaron con el Cártel del Golfo y Los Zetas, y “La Minsa” trabajó directamente con Miguel Treviño, “el 40″, uno de los líderes, que decidía e imponía a “La Empresa” las plazas y los responsables de las mismas para sus negocios, mientras “La Empresa”, con Rueda Medina al frente, tenía como tarea ubicar a Los Valencia y ejecutarlos.

Los jefes de “La Empresa” rompieron con el Cártel del Golfo y Los Zetas en 2006, y se  convirtieron en un subcártel que llamaron La Familia Michoacana. Ortiz Moreno y Méndez eligieron a “La Minsa”, su cuadro mejor entrenado, para encargarle múltiples encomiendas y responsabilidades. Se  hacía llamar el “coordinador de coordinadores”, y si bien el nombre no tiene nada de glamoroso, podría ser engañoso si no se atiende a lo que significa.

“La Minsa” era el responsable de las operaciones territoriales del cártel. Es decir, no sólo supervisaba el trasiego de armas y droga entre Estados Unidos y México, sino era el encargado de repartir las plazas y vigilar a los jefes locales en los ocho estados donde opera el cártel: Michoacán, Aguascalientes, Colima, México, Guanajuato, Guerrero, Jalisco y San Luis Potosí. También era responsable de la estructura financiera, lo que significa que era el administrador y contralor de todos los dineros que generaran las plazas, a los cuales se añade el papel de ser la primera caja por donde entraban los pagos de la droga al mercado norteamericano y los suministros de armas de esa nación. Su detención alteró toda esta parte del negocio.

La Familia Michoacana se había especializado en las drogas sintéticas -un negocio donde también están metidos el capo mayor del Cártel de Sinaloa, Ignacio Coronel, y Los Valencia-, y “La Minsa” tenía, dentro de sus tareas, el contacto con los distribuidores de seudoefedrina -de donde se producen las metanfetaminas- en la India, donde los controles son muy laxos, y China, donde no hay controles. Junto con esos enlaces, manejaba  la relación con los transportistas y con los funcionarios para que facilitaran su acceso por los puertos de Lázaro Cárdenas, en Michoacán, y Manzanillo, en Colima. Sus responsabilidades incluían la supervisión de los súper laboratorios de drogas sintéticas en Guanajuato y Michoacán. Con su arresto, la dirección de estas operaciones se queda totalmente acéfala.

Por si no fuera suficiente tener control de las redes de distribución y comercialización, los proveedores y las estructuras de finanzas, abasto y avituallamiento, “La Minsa” también tenía la jefatura de los sicarios y de su entrenamiento. En una lógica empresarial, si Ortiz Moreno y Méndez eran los directores del consejo de administración criminal, el primero en la prédica y las sotanas blancas, y el segundo en la supervisión global de la operación, Rueda Medina era su presidente y director ejecutivo. Cortándolo a él, la organización queda partida de tajo entre las cabezas y el cuerpo. Desde esa perspectiva, se puede entender porque aquellos que reclutó, entrenó y procuró trataron de cumplir la orden de asesinar a Rueda Medina el día que lo detuvieron. Al fallar, el costo para la Familia Michoacana, no es difícil anticiparlo, será monumental.

rrivapalacio@ejecentral.com.mx

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