El gobierno federal tiene en su poder una información que así como es muy buena, también es muy mala. La buena es que la asociación entre los narcotraficantes más violentos en México, los hermanos Beltrán Leyva y Los Zetas, llegó a su fin después de dos años de alianza táctica, dividiendo a dos fuerzas paramilitares con alto poder de fuego. La mala es que por su propia praxis militarista, se abrirá un nuevo flanco por el control de territorios y rutas de distribución, que va a acentuar la guerra entre cárteles y a complicar aún más la seguridad en algunas regiones del país.
Desde que se empezó a conformar esta alianza a mediados de 2007, los principales mandos federales en la guerra contra las drogas comentaron que sería efímera, y la observaban como un fenómeno sorprendentemente acelerado de recomposición de los cárteles, derivado de la ruptura de las viejas redes de protección institucional -que se han venido restituyendo-, el desmantelamiento de sus redes de distribución y la necesidad de reconstruir canales de comercialización. La ofensiva del gobierno había tenido el efecto de zarandear un panal, donde aunque había pérdidas en lo general, había cárteles que habían perdido más que otros.
El Cártel del Golfo fue uno de estos últimos. Bajo la dirección de su jefe Osiel Cárdenas mantuvo dos ramas altamente poderosas y eficientes, encabezadas ambas por desertores de los cuerpos de élite del Ejército Mexicano, Miguel Treviño, quien llevaba la relación con los narcotraficantes colombianos para el abasto de drogas, y Heriberto Lazcano, jefe de Los Zetas, el brazo armado del cártel. Pero desde que Cárdenas fue detenido por el Ejército en marzo de 2003, la pérdida del líder inició un periodo de diferencias entre Treviño y Lazcano, que pudo ser atemperado por su jefe desde la prisión. Cuando Cárdenas fue extraditado a Estados Unidos en enero de 2007, la ruptura entre los dos fue insalvable.
La división en el Cártel del Golfo tuvo serias consecuencias sobre la seguridad nacional. Al acrecentarse la violencia entre ellos, Los Zetas buscaron nuevos territorios, disputando plazas con la entonces homogénea Federación, un paraguas de organizaciones de narcotraficantes que encabezaba el Cártel de Sinaloa. La temporada de decapitados y ejecuciones tuvo una alza y los colombianos optaron, ante la espiral de violencia pública desatada por sus viejos socios, dejarles de surtir droga. Sin drogas, mientras abrían nuevas plazas en lugares como Oaxaca, Guatemala y Honduras, reiniciaron extorsiones, secuestros, venta de protección y manejo de la prostitución, traslapando delitos federales con delitos del fuero común.
La batida gubernamental estuvo a punto de hacerlos desaparecer como cártel de drogas, lo que creó condiciones para nuevas alianzas. Aparentemente alentado por la rabia tras la video ejecución de su célula en Acapulco -dos de ellos ex militares- en junio de 2006, realizada por sicarios de Joaquín “El Chapo” Guzmán, Lazcano aceptó reunirse con Arturo Beltrán Leyva en Cuernavaca en junio de 2007. Los Beltrán Leyva tenían a su cargo la rama militar de la Federación y la protección de las familias de todos los capos de la organización. Por una razón aún no aclarada para el gobierno federal, Beltrán Leyva traicionó a sus viejos aliados en el Cártel de Sinaloa, y negociar con Lazcano las plazas en el país.
La alianza fue concretada en diciembre de 2007, también en Cuernavaca, de acuerdo con la información gubernamental, a unas cuantas semanas que detuvieran a su hermano Alfredo Beltrán Leyva. Arturo responsabilizó a los compadres de Alfredo, “El Chapo” Guzmán e Ismael “El Mayo” Zambada, de la detención, y rompió formalmente con el Cártel de Sinaloa.
Esa fractura redefinió profundamente la estructura operativa de los cárteles en México, que se manejaban por viejas alianzas. Un ejemplo de lo que sucedió es el Cártel de Juárez, donde su líder Vicente Carrillo Fuentes se quedó con los Beltrán Leyva -habían sido lugartenientes de “El Señor de los Cielos”, Amado Carrillo Fuentes-, pero su segunda mano, Juan José Esparragoza -hijo de un viejo capo del mismo nombre aliado con Guzmán y Zambada-, regresó a Sinaloa.
Asimismo, desequilibró el control de las plazas, que es lo que desató las masacres en Sinaloa el año pasado, la violencia en el corredor Torreón-Gómez Palacio-Ciudad Juárez, la principal ruta de la cocaína hacia Estados Unidos, y la diáspora de La Familia Michoacana, que quedó dividida en cuatro grupos, dos vinculados a Los Zetas, otro al Cártel de Sinaloa, y uno más que emergió como cártel en sí mismo, empezando a disputar el control de plazas en varios estados del país.
Las externalidades de aquella alianza en 2007 fueron la disminución de la violencia en plazas como la zona metropolitana de Monterrey, Tamaulipas y Guerrero, pero el incremento de la violencia en Sinaloa, Durango y Chihuahua. Las consecuencias de esta nueva ruptura pueden elevar, muy probablemente, los niveles de violencia. No se espera que los Beltrán Leyva y Los Zetas, rota su alianza, tengan una tregua donde no se ataquen unos a otros; en esos niveles, ruptura no es neutralidad, sino ataque. Sin el respaldo recíproco, ambos tienen saldos pendientes: unos con el Cártel de Sinaloa; los otros con el Cártel del Golfo y la facción de La Familia que opera en Morelia.
En todo este camino, como sucedió durante el primer periodo de la guerra contra el narcotráfico, se reconstruirán las alianzas y las redes de protección institucional, que se reproducen como la cola de una lagartija. No importa cuántas veces se le corte, vuelve a crecer. En las últimas semanas se han arrestado a decenas de funcionarios públicos, políticos, empresarios y militares que eran parte de esa red, la única señal pública hoy en día, de que la dinámica de los cárteles en México entró en una nueva fase, y con un horizonte, como en diciembre de 2006, totalmente incierto.

Que tal Sr Raymundo Riva Palacio!, somos estudiantes de la UAM-XOCH, de la carrera de Comunicación Social, y queremos hacerle la más cordial invitación para que nos conceda una entrevista, de ser posible para la próxima semana en la que pudiera compartirnos su importante opinión de algunos temas entre ellos, el papel de los medios de comunicación en la sociedad.
Queremos saber si esta dispuesto a colaborar con nosotros.
Si acepta nuestra invitación, esperamos su repuesta.
Muchas gracias por su tiempo y apoyo
Saludos.
Daniel Cabrera y Viviana Mosqueda
Comment by UAM XOCHIMILCO — June 15, 2009 @ 2:08 am
hola raymundo
leo tú columna con asombro, el grado de locura y orden que existe en las organizaciones (porque están organizadas) criminales es increíble a diferencia del desorden que hay entre el cisen, los militares, la pgr, le pfp, las polocias y procuradurias estatales y las policias municipales. Si uno camina en la calle no sabe si los uniformados son soldados, policias, guaruras, federales, judiciales, policias federales o narcos, sin embargo por lo que leo no me queda la menor duda que las organizaciones criminales identifican perfectamente a todos, hasta saben de que cártel pertence cada uno de ellos.
Quizá si lograramos ese grado de eficiencia en el gobierno o en empresas más legales este país sería otro y no la comedia de está docena trágica en culminación, elaborada por la nueva dupla fox-calderón (esta mejora a la montada por echeverría y portillo).
saludos
Comment by manuel ulloa — June 15, 2009 @ 11:19 am
La verdad encuentro muy desconcertante el comentario de Manuel Ulloa. Los Federales son policías y sus uniformes tienen logos que hablan de su adscripción. El CISEN, por su naturaleza, no patrulla y por lo tanto no usa uniforme. El ejercito tiene un uniforme que es facil de distinguir y, evidentemente, depende de donde estes va a ser el uniforme de la policia local. Me parece que mas bien es un asunto de comprensión del papel que juega cada orden de gobierno. Les sugiero que revisen la pagina http://policiastrabajando.blogspot.com/2009/06/como-funciona-la-justicia-en-mexico.html donde hacen un resumen bastante razonable del tema
Comment by AHISTA! — June 15, 2009 @ 1:23 pm
No es difícil comprender lo compleja que es una “Guerra contra la Delincuencia” más no contra el Narcotráfico, la contaminación de seres humanos a través de sustancias de todo tipo; contra el Trato de Blancas, Pederastas –un tema aparte-, Secuestradores o Verdugos de Mujeres -Juárez, Estado de México, Chiapas, Oaxaca, etc.- Y ni que decir de asaltantes en el transporte público, casa habitación, comercios, etc.
Hoy se combate a todos esos individuos que se quieren subir a las barbas de los patrones. Pero no al Narcotráfico.
El Narcotráfico, como muchos de los otros temas, se encuentra en las Direcciones de Aeropuertos, Carreteras y Fronteras Estatales y Federales. Así como en los campos de cultivos, cierras y montes; en zonas industriales, complejos residenciales, etc.
Todo esto y más, lo saben de sobra el Gobierno Federal, Estatal y Municipal; lo sabe la Prensa Radiofónica, Televisiva y Escrita –que se jacta de tener “Libertad de Expresión” pero que sufre secuestros, muertes y en el mejor de los casos prisión-.
La Gran Pregunta No es, cuando se aniquilara al Narcotráfico, cuando se resolverán los problemas antes mencionados. Si no, ¿Cuándo veremos los resultados de acciones ejecutadas para generar empleos, saciar el hambre de millones de mexicanos o la liberación de los trabajadores, de todas esas organizaciones que controlan sus derechos? Sin pasar por alto los Derechos de Hombres y Mujeres que habitamos en ésta Tierra Mexicana.
Comment by Pepe Luis — June 15, 2009 @ 2:19 pm
Sufren secuestros, muertes, prision, y una parte muy importante de ellos, chayotes y cortejo. Recuerden, los periodistas estan formados de exactamente la misma sociedad asi que adolece de los mismos males que TODOS los sectores del país y, como no hay quien los monitoree o evalue, se corrompen tan facilmente o mas que todos los que se mencionan
Comment by Peperez — June 15, 2009 @ 7:40 pm