Estrictamente Personal

Condenado a muerte

March 30, 2009

— 1:00 am

Su personalidad sanguínea estaba clara ese día en que en una entrevista apresurada en la radio, el secretario de Seguridad Pública Federal, Genaro García Luna, exclamó, en tono de queja y de denuncia, que ahora sí, los cárteles de la droga saben donde vive. Es decir, si los narcotraficantes saben dónde vive, su seguridad está comprometida, y su vida y la de su familia corren peligro. Eso fue el viernes pasado, lleno de confusión porque policías federales habían detenido a dos personas que seguían a su esposa y a su hija de 10 años por las calles del sur de la ciudad de México y que al ser detenidos les encontraron un croquis con la dirección de la casa anterior y actual del secretario.

Los detenidos dijeron ser camarógrafos de Televisión por Cable, que estaban elaborando un reportaje sobre las propiedades de García Luna, y cuyas direcciones se habían manejado en algunos medios durante los últimos días. Uno de ellos, Reporte Índigo, la revista electrónica que lleva varios meses en campaña contra el secretario a partir de información de Javier Herrera Valles, ex comandante de la policía federal detenido por presunta relación con los cárteles de la droga, publicó el viernes la dirección exacta de las casas del secretario. La sola sugerencia de la dirección donde vivía García Luna en otros medios días antes, provocó gran molestia en del gobierno porque se vulneraba la seguridad del secretario, quien ya había tenido que cambiar de casa en este sexenio por las mismas razones. El viernes se escaló la tensión.

García Luna se preparaba para ir a dar un curso de maestría a la escuela de la Marina, cuando lo llamó su esposa para contarle lo que acababa de suceder. Su escolta le informó que les habían encontrado un croquis con las direcciones de su ex casa y de donde vive actualmente, que habían grabado a su hija de 10 años y que, para que se abriera una averiguación, los llevaban a la delegación metropolitana de la PGR. Las alarmas se prendieron, pues había antecedentes.

En mayo del año pasado, dos sujetos realizaron una acción con el mismo modus operandi, pero en el spa que frecuentaba la esposa de García Luna. Los escoltas sacaron a la señora por una puerta trasera y fueron seguidos en un taxi hasta que fueron detenidos en posesión de varias armas de alto calibre. La investigación llevó a corroborar que eran sicarios del Cártel de Sinaloa que iban a actuar contra la señora. La forma de actuar esa idéntica a lo que sucedió el viernes, aunque en lugar de armas eran cámaras de televisión, y en lugar de sicarios eran camarógrafos. La reacción gubernamental, aparentemente desproporcionada, tiene raíces profundas.

En el mismo mayo de 2008, el director de Investigaciones Criminales de la Secretaría de Seguridad Pública, Roberto Velasco, que llevaba años de estar siguiendo los pasos de Joaquín “El Chapo” Guzmán, fue asesinado por unos sicarios en el sur de la ciudad de México, a quienes les encontraron un croquis con la dirección de la casa donde vivía. Las investigaciones permitieron establecer que esos sicarios trabajaban para el Cártel de Sinaloa. Ese mismo mes, al llegar a una casa donde no habitaba regularmente, Édgar Millán, coordinador de Inteligencia y Operativos contra el Crimen Organizado de la misma dependencia, fue asesinado por un sicario que estaba dentro de su casa. El asesino fue detenido inmediatamente, y las investigaciones llegaron a una lista de la muerte del Cártel de Sinaloa en la cual figuraban, por orden de ejecución, Velasco, Millán, Gerardo Garay, quien remplazó a Millán, Luis Cárdenas, coordinador de Inteligencia de la Policía Federal, y otro mando policial de inferior rango que no ha sido identificado.

La cadena de ejecuciones se rompió, pero los funcionarios están neutralizados. Garay está preso por acusaciones del Luis “El Rey” Zambada, hermano de uno de los jefes del Cártel de Sinaloa -que pagó para asesinar a Julio César Sánchez Amaya, director de la Policía Sectorial de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal, en el bombazo en el centro de la ciudad de México en febrero de 2008-, y del ex comandante vinculado al narco, Édgar Bayardo, acusado de robo de 500 mil dólares del narco. Cárdenas ha sido sometido a una campaña, también en Reporte Índigo, que revivió un caso judicial donde fue exonerado en su juventud. Los cuatro mandos identificados en la lista llevaban años trabajando contra el Cártel de Sinaloa.

La orden de ejecuciones de mandos policiales que han actuado contra el Cártel de Sinaloa y contra la fracción disidente de los Hermanos Beltrán Leyva -la fractura se dio por la detención de Alfredo, “El Mochomo”, realizada por Garay a principio del año pasado-, está confirmada. En la Secretaría de Seguridad Pública se elevó el nivel de blindaje de los vehículos para que puedan resistir la mayor potencia de las armas de los narcos y desde hace unos meses la seguridad se ha reforzado en torno a los mandos principales. La guerra contra el narcotráfico es de verdad y cuesta vidas. García Luna está en el centro y es la joya de la corona. Su reacción en la radio encierra la realidad del momento, aunque a veces, por carecer de la experiencia de este tipo de situaciones, muchos creen ser inmunes a su violencia. Vivir pensando que el fenómeno es ajeno, no es vivir;, sino el mejor acelerador para morir.

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March 29, 2009

— 1:00 am

 

Irma Serrano es uno de esos personajes que nunca muere. Siempre es noticia. Siempre atrae los reflectores. Siempre tiene algo que va más allá de lo estrafalario, de lo excéntrico, de lo grotesco. “La Tigresa”, como toda una generación de mexicanos la ha conocido, es en muchos sentidos parte del paisaje nacional y arquetipo de una cultura de casi medio siglo donde la política y el espectáculo caminaron de la mano, a veces con unos excesos que podrían haber destruido carreras completas de servidores públicos.

Como sucede periódicamente con ella, “La Tigresa” regresó a los titulares esta semana cuando la policía la arraigó como consecuencia de una demanda que interpusieron por incumplimiento del contrato, hace algunos años, del inmueble donde instauró su “Teatro Fru Fru”, un recinto en el centro histórico de la ciudad de México que forma parte vital del destape sexual mexicano. En el escenario de ese teatro decorado Art Decó, con un afrancesamiento abusivo y terciopelo rojo en sillas apoltronadas, paredes y cortinas, se estrenó la obra “Hair”, el musical de rock producto de la contracultura hippie, que se estrenó por primera vez en Nueva York en 1967, donde en un momento climático de la puesta en escena, todos los actores salían desnudos.

En ese mismo teatro, ella dueña de todo, apareció desnuda, con un cuerpo de escultura casi natural, y unos ojos que cautivaron e inspiraron a una clase política formada en los 50s y 60s. Nunca tendría -ni tendrá- la clase de María Asúnsolo, que fue la mecenas de políticos y pintores, el sueño de intelectuales, a quien retrataron todos los muralistas mexicanos del siglo pasado, de quien Siqueiros vivió enamorado, o por quien un general y un gobernador pelearon con Fernando Benítez por su amor. Irma Serrano nació para otro tipo de batallas, más grandes, menos heroicas.

Chiapaneca, nació en Comitán en 1933, pero desde principio de los 60’s, en la ciudad de México, comenzó a codearse con la clase política. Gustavo Díaz Ordaz estrenó la Presidencia en 1964, cuando, de acuerdo con el récord público, tenía una relación extramarital con “La Tigresa”, a quien no se llamaría así hasta 1972, como resultado de su papel en la película dirigida por René Cardona Jr. en 1972, titulada “la Tigresa”. Dicho por ella misma, tuvieron una relación de amantes y le transfirió mobiliario de Los Pinos y Palacio Nacional, a su casa. Irma Serrano se ha encargado de cultivar la memoria de esa relación, que en una entrevista que dio hace algunos años al periódico La Jornada, lo exoneró por completo de la matanza de Tlatelolco, y dijo que él nunca dio la orden.

Esa es una mentira. Díaz Ordaz no estuvo con ella esa noche del 2 de octubre de 1968. Estuvo en Los Pinos, habló con algunos gobernadores y miembros del gabinete pero, fundamentalmente, estuvo solo. Sobre los muebles, no hay manera de verificarlo. Patricio Zambrano, un antipático personaje que apareció en el Big Brother mexicano, con quien sostuvo una muy extraña relación amorosa a principio de este siglo, declaró públicamente que muchas de sus antigüedades no eran tales, como los lujosos marfiles que mostraba a sus invitados a casa, sino comprados en Tepito. 

Pero lo que decía “La Tigresa” sobre la mecánica de regalos de bienes propiedad de la nación, no era mentira. Sucesivos presidentes mexicanos, cuando menos hasta los 70’s, solían hacer regalos a sus colaboradores cercanos con bienes de la nación. De esa manera, fueron desapareciendo del patrimonio nacional espejos, camas, armarios, candeleros, muchos de la época francesa del Art Decó, que tanto influyó en el gusto estético de la señora Serrano.

No hay registro alguno de cómo se acercó a Díaz Ordaz, pero la mecánica que se utilizaba en aquellas épocas esa tan simple como grotesca. En los actos públicos, “padrinos” de jóvenes vedettes o aspirantes a artistas, que tenían acceso a los altos funcionarios, les acercaban mujeres para que ellos escogieran con quién se querían quedar. No eran actos de prostitución clásicos, sino reglas de un juego donde el político conseguía a la puerta de sus deseos a una mujer que no le iba a reclamar nada y que estaría para ella en el momento que deseara, a cambio, para la mujer, que no sólo obtuviera dinero rápido, sino que esa relación le permitiera ir haciendo carrera en el campo del espectáculo. Los directores de películas les daban papeles para quedar bien con el político y seguir consiguiendo financiamiento para sus trabajos. Los “padrinos” también conseguían dinero por sus servicios de reclutadores de mujeres para políticos.

Esas acciones eran muy evidentes. Cualquier curioso podría recurrir a las hemerotecas de los principales periódicos de la época para observar las fotografías en los actos públicos. Las más de las veces van a encontrar una o dos y hasta tres mujeres jóvenes guapas, alrededor de un alto funcionario sin tener nada que hacer ahí. También puede apreciar las fotografías de políticos de diversos niveles en presídiums, donde aparecen artistas junto con ellos. Nadie explicaba públicamente de qué se trataba. Todos sabían cómo se llamaba el juego, y todos callaban. 

Esa cultura era las de los 50’s y los 60’s, la de los 70’s y los 80’s, comenzando a evaporarse en los 90’s y en la actualidad. Sin embargo, siguen existiendo durante las campañas políticas algunos remanentes de aquellos tiempos. Así le sucedió en su campaña, por ejemplo, al gobernador del estado de México, Enrique Peña Nieto, quien nunca sucumbió ante esa vieja práctica. Así le rondaban al infortunado candidato presidencial Luis Donaldo Colosio. Todavía hay quien ofrece “noches” con algunas artistas por 200 mil pesos, y leyendas urbanas sobre las relaciones íntimas y clandestinas de vedettes y estrellas con políticos encumbrados.

En las extravagancias de “La Tigresa” se encierra toda una etapa de la vida política mexicana, la de las simulaciones, la de las hipocresías, la de las mentiras públicas. Irma Serrano no es sólo esa mujer que puso piedras preciosas en las paredes de su casa y que gustaba de fotografiarse con los leones que también tenía. Es, antes que nada, el ejemplo más vivo de toda una cultura política que, por alguna razón, se niega a morir.

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Obama dice

March 27, 2009

— 1:00 am

 

Detrás de la fanfarria, las sonrisas y todos los discursos de comprensión mutua, Hillary Clinton, la flamboyante secretaria de Estado, entregó un mensaje claro del presidente Barack Obama al presidente Felipe Calderón: queremos que redoble el combate a la corrupción dentro de su gobierno y en el Poder Judicial. Mucho podrán hacer ambos gobiernos en el combate, mediante la fuerza, de los cárteles de la droga, pero poco se alcanzará si el dinero de los barones del narcotráfico es más poderoso que la convicción de los funcionarios y el compromiso político para erradicarlos. Calderón tendrá que hacer algo, y rápido, si no quiere perder el momento de la relación bilateral y el apoyo público del nuevo gobierno estadounidense.

Pero no la tiene fácil. Mucha información que circula dentro de las diversas áreas del gobierno federal sobre corrupción en los niveles de gobierno, no puede ser utilizada porque las leyes no permiten que los métodos mediante los cuales se obtuvo la misma, sin importar que pueda ser altamente incriminatoria, tenga validez jurídica. Por estas razones, para citar un ejemplo actual, las autoridades no pueden proceder contra un alto funcionario que, de acuerdo con información en poder de la inteligencia militar, está involucrado con uno de los cárteles de la droga. Cualquier acción en su contra podría echar a perder la investigación que se le sigue hace meses.

Por las mismas deficiencias de la ley, hay comandantes de la policía federal que están detenidos, cuyos procesos no pueden avanzar porque las pruebas que se tienen en su contra no pueden ser consideradas por un juez como concluyentes para proceder en su contra. Igual sucedió con los funcionarios de la PGR que alertaron al propio Beltrán Leyva durante el gobierno de Felipe Calderón, cuando salió una unidad para arrestarlo en su casa de seguridad al sur de la ciudad de México. Cuando los agentes de élite llegaron a esa residencia, encontraron todavía sobre la mesa los platos con comida caliente, dejados en la rápida huida por el capo y sus escoltas.

Hay un problema de insuficiencia de leyes que tiene que resolverse para poder utilizar la información incriminatoria obtenida por medio de los recursos tecnológicos con que cuentan los cuerpos de seguridad. Es un problema compartido entre el gobierno y el Congreso, donde están trabados ambos poderes por cuestiones que no son menores. El Congreso no quiere dar carta blanca al gobierno para actuar en todo lo que necesita ante el riesgo de que cometan excesos que afecten a personas inocentes. El gobierno tampoco ha podido presentar iniciativas que satisfagan las inquietudes legislativas sobre posibles violaciones a las garantías individuales. Los dos poderes tienen parte de razón, y existe el espacio para que puedan avanzar hacia leyes consensuadas que dejen tranquilos a ambas partes y al mismo tiempo legalicen, para efectos de procesos judiciales, métodos y tecnologías que usan los cuerpos de seguridad contra el crimen organizado.

Hay otras exigencias de Washington que no se resuelven con leyes, sino con voluntad política. Se trata de funcionarios sobre quienes pesan más que sospechas de nexos  con el narcotráfico. Hay un ex alto funcionario de la PGR que quiere ser candidato a diputado por el PAN, que se encuentra en esa tesitura. Informes de inteligencia de México y Estados Unidos, lo acusan de proteger a dos cárteles. Uno es el del Golfo, en particular de su brazo armado de Los Zetas, a los cuales, de acuerdo con esa documentación, encubrió durante el foxismo. Otro es el del Cártel de Sinaloa, donde según los informes, fue pieza clave para evitar que meses después de que escapara Joaquín “El Chapo” Guzmán de una cárcel de máxima seguridad, lo detuvieran los agentes federales que lo habían ubicado. Cuando le pidieron la autorización para arrestarlo, demoró la operación más de 24 horas, tiempo suficiente para que escapara el todavía prófugo.

Los casos de esa naturaleza abundan. Un ex funcionario que también quiere ser diputado, pero por el PRI, tiene sobre su espalda informes de inteligencia que lo vinculan a él y a familiares cercanos con el Cártel de Sinaloa, como protector de sus líderes en operaciones directamente relacionadas con tráfico de metanfetaminas. Hay familiares de un gobernador y un ex gobernador, sobre los cuales existe la presunción de que están vinculados a los cárteles de la droga, tanto en protección política como en lavado de dinero. Hay otro más de un conocido presidente municipal, que tiene tras de sí una red de relaciones con el Cártel de Juárez, y otro sobre un alto jefe de policía estatal en funciones, que pese a que existe sobre él un voluminoso informe sobre su protección a cárteles de la droga y venta de plazas en el sexenio anterior, hoy ocupa esas mismas funciones en una de las ciudades más violentas del país.

Leyes y voluntad política es lo que se requiere. Las leyes puede ser lo menos difícil para el presidente Calderón, porque hay espacio para el compromiso con el legislativo. Falta voluntad política. Es cierto que ha demostrado un alto grado de voluntad política durante la primera parte de gobierno, pero no basta. El Presidente deberá tocar fuerte el tejido del sistema político, a sabiendas que ello generará muchas tensiones, con su partido y con los de la oposición. Pero no tiene opción alguna. La gangrena del narcotráfico la trae el sistema corriendo por el cuerpo. Aunque muy doloroso, hay que cortarse la pierna. De otra manera, avanzará hasta acabar con todo el cuerpo.

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La receta de Obama

March 25, 2009

— 1:00 am

 

Barack Obama, con todo su encanto político y efecto galvanizador de reivindicaciones históricas, es un neófito sobre México. No le importa, no le preocupa y, por lo mismo, lo desconoce por completo. Voltear a ver a su vecino, como lo hizo este martes al anunciar la Casa Blanca un plan para apoyar la guerra contra el narcotráfico, responde a las presiones internas, de opinión pública y de las diferentes agencias federales que están alarmadas porque los narcos mexicanos extendieron su teatro de operaciones a 230 ciudades de la Unión Americana, y en algunas de ellas de la manera menos discreta: invasiones de propiedad, secuestros y asesinatos.

Para entender a Obama en su acercamiento a México, que ni figuró durante su campaña -salvo cuando se paró junto al Río Bravo y vio la frontera tamaulipeca a lo lejos-, ni se encontraba en sus prioridades de arranque de gobierno, hay que leer a Janet Reno, su secretaria de Seguridad Territorial, quien está definiendo la agenda bilateral con México, no sólo porque dentro del gabinete es quien mejor lo conoce -fue gobernadora de Arizona-, sino también porque el ámbito de preocupación que genera la inestabilidad mexicana está fuera del perímetro de la diplomacia, que encabeza Hillary Clinton, e inmerso en la seguridad nacional sobre territorio estadounidense, que es tarea de Napolitano.

Napolitano, el procurador general Eric Holder, el Pentágono y la Casa Blanca, fueron los responsables de elaborar el plan de sellamiento de la frontera con México que se dio a conocer la mañana del martes en Washington. Parece tan abrumador, que el diario The Washington Post lo definió como “la principal iniciativa de seguridad doméstica” del nuevo gobierno. Que sea menos. La “principal iniciativa” que ha lanzado Obama, es una ampliación de programas existentes desde la Administración Bush -el mejor botón de muestra es “Operation Gunrunner“, que trabajan hace tiempo ambos gobiernos para combatir el tráfico de armas-, y la continuación de las ideas de Napolitano que viene desarrollando desde que gobernaba Arizona.

Las ideas de Obama son las de Napolitano, que encierra los fenómenos de la violencia del narcotráfico y de la inmigración indocumentada en la misma caja. Ambos son, en esa visión, un problema para la seguridad de Estados Unidos; y los dos tienen que resolverse, por la fuerza y con enfoque policial. El primer planteamiento bajo esa óptica se dio desde la elaboración de la Plataforma Demócrata, que aprobaron los demócratas en su Convención del año pasado cuando nominaron a Obama. Quien estuvo a cargo de la confección del documento final fue, precisamente, Napolitano, quien esculpió los fundamentos sobre la base de su experiencia como gobernadora.

Napolitano vivió en Arizona los años más extremos de las milicias anti mexicanas a lo largo de la frontera, y respondió a ellas con paquetes legislativos que penalizaban severamente los delitos derivados de la migración indocumentada y que pretendía cerrar las puertas del mercado laboral a los mexicanos. Junto con ello, pidió y obtuvo del presidente George Bush que enviaran tropas de la Guardia Nacional para reforzar la frontera con México. En el plan anunciado este martes, no se habla de envío de tropas, pero Napolitano insiste que se sigue evaluando esa posibilidad. Tampoco aparece el tema de la migración en forma directa, pero sí está delineado. La Patrulla Fronteriza tendrá un incremento de agentes y se duplicarán las unidades especiales contra los “crímenes violentos de extranjeros”. ¿En dónde se conecta todo esto? En la concepción en Estados Unidos de que los cárteles de la droga están utilizando de manera más frecuente a las redes de traficantes humanos y de indocumentados, para transportar drogas. La migración, bajo ese concepto, atañe a la seguridad nacional, lo que empieza a permear en la opinión pública, como el viernes pasado, cuando durante un encuentro con periodistas estadounidenses en Washington, uno de ellos le preguntó si los indocumentados podrían ser clasificados como terroristas.

Policía federal en abundancia para la frontera, es la base del plan de Obama para combatir al narcotráfico. Policía federal es lo que siempre planteó Napolitano. El 30 de enero pasado, la secretaria firmó una directiva de Acción Directa de Seguridad Fronteriza, donde urgía que todas las agencias locales y federales con responsabilidad en la frontera, aportaran toda la información de operación, logística, capacidad y posibilidades de colaboración multiagencias, para poder desarrollar un plan de seguridad fronteriza. Menos de dos meses después, bajo el disfraz del plan para ayudar al presidente Felipe Calderón en la guerra contra el narcotráfico, esa directiva adquirió vida. Ella misma y varios funcionarios estadounidenses lo ha dicho por  semanas como el único camino para combatir la violencia de los cárteles de la droga.

Napolitano ha expresado que su plan tiene dos ejes: romper los círculos financieros del lavado de dinero, que estiman entre 18 mil y 36 mil millones de dólares, y una inyección tecnológica en la frontera sur. Por supuesto, ambos preceptos fueron anunciados por la Casa Blanca este martes. Obama ordenó triplicar el número de agentes de inteligencia para combatir el lavado de dinero, y se enviarán recursos para inyectar en escáners -para revisar los ferrocarriles- y en lectores de placas remotos, conectados a bases de datos policiales -para determinar con prontitud los vehículos sospechosos que quieren ingresar a Estados Unidos-, que ya existen, como proyecto piloto en San Ysidro, frontera con Tijuana.

El enfoque estadounidense al problema es una respuesta directa a sus exigencias domésticas. Después de todo, lo que durante décadas fue un problema exclusivamente mexicano, ahora también es estadounidense. Hubo enorme indiferencia en Washington cuando una multitud de funcionarios mexicanos decían que en el fenómeno del narcotráfico, Estados Unidos ponía las armas y México los muertos. Finalmente, aunque sea por la puerta de atrás, el fenómeno ya se asume con corresponsabilidad. Varios años tuvieron que pasar para que los muertos se empezaran a contar sobre territorio estadounidense y que un halcón demócrata, como es Napolitano, arrastrara a un indiferente Obama para comenzar a actuar en consecuencia.

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Son gringos, no amigos

March 23, 2009

— 1:00 am

Esta semana lloverán funcionarios estadounidenses del más alto nivel sobre tierras mexicanas. Viene la estrella del gabinete, Hillary Clinton, secretaria de Estado, la responsable de la política interna de la Administración Obama, Janet Napolitano, la secretaria de Seguridad Territorial, y Eric Holder, el primer afroamericano en ser nombrado procurador general. En Los Pinos están felices. “Estamos en la agenda de Obama”, concedió uno de los principales asesores del presidente Felipe Calderón. Es cierto, pero no hay mucho de qué celebrar.

En el gobierno de Barack Obama no hay amigos de México ni de los mexicanos. Hay altos funcionarios que les han demostrado su animadversión, su desprecio a los políticos y, por encima de todo, la congruencia histórica de esa nación, dibujada para la eternidad por el secretario de Estado de Dwight D. Eisenhower, John Foster Dulles en 1956: “Estados Unidos no tiene amigos; tiene intereses”. Obama -el único mandatario de Estados Unidos en la historia reciente que nunca estuvo en México ni en calidad de turista-, es la última demostración de ello. México nunca figuró en sus prioridades, ni durante la campaña presidencial, ni en el arranque de su gobierno.

México saltó súbitamente a la cima de sus preocupaciones porque la violencia de los cárteles de la droga se empalmó con la creciente preocupación de los estados fronterizos con México por el desbordamiento de la violencia, y por la galopante alarma en esa nación porque los narcotraficantes mexicanos ya operan en más de 250 ciudades de la Unión Americana, y están comenzando a matar a jueces y policías federales. Pero también por los reportes de las agencias de inteligencia civiles y militares advirtiendo que si no toma acciones decisivas para respaldar al gobierno de Calderón, México se puede convertir -sostienen en documentos oficiales- en un “narco-estado”. El problema de México ya lo es de Estados Unidos, pero no se resolverá únicamente en los términos que desea Calderón, sino cómo se ajuste mejor a los intereses de Obama.

Los gritos de Calderón primero para que le hicieran caso de la seriedad de la guerra que estaba enfrentando en México, ya lo escucharon. Pero las sugerencias de cómo quiere el gobierno mexicano que los ayude, ya no tanto. La militarización de la frontera y la revisión del Tratado de Libre Comercio (TLC) para reforzar aspectos no meramente comerciales, sino de seguridad, vienen en camino. Detrás de ellos se encuentran varios halcones que trabajan muy de cerca de la Oficina Oval de la Casa Blanca, y de las diferentes dependencias que están reforzando, con cuadros fogueados en zonas de guerra y de países inmersos en guerras contra el narcotráfico, sus oficinas en México y a lo largo de la frontera común.

El principal enemigo de México en la Administración Obama, por su influencia en la Casa Blanca, es el vicepresidente Joseph Biden, quien es la voz detrás de la reapertura de la renegociación del TLC. A Biden se le adjudica la presión dentro del Partido Demócrata para que insertara esa propuesta en la plataforma que se aprobó durante su Convención el año pasado. Los demócratas quieren modificarlo para incentivar el empleo interno, por un lado, y en términos de seguridad para establecer sistemas de vigilancia de camiones y contenedores dentro de territorio mexicano, operados bajo supervisión estadounidense. Biden, quien tiene una especie de escozor con funcionarios mexicanos, nunca quiso recibir a nadie cuando fue presidente del poderoso Comité Judicial del Senado, ni cuando lo fue del influyente Comité de Relaciones Exteriores. En una ocasión, cuando había una urgencia para transmitirle un mensaje, el entonces embajador mexicano ante la Casa Blanca, Jorge Montaño, a quien nunca le dio una cita, tuvo que ir al Capitolio y atraparlo en los pasillos para poder hablar con él.

Biden es la voz anti-TLC en el oído de Obama como Napolitano es la principal consejera en el reforzamiento policial en la frontera con México. Aunque no ha llegado a los extremos de los republicanos, es lo más cercano a un halcón en la materia en el sector demócrata. Como gobernadora de Arizona, aprobó la ley más dura en penas criminales contra aquellos que emplearan a trabajadores indocumentados, y en 2006 fue la primera en solicitar al gobierno el envío de tropas de la Guardia Nacional para sellar la frontera con México. Ella encabezó el comité que dio forma a la Plataforma Demócrata, y quien ayudó a formular lo que desea Obama en materia de migración: regularización limitada, más programas de visas especiales, y para quienes reclamen residencia, que prueben sus años de estadía en Estados Unidos y paguen las multas e impuestos que corresponden a la violación de las leyes durante ese periodo. También es uno de los cerebros detrás de la nueva iniciativa que presentará Obama esta semana para comenzar a militarizar la frontera con México en términos nunca vistos antes.

Nada de esto es lo que desea el gobierno de Calderón. Quiere una política migratoria con contenido humano y no desea que se militarice la frontera. No lo van a tener a la medida de sus expectativas. Para que Obama ayude, Calderón tendrá que hacer concesiones. Sus gritos finalmente sensibilizaron a Washington. El problema es que narcotizaron nuevamente la agenda bilateral, regresando varios lustros la discusión entre ambos gobiernos. El éxito de Calderón es efímero. Ahora habrá que pagar las consecuencias.

Nota: En la anterior entrega de esta columna, “La Batalla de Juárez”, se ubicó a Topolobampo en Sonora, cuando en realidad se encuentra en Sinaloa.

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Hillary

March 22, 2009

— 12:00 am

Hillary Clinton en Davos. Bill Clinton, su esposo tenía poco de haber llegado a la Casa Blanca cuando fue invitada a dar una conferencia magistral al salón plenario del Foro Económico Mundial. Ante decenas de los industriales más ricos del mundo, dueña del lugar, se plantó en el podium y sin discurso alguno comenzó a improvisar sobre el papel de la mujer en las sociedades modernas. Impactó.  Y cautivó.

Hillary Clinton en Estados Unidos. Congruente, trabajó intensamente en una gran reforma de salud. Pero a los políticos estadounidenses no les gusta tener presidentes que dejan que las primeras damas intervengan en los asuntos públicos -ya habían neutralizado antes a Nancy Reagan -, se le fueron encima. La golpearon. La humillaron. Derrotaron nacionalmente un plan que el 75% de sus opositores no habían leído ni su primera página. Su esposo, la metió en la congeladora durante su primer cuatrienio.

Hillary Clinton en Washington. La extrema derecha le lanzó una embestida. Brillante abogada, entre los 100 más influyentes de Estados Unidos mucho tiempo atrás de que Bill fuera tomado en serio, querían destruirla. La quisieron reventar con un fraude de bienes raíces denominado Whitewater, y un fiscal la volteó por todos lados y no le encontró nada. Quisieron involucrarla en el suicidio de su viejo amigo Vince Forster, con sugerencias insidiosas y acusaciones de que estaba encubriendo un asesinato. Varias investigaciones concluyeron suicidio.

Hillary Clinton en la Casa Blanca. Con la cara erguida y la mirada congelada junto a Bill cuando mostró arrepentimiento por haber tenido una debilidad de carácter con una joven practicante en la oficina presidencial de nombre Mónica Lewinsky, mostró su enorme pragmatismo.  Otra vez la extrema derecha iba tras la cabeza de los Clinton. Le buscaron al Presidente un delito constitucional que permitiera su desafuero, sin hallarlo jamás, pero en el proceso aparecieron otros romances, cuando gobernador de Arkansas, que quisieron quebrarlo políticamente. Tampoco pudieron. Hillary siempre detrás de él, lo detuvo moralmente cuando parecía quebrarse.

Hillary Clinton, en la política. Formada en las mejores universidades, Hillary conoció a Bill en la Escuela de Leyes de la Universidad de Yale, donde se unieron para no volverse a separar. Ella siempre lo aventajó. Más sofisticada. Más cosmopolita. Más ambiciosa. Y más inteligente. Ya lo había dicho Bill cuando apelaba pedía: por un voto, se llevan dos Clinton. La dimensión de esa frase se conformó con el tiempo, mientras ella se levantaba de la derrota de su reforma de salud, resistía estoicamente las infidelidades de su esposo, y enseñando la imagen por la cual la extrema derecha siempre quiso siempre su cabeza: demasiado poderosa; demasiado fuerte.

Hillary, en Capitol Hill. Aprendió bien la lección en los primeros años en la Casa Blanca. Necesitaba un bajo perfil para sobrevivir en un campo minado. Sobrevivió los últimos años en la Casa Blanca  mostrando su temple. Con el objetivo y los tiempos perfectamente claros, dispuesta a tragarse todos los sapos, como hacen los políticos de largo alcance, estableció su ruta crítica al poder. Fría y estratégica, esperó ocho años, ocho años de Presidencia de su esposo, para reclamar el lugar en la política que sentía merecer. Sin problemas, se convirtió en senadora por Nueva York.

Hillary, en la escalera al cielo . Aunque senadora novata, por lo que nominalmente pasaría a ocupar lugares en comités de segundo nivel, movió sus hilos políticos y relaciones para que la ubicaran dentro del influyente Comité de Relaciones Exteriores, que ayuda a formular la política exterior del gobierno de Estados Unidos y que da una de las mejores proyecciones políticas a las que puede aspirar cualquier legislador en el Capitolio. Ahí mostró ser una halcón demócrata en los momentos en que ser un pichón era mal visto por todos los estadounidenses. Sin dudarlo en ese momento, votó a favor de la guerra contra Irak.

Hillary, hacia la Casa Blanca. En el final de la Administración Bush, nadie dudaba que Hillary se lanzaría por la candidatura presidencial. Todo el aparato tradicional de los demócratas, ayudado a movilizar por su jefe durante ocho años, Bill, marchó  detrás de ella, hacia lo que parecía la candidatura asegurada. Sólo la novedad de un fuereño, que no venía contaminado por la aventura en Irak iniciada con mentiras, logró derrotarla. Barack Obama conquistó la candidatura, pero no pudo deshacerse de ella; sería como partir el partido.

Hillary, finalmente cobra la factura. Obama se quedó con la Presidencia, pero la fuerza de Hillary era demasiado. Los viejos políticos recomiendan siempre al Presidente entrante que nunca de empleo a quien no pueda correr. Pero Obama no tenía opción. Le ofreció la fundamental cartera de secretaria de Estado. Cuando los donantes secretos de la Fundación Clinton, de su esposo, se convirtieron en un obstáculo para aceptar el nuevo cargo por el conflicto de interés posible con el cargo, , Hillary cobró los servicios prestados a Bill, quien tuvo que dar a conocer los 200 mil donantes de su fundación. Hillary se quedó con el puesto.

Hillary en México. Esta mujer viene por primera vez en calidad de canciller a México. Con Hillary no hay que soñar. Sabe qué quiere, para dónde va y tiene la fuerza y la frialdad para alcanzar sus objetivos. No hay que engañarse. Detrás de la figura cautivadora, hay una política sin escrúpulos a la que no le gusta perder el tiempo. Como lo refleja su biografía, no se anda con cuentos. Que los románticos en el gobierno mexicano, lo recuerden estos días.

Nota: En la anterior columna, “El Chapo”, se reportó que la discoteca donde intentaron asesinar a los hermanos Arellano Félix se encontraba en Ixtapa, pero en realidad es la de Puerto Vallarta, y que el cardenal Juan José Posadas Ocampo fue asesinado en 1983, cuando lo fue en 1993. Los errores son totalmente del autor, que ofrece una disculpa a los lectores.

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La batalla por Juárez

March 20, 2009

— 12:00 am

Se dieron tantos brincos en la relación bilateral con Estados Unidos en esta semana, que se apagó ante la opinión pública el desarrollo de la batalla por Juárez, el microcosmos de la guerra entre los cárteles de la droga, y donde el Ejército movilizó a cientos de elementos en los últimos días y los militares tomaron el control de la seguridad pública. El que no figure en los principales titulares de los medios, no significa que haya bajado su intensidad. De hecho, si hay un momento climático de la guerra que libra el gobierno de Felipe Calderón contra el narcotráfico, es ahora y es en Ciudad Juárez.

En esa ciudad fronteriza, los cárteles de la droga han enviado a sus principales cuadros militares, a los jefes de los ejércitos de sicarios, a los responsables de los cuerpos de seguridad de los principales líderes de las organizaciones criminales, en la disputa por esa plaza por donde cruza hacia Estados Unidos sobre el 70% de la cocaína, y que es la gran franja donde luchan los cárteles de Juárez, respaldado por los disidentes del Cártel de Sinaloa, los hermanos Beltrán Leyva y Los Zetas, contra el Cártel de Sinaloa, encabezado por Ismael “El Mayo” Zambada, Joaquín “El Chapo” Guzmán, Ignacio Coronel y Juan José “El Azul” Esparragosa.

Una ficha de inteligencia establece que el Cártel de Juárez, al mando de Vicente Carrillo, tiene a su jefe de sicarios operando en Ciudad Juárez y Chihuahua. Se llama José Luis Ledesma, que nació en Sinaloa, y que se mudó hace tiempo a ese estado, donde los fundadores de la organización delictiva para la que siempre ha trabajado, emigraron también de tierras sinaloenses. Ledesma es conocido como el “JL”, que es como lo llaman los sicarios al servicio de la organización que se hacen llamar “La Línea”.

A su vez, el Cártel de Sinaloa envió a combatirlo a Manuel Alejandro Aponte Gómez “El Bravo”, jefe de seguridad personal de Joaquín “El Chapo” Guzmán, y a Gustavo Inzunza, quien hace el mismo trabajo para Ismael “El” Mayo Zambada. Aponte Gómez desertó del Ejército Mexicano en 2004, cuando tenía el grado de teniente, y nació en Chilpancingo, Guerrero. Desde el año en que se fue del Ejército, trabaja con Guzmán, y dentro del Cártel de Sinaloa organizó al grupo de sicarios que se hacen llamar “Los Halcones”. Aponte Gómez fue el ejecutor de Rodolfo Carrillo en 2004, ex jefe del Cártel de Juárez.

La lucha en Juárez representa hoy el principal campo de batalla entre los ejércitos de los cárteles de la droga, que desde que estallaron en pedazos a principios del año pasado, se han venido reestructurando y formando nuevas alianzas. En Ciudad Juárez, está recomposición de los cárteles desató la batalla más cruenta del último episodio de la guerra contra el narcotráfico, donde la vecindad con El Paso, Texas, donde se encuentra el Centro de Inteligencia para toda la frontera sur de Estados Unidos, aceleró la atención y preocupación de gobierno y medios en ese país.

Según la ficha de inteligencia, el “JL” cuenta hoy en día con el apoyo de “Los Pelones”, que eran el grupo histórico de sicarios del Cártel de Sinaloa, pero que cuando vino la fractura de la organización, dejaron de servir a Zambada y Guzmán para quedarse únicamente bajo las órdenes de quien manejaba la estructura militar del cártel, Arturo Beltrán Leyva. Aunque era la fuerza dominante, el Cártel de Sinaloa estaba integrada  a la Federación, que se había formado en 2002 para enfrentar al Cártel del Golfo. En la ruptura del Cártel de Sinaloa, que produjo el desmantelamiento de la Federación, el Cártel de Juárez, que pertenecía a ella, se quedó del lado de Beltrán Leyva.

“Los Pelones” son controlados por Edgar Valdez Villarreal “La Barbie”, uno de los incondicionales de los hermanos Beltrán Leyva, en particular de Arturo y de Alfredo -arrestado en enero del año pasado- a quienes se han sumado a la batalla por Juárez sus anteriores enemigos, Los Zetas, que es la facción militar del Cártel del Golfo. A quien respaldan, el “JL”  es descrito en el reporte de inteligencia como “un tipo sanguinario, que le gusta mantener un perfil bajo y que ha sido hasta ahora cauteloso en sus desplazamientos”.

Pero, para los fines delictivos, ha sido eficaz, al haber logrado estructurar toda una red de complicidades en Chihuahua, en particular en Ciudad Juárez, que involucra, según los reportes de inteligencia, a funcionarios en los tres niveles de gobierno, jefes policiacos, dirigentes políticos, empresarios y comerciantes. Según el informe, es el responsable de la mayoría de las ejecuciones que se han dado en Ciudad Juárez, entre las que se encuentran varios jóvenes que se dedicaban al narcomenudeo y que estaban al servicio de “Gente Nueva”, que comenzó a operar desde finales de 2007.

“Gente Nueva” es el nombre que está utilizando el Cártel de Sinaloa para operar en Chihuahua, que reclutó en Sinaloa a sicarios entre los 20 y los 35 años. Últimamente han engrosado matones de diversos municipios de Chihuahua, como Villa Ahumada, donde hubo recientemente cruentos enfrentamientos entre cárteles. La forma de operar de “Gente Nueva”, además de ser asesinos a sueldo, es de protección, vigilancia, y cobran extorsiones a empresarios y comerciantes.

El envío de jefes de sicarios y células de varias partes del país a Ciudad Juárez, y las biografías criminales de sus jefes, permiten ubicar en su dimensión el tamaño de la plaza que está en disputa. Juárez es el último punto sobre territorio mexicano de la codiciada ruta de la cocaína, que arranca principalmente desde el puerto de Topolobampo en Sonora, atraviesa el país hasta Torreón-Gómez Palacio y sube por Durango y Chihuahua hasta la frontera con Estados Unidos. Esto explica ampliamente el porqué de tantos muertos en esa zona, el porqué de la desestabilización, y la explicación de la masiva movilización militar al norte de Chihuahua. Ahí se está jugando una plaza esencial, estratégica, para los cárteles de la droga mexicanos.

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Alerta naranja

March 18, 2009

— 1:00 am

Hillary Clinton se sentó rápidamente en la silla de secretaria de Estado, hizo sus maletas y viajó a El Cairo, para hablar con el presidente Hosni Mubarak sobre una próxima cumbre regional y la urgencia inmediata de apaciguar el conflicto en Gaza. De ahí voló a Jerusalén para hablar con las autoridades israelitas sobre Gaza, y tomó el auto para ir a Ramalá, también en Israel, para dialogar con las autoridades palestinas sobre Gaza.

Después se fue a Bruselas, para hablar con los ministros de los países de la alianza militar trasatlántica de la OTAN, y paró en Ankara para hablar con los turcos, que son estratégicos para la contención musulmana -tienen estupendas relaciones con todas las naciones del Medio Oriente- y como trinchera europea frente al poderío militar ruso. La próxima semana visitará la ciudad de México y Monterrey. ¿Monterrey?

En efecto, Monterrey. La capital regiomontana define la agenda de la canciller Clinton. Si uno revisa las primeras giras que realizó, puede notar una línea muy clara en la redefinición de la política exterior bajo la Administración Obama: nuevas alianzas militares y sofocar la ira musulmana, que sangra todos los días por Gaza.

En México podría pensarse en una visita de trámite, dado el volumen de vínculos en la relación bilateral y los mecanismos de encuentros regulares para sacar adelante los temas naturales de interés recíproco. Pero Monterrey le da el cariz de la gira: la violencia por el narcotráfico, y el rol que Estados Unidos puede y quiere jugar en la lucha contra los cárteles, estarán en lo alto de la agenda.

Monterrey es la señal de que así será. Desde hace bastante tiempo,  el gobierno de Estados Unidos le ha dado un rango de interés alto a Monterrey, y ha enviado a esa capital a varios cuadros diplomáticos de alto nivel -el último trabaja ahora en los principales puestos de la embajada en Jerusalén-, y reforzado con agentes de la DEA la cobertura contra los cárteles de la droga. Pero en el último año, esa preocupación no sólo se incrementó sino que se volvió en enorme molestia, tras el ataque a su  consulado, que se encuentra justamente a espaldas de la Procuraduría General de Justicia de Nuevo León, en octubre pasado, cuando le dispararon y tiraron una granada que no detonó.

El ataque al consulado, en vísperas de visitas importantes de funcionarios de Estados Unidos a México, propició que apenas unas horas después de haberse ejecutado, agentes adicionales de la DEA y del FBI -que es quien se encarga de realizar este tipo de investigaciones-, estaban levantando evidencias en la representación diplomática. La PGR atrajo la investigación en México, que no ha dado resultados. El clima contra los estadounidenses no ha mejorado, sino todo lo contrario. Una información que circula en las áreas de inteligencia del gobierno mexicano señala que en enero fueron “levantados” cuatro agentes de la DEA en la carretera de Saltillo a Monterrey -en dos incidentes separados-, y que aparecieron “entambados”. Esa información no ha podido ser corroborada. No obstante, la creencia en círculos estadounidenses es que los cárteles de la droga les perdieron el respeto y ya forman parte de los objetivos militares de sus sicarios.

La penetración del narcotráfico en Nuevo León es de muy alto interés para los aparatos de seguridad estadounidenses. Desde hace casi cinco años detectaron que el Cártel del Golfo estaba luchando para apoderarse del tramo Laredo-Dallas de la autopista interestatal 35, la llamada “autopista del TLC”, por donde entra alrededor del 85% de los productos mexicanos dirigidos al mercado estadounidense. Posteriormente empezaron a registrar amenazas contra jueces y policías de aquél país, y más adelante asesinatos. En el transcurso de esa escalada del Cártel del Golfo en territorio de Estados Unidos desde sus bases de operaciones en Tamaulipas, otros cárteles comenzaron a disputarles la plaza que tenían asegurada: Monterrey.

Desde que llegó a la gubernatura Natividad González Parás, Nuevo León sufrió un calentamiento en la violencia derivada del narco. Funcionarios federales explicaron que se debió a que la plaza estaba controlada por un cártel, el del Golfo, pero a nivel estatal comenzaron a permitir que otros cárteles, en particular el de Sinaloa, entraran a competir por rutas y mercados. “Se les advirtió que no pactaran, y menos con dos cárteles al mismo tiempo”, recordó un funcionario. Evidentemente, no hicieron caso.

La violencia ha ido creciendo pese a la presencia de tropas del Ejército en el estado, donde los servicios de inteligencia mexicanos tienen registrada actividad del narcotráfico en 12 de los 52 municipios en Nuevo León, entre los cuales se encuentran 4 del área metropolitana de Monterrey. De hecho, los desafíos al Estado han ido creciendo progresivamente, con intento de asesinato a jefes de fuerzas federales, atentados como el del consulado estadounidense y contra medios de comunicación. El último reto fueron las movilizaciones contra la presencia del Ejército en las calles de Monterrey, donde pandillas que días después fueron vinculadas con el Cártel del Golfo, interrumpieron el tráfico, levantaron barricadas e inmovilizaron por horas la vida cotidiana en la capital.

El gobierno federal ha avanzado gradualmente en la batalla contra los cárteles en Nuevo León, pero en la reacción de la fiera herida están ampliando sus acciones contra otros actores, como los estadounidenses. Washington no lo va a permitir. La visita de Clinton a Monterrey es la primera señal contundente de que así será.

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Gracias Forbes

March 15, 2009

— 3:48 pm

La revista Forbes ha sido sujeta a un ataque feroz desde México, con misiles de discursos, lanza granadas de periodicazos y diatribas electrónicas de 50mm., por ubicar al sanguinario narcotraficante Joaquín “El Chapo” Guzmán en su lista de multimillonarios, junto a personalidades del mundo de los negocios, la política, los deportes y los espectáculos. Pero muchos de los que se enojaron, desde aquellos del tono vehemente hasta aquellos de timbre rococó, podrían estar equivocados en sus juicios sumarios contra el semanario que lee el establishment empresarial de Estados Unidos y muchos millones de morbosos en el mundo desde hace décadas, y deberían agradecerle a Forbes que haya puesto semejante atención en el “Chapo” de todos los mexicanos.

Al colocar a este hombre bajo los reflectores de la ambición y la envidia -que es lo que genera entre muchos de sus pares-, y por cuyo arresto la DEA ofrece una recompensa de 5 millones de dólares, Forbes colocó a Guzmán en la peor de las situaciones. Por un lado, los cazarecompensas refuerzan en automático la otra lista, esta sí letal, donde está “El Chapo”: la de sus enemigos en el narcotráfico que les urge liquidarlo a la brevedad posible. Por el otro, sus amigos y aliados, sometidos a una presión sofocante del gobierno federal y embarcados en una guerra contra los cárteles de la droga rivales, estarán viendo que la franquicia del Cártel de Sinaloa, en donde tiene Guzmán una membrecía platino, adquirió un valor inesperado que todos sus enemigos deben querer disminuir.

Bajo la lógica de las mafias, quien atrae tanta atención sobre un grupo criminal deja de ser un activo y pasa a convertirse en lastre. Por lo tanto, la racional es liquidarlo. Esta metodología de la supervivencia no es nueva en la delincuencia organizada en México. Sucedió hace no muchos años, cuando Amado Carrillo adquirió fama internacional como “El Señor de los Cielos”, por haber sido innovador en el mercado ilegal de las drogas y transportarlas en una flotilla de aviones Boing 727, el modelo más empleado por las líneas comerciales en aquél momento por su autonomía de vuelo en viajes intermedios y la capacidad de pasajeros.

La fama de “El Señor de los Cielos” atrajo excesiva atención sobre el Cártel de Juárez, que se había convertido, para las policías internacionales, en la joya de la corona para destruirlo. Carrillo era elusivo. Lo persiguieron por Rusia y por América del Sur; lo hicieron salir de Buenos Aires y lo encontraron en Viña del Mar; la prensa estadounidense se metió a revisar a sus operadores financieros y por dónde lavaba dinero. Descubrieron a los generales mexicanos que había corrompido y golpearon toda su estructura. La fuerza se estaba evaporando ante tanto ataque policial y la droga cada vez les resultaba más difícil adquirir, porque las operaciones para entregarlas cada vez eran más costosas. El negocio ya no funcionaba como antes, y todo se lo debían a “El Señor de los Cielos”.

La solución fue de libro: sus socios y aliados decidieron asesinarlo. Agobiado por tanto acoso, Amado Carrillo se internó en una clínica de la ciudad de México para que un grupo de médicos contratados por el Cártel de Juárez le cambiara la cara en una cirugía plástica, pero a los doctores se les murió “El Señor de los Cielos” en la plancha del quirófano. No fue el único muerto en ese episodio. Todos los que participaron en el cambio de imagen, fueron ejecutados. Maltrecho, el Cártel de Juárez trató de recomponerse con líderes que no pertenecían a la familia Carrillo, pero fueron golpeados nuevamente. Su hermano Vicente finalmente se hizo del poder del Cártel, pero hoy está enfrentado, precisamente, al de Sinaloa, y tiene que pelear contra él aliado con los Beltrán Leyva y con Los Zetas.

La experiencia de Amado Carrillo en Juárez apunta para que sea la de Guzmán en Sinaloa, gracias a la entrega periodística de Forbes. “El Chapo” es un narco que ha estado muy disminuido desde que lo metieron al penal de Puente Grande, y durante los primeros años después de su fuga en 2001, estuvo a salto de mata, económica y permanentemente sostenido por los jefes del Cártel de Sinaloa, sin mayor responsabilidad operativa. El quiebre del Cártel de Sinaloa lo volvió a llevar a la cima, pero más por la relación con los actuales jefes, Ismael “El Mayo” Zambada, Juan José “El Azul” Esparragosa e Ignacio Coronel, que por haber reconstruido y reconstituido la fuerza de antaño.

Desde mediados del año pasado, hubo indicaciones de que “El Chapo” ya deseaba entregarse, aunque nunca estuvo claro en qué términos y condiciones. No sucedió nada. Lo que sí pasó, de acuerdo con altos funcionarios federales, es que en los últimos meses de 2008, se recibieron mensajes de los cárteles que deseaban una tregua, que querían que el calor de la batalla disminuyera. Nunca se supo tampoco cuáles serían los términos y condiciones, porque esa puerta no la abrió el gobierno federal. Estos dos movimientos, cuando menos, sugieren cierta debilidad, tanto de “El Chapo” como de los cárteles, donde la unción de Guzmán en el selecto club de los multimillonarios del mundo, llega en mal momento.

La indignación por haberlo ubicado en la lista de Forbes, tendría que ser de “El Chapo”, sobretodo, porque la revista colocó inopinadamente -se supone- en la misma situación de Amado Carrillo en el epílogo de su vida. Forbes le acaba de pintar un blanco sobre su pecho, sobre su espalda y sobre su cabeza. Con la experiencia de lo que sucedió con “El Señor de los Cielos”, Guzmán puede empezar a considerar que aquella parte de su espalda que siempre estuvo protegida, ya no lo está más, y que en la lista de sus enemigos deben estar inscribiéndose rápidamente los que hasta hoy son sus amigos. Si uno está en el lado del combate al narco, habría que decir, más bien, “Gracias Forbes“.

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"El Chapo"

March 14, 2009

— 9:51 pm

Convertido en leyenda urbana mexicana, Joaquín Guzmán Loera se convirtió en celebridad mundial. La revista Forbes lo colocó en el centro del estupor al colocarlo como una nueva adquisición en su esperada lista anual de multimillonarios, a la par de los mexicanos Emilio Azcárraga Jean y Alfredo Harp Helú, en el lugar 701, con una fortuna calculada en mil millones de dólares. Empatados en la lista, pero no en fama.

Ni Azcárraga ni Harp Helú, empresarios notables, lo superan. Veinticuatro horas después del anuncio de Forbes, el buscador de noticias e información de Google le daba un total de256 mil 900 hits (búsquedas de su nombre o apodo), contra 126 mil del presidente de Televisa y apenas 26 mil del ex banquero y dueño del equipo de beisbol de los Diablos Rojos de México.

Impensable para quien conoció a Guzmán Loera, apodado “El Chapo” por su estatura de 1.55 metros, lugarteniente del último barón del narcotráfico en México, Miguel Ángel Félix Gallardo, que agarrara tal notoriedad por las peores razones: una fortuna amasada por el narcotráfico, dinero y construido sobre muertos, propios y extraños. Su historia, con todo y fortuna, no es envidiable. Al contrario.

En 1980, junto con su viejo amigo Héctor “El Güero” Palma, trabajaba para Félix Gallardo, jefe del omnipresente Cártel de Guadalajara, cuya diáspora marcó la historia del crimen organizado en este país el último cuarto de siglo. Al ser detenido Félix Gallardo en 1989, toda la organización se desmontó y sus sicarios se repartieron el reino. Guzmán Loera se quedó con Mexicali y San Luis Río Colorado, en Sonora; Palma con Nogales y Hermosillo; el ex policía judicial Rafael Aguilar se quedó con Ciudad Juárez, Chihuahua y Nuevo Laredo, donde surgiría el Cártel de Juárez; Jesús Labra se quedó con Tijuana, ayudado por sus sobrinos, los hermanos Arellano Félix; e Ismael “El Mayo” Zambada, con Sinaloa.

Las guerras no tardaron en estallar por los territorios, desatadas porque desde mediados de los 90 los cárteles colombianos empezaron a pagar en especie la transportación de droga a Estados Unidos y ya no más en efectivo. Los mexicanos tuvieron que construir un mercado, a partir de plazas. El Cártel de Tijuana echó a Guzmán; los contrabandistas García Ábrego, sobrinos del legendario Juan Nepomuceno Guerra, metieron a su banda al narcotráfico y desde Tamaulipas construyeron el Cártel del Golfo. Zambada se fue con Amado Carrillo Fuentes, quien se quedó al frente de Juárez al ser asesinado Aguilar. Y “El Chapo” y Palma, después de batallas conjuntas contra adversarios, se quedaron con Sinaloa.

La guerra más cruenta era entre “El Chapo” y los Arellano Félix. El primero quiso acabar con ellos en la discoteca “Christine” de Ixtapa, pero escaparon ilesos. Los Arellano Félix fueron por la venganza y trataron de asesinarlo en mayo de 1983 en el aeropuerto de Guadalajara; el único que murió en la confusión fue el cardenal Juan José Posadas Ocampo, quien iba a un acto social.

Ese crimen hizo que “El Chapo” empezara una loca carrera, al ser responsabilizado de aquél asesinato. Lo detuvieron en Guatemala casi un mes después y lo mandaron a la prisión de máxima seguridad en Puente Grande, a donde llegó pocos años después su amigo Palma, arrestado por el Ejército cuando su avioneta tuvo que aterrizar de emergencia en Jalisco al quedarse sin combustible. En 200, “El Chapo” saltó a la fama nacional: escondido en el carrito de la ropa sucia, se escapó de la cárcel.

Los cárteles ya se habían reorganizado. Zambada estaba totalmente integrado al Cártel de Sinaloa, peleaba en su nombre las plazas de Baja California y San Luis Río Colorado a los Arellano Félix, y cuando se escapó su futuro compadre, lo protegió. En la ocasión donde el Ejército estuvo más cerca de detenerlo, “El Mayo” voló en un helicóptero a la sierra de Sinaloa de donde lo sacó antes de la aprehensión. Fortalecieron entonces sus lazos  con los hermanos Arturo y Alfredo Beltrán Leyva, y de este con también se hicieron compadres.

“El Chapo” vivió de guarida en guarida, financiado por sus hermanos del Cártel de Sinaloa, hasta que en enero de 2008 arrestaron a Alfredo Beltrán Leyva. La guerra volvió a estallar. Arturo responsabilizó a “El Chapo” y a “El Mayo” de haberlo delatado y abrió fuego contra ellos. Se alió con la rama militar del Cártel del Golfo, Los Zetas, y empezó el baño de sangre que tiene en casi 10 mil asesinados la cifra de víctimas de la lucha contra el narco en el sexenio.

La revista Forbes dice que la fortuna de “El Chapo” fue amasada entre 2001 y 2008. La vida de Guzmán Loera muestra en cambio, una tragedia: el arresto de su hermano y su asesinato en la cárcel; el arresto de su hijo para tratar de atraerlo y capturarlo, y el asesinato de su otro hijo, Edgard, ejecutado en mayo pasado en Culiacán, con lo que se inauguraron las matanzas narcos.

Tuvo tiempo, sin embargo, para casarse en junio con Emma Coronel, joven belleza de 18 años, sobrina de Ignacio Coronel, el gran capo en México, que vive a la sombra de la publicidad, sin atraer atención ni violencia en su entorno. Todo lo contrario de “El Chapo”, esa leyenda sobre la cual corren múltiples historias. Como esa que corre veloz que dice que “El Chapo” llegó a un restaurante y a todos los comensales los secuestraron y les quitaron los celulares mientras terminaba su cena. Tampoco hay versión más controvertida que aquella que dice que los militares en el norte de Tamaulipas le dieron cama segura durante las noches de apresurada fuga. No hay taxi en Mazatlán que no sepa donde vive “El Chapo”, ni dudan muchos otros al asegurar que se está con Emma en el sur de Durango.

Hoy tiene 54 años, con casi la mitad de ella metido en el narco. Es un asesino, y en esa lucha, también ha pagado sus facturas. Es una celebridad que pocos deben querer ser, aún cuando fuera cierto que su fortuna es de mil millones de dólares. Es muy poco lo material que tiene para todo lo que ha perdido.

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