
En esta ciudad basta con sacar un par de botellas de Coca Cola rellenas de agua y plantarlas sobre la calle para fundar una micro república y hacerse dueño de un pedazo de la vialidad.
Es muy común, lo vemos con los franeleros que colocan huacales y cubetas o latas vacías de pintura para delimitar su territorio donde practican la extorsión a los automovilistas para no rallarles el coche.
Lo curioso de este caso es que se trata de unos vecinos de la Colonia Portales de la Ciudad de México que reservan un lugar frente a su casa para un coche que no existe.
He pasado por ahí diversos días a diferentes horas del la mañana tarde y noche y nunca he visto un auto estacionado en la micro república de las dos botellas de Coca Cola.
Una amiga (ex amiga para ser exactos) que vive por a zona me aseguraba hace unos días que a veces sí estacionan ahí un Malibú rojo.
La moraleja de esta historia no está en que alguien aparte un lugar para las visitas en la calle frente a su casa, sino que los vecinos que sí tienen coche no digan nada y asuman ese espacio público como si fuera propiedad privada.
Es un microcosmos que refleja la situación ya no de la ciudad, sino de todo el país. Como no hay autoridad y la impunidad es total, cada quien define su propio territorio como los machos testarenosos en el mundo de los animales irracionales. Y la gente o se rebela y enfrenta al machín de las coca colas o se aguanta y resigna, como en el San Garabato de los ‘Supermachos’. En este caso lo segundo es lo que ocurre, porque el lugar del auto virtual es respetado religiosamente, como si fuera el establo de una vaca sagrada en la India.
Si se ve bien, esta es una manifestación tan clara de un Estado fallido como los asesinatos entre los narcos y sus desafíos al gobierno, o a lo que queda de él.
¡Feliz 2010! ¡Y qué viva México en el bicentenario!
