El pasado lunes por la noche fui con Eva a una conferencia degustación en la Escuela de Gastronomía mexicana. El tema de la charla era muy sugestivo: De la Revolución a los electrodomésticos.
La degustación como tal no entró al tema de los electrodomésticos y presentó más bien una serie de platos del tiempo de la revolución, cuando quienes participaban en la bola “comían lo que encontraban a su paso o lo que les entregaban pequeñas poblaciones simpatizantes con la causa”, según explicó Edmundo Escamilla, quien estuvo a cargo de la charla.
La comida era sencilla, muchas veces consumida en el mismo frente de batalla. El campo no estaba cultivado, lo que sumado a los constantes cambios de gobierno en los que se desconocía la moneda del anterior creaba grandes problemas de desabasto.
Pero así, sencilla y todo, estaba sabrosa, por lo menos la que cenamos esa noche, acompañada de pulque curado de fresa. Una bebida que a Eva le encanta y que ha ido desapareciendo de los hábitos de consumo nacionales. Yo la probé hace no mucho, precisamente gracias a Eva que literalmente me arrastró una tarde a una pulquería cerca del Mercado de San Juan. El curado era bueno y refrescante, servido en jarritos de barro.
De entrada nos ofrecieron unos esquites en cazuelita también de barro, calientes, y unos quelites fríos en una hoja de maíz morado. Ambos deliciosos. Los dos platillos tenían un aspecto coqueto y entrañable, pese a que se emulaba la comida casera en tiempos de austeridad.
La sopa fue de tortitas de arroz (acompañada de tortillas de quintoniles –flor de quelite) y, según explicó el Jefe de cocina Yuri de Gortari, se trataba de un platillo “de reciclado”, pues se hacía con arroz “frío”, es decir, “del día anterior”. En opinión de Eva la sopa sabía demasiado a huevo, por el rebozado, con lo que estoy totalmente de acuerdo.
El plato principal fue sin duda la estrella de la noche: Pollo en huerto, también conocido como “el platillo de los 30 ingredientes” y que según explicó Yuri fue tomado del recetario Josefina Velásquez de León, y sólo se cambió la gallina que originalmente llevaba por pollo, más afín al paladar contemporáneo.

Entre los 30 ingredientes del plato estaban la piña, la pera, el plátano macho, chile jalapeño en conserva, aceitunas, alcaparras, chícharos, almendras, pasas, manzana, tomillo, laurel, ejote, cebolla, jitomate y muchos más.
La presentación era muy sencilla, pero el sabor era excelente. Los 30 ingredientes, cada uno con su adecuado grado de cocción, texturas, aromas, sabores y colores, aportaban al platillo para dar un gran resultado.
Los postres, también tomados del recetario de Velásquez de León, fueron dos flanes a elegir: uno de piña y otro de piñón. Eva prefirió el segundo y yo el primero, pero nos convidamos. Ambos estaba correctos.
La cena terminó con una taza de chocolate Mayordomo con leche.
La conferencia-degustación fue la continuación del ciclo iniciado el año pasado en el Castillo de Chapultepec bajo el título Rumbo al Bicentenario.
De la charla, lo más interesante fue el planteamiento de que la identidad nacional se forjó antes que México surgiera como país y se gestó precisamente en el paladar, como un aglutinador de preferencias culinarias, de compartir una visión del mundo en la comida.
De acuerdo con Edmundo, la identidad mexicana se forjó muy rápidamente en la gastronomía y cuando se logró la independencia ya había una rica gastronomía bien afincada en lo prehispánico.
Tras la independencia la tendencia se invierte y “queremos copiar a Europa en donde Francia impone la moda”. De este modo, “empezamos a ser un remedo de Francia y vamos a ser un país dividido entre el México profundo y el imaginario”, expuso Edmundo.
Luego, tras la Primera Guerra Mundial surgen los electrodomésticos, pero a México no llegan realmente hasta después de Segunda Guerra Mundial. Por ejemplo, Cocinas Mabe empieza en 1940. Hay otras marcas que ya no existen, como estufas Dragón. Junto con los aparatos eléctricos llega la cocina preparada a las cocinas mexicanas. También los hombres comienzan a asomarse a las estufas de sus casas.
Por esa época, el empresario Antonio Ruiz Galindo saca un eslogan que dice: “Para sacar a este país adelante compra mexicano”. Un consejo que bien podríamos aplicar hoy en día.
El jueves pasado fui a una cena a ciegas al restaurante Cordon Blue Casa de Francia. Aclaro: era una CENA a ciegas y NO una CITA a ciegas. Tampoco era una de esas cenas en las que si no te gusta, te vistes y te vas.
En Amores con Eugenia es un lugar de la Ciudad de México. Es el cruce de dos vialidades de la Colonia del Valle, la esquina donde se encuentran las calles de Amores y Eugenia.
