SAN JOSÉ, Costa Rica – Apenas escuchó el nombre de Colombia, sus ojos brillaron con intensidad. Con rapidez, acomodó su cabello y, emocionada, soltó un caudal de sentimientos de cercanía hacia la tierra colombiana. En pocos segundos, Laura Chinchilla narró un pasaje clave de su vida.
“Le debo mis ojos a Colombia”, me explicó, en una conversación en la que contó fases de su nexo con ese país. “Me hicieron un trasplante de córneas” en varias operaciones quirúrgicas en una clínica de Bogotá a principios de la década de 1990, recordó. La mujer de 51 años, casada y con un hijo y que en mayo anterior asumió como primera presidenta de Costa Rica, atesora un recuerdo para reafirmar lazos con los colombianos, forjados hace más de 23 años, desde que su padre, Rafael Ángel Chinchilla, era embajador costarricense en Bogotá.
Como presidenta, Chinchilla aprovechará su gobierno de 48 meses para convertirse en la principal aliada política de Colombia en una zona que, como Centroamérica, es disputada por la influencia de los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez, en Nicaragua, de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, en El Salvador, y de México, Felipe Calderón, en Guatemala.
Chinchilla—declarada admiradora del presidente colombiano, Álvaro Uribe—ha dicho que “no quisiera verme en los espejos de otras sociedades que son mártires del narcotráfico como Colombia y México”.
Por eso, la Presidenta se unió hace pocos días a su colega de Panamá, Ricardo Martinelli, para reforzar los vínculos con Bogotá: el presidente electo de Colombia, Juan Manuel Santos, visitó Ciudad de Panamá y San José del 22 al 23 de julio pasados y pactó con ambos una alianza política como aliados de su próximo gobierno—asumirá el 7 de agosto—en la lucha contra el narcotráfico internacional.
En este contexto, los diplomáticos de Chinchilla mueven piezas. “La Presidenta ha sido muy enfática en la necesidad de tener gran cercanía (con Colombia), por la experiencia colombiana en seguridad y narcotráfico, pero sobre todo porque hay lazos históricos muy fuertes”, me dijo Carlos Roverssi, viceministro designado de Relaciones Exteriores.
“Nos unen credos de la concepción de gobierno muy similares al pueblo y al gobierno colombianos que nos permiten hacer bloques en pensamientos similares. La historia colombiana es muy similar a la costarricense. En los últimos años, por razones conocidas, hay diferencias marcadas. Pero nos están uniendo muchas cosas con Colombia, como la lucha contra el narcotráfico”, subrayó.
Las visitas de Santos, precedidas por una escala en México y seguidas por viajes a Chile, Argentina, Perú, República Dominicana y Haití, se registran en el fragor de la crisis Colombia-Venezuela, tras la acusación colombiana planteada el 22 de julio en la Organización de Estados Americanos (OEA) de que territorio venezolano, con la complicidad del presidente Hugo Chávez, es santuario de los guerrilleros colombianos.
Santos dijo acompañado de Chinchilla que la meta es “homologar posiciones” en seguridad, integración comercial y economía. “Son retos interesantes, comunes denominadores y hay gran disposición por trabajar juntos”, subrayó. “En los próximos cuatro años vamos a seguir trabajando de la mano”, recalcó.
En Panamá, vecino de Colombia por el oeste, Santos planteó, sin mencionar a Caracas, los contrastes con Venezuela, colindante por el este. “La relación con Panamá es muy buena”, pero es necesario “fortalecerla y mejorarla todos los días. Podemos avanzar a un ritmo más rápido” en asuntos económicos y energéticos. Pero las pláticas entre Martinelli y Santos fueron, entre otros temas, sobre seguridad fronteriza, que es crucial por los frecuentes choques entre rebeldes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y efectivos panameños.
El fortalecimiento del nexo Bogotá-San José–Panamá impacta en una región en la que sobrevuelan otros poderes extrarregionales, aparte de la antigua influencia de Estados Unidos, que muestra una renovada e intensa presencia militar a lo largo de Centroamérica y Colombia, para inquietud de Chávez y sus socios.
El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, es el más importante socio de Chávez en el área, como plataforma del socialismo del siglo XXI. Lula es un estrecho aliado del presidente de El Salvador, Mauricio Funes, en temas como biocombustibles y política exterior. Calderón sigue ejerciendo gran peso sobre el mandatario de Guatemala, Álvaro Colom, en cuestiones energéticas y batalla contra el narcotráfico.
Honduras está aislada por el golpe de Estado de junio de 2009 y como Washington es su referente foráneo, reafirma su vieja imagen de portaaviones yanki con derecho de voto en foros internacionales.
Por estos factores, Centroamérica es esencial para Santos. Chinchilla, tercera presidenta de Centroamérica (precedida de 1990 a 1997 por Violeta Barrios en Nicaragua y de 1999 a 2004 por Mireya Moscoso en Panamá) sabe que la región es volátil por muchos motivos, más allá de cocteles políticos Managua-Caracas, San Salvador-Brasilia o México-Guatemala. Y sabe que, en tales condiciones, es vital que un gobernante posea excelente visión… política.
