Ésta vez, en Yucatán, no sólo fueron el miedo y las medidas extremas de seguridad que impone en cada gira el Estado Mayor Presidencial, los causantes del desencuentro entre el Presidente Felipe Calderón y la gobernadora priista Ivonne Ortega.
Fue también el intento de los colaboradores de los Pinos por utilizar la presencia de Calderón y su anuncio de ampliación del programa Oportunidades, como un acto partidista, pintado de azul y blanco, con vistas a las elecciones para diputados locales que se llevarán a cabo el próximo 4 de marzo.
Y claro, la yucateca no se dejó. A punto estuvo de no participar en la gira, y sólo aceptó acompañar a Calderón hasta que el propio Presidente le garantizó su seguridad
Pero las cosas comenzaron mal. Primero, ni siquiera le informaron de la gira presidencial como indica el protocolo. Se enteró por trasmano y tuvo que hablar con el secretario de Gobernación para confirmar si efectivamente el Presidente viajaría a Yucatán.
Segundo, la noche previa a la gira presidencial, “se hizo un pacto para no llevar identificaciones”, contó la gobernadora. Sin embargo, a la hora de la hora –cuando aún no aterrizaba el avión presidencial– la gente de Sedesol dio unos “estiquers” a la entrada del gimnasio Polifuncional de San José Tecoh, donde tendría lugar el acto más importante y no dejaron pasar a sus colaboradores, sólo gente del ayuntamiento identificada con el PAN
Ante esa situación, contó la gobernadora, ordenó a sus colaboradores que se retiraran.
Cuando el Presidente bajó del avión, Ortega estaba trinando, hablaba por teléfono con el secretario particular del Presidente, Luis Felipe Bravo Mena señalándole que habría enfrentamiento entre grupos en esta situación.
Ivonne calculaba lo que le esperaría si acudía al evento en las condiciones que habían organizado los funcionarios de Sedesol y el EMP: ¡habían llenado el auditorio de puros simpatizantes blanquiazules traídos expreso en camiones! Eso le habían informado.
Cuando menos, imaginaba la gobernadora, la expondrían a una enorme rechifla. Y ya, para rechiflas, había tenido suficiente con la que le lanzaron el sábado pasado antes de la pelea entre Guty Espadas y Elio Rojas.
En fin, en este marco recibió al Presidente de la República (diez minutos tard) y le informó cuál era la situación en el Polifuncional. Y por ello, le diría, no lo acompañaría en su gira.
Calderón se sobresaltó. ¡Lo que le faltaba! Tomó cartas en el asunto y le ofreció a Ivonne Ortega velar por su “seguridad” si le acompañaba. Le ofreció que no habría abucheos, rechiflas ni nada por estilo.
Ivonne aceptó y Felipe Calderón cumplió su palabra. Solicitó a los suyos ser “respetuosos”, permitir que todos la pasaran bien, que no ofendieran a nadie, que no hubiera rechiflas, que estuvieran contentos.
Le hicieron caso. Así que sólo hubo aplausos durante el evento, pero sólo para él.
Valga el incidente para mostrar lo caldeados que andan los ánimos en Yucatán a dos semanas de las elecciones locales. Y de paso, échele un ojo a lo que se escribe, porque pocas veces he leído un editorial tan agresivo contra el Presidente como el que apareció en el periódico Por Esto!, precisamente ayer, el día de la visita de Calderón.

Los panistas, los de nacimientos y los que no lo son, siempre muestran un alto grado de intolerancia porque, en su mayoría, son ignorantes, atrasados políticamente, ambiciosos y corruptos, además de irrespetuosos. Calderón es un declarado cristero y, por lo tanto, mafioso. Tiene un gran complejo de virrey español; es partidario de la monarquía y como tal se conduce, por eso no extraña que haga lo que hizo en Yucatán. Creo que Ivonne Ortega se quedó corta; fue respetuosa con un patán que se autoproclama presidente de los mexicanos, pero, si acaso tendría posibilidad de presidir una alcaldía menor. No hay que agregar más, los hechos hablan por sí mismos.
Comment by Séneca — February 26, 2010 @ 10:44 am