Más tardaron los perredistas en celebrar su encuentro conciliatorio del lunes pasado con la jerarquía católica –los 22 arzobispos y obispos del Consejo Permanente del Episcopado Mexicano—que el cardenal Norberto Rivera en lanzarles una cubetada de agua fría.
Sí, la mañana de este martes se difundió, desde la oficina del senador Carlos Navarrete, un boletín titulado “Legisladores del PRD y el Consejo Permanente del Episcopado Mexicano acuerdan establecer diálogo para dirimir diferencias”.
Dicho texto anunciaba que a partir de este nuevo entendimiento entre el Partido de la Revolución Democrática y la Iglesia Católica, cualquier diferendo sería resuelto mediante “un diálogo directo, sin intermediarios, no mediático, sino en los espacios que juntos acordemos”.
Confío –apuntaba Navarrete en uno de los párrafos– en que todo ello “de serenidad a esta relación”.
El panorama apuntaba promisorio para solventar los conflictos suscitados entre ambas partes, ya que el propio presidente de la Conferencia del Episcopado, Carlos Aguiar, confirmó que había ya diálogo entre los perredistas y los obispos.
Pero unas horas después de ambas informaciones, el cardenal Norberto Rivera saltó a la palestra y declaró al periódico Milenio que las paces no estaban hechas, ni los agravios subsanados.
Que él no había sostenido ningún tipo de diálogo con la dirigencia del PRD (en el encuentro con los obispos estuvieron, además de Navarrete, el senador Silvano Aureoles y el diputado Guadalupe Acosta Naranjo) y que no estaría dispuesto a dialogar en tanto los perredistas no cumplan con dos condiciones “innegociables”:
-Una disculpa pública del diputado local Víctor Hugo Romo por la calumnia proferida contra la memoria de quien fuera Venerable Arzobispo Primado de México y dos veces presidentes de la Conferencia del Episcopado Mexicano, el finado Cardenal Ernesto Corripio Ahumada.
-El retiro de las dos demandas interpuestas -una ante la Secretaría de Gobernación y otra en un juzgado del Distrito Federal- en contra del Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México.
Como se ve, la respuesta del purpurado en nada se ajustó a los acuerdos logrados en la reunión del lunes por la tarde en la sede del episcopado, pues lo primero que hizo Norberto fue salir a los medios a declarar que aún no existía tal ánimo de conciliación. No al menos por su parte.
Así que si Carlos Navarrete pensaba que ahora sí se estaba iniciando una nueva etapa en la relación entre el sol azteca y la dirigencia católica, aún le falta un trecho por recorrer. Y es que, señores perredistas, con Norberto habéis topado.
