César Augusto Santiago fue sin duda uno de los legisladores que con mayor dureza habló al secretario de Hacienda, Ernesto Cordero Arroyo, en su comparecencia del viernes pasado. Entre otras linduras, calificó el gobierno de Felipe Calderón de “inexperto”, “ineficaz” y de ser “un gobierno de aficionados”.
¿Qué respuesta hubo a ello por parte de Cordero? Ninguna directamente. Se limitó a reiterar que el aumento en las gasolinas había sido una actitud “responsable”, que de no haberse tomado esa medida el impacto hubiera sido mayor ahora y que vendrían más aumentos.
Sin embargo, lo que más me llamaba la atención en esa comparecencia ante la Tercera Comisión de Trabajo de la Permanente, era la actitud del propio secretario de Hacienda. Daba la impresión que poco a poco se iba haciendo más chiquito.
Su actitud no era la de aquel que se yergue ante los retos. Al contrario. Su imagen en el salón Verde de la Cámara de Diputados, más parecía esa noche en la Cámara de Diputados la de un jovencito regañado que la de un ministro. Su figura, su actitud, su tono de voz, en nada mostraban a un líder fuerte o carismático, ni con los arrestos para llevarnos para sacarnos de la crisis.
La idea de que este será el año de la “recuperación” económica, no se estampaba en Ernesto Cordero.
Por el contrario, contrastaba fuertemente con el optimismo y la certeza en las palabras mostrado un día antes por el Presidente de la República en su mensaje de año nuevo, aunque éste último no haya tenido mayor repercusión ni en los medios ni en la gente.
Dos y tres días después de cada uno de los mensajes, la respuesta del senador Manlio Fabio Beltrones indica claramente el pensar de los priistas respecto de la mirada del gobierno actual sobre la situación económica. Dice el sonorense: Deberíamos ser prudentes en la generación de expectativas de recuperación económica, “pues aún prevalecen signos de incertidumbre y el impacto social de la recesión ha sido brutal.
Advierte que el enorme esfuerzo que las familias han venido haciendo para sobrellevar la crisis económica, “no merece que se responda con ilusiones estadísticas de recuperación económica”
Pide que prevalezca “la mesura y la sensibilidad” y demanda también “elevar la capacidad de liderazgo” para llevar a cabo las reformas económicas y políticas que la crisis ha vuelto indispensables e impostergables.
Y precisamente esto último –sensibilidad y liderazgo—no fue lo que mostró Ernesto Cordero en su comparecencia. Más parecía, como calificó César Augusto, un aficionado.
