Los diputados y senadores no se veían de buen humor. Ernesto Cordero poco a poco fue perdiendo la sonrisa con la que llegó a San Lázaro. El clima, a medida que pasaron los minutos, se fue enfriando más y más entre el secretario de Hacienda y los legisladores.
No así frente al director general de Pemex, Juan José Pérez Coppel. A él le fue mejor. Y ello debido a que no se fue por las ramas en su comparecencia, como sí lo hizo Cordero Arroyo.
Vaya, apenas cruzaba la primera hora de comparecencia y el nuevo secretario de Hacienda recibía, además de lo que el senador Jorge Ocejo Moreno llamó “injurias”, una llamada de atención por parte del diputado priista César Augusto Santiago por no responder una sola de las preguntas que se le habían planteado.
Y así era efectivamente. De los cuestionamientos presentados en la primera ronda de preguntas por parte de todas las fracciones parlamentarias, Ernesto Cordero Arroyo no dijo ni pío. Se dedicó a relatar lo que se había hecho desde Hacienda durante 2009, en los tiempos de Agustín Carstens.
El senador perredista Francisco Javier Castellón declaró entonces desde la tribuna que lo que estaba ocurriendo en ese Salón Verde de la Cámara de Diputados reflejaba y significaba lo que está ocurriendo en el país: “quienes lo gobiernan ven una realidad completamente diferente a la que se tiene desde los grupos trabajadores, empleados, los que sostienen el país”.
Ernesto Cordero apenas si bajó la mirada.
El senador Jesús Garibay (PRD), de plano declinaría hacer pregunta alguna pues –diría—“para qué perder el tiempo”.
El diputado priista Cruz López Aguilar pediría a su vez al presidente de la Tercera Comisión, el panista Mario Alberto Becerra Pocoroba, que “en la próxima comparecencia no sólo juren los funcionarios decir verdad, sino que contesten las preguntas”.
El secretario de Hacienda siguió con la vista sobre la mesa, ahí donde se juntaban sus manos y sobresalía su hermoso reloj.
Ernesto Cordero Arroyo, como se vería a lo largo de su primera comparecencia como secretario de Hacienda, fue a reiterar una sola cosa: que la decisión de aumentar las gasolinas había sido “una decisión difícil, impopular, pero responsable”.
Y ya podía alzarse César Augusto para restregarle que la economía en nuestro país “es un desastre” por culpa de un gobierno “inexperto, ineficaz, de aficionados”; o para preguntarle a cuánto ascendían las llamadas “disponibilidades (subejercicios); si con su nombramiento se buscaba una “complicidad” entre Hacienda y el Banco de México; o si de lo que se trataba con el aumento a las gasolinas era de hacer “un guardadito” para que aparezca milagrosamente en tiempos electorales.
Ni una palabra respondería a ello.
El senador Jesús Garibay comentaría luego que luego de escuchar su exposición inicial “no tuve más que reconocer que estaba aquí la tecnocracia en pleno”. Usted, le diría a Ernesto Arroyo, inicia diciendo que la realidad económica por sobre todo… Y yo me pregunté al escucharlo: ¿y la realidad social…, dónde quedó?
Y añadiría con sarcasmo: “Ahora entiendo por qué usted aportó siete millones de pobres a este país. Ahora me pregunto, desde Hacienda, ¿cuántos millones de pobres va a incorporar a este país?
Ernesto Cordero, para entonces, estaba cada vez más serio. Más tenso. Si bien no caía en las provocaciones, tampoco respondía ninguna de las preguntas que sobre los aumentos de las gasolinas se le hacían.
El ambiente se hacía cada vez más tenso.
Lo que de plano terminó por endurecer el rostro del secretario de Hacienda fue la intervención del petista Ricardo Monreal quien subió a la tribuna para dar a conocer “la posición del gobierno legítimo que encabeza Andrés Manuel López Obrador”.
Y se aventó la lectura del documento recordando todo lo que les había advertido su Presidente Legítimo, hasta terminar diciéndoles al PRI, PAN y Verde que dejaran de “chillar con hipocresía”, y decirle a Cordero y a Duárez Coppel que no eran más “achichincles de los verdugos del pueblo”.
A esas alturas, ya ni quien sonriera. Mucho menos Ernesto Cordero.

… Excelente tu crónica, Martha… y al mismo tiempo indignante: ese señor Cordero, el “señor de los silencios” es al mismo que le pagamos los mexicanos para que nos explique lo que hace con nuestros dineros, pero ya ves. El autoritarismo panista no sólo está expuesto ahí, sino lo peor de los políticos bisoños que, como éste, quieren ser presidentes. Porque todos ellos llevan una banda tricolor en su corazón, pero no en el cerebro. En fin.
Comment by Pedro Martínez — January 8, 2010 @ 10:55 am