Ni siquiera la gritería de los simpatizantes de Clara Brugada, a las afueras de la Asamblea Legislativa resultaba, era tan intensa como las argumentaciones y contra argumentaciones que se proferían dentro del recinto legislativo.
Y es que, en realidad, los argumentos salían sobrando. Los perredistas estaban más que entrampados con el caso “Juanito”. Frente a ello, priistas y panistas se frotaban las manos, miraban el espectáculo y buscaban la manera de cobrar cuentas y sacar raja política de la situación.
Del lado del PRI, el vicecoordinador de la bancada tricolor, Israel Betanzos, se pronunciaba sin más por “una tercera opción” para gobernar la delegación más grande de la capital pues, desde su punto de vista, ni Clara Brugada, ni Rafael Acosta “Juanito”, garantizaban gobernabilidad en la delegación.
Salía sobrando, por supuesto, que Brugada hubiese estado al frente de Iztapalapa en los meses pasados y que no hubiese habido problema de gobernabilidad entre tanto. Preguntarle sobre ese hecho salía sobrando, simplemente ni respondía al respecto. Se limitaba a repetir lo mismo, demagogia pura: “se trata de una pugna interna, un pleito que solamente lacera a los ciudadanos de la delegación”.
Los panistas estaban divididos. En tanto Mariana Gómez del Campo y su grupo parecían estar dispuestos a una negociación para otorgar sus votos en una negociación con los perredistas, otros rechazaban su postura y se acercaban más a la posición del PRI: la tercera opción. Entre estos últimos, el diputado Juan Carlos Zárraga, quien alegaba: “Ahora resulta que nosotros vamos a limpiar todo el cochinero que hicieron… ¡pues no!”
Entre tanto, Clara Brugada ingresaba a la ALDF mientras sus huestes –alrededor de cuatrocientos manifestantes entre los que se encontraban Gerardo Fernández Noroña, Agustín Guerrero, Víctor Varela, Aleida Alavez– gritaban: “¡Fuera Juanito” y coreaban: “Sacaremos ese buey de Iztapalapa”–. Llevaba en mano una carta que entregó a la Comisión Jurisdiccional creada para atender precisamente el asunto de Iztapalapa.
La carta, firmada por Clara Brugada y una serie de signaturas añadidas de puño y letra de distintos líderes organizaciones, señala: “solicito de forma respetuosa que se inicie el procedimiento de remoción en contra del Sr. Rafael Acosta Ángeles contenido en la Ley que Regula el Procedimiento de Remoción de los Servidores Públicos…”
Estaba, otra vez, en pie de guerra. Pero su solicitud no era suficiente. Según explicó Alejandra Barrales, presidenta de la Comisión de Gobierno de la ALDF, la petición formal de remoción de un jefe delegacional debe provenir del Jefe de Gobierno del Distrito Federal, es decir, de Marcelo Ebrard. Y eso, hasta ese momento, no había ocurrido.
Y es que la situación es realmente complicada para los perredistas, pues tanto la remoción como la designación del nuevo titular (a propuesta del Jefe de Gobierno) debe ser aprobada en el pleno por mayoría calificada. Esto es, se requieren 44 votos de los 66 que constituyen el pleno, y los perredistas sólo cuenta con 34 diputados. (El PRI tiene 8 diputados, el PAN 15, el Verde uno y Nueva Alianza uno).
Es decir, se requiere una decisión negociada, consensuada. Y por ello, todos los diputados de la Asamblea están también en pie de guerra. Cada uno por sus propias y muy personales razones, además de las políticas. Iztapalapa se convirtió en un botín para todos.

Nadie que tenga pokar de ases va a ser tan ingenuo como para pedir que le den otras cartas a cambio.PAN y PRI van en caballo de la hacienda, o como dijera algún prosaico: van “sincho”.
Comment by Ramón Casillas Casillas — December 2, 2009 @ 10:44 pm