Le pregunto a Diego Osorno: En tus conversaciones con militares, ¿qué sentimientos recogiste de ellos por su participación en la guerra contra el narcotráfico?
La respuesta del periodista y autor del libro “El cártel de Sinaloa” es inmediata: “¡Desazón!”
Según nos cuenta, “algunos de los militares se dan cuenta de que están siendo víctimas de uso político; otros no, como los soldados en el nivel raso, pero ponen muchas cosas en riesgo”.
Mira, agrega Diego, no me atreví a ponerlo en el libro, pero lo cierto es que los militares “están tomando conciencia de que son como carne de cañón de los políticos”. Hay algunos generales, “tres por lo menos, con los que platiqué, que ya se dan cuenta de que los están echando por delante los políticos; que es sangre derramada innecesariamente o injustificadamente”.
Pero no es sólo su percepción, este mismo día de la entrevista que sostuvimos con el periodista regiomontano, aparece en Milenio un artículo de Javier Ibarrola –quien conoce a profundidad las Fuerzas Armadas y tiene amplio acceso a la elite militar—en el que afirma que en el ejército hay bastante molestia por esta guerra fallida.
Las voces críticas a la guerra contra el narcotráfico, destaca Osorno, van en aumento, “aún incluso dentro del propio gobierno, cuando en 2007 hablar en contra significaba que te tildaran de narco o de traidor a la patria”.
¿A qué se debe este cambio? Quizás, responde, “pensaron que tres mil muertos era tolerable, pero ya dieciséis mil a estas alturas… Y mira, la historia dice que gobernar con la sangre siempre acaba mal.”
Nos habla del “miedo” que permea en la sociedad, de “la realidad misma y de la paranoia” que te produce tanta matazón: “no sabes si algún día en tu entorno va a vivir alguien una situación así o va a meterse a ese mundo”. Miedo que comenzó “cuando llega Calderón”, porque si bien el narcotráfico hacía décadas que existía “no teníamos el miedo que tenemos hoy en día”.
Diego Osorno atribuye el aumento del miedo “al uso político de la lucha contra el narco”. Rememora tres imágenes: 1) Calderón tomando posesión como Presidente de la República en pleno caos en la Cámara de Diputados. 2) Calderón vistiendo la enorme casaca militar en Michoacán, transmitiendo el mensaje implícito ¡ténganme respeto!; “es decir, conseguir el respeto a través del Ejército”. 3) Un Presidente que regularmente sale a decir que está amenazado de muerte (“curiosamente cuando la agenda política está convulsionada”), lo que provoca que los demás nos sintamos vulnerables.
El Diego Osorno no cabe duda de que la guerra contra el narco lanzada por Felipe Calderón al inicio de su sexenio fue “para legitimarse” y tomada “sin asesoría, sin planeación y con visión cortoplacista”. Se dio a la tara de revisar todos los discursos de campaña de Calderón y “en ninguno de ellos habla de usar el ejército para combatir el narco y menos una guerra”.
Más aún, recuerda que el argumento inicial que dio Calderón para declarar su guerra fue porque “el narcotráfico está carcomiendo al Estado”. Si así fuera, apunta Diego, a tres años de distancia “no ha probado su hipótesis porque ocho alcaldes de Michoacán detenidos no es una amenaza para el Estado “. Si en verdad hubiera un cáncer, “veríamos a gobernadores, secretarios de Estado en la cárcel y no es el caso.”
Por añadidura el Presidente cambió su hipótesis, su discurso, al año y medio: “ya no dijo que el narco era un cáncer, sino que la razón de la guerra era para evitar que la droga llegara a los hogares, a los niños”. Y como ya lo demostraron Jorge Castañeda y Rubén Aguilar en su libro, la demanda no ha bajado.
En suma, Diego Osorno concluye: “Lo que hay en verdad es el uso del ejército y la policía para conseguir el respeto que políticamente no ha podido conseguir, o no ha tenido el talento para conseguirlo estos tres años. Es poner al Ejército por delante –la institución más respetable del Estado—para cubrir el déficit de legitimidad con el que llegó.”
Esta es parte de la charla que sostuvimos con nuestro colega periodista en razón de la publicación de su nuevo libro “El cártel de Sinaloa”. Ahí en sus páginas encontrarán historias y voces que bien vale la pena leer.
