En términos de forma, bien podría decirse que fue una comparecencia de lo más diplomática. Con decir que hasta Porfirio Muñoz Ledo fue prudente e incluso se dirigió a la secretaria de Relaciones Exteriores como “querida y estimada Patricia”. Tal sería el tono formal de la comparecencia. Pero en cuestiones de fondo, le llovieron las críticas a Patricia Espinosa Cantellano.
Y le llovieron de todos los partidos, con excepción del PAN. Como muestra, van aquí algunos de los calificativos que le endilgaron sobre la manera en que se ha manejado la política exterior: pasiva, tibia, gris, conformista, trastabillante, inapetente, poco clara, dócil, entreguista, de bajo perfil, sin rumbo claro, sin identidad, ausente de reflejos, sin visión estratégica, sin voz ni peso diplomático…
De los principios de política exterior, ni qué agregar: “Los tienen colgados en la Presidencia como si fueran esferas de navidad”, dirían.
Respecto de nuestra relación con Estados Unidos, lo menos que señalaron los diputados durante la comparecencia es que era una relación “complaciente, desigual, de sometimiento y subordinación” hacia el vecino del norte.
Pero la canciller tan tranquila. Enfundada en un traje sastre naranja, Patricia Espinosa dejaba correr el agua y se mantenía en su dicho inicial: Somos escuchados en América del Sur, del centro y del Norte; y somos respetados en Asia, África y Europa.
Ya podían burlarse los legisladores y soltarle que de la “enchilada completa” en materia de migración se había pasado “al plato vacío”; que en lugar de que la política exterior fuera palanca del desarrollo se había convertido en “palanca del subdesarrollo”; o que la política exterior hubiera caído “al mismo nivel que los índices económicos”. ¡Lo que fuera!. Patricia Espinosa permanecía ecuánime.
Además, la mayoría de los señores diputados andaban en otra cosa. De no ser aquellos que debían participar en tribuna y unos cuantos más, los demás deambulaban por los pasillos y otros salones inquiriendo sobre las negociaciones de sus coordinadores parlamentarios en la integración de las Comisiones que debían estar listas para esa misma noche. Y no era cosa de quedar fuera. ¡Todos querían una comisión, una presidencia, una secretaría cuando menos…, y para esas horas –según trascendía—ya se habían inventado decenas de secretarías para darle gusto (y más dinero) a los ansiosos legisladores.
Entre tanto, la secretaria de Relaciones Exteriores escuchaba a la priista Maria Esther Sherman decirle que la política exterior “carece de sentido y visión estratégica”; que observaban “un bajo perfil y ausencia de reflejos”, donde más que hacer política exterior se administraban los problemas; que se dejaba pasar el tiempo y las oportunidades.
Es necesario –apuntaba– que la política exterior “recupere su identidad a partir de una agenda de Estado y no del gobierno en turno”, porque hoy en día México “carece de una estrategia clara de posicionamiento con identidad propia”. El resultado de eso, es la constante pérdida de prestigio de México ante América Latina.
A Ifigenia Martínez, del Partido de Trabajo, alegar: No hay un proyecto de país. Hay ingobernabilidad en las relaciones internacionales. México está sin voz ni peso diplomático, ahora son Brasil y Argentina los interlocutores. Nos hemos marginado de los foros económicos que se gestan en Sudamérica. Desde la Presidencia de Carlos Salinas de Gortari no hemos recuperado una diplomacia digna. Tenemos que transitar de una política exterior trastabillante a una política clara, estratégica, tanto en lo económico, lo político y lo social.
A la perredista Indira Vizcaíno inquirir: ¿Por qué Zelaya habrá preferido refugiarse en la Embajada de Brasil y no en la nuestra?
A Laura Arizmendi, de Convergencia, señalar: Pareciera que la política exterior no hace mucho ruido o navega con bajo perfil. Después de una política exterior frívola, la ha reemplazado un enorme vacío en el que no pasa nada.
A Carlos Samuel Moreno, del Verde Ecologista, lamentar: “Seguimos extrañando el activismo de la política exterior”.
Pero a cambio, la canciller se había llevado un aplauso –prácticamente el único– por parte de los suyos, de los panistas, al explicar que en el caso de Honduras “no defendemos individuos ni gobiernos en particular, sino la vigencia de las instituciones democráticas y del Estado de derecho en la región”.
Fuera de eso, la oposición le seguía tundiendo –diplomáticamente– al son de “querida y estimada Patricia”, recordándole que la secretaria de Relaciones Exteriores de una secretaría de Estado, pero que se ha puesto al servicio del gobierno.
Era Muñoz Ledo quien lo decía y asentaba: Cuando la conducción de un gobierno pierde la brújula, la cancillería debe resistir, en espera de tiempos mejores.
La parte final, y señaladamente los priistas, insistieron en el tema de los migrantes: María Isabel Talavera dijo que “pareciera” que la reforma migratoria hubiese sido borrada de la agenda como tema prioritario y que México está de acuerdo con la situación que viven los migrantes. En tanto que Héctor Murguía deploró que “la pasividad, el conformismo y la inercia” sean las únicas fuerzas que muevan nuestras acciones diplomáticas vis a vis de Estados Unidos.
Reprobaron a la canciller, pues, pero de una manera muy diplomática.
