Si a Carlos Salinas de Gortari le indignó y llenó de dolor los términos y las condiciones en que Carmen Aristegui entrevistó a Miguel de la Madrid Hurtado, a mí lo que me duele y me indigna en su carta, por lo que toca a la forma en que quiere hacer ver el estado de salud de quien fuera no sólo su padre político, sino del hombre que lo llevó contra viento y marea hasta la Presidencia de la República.
No. Miguel de la Madrid no sufre demencia senil, ni desvaría, ni nada que se le parezca. Me consta.
Lo conocí desde que fue Presidente de México. En aquel entonces era un hombre que procuraba darle a su investidura un tono juarista y republicano. Lanzó lo que entonces se llamó “la renovación moral de la sociedad”. No era un hombre carismático ni dado a “seducir” periodistas. Podría decir que era más bien rígido y su actitud durante los sismos del 85 le valieron ser considerado un hombre poco sensible.
La única vez que le vi soltarse a sus anchas, e incluso cantar frente a sus colaboradores, fue durante su última gira como Jefe del Ejecutivo, unos días antes de entregarle la banda presidencial a Carlos Salinas. Fue una gira a su tierra natal, Colima. Esa vez, en el avión me declaró que lo único a lo que aspiraba en adelante era “poder caminar tranquilamente por las calles”, sin que lo maldijeran o lo repudiaran como a sus antecesores.
Meses después nos encontramos en Washington y, a partir de entonces, establecimos un diálogo que se tradujo posteriormente en diversas entrevistas que publiqué en distintos medios. Lo que noté a lo largo del tiempo es que Miguel de la Madrid se soltaba cada vez más. Dejaba asomar con mayor facilidad sus pensamientos y sus emociones. Ser ex presidente le había significado una liberación.
Sus memorias mismas Cambio de Rumbo, publicadas en 2004 por el Fondo de Cultura Económica, son una muestra -en tratándose de un político– de un alto grado de honestidad, sobre todo si se le compara con lo escrito por su sucesor, Carlos Salinas, y aún por su antecesor, José López Portillo.
La última de las entrevistas que le hice para publicar ocurrió hace un año, el viernes 25 de abril del 2008. El tema sería las elecciones de 1988, las de sus sucesor, las de la llamada caída del sistema.
Lo vi en su despacho, en la calle de Parras, en Coyoacán. De pie tras su escritorio, con una pipa diminuta entre los dientes que le llevaba a masticar prácticamente las palabras, De la Madrid respondería con absoluta lucidez cada una de las preguntas. Si en algún momento le planteaba algún dato o versión con los que no concordaba, replicaba inmediatamente. Sus problemas respiratorios en nada afectaban su memoria y su lucidez.
Detrás de sus palabras tampoco encontré entonces intenciones oscuras, por así decirlo. Respondía con franqueza. Daba su versión de acuerdo a lo que sabía, a lo que creía, a su propia verdad. Sus palabras estaban ya despojadas de intereses a los cuales cuidar, de ambiciones a las que el tiempo ya no le otorgaba crédito. Estaba frente a La Historia. Sus palabras se dirigían a ella.
Cuando escuché los pasajes de la entrevista que le hizo Carmen Aristegui hace unas semanas -y que dio a conocer en su noticiero de MVS el pasado día 13–, reconocí a un Miguel de la Madrid muy semejante al de hace un año. Con esa misma intención en su interior: dejar su testamento político para La Historia.
No conozco los detalles que lo llevaron a firmar esa carta de tres párrafos en la que declara se encuentra “convaleciendo de un estado de salud que no me permite procesar adecuadamente diálogos o cuestionamientos” por lo que sus respuestas a la entrevista con Carmen Aristegui “carecen de validez y exactitud”.
Se que tras la difusión de la entrevista acudieron a casa de Miguel de la Madrid varios personajes, entre los que se encontraban Emilio Gamboa y Francisco Rojas. Dos personajes muy cercanos al ex presidente Carlos Salinas de Gortari. Y que del conciliábulo que sostuvieron, salió esa carta que mata políticamente a Miguel de la Madrid.
No sé si De la Madrid decidió suicidarse o lo mataron. Lo que es un hecho es que, tras esa breve misiva, quedan invalidadas sus acusaciones a Carlos Salinas de Gortari de robo, de inmoralidad, de ser cómplice del enriquecimiento ilícito de sus hermanos Enrique y Raúl.
Como responsable de la misiva aparece Federico, uno de los hijos de Miguel de la Madrid. ¿Por qué intervino para ello? ¿Por decisión propia o por presiones externas? ¿Por qué firmó la carta Miguel de la Madrid? ¿Lo amenazaron? ¿Con qué, con quiénes?
Las respuestas a estas preguntas algún día las encontraremos. Pero lo que sí me queda claro es que Miguel de la Madrid ni está loco, ni está senil. Está perfectamente lúcido.
Pero lo más doloroso de esta historia es que lo mataron políticamente hablando. Lo mataron como ser político. Callaron sus palabras para siempre.

Qué curioso. Por qué sera que los que llegan a Los Pinos en lugar de actuar como verdaderos estadistas empiezan a transmutar en médicos.
En el caso de Zongolica, Felipe Calderón, sintiéndose gastroenterólogo, dijo que Ernestina Ascencio Rosario había muerto a causa de una gastritis que de antaño padecía. Ahora, con lo dicho por el ex-presidente Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari -también ex-presidente de México- se convierte en neurólogo y geriatra; diagnostica que el cerebro de De la Madrid está inservible y prónostica su inevitable muerte. Para qué esperar, entiérrenlo en vida.
Comment by hilili — May 15, 2009 @ 12:16 pm
Actuaron como la mafia que son, mandaron callar a uno de los suyos y lo obligaron al suicidio político pero eso no resta validez a lo dicho y a la opinión pública sobre Salinas, millones pensamos que es un ladrón y mafioso.
¡Qué lástima!
Comment by Ismael — May 15, 2009 @ 12:52 pm
Señora Martha: Verdaderamente me impactó su acertada conclusión lapidaria de que quienes obligaron a Miguel de la Madrid a firmar su arrepentimiento sobre las declaraciones que le hizo a Carmen “lo mataron políticamente”. Y es cierto. No se sabe cuanto tiempo le falta por vivir a MMH, pero lo que sí sabemos es que quedó eliminado de por vida a manifestar sus puntos de vista debido a éste obligado desistimiento. Los autores de éste “homicidio político” llevarán en su conciencia la humillación a la que han sometido, a éstas alturas de su vida, a un ex-presidente de la república. ¡Qué poca abuela!
Comment by Héctor Astorga Zavala — May 15, 2009 @ 1:54 pm
Hoy en la mañana estuve viendo los noticieros matutunos (el de Loret de Mola y el del 13) y en ninguno de los dos hicieron la mas minima mencion de todo este asunto De la Madrid – Salinas, acaso también mandaron callar a las televisoras? pense que eso ya no pasaba en Mexico
Comment by Jorge Oropeza — May 15, 2009 @ 1:58 pm
EL MUY TAIMADO LOPEZ DORIGA QUE SIEMPRE HACE UN ESCANDALO EN SUS NOTICIEROS PORQUE AHORA NO DICE NADA? ES SOLO OTRO EMPLEADO DE SALINAS?
Comment by jose lis — May 15, 2009 @ 8:59 pm
ORQUE EL MORALISTA PERIODISTA QUE ESCRIBE UNA COLUMNA EN ESTE PERIODICO NO HA DICHO NADA DE LA ENTREVISTA ARESTIGUI Y DE LA MADRID
EL MUY TAIMADO LOPEZ DORIGA QUE SIEMPRE HACE UN ESCANDALO EN SUS NOTICIEROS PORQUE AHORA NO DICE NADA? ES SOLO OTRO EMPLEADO DE SALINAS?
Comment by jose lis — May 15, 2009 @ 10:19 pm
que lopez doriga, loret de Mola, Dolores ayala, Adela Micha, Alatorre, Ferriz, que renuncien por pseudo-periodistas y falta de ética profesional, vendidos. No dicen nada de esta noticia de 8 columnas.
Comment by Andrés — May 19, 2009 @ 4:20 am
que lopez doriga, loret de Mola, Dolores ayala, Adela Micha, Alatorre, Ferriz, que renuncien por pseudo-periodistas y falta de ética profesional, vendidos. No dicen nada de esta noticia de 8 columnas de las declaraciones de De la Madrid a Carmen Aristegui. ¿y dónde esta Gutiérrez Vivó?… ese si era periodista.
Comment by Andrés — May 19, 2009 @ 4:21 am