La orden salió de Los Pinos: todos los secretarios de Estado ofrecerán conferencia de prensa para dar a conocer las medidas que cada una de las dependencias está tomando ante la emergencia sanitaria.
Juan Molinar Horcasitas, secretario de Comunicaciones y Transportes, fue de los primeros en responder al llamado. Llegó a la Secretaría de Salud al medio día, pasó a saludar a José Ángel Córdova Villalobos a su oficina y a las 12:30 en punto inició su conferencia ante los medios.
Tranquilo, suelto, sin tapabocas, Molinar centró su mensaje en transmitir los dos objetivos fundamentales de la SCT: Garantizar la continuidad operativa de telecomunicaciones y transportes para el adecuado funcionamiento del país, y hacerlo con los más altos estándares sanitarios.
Sin embargo, las preguntas de los periodistas giraban más en torno al impacto de las medidas que se han tomado aquí y en otras partes del mundo, como saber el número de vuelos y cruceros cancelados, o la disminución del tránsito de pasajeros y del tráfico en carreteras.
Le insistieron una y otra vez, hasta que Molinar Horcasitas terminó diciendo: “¡No tengo los datos ahorita! Eso es para nosotros secundario en estos momentos. La prioridad es la continuidad operativa y después veremos el conteo.”
Muina de los reporteros. La conferencia del titular de la SCT se extendió más de una hora. De hecho, hubo que pedirle que la detuviera para dar paso a la siguiente, la del secretario de Salud junto con el representante de la Organización Mundial de la Salud, Philippe Lamy. Sin embargo, puede decirse que Molinas Horcasitas “la libró” razonablemente, y más si le compara con otros de sus colegas. A saber:
Unas horas atrás, la noche del miércoles, en esa misma mesa instalada bajo un gran toldo en el patio central de la Secretaría de Salud, se sentaron ante los micrófonos -además del secretario de Salud–, los titulares de Hacienda, Trabajo y Economía, Agustín Carstens, Javier Lozano y Gerardo Ruiz Mateos.
De Ruiz Mateos, de una vez decirlo, ¡ni figuró, ni se movió! Se la pasó quieto, en silencio, con los ojos muy abiertos y la espalda pegada al respaldo de su silla. Daba la impresión de que quería esconderse.
Javier Lozano, en cambio, no hallaba cómo intervenir. Escribía y escribía presuroso con su Mont Blanc mientras Carstens y Córdova respondían preguntas. Ninguna de las interrogantes de los periodistas fue dirigida al Secretario del Trabajo, pero éste aprovechó una respuesta de Carstens para tomar el micrófono y pedirles a todos los trabajadores que fueran a trabajar al día siguiente para que pudieran pagarles su quincena.
En otro momento, volvió a hacer lo mismo, Jaló el micrófono de Carstens para puntualizar los dichos de su colega:
“Como bien decía el señor Secretario de Hacienda, cada titular de las dependencias y entidades habrá de determinar cuál es el mínimo necesario para que funcione con la normalidad, oportunidad y eficiencia que se requieran los distintos servicios o provisión de bienes de que se trate y adscribirá el personal correspondiente para que así pueda suceder…”
Dicho lo cual, tomó un libro que tenía frente a sí y nos endilgó la lectura del el Artículo 73, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
Uno de los corresponsales internacionales recién llegado se volvió extrañado y preguntó: ¿quién dijeron que es este señor tan insoportable?
Agustín Carstens masticaba una pastilla (supongo que de menta o algo así). Parecía que hacía pucheros mientras hablaba Córdova Villalobos. Pero cuando le tocó el turno de hablar no le dio grandes vueltas para responder. Dio el cálculo del posible impacto económico sin mayores matices en la voz, dijo que había que aprovechar los días de asueto para tener el menor costo posible y que había que ver las cosas “como una inversión para salir antes de la problemática”.
Ni congoja, ni aspavientos por parte del titular de Hacienda. En lo suyo y concreto. Lo más que podría leerse de su actitud y el tono de sus comentarios es que parecía decir: ¡pues ya ni modo!
Del secretario de Salud, José Córdova Villalobos, mucho se ha dicho. Me sumo a aquellos que consideran que inspira confianza y seguridad. De su actitud ante los medios me llama la atención los levantones de ceja que da. Cuando eso ocurre (casi siempre es la ceja derecha la que se alza) es que la pregunta le caló en algún punto en particular. Como cuando un corresponsal le preguntó si la emergencia “se le salió de las manos al gobiernos”
No respinga, ni se enoja, ni responde de mala manera por lo general. Eso le da puntos a favor ante los medios. Pero también es cierto que algunos se están exasperando porque no da información completa como se le solicita. La necesidad, por ejemplo, de que ya se de a conocer el patrón socioeconómico (sexo, edad, zona)de quienes se han contagiado de la famosa influenza porcina que acaba de cambiar de nombre.
Las “comparecencias” siguen. En un rato más, ocho de la noche de este jueves, llegará hasta la improvisada sala de conferencias Ernesto Cordero, secretario de Desarrollo Social. Tocará su turno en esto que entre los periodistas -irónicos y sarcásticos como de costumbre– se ha denominado “la prueba rápida”.
