La agenda de Hillary Clinton, el miércoles por la noche, sólo mencionaba “cena privada”. Pocos conocían de qué se trataba: una cena, en un salón privado de la Hacienda de los Morales, con 20 mujeres.
Y, por lo que nos cuentan algunas de las asistentes, ¡fue sensacional!
Aquí van las convocadas: Margarita Zavala, esposa del Presidente de la República; las secretarias de Relaciones Exteriores, Educación Pública y Energía, Patricia Espinosa, Josefina Vázquez Mota y Georgina Kessel, respectivamente. Las ministras de la Suprema Corte: Olga Sánchez Cordero y Margarita Luna Ramos.
También presentes las gobernadoras de Yucatán y Zacatecas, Yvonne Ortega (PRI) y Amalia García (PRD). Por el lado del Senado, la ex canciller Rosario Green (PRI) y Judith Díaz Mercado (PAN), presidenta de la comisión de Equidad y género de la Cámara de Diputados, Ruth Zavaleta (PRD).
Por Inmujeres, Martha Lucía Micher; de Conaculta, Consuelo Sáizar. De la oficina de la Presidencia de la República: Patricia Flores y Alejandra Sota, coordinadora de Estrategia e Imagen gubernamental.
Y más allá de las funcionarias, fueron invitadas la académica Denise Dresser, la vicepresidenta del Grupo Modelo, Maria Asunción Arámburuzavala; y la periodista Rossana Fuentes Berain, subdirectora de Foreign Affaires en español.
Ensalada de flor de calabaza, sopa de hongos con cebollín, pescado a la veracruzana con arroz y un pay de elote al que ninguna se pudo resistir, fue el menú que acompañó la velada en la que, según las asistentes, la secretaria de Estado “hizo gala” de diplomacia, se mostró “muy dulce”, “sencilla y amable”; y en términos políticos mostró “genialmente” que venía a allanar el camino para la visita de Obama, luego de los conflictos y agravios de las últimas semanas.
Más que preguntas de la agenda política, la mayor parte de las comensales se interesaron por sus vivencias, por el lado humano, sensible, de Hillary Clinton. Le preguntaron, por ejemplo, cuáles eran sus “secretos” para llegar hasta donde estaba. A lo que ella respondió: “Trabajo, constancia, disciplina”. Doña Olga Sánchez Cordero llevaría su libro para que se lo autografiara.
Una a una se fueron presentando. Curioso, por cierto la manera en que lo hizo Arámburuzavala. Mencionó que ella estaba casada con un norteamericano (el ex embajador Tony Garza) y que sus hijos eran americanos. Denise Dresser, en su turno, mencionaría: yo soy mexicana, a pesar de mi primer apellido y mis hijos tienen tres pasaportes: mexicano, canadiense y norteamericano.
En fin, más allá de las puyas diplomáticas, alguien le preguntó a Hillary cómo había vivido su hija el que ella no hubiese llegado a la Presidencia, si eso no la afectaba como mujer. Hillary respondió segura que a su hija le tocará ver a una mujer en la presidencia de Estados Unidos y que no, no les afectaban las derrotas. ¡Al contrario!, las fortalecían.
Les contó de su campaña para la candidatura a la Presidencia. En un lenguaje “llano, claro, fresco”, en opinión de Judith Díaz, la funcionaria relató lo difícil que era recolectar fondos porque, en su país, el partido no los apoyaba hasta que eran candidatos. Y eso, confesaría, la había desgastado muchísimo.
Muchas de las presentes habían leído la biografía de Hillary. Algunas estaban nerviosas, querían preguntarle muchas cosas pero, sobre todo, manifestarle su admiración. Así lo hizo Margarita Luna Ramos, quien comentó que se sentía muy identificada con ella porque habían nacido el mismo año y compartían lecturas comunes; que conocerla era una gran oportunidad.
Amalia García aportó una anécdota chusca que hizo reír al grupo entero. Contó que un día ella se presentó como gobernadora de California. Su interlocutor quedó sorprendido: ¡Cómo -le dijo-, eso no puede ser! A lo que la zacatecana respondió: “¿Cómo no?, si la mitad de la población de mi estado vive en California, y yo soy la gobernadora de todos los zacatecanos…”.
El buen humor y la cordialidad campeaba. Y en medio de ello, se introdujo también algo de la agenda política. Denise Dresser, por ejemplo, introdujo el tema del tráfico de armas. Pero a ello Hillary respondió que era un tema que ciertamente tienen que atender, pero desde allá, desde su país.
Rosario Green, quien por cierto fue la que más se explayó en su intervención, expresó por una parte su deseo por que el próximo encuentro entre Obama y calderón no fuese tan sólo “uno más” y que esperaba tuviese algo de innovación. Habló sobre el problema de los migrantes, pidió que no se les criminalizara y preguntó qué tipo de asociación estratégica planteaban.
Ruth Zavaleta y Amalia se sumaron al tema. Dijeron que era muy importante que se formalizara una asociación que tocara el tema de los recursos para cerrar la brecha entre uno y otro país.
La secretaria de Estado reconoció que era importante el tema de la integración de los tres países (México, Estados Unidos y Canadá) pero que el desarrollo era un tema nacional en cada país y que eso sería considerado una injerencia.
En suma, Hillary no rehuyó los temas, pero tampoco creó expectativas de más. Logró, sí, su cometido, mostrar el rostro más bonito de la diplomacia.
