De las quince interrupciones que tuvo el mensaje de Felipe Calderón con motivo de su IV Informe de Gobierno, una fue de llamar la atención. Y no tanto por los aplausos en sí mismos, sino por los destinatarios.
Normalmente, los mandatarios reconocen durante sus discursos la labor de las Fuerzas Armadas. Es de rigor. Incluso cuando ocurrió la matanza de Tlaltelolco se llevó a cabo el rito y los asistentes otorgan ovación especial a los uniformados. Pero esta vez fue diferente.
En esta ocasión Calderón puso en el mismo saco –los equiparó—a la Policía Federal, al Ejército y a la Marina. No se refirió a ellos en momentos separados, como ocurrió otras veces. Los puso lado a lado, sin coma de por medio siquiera. Llegado el momento, en el rubro de la seguridad, el Presidente de la República habló así:
“Y si queremos que los mexicanos del mañana puedan tener un México seguro, debemos asumir hoy los costos de lograrlo. En este esfuerzo singular, quiero agradecer la lealtad, la valentía y la entrega de las Fuerzas Armadas de México y de la Policía Federal.”
Así, el aplauso que tradicionalmente se otorga a las Fuerzas Armadas fue compartido en esta ocasión –por vez primera de esta manera– por la Policía Federal. Y el reconocimiento fue largo, intenso, el más atronador de todos los que se escucharon ayer en el patio central del Palacio Nacional. Genaro García Luna debe estar de plácemes.
Otro dato digno de llamar la atención: la referencia en el discurso de la presencia de los alcaldes. Reconocimiento, sin duda, a la parte que les toca –así sea sólo por la cercanía– en la lucha contra el narcotráfico y por la importancia que tienen para que salga adelante el proyecto de mando único en las policías estatales.
Incluso hubo un reconocimiento explícito al compromiso de los gobernantes que en el ámbito local “actúan con determinación” y evocó “la memoria de los alcaldes que han perdido la vida a manos de criminales.”
Momentos estos –y todos aquellos a los que se refirió Felipe Calderón en su discurso a lo largo de una hora—que escucharon con muy distintas expresiones los asistentes. Unos asintiendo, otros incrédulos, algunos más impávidos…Vaya, destacaría la visible incomodidad de la lideresa del PRI, Beatriz Paredes (y no sólo porque estaba codo con codo con el aún presidente del PAN, César Nava; o la expresión severa, con el entrecejo fruncido, del Presidente del Senado, Manlio Fabio Beltrones.
En cambio Margarita Zavala, esposa de Calderón y Josefina Vázquez Mota lucían muy tranquilas y contentas lado a lado, mientras el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, se echaba hacia atrás en su silla y parecía no dar mayor importancia a lo que se decía.
De notarse, igualmente, las ausencias de los gobernadores de Oaxaca (Ulises Ruiz), de Veracruz (Fidel Herrera), de Michoacán (Leonel Godoy), así como del dirigente del PRD, Jesús Ortega. Ausencia esta última que algunos atribuían al conflicto que hay en la Cámara de Diputados por la presidencia de la Mesa Directiva, donde los panistas habrían ya otorgado al PRI y no al sol azteca.
Y así como las expresiones eran muy distintas en unos y otros, así los aplausos que le obsequiaban al Jefe del Ejecutivo. No siempre aplaudían todos. De hecho, la mayoría de las veces no ocurrió así. Sólo cuando se habló del papel de las Fuerzas Armadas –a las ahora se sumó la Policía Federal— el reconocimiento fue de prácticamente todos los asistentes. Por ello, reiteramos, García Luna debe estar de plácemes. Falta, claro, ver qué opinan de ello los secretarios de la Defensa y Marina.
