Tal cual: entre gritos, risas, acusaciones, denuestos y demás, un colorido muñeco de Pinocho –en hombros de priistas– se paseó entre las curules de la Cámara de Diputados hasta ir a ocupar la curul del ausente líder nacional del PAN, César Nava.
Y de igual manera, aunque en sentido figurado, Pinocho se apropió de la voz de distinguidos priistas –comenzando por su lideresa Beatriz Paredes– y hasta se dio el lujo de subir a tribuna con esa larga nariz que cada vez se hacía más grande.
“Desvergonzados”, “cínicos”, “traidores”, “mentirosos”… Perredistas y petistas desgranaban adjetivos al gusto hacia priistas y panistas por la firma de su famoso pacto anti alianzas a cambio de impuestos.
Ni siquiera se discutía el tema cuando esto ocurrió –pasaban de las tres de la tarde y se discutía un dictamen sobre Desarrollo Rural–, pero era tan insistentes las puyas que la presidenta del PRI pidió la palabra “para hechos”, ¡y desató el rebumbio en San Lázaro!
Tres horas de dimes y diretes desde la máxima tribuna, entre arengas, interpelaciones, rectificaciones de hechos, abucheos y gritos de unas y otras bancadas, según los dichos de cada orador.
Comenzó, pues, con la defensa que hizo la tlaxcalteca de su firma al calce del convenio. Se paró ante los micrófonos y comenzó con voz tronante: “Por el respeto que le debo a la representación nacional y el respeto que me debo a mí misma, ¡ratifico el apoyo al dictamen presentado….!”
De pie, los priistas –con Francisco Rojas y Sebastián Lerdo de Tejada al frente—reventaron en aplausos.
Beatriz Paredes siguió: “Tenemos la conciencia tranquila y porque tengo conciencia hago política con altura de miras y ruego a la secretaría dé lectura al documento suscrito con César Nava.”
Se leyó el documento –que como sabemos no incluye aquello a lo que se comprometía el PRI a cambio de que el PAN no se aliara con el PRD– y entonces la oradora concluyó: “No hubo ninguna negociación vinculada al tema presupuestal en la decisión de suscribir este acuerdo, que refleja civilidad política.”
Los panistas no daban crédito a lo que escuchaban. ¡Mentirosa!, mascullaban desde sus curules Javier Corral, Roberto Gil, Mario Alberto Becerra Pocoroba; mientras petistas y perredistas soltaban la carcajada.
Pero los priistas creían que convencían a la nación y hasta se daban el lujo de gritar: “¡No más mentiras! ¡No más mentiras!”, mientras Gerardo Fernández Noroña les pedía que reconocieran que pactaron más impuestos y se lamentaba de la ausencia de Nava.
Entonces subió a la tribuna el panista Javier Corral y, al igual que Beatriz Paredes, pidió a la secretaría leyera el artículo que publicó el dirigente del PAN este día en El Universal explicando sus “Razones” en la firma del acuerdo.
Hacía tiempo que en la Cámara de Diputados no se vivían momentos de expectación. Éste había atrapado a los legisladores y nadie perdía palabra. De entre las “razones” de César Nava destacaba aquello de que los priistas había roto la discreción y el sigilo del acuerdo.
A renglón seguido, Corral les reclamó directamente a los priistas su falta de “retención mental” ya que la negociación en contra de las alianzas en los estados venía desde septiembre del año pasado (los priistas argumentaban que fue posteriormente) y les espetó sin más: “¡fueron ustedes los que condicionaron los impuestos al no alianzas!”
Se vino la gritería del lado de la bancada del PRI. No dejaban seguir al panista. Le gritaban: ¡mentiroso!, ¡ya cállate!, ¡no sabes lo que dices! Y muchas cosas más que apenas si se distinguían en medio de la vocinglera generalizada.
Pero se divirtieron todavía más cuando Corral confesó que no estaba de acuerdo con que César Nava hubiese firmado ese acuerdo.
-¿Dónde está César Nava?-, le inquirió Omar Fayad, al tiempo que aparecía el muñeco de Pinocho en pleno recinto y avanzaba hacia el ala panista, mientras los blanquiazules respondían al grito de ¡Peñanocho!.
- ¡Está en el Comité Ejecutivo Nacional negociando la coalición en Sinaloa y Quintana Roo!-,respondió el panista, a sabiendas de que eso le dolería a los priistas en serio.
Y otra vez la gritería general.
Carlos Alberto Pérez Cuevas se sumaría al apoyo panista:
-¡Aquí falta un personaje!-, diría.
-¡Nava!-, replicarían los priistas a gritos.
-No, no es Nava.., ¡se llama Enrique Peña Nieto! Y tiene que venir aquí a dar cuentas claras de cómo quiere someter a un país a un interés, a un sueño, o a unas ganas que le hacen creer que el 2012 ya está aquí… ¡Sueños guajiros que vuelan como gaviota y que no llegarán muy lejos!
Los diputados priistas del Estado de México comenzaron a moverse. Francisco Rojas ordenó una respuesta. Beatriz Paredes seguía el debate hundida en su curul.
El petista Jaime Cárdenas subió entre tanto a burlarse de cómo se desgarraban las vestiduras el PAN y el PRI y declaraba que “este hecho bochornoso” (el pacto) no expresaba a la aristocracia de la política sino al “gobierno de los peores”.
Listos para entonces los mexiquenses, Humberto Benítez Treviño subió a la tribuna. Comenzó con las lisonjas a su presidenta del partido, porque “se ha conducido con gallardía, honor y altura de miras para proteger a la política…”
Aplausos tricolores a rabiar. Beatriz se emocionó, se incorporó incluso y se acodó en la curul para escuchar al ex procurador mexiquense que seguía la pauta marcada por su líder y negaba el intercambio de las no alianzas por impuestos, y calificaba a César Nava como “el moderno San Pedro”
Becerra Pocoroba intentó llevar el debate otros rumbos, apeló a la convivencia, a no dirimir ahí algo de lo que no fueron partícipes. No le hicieron caso.
El perredista tabasqueño Augusto López Hernández volvió a encender los ánimos al responderle a Pocoroba que no estaban discutiendo una cuestión personal sino “un contrato de mafiosos” firmado por “cínicos y desvergonzados”. Ese pacto, diría, en medio de ruidosas protesta de los tricolores, “es un homenaje al cinismo y a la desvergüenza”.
Desfilaron aún más oradores. Pasaban ya de las seis de la tarde cuando se determinó que hablasen ya tan sólo tres oradores y no todos aquellos que se habían inscrito.
Por el PRD lo hizo Agustín Guerrero: la sorpresa de este acuerdo, diría, no es que Enrique Peña Nieto sea el candidato de Carlos Salinas de Gortari, la sorpresa es que Peña Nieto sea ahora el candidato de Felipe Calderón.
Desde el PAN hablaría Roberto Gil Zuarth. Tenemos claro nuestra responsabilidad en este asunto, asumiría, y aprendimos nuestra lección de este episodio lamentable.
Del lado del PRI, el chiapaneco César Augusto Santiago se sumaría a los elogios a Paredes “por su gran valor” y pediría “no prejuiciar acuerdos”
Ahí concluiría el debate. Con amplias sonrisas de parte de los priistas; pesadumbre del lado de los panistas; y un Pinocho que se reía de todos.