Conducta Antideportiva

La Academia del Deporte

May 26, 2010

— 12:00 am

Es imperativo que el deporte y las universidades mexicanas sigan tendiendo vínculos indisolubles y que el conocimiento en Ciencias Sociales, Educación Física, Ciencias Aplicadas y Pedagogía sea exponencial en términos de calidad y exigencia metodológica para tener niveles de excelencia que incidan en el desarrollo deportivo de este país.

En el Congreso de la Red de Deporte Cultura y Sociedad que se lleva a cabo en la Universidad de Colima se abordan la discusión y el contexto del deporte y la investigación académica que le atañe y nos damos cuenta que carecemos de profundidad y rigor, generalmente nos remitimos a lo anecdótico, producto con seguridad de buenos recuerdos en la escuela, pero las implicaciones que la práctica de estos satisfactores de aprendizaje sobre el deporte tuvo en nuestra formación personal, en la comprensión de dinámicas sociales, su significado y la misma contribución que se puede hacer a su conservación, la ignoramos por que no hemos reflexionado sobre el sentido de éste en la vida de la gente, lo que sí sabemos es que difícilmente en el deporte podemos encontrar una actividad más productiva, porque contrario a lo que se piensa, cuando alguien hace deporte, no está “perdiendo el tiempo”.

Es una situación similar a la que vivimos con el medio ambiente, el manejo irresponsable de los recursos naturales, motivado por la ignorancia y/o afán desmedido de riqueza que los ha agotado, hasta casi hacerlos desaparecer, generando alarma y preocupación por lo que significan para la supervivencia del hombre. El deporte como satisfactor lúdico y de desarrollo permite la interacción personal es vital para el equilibrio del ecosistema cultural, por eso debemos evitar que la maquinaria del entretenimiento pasivo y alienante arrase a las personas que lo desarrollan en todas su formas tanto en forma lúdica como en el deporte-espectáculo.

La situación global es problemática y motiva a indagar por el sentido que subyace en el deporte para la vida cotidiana de las personas, trascendiendo el activismo mecánico; interpretar la actitud asumida ante esta actividad desde cada una de sus perspectivas, indagar por qué en algunos aspectos del deporte ha habido vigencia y por otro lado una extinción.

La desvinculación de las actividades físicas en los programas académicos ha sido unos de los principales factores que han influido notablemente en la falta de cultura física en la población ; las actividades físicas, deportivas, recreativas y artísticas han sido relegadas dentro de los planes y programas de estudio del sistema educativo (Cagigal, 1978; Eisenberg, 1995; Vicente, 1988). Aunado a esto, la falta de una visión común de los profesionales del área ha provocado desunión, apatía y conformismo, reflejando esto en que la clase de educación física no ha propiciado conductas motrices activas en los individuos, que le permitan tener estilos de vida saludable.

Los aspectos políticos definitivamente repercuten en la educación general del individuo, el problema es percibido en el sentido de que sí el gobierno no presta atención a las necesidades sociales de la ciudadanía, ésta utiliza su tiempo libre en la realización de actividades no productivas y nocivas para la sociedad.

Lo anterior se ve reflejado en la falta de involucramiento de una gran parte de la población en actividades saludables; por lo que se plantea, que la actividad física debe de dejar de ser excluyente y convertirse en una práctica social, donde los educadores físicos sean reales agentes de cambio.

Estas son algunas de las perspectivas que educadores físicos, antropólogos, sociólogos, educadores, pedagogos, metodólogos, administradores, mercadologos, comunicólogos y filósofos de más de 30 universidades del país y  seis países: Colombia, Francia, España, Portugal, Brasil y Estados Unidos, hicieron llegar al Congreso de la Red. El deporte y la Academia tienen la obligación moral de seguir trabajando juntos para tener una estructura deportiva inteligente, crítica y activa que empiece a regular las instituciones y las maltrechas y destrozadas entidades deportivas de este país que como él, se están cayendo a pedazos. Las universidades trabajan, lentamente aún, pero trabajan alrededor del deporte. Lo demostrado por la Universidad Intercultural de Chiapas, la Universidad Cristobal Colón de Veracruz, la Universidad Autónoma de Zacatecas y ahora la Universidad de Colima son ejemplo de que en México el desprecio académico por el deporte, empieza a ceder en terrenos que son muy necesarios: los investigadores, los SNI’S, los académicos y los maestros de cualquier disciplina social y de ciencias exactas que interactúen de lleno con el desarrollo deportivo en algo que la sociedad mexicana también debe aprender a exigir.

Colombia 94-México 2010: Dos Mundiales misma violencia

May 19, 2010

— 12:00 am

México enfrenta, pero no afronta la violenta situación por la cual transita sin rumbo alguno. El secuestro de Diego Fernández de Cevallos (o debemos decir supuesto secuestro) ha dilapidado la de por sí nula inteligencia del gobierno y del Estado mexicano para manejar el contexto en el cual se vive. Ante esta situación, los discursos no valen y las acciones que se emprenden son directamente proporcionales a lo que se dice: es decir, hay torpeza, inacción, miedo inoperancia y poca idea. Narcotráfico, violencia de género, política, eclesiástica y religiosa, mediática, social y agréguele lo que quiera, es el escenario en cual “funciona” este país, donde nadie se escucha entre sí y todos quieren imponer su propio dialogo con la nada, donde el acuerdo es letra muerta y las diferencias saludan rampantes a un pueblo que es víctima de sí mismo por permitir este tipo de atrocidades por parte de las instituciones. El narcotráfico tiene voceros políticos, infiltra gente sin sospecha y si antecedentes penales, lava dinero legalizando sus patrimonios y maneja niveles de violencia invisibles en los círculos de las clases acomodadas, como en las esferas educativas, empresariales, eclesiásticas y bursátiles.

En este contexto, se desenvuelve el deporte y el futbol mexicano. Se habla de un proceso similar al que vivió Colombia entre los años 80 y 90 cuando el narco penetró la conciencia del Estado comprando jueces, matando policías y candidatos presidenciales, infiltrando senadores, diputados, gobernadores, curas y donde estuvo a punto de llegar a la silla presidencial. El deporte y el futbol colombiano fueron víctimas insoslayables de este proceso de descomposición de la sociedad colombiana y del que Andrés Escobar el defensa de la selección colombiana en el Mundial de Estados Unidos 94, no escapó vivo. Tampoco lo hicieron el América de Calí que vivió una época de terrorífica ilusión cuando los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela, utilizaron a lo “Diablos Rojos” como carne de cañón para lavar dinero y de paso “ganar dinero extra” con la compraventa de jugadores. Como calca de lo anterior, el Atlético Nacional de Medellín, uno de los grandes amores del súper capo Pablo Escobar Gaviria,  ganó la Copa Libertadores en 1989 en un contexto lleno de violencia donde ser sicario en Colombia era lo mejor que le podía pasar a muchos jóvenes que además eran integrantes de la barra del cuadro verdiblanco el cual recibió carretadas de dinero (inversiones llamaban sus dirigentes). A todo lo anterior, hay que sumar la paramilitarización, guerrilla y un Estado absolutamente secuestrado por el miedo, la corrupción y la falta de hue…de acciones, para frenar el tsunami de violencia que arrasaba con el país.

¿Y México? Hace tan sólo un par de días, el Dr. Edgardo Buscaglia se cansó de repetir y advertir lo que siempre ha dicho: “Que el estado mexicano ha sido incapaz de penetrar el aparato financiero de la mafia del narcotráfico, que no ha sido capaz de modificar sus aparatos de inteligencia policiaca y militar para mirar a su interior y ver si no hay infiltrados de la mafias en el mismo gobierno, que se ha cegado y ensordecido ante lo que pasó en Italia, Colombia y Rusia en términos de la violenta y silenciosa mancillación que sufrieron esos estados y que los llevaron a tomar acciones desde la sociedad civil para resolver los problemas”, etc. En este sentido y ante lo que está sucediendo con Diego Fernández de Cevallos y la supuesta captura de Ignacio Coronel Villareal, lugarteniente de Joaquín “El Chapo” Guzmán, la selección mexicana de futbol mexicano cobra una relevancia desmesurada. Tal como sucedió con la selección Colombia en el Mundial del 94, donde la esperanza del pueblo cafetero, alimentada justamente por el desazón y la propia espiral de violencia que vivía, se supeditaba a una gran actuación del equipo luego de haber goleado en una eliminatoria histórica a Argentina y después de haber tenido una muy buena actuación en Italia 90, llegando a octavos de final. Hoy esa misma fotografía pasa por México. Un pueblo atormentado por la inacción de sus estructuras gubernamentales ante la escalada de violencia, quiere ver a su selección nacional tener un papel destacado en el Mundial de Sudáfrica, confiando en la historia reciente donde se ha llegado a octavos de final en los últimos cuatro mundiales en los que ha participado desde 1994 y tratando de superar el absurdo mito de el “quinto partido”, que para variar los incapaces medios deportivos han acuñado para alimentar dicha esperanza y que más bien ha servido para ponerle un límite mental al equipo nacional.

A Sudáfrica 2010 se llega con todo en contra, con pronósticos tan desastrosos como el que el equipo mexicano es el peor del grupo A, con declaraciones totalitarias de los periodistas franceses como a aquella de que México es un país cuyo nacionalismo no está en los botines de sus jugadores sino en sus medios de mentiritas, con dudas en el ataque (una norma de comportamiento histórico pero no una norma en sí) y con la incertidumbre de enfrentar al anfitrión en la misma inauguración. Pero lo que es cierto es que la carga de violencia simbólica que se llevan los jugadores es terrible. Les cargan una esperanza que se basa en la desazón, en la pobreza, en un estado inexistente, enmedio de un secuestro de un “prominente” político, de la negación presidencial de que el país no presentan condiciones similares a las de Colombia e Italia en los años 80 y 90, de la falta de acuerdos de sus políticos, de absurdas elecciones estatales y de una sociedad civil que no reacciona ante lo que la lapida y la lastima. Eso se lleva el equipo mexicano. ¿Podrá más el futbol que esta carga de violencia simbólica que se llevan en sus botines, maletas y en su propio desempeño? ¿Y sino? ¿Qué la nación se los demande?

Periodismo deportivo: Una ficción de la razón

May 12, 2010

— 12:00 am

“Nosotros, los que conocemos, somos desconocidos para nosotros mismos. Con estas palabras iniciaba Friedrich Nietzsche el Prologo de la Genealogía de la Moral escrito en el verano de 1887”. Cito a Fernando Álvarez Uría, en este prologo que hace de la Hermenéutica del Sujeto de Michel Foucault, porque aun nos seguimos preguntando cual es papel que realmente desempeña y cual es el deber ser del periodista deportivo en los tiempos donde el ejercicio debe someterse sin concesiones y despiadadamente a la era del entretenimiento dejando la reflexión, la crítica, la ética y la investigación de lado.

Actualmente, el periodismo deportivo vive una terrible violencia institucionalizada que regula el sometimiento y el sufrimiento ético, sacraliza al mercado y hace de lado el pensamiento crítico en aras de una inmediatez despiadada, que acaba con cualquier pensamiento inteligente en torno al suceso deportivo, es decir, priva de sustancia a la sociedad a través del autoritarismo editorial y mediático que castiga el valor de la construcción de la noticia en términos del nulo pensamiento de quienes la construyen: los que se nombran periodistas deportivos. Ellos no ponen en duda los “valores morales” que les venden las empresas mediáticas para el ejercicio de su trabajo y obedecen a una serie de patrones institucionales que los hacen ser víctimas de sí mismos sin cuestionarse su propio papel.

Líderes indiscutibles de opinión (muy discutibles), muchos de los más afamados y mitificados informadores y periodistas deportivos actuales, poseen más un “aura” de estrellas de la farándula que de agudos, recalcitrantes o incómodos críticos (como señalan los canónes periodísticos). ¿Por qué?, ¿cómo fue que llegamos a esto?, ¿se les puede o debe exigir más?, ¿realmente se trata de periodistas, de profesionales del periodismo?, ¿qué papel juegan en la sociedad?, ¿informan o más bien la mayoría de ellos lo que hace es entretenimiento informativo?, ¿cuál es su verdadera función?, ¿qué los caracteriza y distingue?, ¿qué tipo de periodismo es el “periodismo deportivo”?, ¿qué clase de periodismo deportivo se hace en México?, ¿ofrece la calidad que la sociedad y los aficionados se merecen?, ¿cómo pueden ayudar al desarrollo del país? y ¿qué retos deben enfrentar ante una comunidad de audiencias y consumidores cada vez más crítica, informada y exigente?

Lo anterior nos lleva a reflexionar que los periodistas y comunicadores deportivos son especialistas sin espíritu, gozadores sin corazón y constructores de la nada, pues el sentido común prevalece casi siempre en su ejercicio en el cual renuncia a interpretar el cumplimiento del deber profesional cuando no puede ponerlo en relación directa con los valores éticos que la profesión misma exige, porque son coaccionados económicamente en dos vías: los altos y los bajos salarios que hacen que no tengan opciones para darle a la profesión el lugar intelectual, moral y ético que merece. Esto nos lleva a la pauperización periodística y no sólo en el lenguaje o la cultura general; no sólo por la forma en que en muchas ocasiones (por fortuna, hay honrosas excepciones) se trabaja los temas deportivos (de manera casi siempre aislada de la realidad social e histórica) o por la forma en que se fundamentan las opiniones (a partir de meras especulaciones, rumores o de datos por todos conocidos); sino sobre todo porque muchos de ellos no han hecho honor a su labor periodística.

Vale la pena recordar, lo que en textos anteriores también hemos publicado, pero que en este contexto de Mundial tenemos que volver a revisar y profundizar.  Hay responsabilidades en cada uno de los eslabones de la cadena que mueve a la industria del periodismo deportivo: del lado de los deportistas hace falta que se eleve el nivel educativo y cada vez haya más jugadores capacitados en cuestión de medios, política deportiva, cultura; del lado de los periodistas deportivos, hace falta más profesionalización y menos ignorancia, hace falta periodistas que sean más atrevidos en sus usos del lenguaje, hace falta periodistas con mejores salarios, periodistas sigan códigos de conducta ética, hace falta periodistas que no deseen ser cómplices del poder, hace falta periodistas deportivos que no sólo hablen de deporte, periodistas más analíticos, incisivos, incómodos, en una palabra: hacen falta más periodistas a secas y no sólo expertos o aficionados al deporte.

¿Y de lado de los audiencias?  Hace falta lectores más exigentes, lectores que no se conformen con lo que consumen, lectores con amantes del deporte pero con ánimo de cambio, lectores que comparen lo que se hace aquí con lo que se ofrece en otras partes de mundo, lectores interactivos y mordaces lectores que critiquen a los “críticos”, lectores que eleven el nivel de sus periodistas favoritos, lectores que exijan diversidad, profundidad y pluralidad en las ideas, lectores que no sean fáciles de convencer y encandilar, lectores que desmonten los mitos y falsos estereotipos difundidos por los comunicadores, lectores que ejerzan su derecho a expresarse y estar bien informados, lectores que arañen con sus palabras el ego mediático de los periodistas deportivos cada vez que éstos se equivoquen, exageren, engañen, digan tonterías, se dejen corromper, falten a la verdad, etcétera.