Andrés Manuel López Obrador tiene oportunidad de construirse ante la opinión pública no partidista como algo diferente de aquellos que son políticos profesionales. Es decir, de crear la percepción de que su propuesta de “ideal moral” es la única guía ante el deterioro en que se mantiene la imagen de “la política” y los partidos políticos.
Sin embargo, aún en el discutible escenario de que pudiera ganar la presidencia de la República al candidato del PRI y del PAN, quienes en su opinión representan la demostración del fracaso de esas fuerzas para utilizar el poder nacional para algo más que reproducir el sistema de distribución de riqueza que favorece a los 30 inmensos grupos que sataniza, tendrá que ganar más del 50 por ciento de la votación. Digo esto porque de alcanzar la presidencia estaría obligado, para darle estabilidad, de hacer concesiones a las demás fuerzas políticas, con las que antagoniza o aquellas que detesta y están en probabilidad táctica de respaldarlo dentro del conjunto de grupos que llaman “izquierdas”.
En otras palabras, para que AMLO gane la titularidad del ejecutivo y hacer posible que efectivamente éste sea instrumento de desarrollo, necesitaría transigir electoral, política y económicamente con los grupos que en su imaginario y el de quienes lo acompañan representan precisamente la debacle de la ética pública que los alcanza a todos menos a él. Es decir, estaría obligado a negociar el sentido que ese “ideal moral” y sus propuestas tienen en la práctica, sería orillado a entregar aquello presentado este 25 de julio como distintivo: su auto propagandizada absoluta moralidad contra la absoluta ausencia de ella en sus contrincantes.
Así me parece que dos primeras conclusiones son posibles.
Primero, que el “ideal moral” propuesto por Obrador, inteligentemente con los colores de la nación y no los de ningún partido, es simplemente una exhibición de la reorganización retórica de su plataforma propagandística aún cuando, efectivamente él crea en ese “ideal moral”; es una demostración de que el grupo que lo apoyo ha afinado, acuñado, expresiones para consumo popular de todos aquellos que “odian la política” y tienen recelo o abierto resentimiento respecto del PRI y del PAN.
Esa reorganización retórica implica que el “ideal moral” es imposible pero necesario para AMLO como lo es la construcción de toda “mayoría moral” que quiere llegar al poder nacional. Es imposible porque al asumir, hipotéticamente, el poder, además de requerir una mayoría absoluta de votos, tendrá que negociar como ese “ideal” cobra vida en la política mexicana, caracterizada, como sabemos, semejante a lo que pasa en cualquier espacio político global, por su corrupción y por su inevitable acción de transigir sistemáticamente para generar estabilidad y no arrojar a los grupos políticos a una confrontación abierta que motive la generalización de la violencia.
En segundo lugar, como consecuencia de esta primera conclusión que plantea la imposibilidad de un “ideal moral” no negociado para que sea realizable y estable, está el hecho político de que la apertura individual de una campaña presidencial con tal anticipación y por encima de la lógica de la reforma electoral que pretendía coartar a los individuos el que pudieran imponerle su ritmo a las instituciones electorales y a los propios partidos políticos, arroja un resulta muy concreto.
Se trata de la apertura de un proceso de negociación dentro de los partidos de izquierda y respecto de los demás partidos y procesos electorales e incluye al propio presidente Felipe Calderón. Me explico.
AMLO no inició solamente una campaña presidencial sino el proceso de negociación con el PRD, con el presidente a quien llamaba espurio, con las fuerzas del Estado de México para determinar candidato al gobierno de esa entidad, con el Gobierno del Distrito Federal para decidir los modos del acompañamiento o distanciamiento de Marcelo Ebrard y por tanto de la definición del candidato en la capital del país, con Nueva Izquierda e IDN, fuerzas referenciales que constituyen esferas de poder fuera de su control y a quienes ha acusado de traición, o con el PAN. El partido en el gobierno tendrá como referente la simple probabilidad de que AMLO sea capaz de interpelar a todos aquellos que detestan a los partidos o se sienten defraudados por los políticos para pensar en el regreso del PRI y de su contención ante o ex post facto .
Una tragedia dentro del PRI y la unidad de todos los opositores al regreso del PRI en torno a AMLO le permitirían probabilidades, no ya posibilidades, de acceder a la presidencia. En el camino estaría impedido de mantener una definición absoluta de su “ideal moral”
En la incertidumbre democrática todo es posible. En mayo de 2004, dos años antes de las elecciones, como ahora, dos años antes de los comicios de 2012, Felipe Calderón tenía 3 puntos de la preferencia electoral.
Hoy es presidente de la república.
Salvador Guerrero Chiprés es Comisionado Ciudadano del InfoDF.

ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR… http://www.politicayestilo.com/?p=5057
Comment by Luis Enrique Rocha — July 27, 2010 @ 11:21 pm