El presidente abrió una nueva discusión. Considera que no se debe hablar mal de México. Exige que repensemos nuestra equivocada concepción del crimen organizado, pues magnificamos el poder de esas “ridículas minorías”. Criticaron a los medios pesimistas que sólo muestran el lado obscuro de México ¿Por qué la realidad que ve el presidente es tan distinta a la que vemos los demás? ¿Es culpa de los medios de comunicación? ¿Es un problema de mercadotecnia? ¿Es un problema de actitud de los mexicanos?
Esta discrepancia es un problema serio que puede tener consecuencias graves. En la frustración, puede tentar a las autoridades a discriminar medios en su asignación publicitaria dependiendo del tipo de noticias que muestren. Peor aún, pueden, a la vieja y típica usanza de la derecha, “pagar” para que se refleje el mundo que ellos ven. Los medios son libres, pero algunos tienen problemas económicos serios y la presión del gobierno podría afectar sus decisiones editoriales.
Muy grave sería que esto sucediera. Los medios podrían sesgar su contenido y dejar de ser espacios de denuncia. El acceso a medios ha permitido centrar la atención en abusos que jamás se hubieran atendido de otro modo. Los excesos de los políticos, de los jerarcas de la iglesia, las fallas institucionales, las discusiones sobre temas estructurales jamás podrían permear con medios de comunicación silenciados. La presión de este cuarto poder es la que ha obligado a atender dichos temas.
Debemos reflexionar sobre esta dicotomía entre la realidad oficial y la del ciudadano. ¿Hasta donde nos posicionamos como víctimas del gobierno? ¿Hasta donde éste se niega a aceptar sus deficiencias y fabrica culpables?
El Presidente enfatiza sobre un dato: sólo hay 11.5 homicidios anuales por cada 100 mil habitantes, cifra muy inferior a la de Brasil y Colombia, entre otros. ¿Puede ser que el malestar de los mexicanos provenga de un lugar distinto al número de homicidios?
Existe un deterioro social y económico es real. Cada día empeora un nuevo índice: el de competitividad, el de desarrollo tecnológico, el de inversión nacional y extranjera… Calderón quiere ser optimista. Existen sectores con buen desempeño pero son los menos. Muchos de los malos resultados no dependen de él. Pero, en vez de aprovechar la crítica para empujar sus iniciativas, se desespera con la realidad y parece creer que con el silencio esta desaparecerá.
El gobierno habla de dos temas: la guerra y la recuperación económica de una crisis que nunca reconoció. Mientras, en la calle, se vive una realidad distinta. Muchos adultos dejan al menos una comida al día para poder alimentar de sus hijos; todos enfrentamos el riesgo de sufrir algún tipo de agresión que no necesariamente termina en homicidio; realizar trámites o exigir derechos es una tarea frustrante o simplemente una pérdida de tiempo. Hay oportunidades para todos, pero es tan complicado ser parte del sector formal que la mayoría opta por la tangente.
Aquí, “a los amigos se les aplica justicia y gracia, y a los enemigos la ley a secas”. Presenciamos el cinismo de nuestros representantes, la protección a curas pederastas o delincuentes de cuello blanco, junto a las acusaciones a indígenas por secuestro y extorsión. Esto no necesariamente es culpa del presidente y de su equipo. Es una dinámica histórica e institucional difícil de cambiar, pero es una realidad que el presidente no quiere ver.
Es fácil quejarse de los medios que parecen exagerar las malas noticias, pero deben entender que negar la realidad no funciona. Si los resultados de las elecciones no bastaron ¿qué necesitan?
Todos debemos reflexionar.
Los medios y los ciudadanos debemos repensar el origen del problema: cuánto es responsabilidad del gobierno y cuánto del sistema político en su conjunto. ¿En cuánto contribuye nuestro pesimismo o, indiferencia? Los ciudadanos somos cómplices de los abusos gubernamentales por conveniencia, por miedo o por negligencia. Debemos reconocer lo bueno y diferenciar lo estructural de lo coyuntural. Hay problemas que ningún gobernante, independientemente del color de su partido, podrá corregir. Será hasta que a los mexicanos se nos dé la gana salirnos de nuestra zona de confort y exijamos resultados distintos.
Por su parte, esta administración debe repensar su forma de trabajar. Deben aprovechar la crítica para impulsar sus iniciativas. Diseñan grandes decisiones, descuidan su instrumentación y luego buscan responsables.
El problema no es de mercadotecnia ni de control de medios. Todos somos corresponsables de la crítica situación nacional. Todos contribuimos al deterioro nacional al permitir abusos, al no exigir o al cooperar en aras de proteger nuestros pequeños territorios. Hay que reflexionar para entender donde todos podemos cambiar para generar un mejor entorno.

creo que deberíamos de criticar lo que es criticable y de mostrar o alabar lo que se hace bien (que a mi punto de vista es bien poco), creo que si es cierto que las cosas no están nada bien pero no es nada mas por el gobierno actual o el anterior o el anterior o el anterior, ha sido por muchos años de no hacer las cosas pensando en nuestro país y en nuestra gente.
No soy de las personas del peje tampoco diciendo a cada rato que es un complot y que por eso todo esta mal nope para nada de hecho no comulgo con su mensaje ni con su persona, pero si hay cosas que están mal y una de ellas ha sido esa polarización propiciada por ambos bandos, que en realidad por eso estamos como estamos por que no debería haber bandos en un mismo país.
creo que como siempre en México nos queda a los ciudadanos empezar a mover las cosas desde cada una de nuestras trincheras, desde la que nos queda o hemos decidido tener.
Comment by marcos m f — April 6, 2010 @ 10:13 am
Un gran tema de discución, es malo o bueno hablar de nuestro país destacando las cosas malas (ojo, hablar mal del Gobierno no es sinonimo de hablar mal del País). Creo que la libertad de expresión es un bien que tenemos que atesorar y darle su justa dimensión, hay muchos medios que dicen lo que se les ocurre sin verificar el dato, ojala fueran mas responsables. Los mexicanos ya no creemos en nada, nos han mentido tanto, que ahora ya no queremos creer en nada. ejem. Credencial de identificación unica, NO; registrar telefóno celular, NO; que se mueren mas de tuberculosis que por narcotrafico, AJA; que soló es 11.5 muertos por cada 100 mil habitantes, AJA; que Brasil tiene más, AJA; (vean ciudad de dios); que este año vamos a crecer por arriba del 4%, AJA; que el empleo se esta recuperando, AJA; y todos, todos hemos contribuido a esa incredulidad. Ojala y lo cambiemos.
Comment by Luis L — April 6, 2010 @ 11:44 am
Mientras pensemos que la muerte de pocos mexicanos es una buena señal estaremos invirtiendo el orden de las prioridades. Primero se nos dijo que eran muertos entre bandas delictivas, ahora que son pocos comparados con otros países, por lo que parece que al rato se nos dirá que la mayoría de los muertos tienen estatura menor a 1.60 mts. El diagnóstico es equivocado. El problema es que el número de muertos es inaceptable a todas luces, entre otras cosas, porque todos son compatriotas. Entiendo que puede haber bajas, pero lo que no me parece es que se tome como una condición necesaria en una guerra que no parece tener una estrategia de salida o de logros reales. Requerimos repensar como recomponer el tejido social y la confianza/interacción con las autoridades, y no lo que está sucediendo ahora en que simplemente se entiende que es natural que haya decesos. La sociedad se debe unir para exigir respeto a la vida y, eso sí, un pleno estado de Derecho. Como dijo Benjamín Franklin, si estamos dispuestos a sacrificar garantías por una supuesta mejoría en seguridad, entonces como país no merecemos ni una ni otra condición.
Comment by Juan Francisco Torres Landa — April 6, 2010 @ 7:33 pm