A un año del Acuerdo Nacional por la Seguridad, 68% de los mexicanos considera que la inseguridad esta igual o peor. El ejecutivo sólo cumplió con una de sus 28 promesas. El MUCD le asignó una calificación de 5.2.
Los datos son contundentes. Se definieron compromisos concretos y no se cumplieron.
No se avanzó en seguridad, ahora, se habla de corrupción. Calderón ofreció dar seguimiento personalmente a las denuncias y atención personalizada del secretario de la función pública.
Ese no es el trabajo del presidente ni el del secretario. El presidente necesita una visión integral de la corrupción y atenderla desde distintos frentes.
El secretario de función pública, desde su trinchera, debe ser capaz de entender la estructura del problema y definir una estrategia, en vez de nadar con la corriente. Debe entender dónde las leyes y reglamentos limitan la gestión pública. El problema incluye pero sobrepasa a las pequeñas denuncias. Es un problema de diseño institucional donde los incentivos de funcionarios y proveedores no están alineados ni adecuadamente acotados. El control de información en manos de unos cuantos facilita la mordida.
Hay que reestructurar a la función pública y rediseñar su forma de trabajar. Se deben reformar leyes como la de de adquisiciones para agilizar las licitaciones y revisar los incentivos del servicio civil de carrera. Urge sistematizar a las dependencias para eficientar y transparentar los procesos. Los grandes negocios se siguen haciendo. Abajo, la operación se paraliza con trabas burocráticas que inducen la corrupción.
La inseguridad está estrechamente vinculada con el problema de corrupción porque la corrupción genera impunidad y la impunidad hace “más rentable” y menos riesgosas las actividades ilícitas. La corrupción es el síntoma más dañino de las deficiencias de nuestro diseño institucional. Para atacarlo se requiere una visión integral. El incumplimiento a los compromisos del Acuerdo y la falta de resultados prueba que ni las promesas del presidente ni las modificaciones legales son suficientes. Se requieren leyes bien diseñadas y capacidad para instrumentarlas. Una cosa sin la otra no sirve. La tarea del presidente es lograr esa combinación.
