Caja de espejos

Presidente censurado

July 27, 2010

— 12:10 am

La respuesta de Gobernación ante la resolución del IFE contra el presidente Calderón es una muestra de la visión que éste gobierno tiene de las instituciones y de sus funcionarios. El subsecretario Gil  anunció que se impugnará la resolución ante el Tribunal Federal Electoral. Explicó que consideran que el IFE carece de atribuciones para acreditar una responsabilidad al presidente; que es preocupante que pretenda censurarlo; que se invaden sus facultades y que soslaya el derecho a la información de los mexicanos. Sólo falto que los tratarán de tontos útiles. Les parece inaceptable que respeten la ley. Les incomoda la autonomía.

Calderón quema una de sus mejores cartas. Obliga a uno de los pocos funcionarios con buena interlocución en el Congreso a tomar una postura radical y absurda. Ahora a Gil le toca hacer el trabajo sucio: adoptar las posturas extremas que antes asumía Gómez Mont.

Este gobierno corroe instituciones y operadores políticos por igual. Para todos fue evidente que Calderón pasó junio en el margen de la legalidad. Entre cadenas nacionales, conferencias de prensa y mensajes a la nación, se dedicó a jugar con los medios para hacer anuncios irrelevantes con claro tinte electoral. Todos sus anuncios podían esperar.

Primero, anunció la eliminación de la tenencia vehicular en 2011. El 15 de junio, en cadena nacional, comunica su “nueva visión” en materia de seguridad donde sólo sustituyó “guerra contra el crimen organizado” por “lucha por la seguridad”, sin cambio alguno en contenido.

El 28 de junio, ante la ejecución del candidato priista de Tamaulipas, da otra cadena nacional. Esa sí justificada por la situación. Como “olvidó” convocar a la unidad, aprovechó la crisis para reaparecer al día siguiente, decir lo mismo e incluir el llamado. Finalmente, el 1 de julio, cierra con el lamentable anunció de la creación de más de 500,000 empleos formales (cifra ofensiva si consideramos que en 2009, ante la indiferencia oficial, la economía cayó 6.9%).

El juego entre cadenas nacionales y conferencias de prensa es tramposo. La línea entre información y propaganda es tenue. Ni en los peores periodos del PRI, el presidente realizaba acciones tan abierta y eminentemente electorales.

Calderón abusó. Sabe que las conferencias de prensa presidenciales son atendidas por todos los medios y que, en el extremo, nadie le puede hacer nada. Prefirió pedir perdón que pedir permiso. Prefirió violar las leyes, que resistir su ansiedad. No le importan o no ve las consecuencias de sus fijaciones. En ambos casos el resultado es lamentable. Si él no respeta la ley, ¿quién la va a respetar?

Todos los anuncios de junio, salvo el del asesinato de Torre Cantú, podían esperar. Nada, excepto las elecciones, justificaba el posicionamiento mediático del Presidente. Escucharlos, hoy, acusar al IFE de censura preocupa e indigna.

El planteamiento del 15 de junio era un juego de mercadotecnia política. Ni siquiera anunciaba una rectificación de estrategia. Nada justificaba el anuncio más que las elecciones de los cuatro estados más violentos del país: Tamaulipas, Chihuahua, Sinaloa y Durango. Las condiciones de seguridad del país en ese momento no estaban ni mejor ni peor que el 5 de julio. Si cada matanza de policías justificara una cadena nacional, superaría Calderón por mucho a Hugo Chávez.

Para todos es claro ahora que Calderón dejó el interés por la República para defender a su partido. El presidente no tolera la idea de entregar la banda al PRI. Lo persigue su peor pesadilla. En la desesperación, decidió operar políticamente en vez de con resultados. Claro, el buen desempeño gubernamental es más difícil que violar la ley. Total, él se sabe intocable.

Al mejor estilo priista y con ánimo revanchista, el presidente utiliza “todo el poder del estado” para ganar. Para ello, debilita a las bases operativas institucionales. Sustituye técnicos por panistas y destruye la capacidad de acción y de reacción del equipo de gobierno. Todo lo justifican con la amenaza del PRI de regreso en los Pinos y su fin justifica sus medios.

Acusa a la oposición de canibalismo político, pero él es el primero en promoverlo. Exige respeto a la ley mientras la viola impunemente. Quiere que lo escuchen, sin escuchar. Ahora se queja de censura por parte del arbitro electoral. El papel de víctima no le va.

Las elecciones ya pasaron. El 4 de julio mostró que el clientelismo existe pero no determina. La operación electoral no sustituye al buen gobierno. A falta de resultados, se vota por la alternancia, tal como les pasará a él y a su partido en 2012 si siguen por este camino.

Su visión es más arcaica que la del PRI. El presidente y su partido no respetan a los mexicanos ni a sus instituciones. Antaño convocaban a la ciudadanía, hoy la desprecian. Nos ven como grupos clientelares. No aceptan que, a pesar de todo, la mayoría de los mexicanos sabemos cómo votamos cuando votamos.

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¿Qué aprovechar de Blake Mora?

July 20, 2010

— 12:00 am

El deterioro en las relaciones intergubernamentales va en aumento. Es una relación compleja y pobremente reglamentada. Su funcionamiento dependía de la capacidad de cohesión del presidente. Los apoyos o castigos variaban según el poder político y económico relativo de cada entidad y cada gobernador. Ahora las cosas son diferentes. La regulación es casi la misma, pero el presidente ya no tiene ni el poder, ni el dinero para castigar o premiar.

Se descentralizaron fondos sin control a cambio de reformas mínimas. Hoy, los estados tienen dinero, pocos requerimientos de transparencia, control sobre sus diputados y una seria crisis institucional, política y de seguridad.

El gobierno federal como rehén desesperado opta por una postura defensiva. Con una actitud déspota y poco receptiva, confronta y se aísla. En la desesperación descalifica a las autoridades locales y promueve reformas que recentralicen ciertas facultades. Estas tensiones se agravan con la guerra y las campañas.

La guerra fue unilateral desde el origen. Se declaró desde Los Pinos. Las masacres locales se minimizan y se achacan a las confrontaciones entre criminales y a la debilidad de los gobiernos locales. Se atienden con efectivos y con propuestas de centralización, nunca con propuestas de fortalecimiento institucional. Muestran poco respeto por gobernadores y alcaldes a los que visualizan como contrincantes políticos más que cómo aliados.

La austera interlocución federal marginó a los gobernadores que se quejan de la sordera presidencial.  Los más cínicos, se retiraron y dejan al gobierno federal  encargarse de su guerra y asumir el costo político.

La sociedad está en el vacío. Por ejemplo, en Juárez, hay por lo menos 3,500 homicidios sin investigar por ser producto del crimen organizado. Pero, la SIEDO, única autoridad técnica, jurídica y políticamente competente para atender estos delitos sólo tiene ahí dos detectives. Si esto es en Juárez, supuesto centro de atención presidencial ¿qué será en el resto del país?

Para complicar el escenario institucional, durante las elecciones, el gobierno federal y el PAN, centraron sus campañas en desprestigiar a los gobernadores. Los acusaron de virreyes, irresponsables, y demagogos. Los espiaron y hasta las participaciones federales les controlaron.

Olvidan que las autoridades locales, con todos sus defectos, fueron electas por la ciudadanía y son los únicos interlocutores. Hoy, los gobernadores no creen  en el presidente e ignoran sus llamados a la unidad. Mientras, la violencia aumenta, la economía a penas se recupera, las instituciones locales avanzan poco, las federales pierden margen de maniobra para trabajar y, los mexicanos sobreviven o emigran.

Con el cambio en la secretaría de gobernación se esperaba una reestructura en la forma de trabajar. Era el momento de revisar estrategias, y renovar modelos de diálogo con partidos, actores políticos, ordenes de gobierno y con la sociedad. El primer anuncio fue “no habrá cambio en la estrategia”.

El país quedó en manos de un joven amigo del Presidente. Blake Mora no tiene ni la preparación, ni la cultura, ni la estatura, ni la experiencia y capital político, ni la interlocución y el conocimiento jurídico de Gómez Mont. Cómo premio por operar un desastre electoral en Baja California, lo trajeron a enderezar un barco encallado, pero con la misma estrategia.

Sólo hay una característica suya en la que podría aventajar a su antecesor: viene de un gobierno estatal. Es difícil creer que podrá hacerse cargo de todas las funciones de la secretaría. Para eso mantendrán a los subsecretarios cercanos al presidente que hagan el trabajo. Él deberá atender la estrategia de seguridad y si lo asume, puede ser que su visón local ayude.

Blake Mora, conoce los problemas de las entidades, las frustraciones de gobernadores y alcaldes. Entiende cómo el crimen organizado filtra instituciones y cuál es el margen para actuar. Sabe qué están dispuestos a ceder los gobiernos locales y dónde requieren presión externa para justificar cambios estructurales. Conoce la dinámica política local y debiera ser capaz de entender cómo desarrollar estrategias conjuntas. Conoce a los gobernadores y sus operadores tanto como las debilidades de la relación intergubernamental actual.

Si se cree estratega visionario, no habrá avances. Si entiende de operación política, lidiará con las posturas centralistas de García Luna. Aprovechará su experiencia estatal para enfocarse a la reconstrucción de la relación con los estados con trabajo, paciencia, diálogo, y respeto a sus interlocutores. Deberá promover el fortalecimiento de las instituciones locales, no su desaparición; centrarse en el combate a la impunidad, eje de la porosidad que permea el crimen organizado. Los estados necesitan ayuda, no críticas y golpeteos.

Reconstruir la relación con los gobiernos estatales puede generar provechosos resultados en las gobernabilidad nacional. El diálogo puede abrir el camino hacia reformas de fondo en diversos aspectos. Pero esto es posible sólo si se piensa al país como un conjunto de entidades, no como un rey sólo que pelea con enemigos territoriales.

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Retos de los huracanes

July 13, 2010

— 12:00 am

La temporada de huracanes empezó y ya destrozó Monterrey, parte de Nuevo León, Coahuila, Tamaulipas, Oaxaca y el Distrito Federal. Las proyecciones sobre los meses venideros no son halagadoras. Las reacciones de los gobiernos federal y estatales tampoco. El ejército reclama que se solicita tarde su intervención. El director de la CONAGUA, José Luis Luege dice que no el gobierno Federal no tiene recursos suficientes para atender el problema. La SHCP dice que el FONDEN alcanza.

Apenas empieza la temporada y la descoordinación al interior del gobierno federal y en su relación con los estados es evidente. Todavía no se supera la emergencia pero ya empieza la guerra de declaraciones. La temporada de desastres naturales se presentan además en un contexto político y social particularmente tenso.

Por un lado, los resultados electorales no están asentados. Quedó la percepción generalizada de un retroceso de nuestra democracia. Los gobernadores priistas operan como antaño, pero el gobierno federal panista entró al quite con las mismas técnicas.

El PRI habla de exigencias al presidente para condicionar el diálogo. Insinúan condicionamientos en la definición del presupuesto de 2011. La excusa es buena para lograr algo que desde el año pasado intentaron: transferir el ejercicio de la política social a los estados. Entre tanto, hay tres estados en disputa.

La operación electoral federal, real o no, incluyó intervenciones que deslegitiman la impugnación electoral. Se habla de la operación del SNTE, del retiro de credenciales de elector a beneficiarios de programas sociales y del robo de urnas. Hay registro del cateo al velorio del hermano de Miguel Ángel Yunes y a la casa de campaña de Xochitl Gálvez. Desgraciadamente, lo único que todos los mexicanos vimos fueron cuatro cadenas nacionales del presidente de la República, previo al 4 de julio, de las cuales tres eran injustificadas. Con eso a cuestas, ¿Cómo van a justificar las impugnaciones post electorales? Los panistas se pusieron la soga al cuello. Perdieron credibilidad y redujeron su margen de maniobra para defenderse.

La confrontación entre partidos permea la relación entre ordenes de gobierno. Pero en medio de la guerra y de los azotes de la naturaleza, los actores políticos tienen que coordinarse para ayudar a la sociedad. De paso, están a prueba las instituciones técnicas.

CONAGUA, que demostró poca capacidad para resolver problemas de gran envergadura, deberá probar que puede, entre otros, prevenir desbordamientos y coordinar acciones en las presas. La SCT deberá dejar de lado el cuidado de imagen de su secretario, y actuar más rápido y efectivo que en Mexicali, cuya reconstrucción después del temblor no se agilizó ni por el periodo electoral. Sedesol mostró eficacia en el periodo electoral, ahora deberá probar su capacidad de reacción en condiciones de emergencia. Finalmente, el Gobierno federal tendrá que entrar de lleno a la zona más violenta del país y vencer el miedo para acercarse a todos los residentes de las zonas afectadas con o sin crimen organizado.

Un agravante social de mayor envergadura es el cambio de la relación entre la población y el ejército generado por la guerra contra el narcotráfico. Hasta hace tres años, el ejército era el gran salvador. Cuando el ejército intervenía, en casos de emergencia, a través del plan DN-III, era para salvar vidas y ayudar a damnificados. Ponían albergues, reconstruían caminos, escuelas y hospitales. Se les percibía como el aliado del pueblo. Tres años y medio después de iniciada la guerra, habrá que ver si tienen la misma aceptación.

Puede pensarse que en caso de perder casa, auto y demás, los ciudadanos reciban ayuda de cualquiera. Pero el escenario social, particularmente en el norte del país ha cambiado drásticamente. En medio de la guerra nadie confía ni en vecinos ni en autoridades. El ejército no es visto como antes. Se cuestiona su operación y se le acusa por violaciones de derechos humanos. Muchos pueblos hoy les temen o los rechazan. Pero, ante los embates de la naturaleza, y a pesar de la penetración del crimen organizado en la sociedad, el ejército es clave tanto en el área preventiva como en la reactiva. Deberá encontrar la manera de recuperar la confianza de la sociedad.

Los retos del periodo de huracanes van más allá de la devastación física. Permean el ámbito político, institucional y social. Se pone a prueba el liderazgo del presidente de la República para coordinar acciones preventivas, de rescate y reconstrucción; de los gobernadores para cooperar en la instrumentación de los planes de emergencia; del ejército para acercarse a la sociedad. Se plantean retos pero se abre una oportunidad para restablecer la relación entre las autoridades y sus gobernados. Sólo deben dejar el miedo a un lado y recordar que el diálogo entre fuerzas políticas puede estar sujeto a la resolución de conflictos postelectorales, la ayuda humanitaria y la reconstrucción de las zonas afectadas no.

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Los contrastes de la elección

July 6, 2010

— 12:00 am

El periodo electoral reveló una realidad distinta de la que vendieron los partidos. No importó el tamaño del mapache, los mexicanos votaron con más independencia de lo esperado. Ni los votantes son tontos, ni se venden fácilmente. El clientelismo no es tan eficiente. Guerras sucias, intervenciones presidenciales, prebendas estatales, inequidad en las campañas, abuso en el uso de recursos públicos y privados, resultaron insuficientes. Los resultados no fueron generalizables, ni dependieron de un cacique. El votante mexicano es sofisticado, no es un infeliz que vota por una despensa.

A cada elección, resurge el fantasma del viejo régimen, del clientelismo, y la manipulación política. Domina la visión de la vuelta al pasado, del PRI invencible, del PAN y del PRD débiles y de una sociedad idiota.

Pero la sociedad se abstrae de estos discursos, sale y vota. Fuera de excepciones como Tamaulipas y Chihuahua, donde la violencia apabulló a los votantes y Tlaxcala (cuya explicación está pendiente), la participación fue normal para elecciones de gobernador, alrededor de 50%. El círculo rojo desconfía del votante promedio, pero los resultados invariablemente reflejan que México no es el de antes, ni vuelve al sometimiento comprado.

Hay 50 millones de pobres, pero también 60 millones de no pobres. Predomina una clase media pujante, lastimada por las crisis económicas,  más educada, más conciente de sí misma, que lucha contra el riesgo de la pobreza, defienden sus logros, exigen.

La sociedad mexicana es menos romántica y más aguerrida. Abandonó la integración familiar y la paz social. Sobrevive a la inseguridad y a la falta de oportunidades. Quiere soluciones tangibles. Busca opciones en la formalidad, la informalidad y en la ilegalidad pero no carece de aspiraciones de estabilidad y progreso. Se burla de la ley porque sabe que su cumplimiento es subjetivo. Es más cínica y más práctica porque sus autoridades gobiernan sólo en el discurso.

Cuando los priistas superan sus cuitas, escogen candidatos que atienden estas demandas e invariablemente ganan. Cuando los panistas se aferran a deslegitimar al contrincante y a garantizar lealtad partidista y al presidente, invariablemente pierden.

En este contexto, las alianzas fueron un parteaguas. Acorralados por la falta de resultados, y por la habilidad del contrincante, PAN y PRD seleccionaron cuidadosamente a candidatos comunes. Abandonaron sus dogmas y escogieron individuos más vinculados con los votantes que con los partidos. Ante el exceso y el desdén por la ciudadanía se propuso moderación y cercanía. No todos ganaron, pero el impacto en todos los casos fue contundente.

En contraposición, en el ámbito institucional se suscitó lo contrario. Los tres ordenes de gobierno se metieron hasta la cocina, ensuciaron el proceso, violaron leyes, reglas y principios. Partidos y gobernantes no respetaron nada. Superaron todo límite. Intimidaron a candidatos y a votantes, abusaron de los recursos públicos, los medios locales, las instituciones e incluso de los muertos. Hasta el presidente de la República se prestó al juego electoral estatal.

La actuación de las autoridades fue lamentable. Las campañas fueron ofensivas, solo útiles para distanciar a los ciudadanos de sus gobiernos. En el extremo, el asesinato del candidato de Tamaulipas, desarticulo más a la clase política. El presidente, entre cadenas nacionales electorales hizo un desahuciado llamado a la unidad nacional sin eco ni respuesta. El PRI enfurecido increpó.

Al final, la realidad les cayó como balde de agua fría. Ni unos ganaron todo, ni otros lo perdieron. Ganaron casi todos los candidatos cercanos a sus votantes. Se evidenció que el PRI tiene más penetración que los otros partidos y que por separado, derecha e izquierda no ganan. Quedo claro que ningún candidato está dispuesto a aceptar su derrota por más ventaja que le lleve el contrincante. La impugnación es deporte nacional. Desprecian a las instituciones y al votante. Sólo creen en la capacidad de hacer trampa de su oposición.

El sistema político muestra serios rasgos de agotamiento y mínima vinculación con la sociedad. Esta última desdeña las apuestas de manipulación y sale a votar. Surgen de ahí dos Méxicos, el del discurso y el de verdad, cada vez más ajeno uno de otro. En esta elección, perdieron las autoridades y ganó la sociedad pero, las alianzas generaron una opción real de reacercamiento. Por sus características, anulan parcialmente los rapaces intereses partidistas pero no se puede cantar victoria. Los nuevos gobernadores deben mostrar capacidad para gobernar. Deberán consolidar la búsqueda de unidad y la cercanía con la gente, y erradicar las campañas destructivas y las sistemáticas violaciones a las leyes. Deben dar prioridad a los resultados tangibles a los ciudadanos, y dejar de lado el discurso de unidad entre partidos y políticos. Si esto se logra, puede abrirse una puerta para reconciliación nacional y pintarse un camino más optimista para 2012.

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¿Punto de quiebre?

June 29, 2010

— 12:00 am

Varios eventos en la administración de calderonista han marcado puntos de quiebre sobre el destino de la Nación. La muerte de Mouriño; la detención de alcaldes y regidores en Michoacán; la negación de la crisis económica; el inicio de las ejecuciones grupales. Hay muchos más, pero todos coinciden en que a pesar de su aparente  superación, estos no se acompañaron de modificación alguna en la estrategia  gubernamental que abra nuevos horizontes.

La última excusa de paz del presidente desapareció ayer: fue asesinado el candidato del PRI a la gubernaturas de Tamaulipas. Presumía la actual administración que aquí no hay guerrilla ni ejecuciones de candidatos. De guerrilla no se habla públicamente, pero al ejército ya lo entrenan en contrainsurgencia. Sin embargo, acribillar a un candidato a gobernador es novedad. La falsa tranquilidad terminó. Pero el discurso no se movió.

A lo largo de estos años, en todos los ámbitos, el Gobierno Federal navega entre la evasión y la negación. Lo que incomoda no se menciona. Cuando es inevitable, se defienden hasta ofender. No aceptan sus errores, ni las críticas. Las caras de los funcionarios se transforman ante los cuestionamientos. Hacen publicidad, descalifican al que difiere, en el extremo, responsabilizan a alguien más.

Hay ejemplos, “el catarrito” en la peor crisis económica de la historia moderna, o el cabildeo en la corte de funcionarios federales para evadir responsabilidades en el incendio de la Guardería ABC. El más fresco es la acusación del secretario de Gobernación a los defensores de derechos humanos, a los que trata de “tontos útiles”. Resulta que defender el estado de derecho es hacerle juego al narcotráfico.

Para este gobierno, como para George Bush, estas con ellos o eres su enemigo. Se refieren, a los “buenos” y a los “malos”. Se habla de criminales y autoridades; pandilleros y policías; narcos y militares; economistas responsables y los que no entienden. Siempre en los extremos. Olvidan los matices. Dividen y excluyen.

Defienden lo indefendible, recrudecen el discurso gubernamental y polarizan la vida nacional. En sus excesos no miden las consecuencias, porque para ellos no existen. Los funcionarios actuales, sobre todo los cercanos al presidente, son intocables. Hagan lo que hagan, mantienen sus cargos, por ello, pueden obviar las consecuencias de sus acciones u omisiones.

Justifican su violación a la ley porque son autoridades y cercanos al presidente. Por ejemplo, García Luna se regocija al detener a presuntos secuestradores, como Florence Cassez, con procedimientos ilegales. Nava, abusa de su fuero legislativo y protección presidencial para violar cuanta ley le estorba. Presume sus videos, falsifica encuestas, acusa, enjuicia pero evade el uso de instituciones… La nueva política panista es, “si los gobernadores abusan, despilfarran o violan la ley, nosotros más”. Aceptan cualquier medio para vencer al enemigo y mantenerse en la silla…. Están más enamorados del “pinche poder” que Fidel Herrera, pero no lo saben ejercer ni conservar.

Desde 2006, pierden elección tras elección pero mantienen su estrategia y su discurso. Se burlan de la ciudadanía. Se mofan de toda crítica. Rechazan cualquier propuesta. Para ellos, cada ejecución es la muerte de un criminal, aunque ofendan a los ciudadanos afectados a los que llaman “daños colaterales”. Niegan con la misma vehemencia infiltraciones del crimen organizado, desvíos de recursos, una crisis económica, el desmantelamiento de instituciones y sus violaciones a la ley. Rechazan el resquebrajamiento del estado de derecho porque son los primeros en violentarlo.

Duele México y ofende el gobierno. La negación de lo evidente y la evasión de responsabilidad desesperan. Ahora, el PRI les robó el discurso que la mayoría quiere escuchar y no se dan cuenta. Los priistas, aunque mientan, hablan con moderación de unidad, de instituciones, y de trabajo. Mientras los panistas, hablan de guerra y de los malos, se victimizan, pero hacen las mismas vilezas que padecen. Como autoridades, destruyen instituciones, y manifiestan su impunidad.

Igual que las acciones de los padres marcan a los hijos, las acciones de las autoridades impactan a la sociedad. ¿Cómo hacerlos entender que su desprecio por el estado de derecho marca el ejemplo? ¿Cómo hacerlos ver que su discurso genera violencia y polariza? ¿Cómo mostrarles que ser más malo que el malo, pero con los mismos métodos no funciona? Van más de 23,000 muertos. ¿Cuántas víctimas más quieren cargar antes de entender que la violencia es consecuencia de la ausencia de estado de derecho que promueven?

La ejecución del candidato del PRI a la gubernatura de Tamaulipas podría marcar el inicio de la violencia contra los políticos de alto nivel. Torre Cantú tenía ganada la elección y no podrán argumentar, como  acostumbran, que estaba ligado al narco, no hay indicio alguno de ello.

El presidente llamó  de nuevo a la ciudadanía a unirse contra “su enemigo”. El discurso de “buenos y malos” carece de sentido para una ciudadanía que cohabita con ese “enemigo”. Es inútil pedirle a ciudadanos intimidados por la violencia que denuncien a su vecino cuando no hay autoridades confiables a quien acudir. La capacidad de convocatoria del Gobierno Federal está delicadamente mermada. El camino de la recuperación de la credibilidad y el liderazgo inicia con el cumplimiento de la ley por parte de este débil y desarticulado equipo, consentido por su jefe y desvinculado de la sociedad.

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¿Aristegui panista? (2)

June 24, 2010

— 12:00 am

Carmen Aristegui es hoy la periodista más escuchada de la radio mexicana. Ha destacado como profesionista seria. Sin embargo, parece que la fama le lleva a olvidar los principios básicos del periodismo.

Por su trabajo e independencia, la periodista se volvió una referencia obligada del mundo de las noticias. En 2009, realizó una entrevista al ex presidente Miguel de la Madrid. Al hacerla, nunca consultó a las fuentes afectadas. Por la edad y condición física del entrevistado, la entrevista parecía tendenciosa y manipulada. A pesar de ello, fue galardonada con el premio nacional de periodismo.

La distinción parece haber fomentado prácticas incorrectas. Independiente y luchadora por las causas justas, con sus fallas, justifica las críticas que el gobierno hace a los medios y a la sociedad civil. Hoy, abona a las campañas negativas del PAN, sin pensar en los efectos colaterales de su manera de hacer noticia.

México está  viviendo una situación muy complicada. La vida para la mayoría de los mexicanos es difícil en todos los ámbitos, social, económico y político. El gobierno sufre de ceguera selectiva. Hay cosas que, sencillamente, no quieren ver. Para descalificar los temas que le incomodan responsabilizan a los medios de mal informar al ciudadano y de sesgar la información. Se quejan reiteradamente de que no confirman datos, que no acuden a las fuentes y no corroboran información con los afectados. Con ello, desacreditan las noticias que no les convienen en prejuicio de la sociedad. Hacen como que los problemas no existen para no tenerlos que atender. En el extremo culpan a los medios hasta de los muertos y la tensión social. Esta crisis llegó al grado de motivar a los legisladores a discutir la obligatoriedad del derecho de réplica.

Los audios y videos, presentados, contra diversos gobernadores son en su mayoría ilegales. Se utilizan como parte de la campaña negativa de un PAN adolorido y públicamente impugnado contra un PRI ensoberbecido con su vuelta al poder. Hacerlos públicos es explicable en términos periodísticos pero no lo es el negar la audiencia a los afectados.

Al publicar los audios de Ulises Ruiz que implican a Carlos Marín, director de Milenio, sin consultar o dar voz al (o los) afectado(s), Carmen Aristegui incurrió en las faltas con las que los descalifica el gobierno. Su falla valida la crítica contra los medios y fortalece el argumento de evasión de responsabilidad gubernamental que tanto daño hace a la sociedad mexicana. Los medios, en general, deben esforzarse por evitar estos exabruptos en ánimo de “hacer nota”, Carmen Aristegui más.

Muchos, pueden darse el lujo de cometer esos errores, ella no. Es la periodista más reconocida y famosa. Construyó una imagen de transparencia y seriedad que debe cuidar. No puede cometer los errores más básicos del periodismo. Sus fallas afectan a todos los medios y repercuten negativamente sobre la sociedad, agudizan las tensiones y dividen a un gremio de por sí cuestionado. Carmen Aristegui quería ser famosa y respetada. Lo logró. Hoy, tiene que asumir la responsabilidad que este rol implica. Su prestigio, sus premios y reputación no le autorizan a abusar de su medio. Por el bien de todos, ojalá reconsidere su nueva manera de hacer periodismo.

Lecciones de Monsiváis

June 22, 2010

— 12:00 am

Es difícil imaginar mayor alabo para una figura pública que el grito de “¡Monsi es del pueblo!”. Es la exigencia de los mexicanos para despedirse de su cronista. ¿Cuánto tiene que aprender la clase política de Carlos Monsiváis? ¿Qué darían porque en algún rincón del país, el “pueblo” se identificara con ellos e esa manera?

La tarea de un escritor difiere mucho de la de un gobierno, pero hay elementos esenciales útiles en los dos ámbitos. Hay características del autor vitales para cualquier ciudadano pero más para aquellos que dicen trabajar por el bien común. Hay cualidades de Monsiváis que serían de gran utilidad en la función públuca, por eso, su esencia debe ser revisada.

El difunto escritor tenía una visión amplia sobre México y el mundo, que superaba dogmas e ideologías. Quizá, lo más atractivo de sus narraciones, era su capacidad de ver las cosas como son. Describía al México que veía, no al que quería ver, al que era no al que debía ser. Qué útil aceptar al mundo como es. Las decisiones de política pública serían tanto más acertadas si partieran de diagnósticos similares.

Monsiváis con gran sentido del humor se burlaba de sí mismo y de los demás. Construía ideas nuevas entorno a la crítica más que gritos viscerales. Decía Octavio Paz, que Monsiváis no era un hombre de ideas sino de ocurrencias. El autor construyó con esto un género propio, que llegó a millones de mexicanos. Qué bueno sería que nuestras autoridades supieran aprovechar las críticas para construir.

El autor contaba con otra cualidad muy escasa en nuestra sociedad: la consistencia. Actuaba y vivía como pensaba. No pretendía ser Paz, ni nadie más. Monsiváis era Monsiváis. Era el “enfant terrible” de la literatura mexicana, el incómodo crítico de Sirios y troyanos. Liberal de pensamiento, obra y acción, pero con una personalidad tal que hasta sus detractores lo apreciaban.

Nunca paró, ni dejó  tirados a sus lectores. Hay pocos funcionarios con ese compromiso con el bienestar ciudadano. Nuestras autoridades  suelen pensar antes en el jefe que en la institución; ven en los críticos a enemigos irreconciliables con lo que reducen  toda posibilidad de diálogo.

La consistencia y el trabajo son escasos en las oficinas públicas. Muchas autoridades olvidan sus principios y sus luchas. Sin ancla ideológica, dan bandazos y desarrollan políticas inconsistentes que reinventan regularmente. Parte del trabajo público hoy, a diferencia del de Monsiváis, no tiene pies ni cabeza. Carece de estilo y de principio.

El ejercicio del poder implica mandar e instrumentar. Sin esfuerzo e imaginación, sin aceptar las condiciones como son, los resultados se hacen esperar. Las autoridades se desesperan. Sólo algunos trabajan con lo que hay sin lamentarse por lo que debiera ser.

Por su parte, los mexicanos conmovidos, exigieron su derecho al duelo de su cronista. Por la popularidad del escritor, las élites aprovecharon para acercarse los primeros. Montaron guardias amigos, oportunistas, y detractores. Todos aprovecharon para presumir su cercanía aunque la de muchos fuera inexistente. Se tomaron la foto. Afuera, miles exigían la presencia del cuerpo y coreaban “Monsi no era VIP”.

Despertó más interés el funeral de Monsiváis que las grabaciones de los gobernadores. El sí aportaba. Olvidamos las cochinadas de gobernantes, candidatos y partidos. De lado quedaron las preferencias sexuales de Mario Marín, el gusto por el poder de Fidel Herrera, los despilfarros de candidatos, las mentiras y berrinches de César Nava, la mentirosa unidad del PRI, el lamentable desmembramiento de la izquierda. Se tuvo un momento de reflexión nacional.

Monsiváis murió  junto con la izquierda y la derecha. Queda un México ambiguo, harto de mentiras y de gobiernos que no dan resultados. Hay un México escéptico ante el cabildeo de funcionarios que litigan su irresponsabilidad en la corte, de un PAN que aspira a ser PRI, de un PRD filtrado por el narcotráfico y de un PRI que se dice socialmente responsable.

A Monsiváis lo aclaman por su cercanía con la gente, por su autenticidad y su consistencia, por su burla y su propuesta. A las autoridades, les reclaman su distancia de los ciudadanos, sus políticas ambiguas y falta de instrumentación, su guerra sin diseño ni estructura. Se les rechaza porque carecen de imaginación y de vocación. Hablan de un México que no es y pretenden ser quienes no son.

Las autoridades federales y locales deben analizar la esencia básica de Monsiváis: su consistencia y falta de pretensión; su goce y entendimiento de la realidad para reflejar al México que le tocó vivir. Auténtico, se reía de él y de todos y a pesar de ello, todos lo querían, generaba sanas complicidades con los criticados. Con estas cualidades, los funcionarios podrían conectarse con la sociedad, tomar conciencia de sus necesidades y generar mucho mejores resultados públicos. Es cuestión de disposición.

Rehenes de las autoridades

June 15, 2010

— 12:00 am

Es distinto escuchar hablar de Juárez que visitarla. Sabemos que la tasa de homicidios en México es de 11.5 por 100 mil habitantes, pero no que en Juárez es de 200. Allende las estadísticas, no sobresale la miseria, ni pasear por la calle garantiza presenciar una ejecución. Lo que sí impresiona es la evidente ruptura entre sociedad y gobierno. El gasto público se ejerce en obras ajenas a las necesidades de la población. La sociedad civil sobrevive a pesar de sus instituciones. Avanza sólo hasta donde se les permite. Crece sólo porque hay todo por hacer y nadie para proveer.

Los juarenses están secuestrados por sus autoridades. Estas promueven la participación ciudadana en la provisión de los servicios básicos que no financian, pero, bloquean cualquier intento de injerencia real en la toma de decisiones. Por ejemplo, Plan Estratégico de Juárez AC, impulsó un reglamento para incorporar consejos técnicos ciudadanos que apoyen al cabildo en la definición de política pública. La propuesta fue rechazada.

En Juárez, como en muchos municipios del país, las decisiones de gasto son arbitrarias y la transparencia inexistente. Las acciones municipales son, al menos, sospechosas. La autoridad local responde a demandas distintas de las sociales.

Mientras tanto, el gobierno federal destina recursos que parchan pero no transforman. Ofrecen paliativos que inducen mínimos cambios institucionales. Carecen de condicionamientos y mantienen intacto el ejercicio de la autoridad local. El gobierno federal paga inserciones en periódicos de circulación nacional para justificarse pero  solo ofrece una respuesta parcial. “Todos Somos Juárez” es una respuesta necesaria más no suficiente.

El municipio gasta en financiar parcialmente al ejército y a la policía federal. Invierte en vías de comunicación innecesarias, en expandir la ciudad sin límite y sin orden, en sacar a la universidad, en promover unidades habitacionales de pésima calidad. Mientras tanto, los habitantes carecen de servicios públicos. Las distancias son excesivas, el transporte está viejo. Los usuarios caminan cuadras y cuadras para pasar de una parada a otra, ahí donde las mujeres se juegan la vida, ante el resurgimiento de los feminicidios.

En esta ciudad, la vida no es normal. Las jornadas empiezan en la madrugada pero temprano, por la tarde, se encierran las familias. La interacción comunitaria es difícil. El miedo ha permeado en todos los niveles. Nadie sabe quien es su vecino y prefieren no averiguarlo. Se marchita la vida pública con el cierre o quiebra de restaurantes, cafés y bares. Las autoridades representan más una amenaza que una fuente de protección.

La estructura de la ciudad es poco común. El trazo del centro se respetó, pero la expansión horizontal es anárquica. Se intercalan granjas abandonadas, terrenos baldíos, lotes de maquiladoras, modernos pasos a desnivel, un parque nuevo con juegos infantiles de antaño. Es difícil encontrar una escuela, o un local comercial.

Esporádicamente, aparecen clubes de golf semi enmontados, enormes unidades habitacionales de interés social o medio casi sin servicios, que parecen más dormitorios que comunidades. El problema se agrava con el abandono de viviendas. Ciudad Juárez tiene, hoy, 116 mil casas abandonadas, vandalizadas y vecinas de los hogares de los trabajadores de las maquiladoras: los más precisos, ordenados y productivos del país.

La problemática de Juárez es compleja. La corrupción y la impunidad están en el corazón del problema, empeorados por la guerra y la confrontación de grupos criminales. Las autoridades tienen una pistola en la cabeza. Hoy, los incentivos políticos y económicos juegan contra la sociedad.

La buena noticia es que en medio de este escenario, la sociedad está en acción. Una parte, presiona por la vía de la violencia. La otra, tiene contenido y  propuestas. Busca salidas y desarrolla respuestas. Abre brecha y atiende necesidades. La intensidad de la violencia genera el cierre de filas en las colonias populares. Villas de Salvarcar es un ejemplo de reagrupación comunitaria para enfrentar la delincuencia.

Por su situación, Juárez puede volverse un ejemplo de transformación de la administración municipal. Académicos, empresarios y luchadores sociales se reagrupan. Tienen un equipo técnico, una organización adecuada y una actitud integradora. Buscan cooperar con el gobierno, no polarizar. Quieren influir en la toma de decisiones no excluir a las autoridades. Bien instrumentado, el esquema puede transformar de fondo a la ciudad, no sólo compensar en la adversidad.

Este caso debe atenderse. La reconstrucción de tejido social y la interacción ciudadana no se da con prebendas. Debe rediseñarse el ejercicio del poder local y condicionarse el apoyo. Pasadas las elecciones debe repensarse la estrategia civil y acotar la  estrategia de guerra. El desasosiego de Juárez puede llevar a un nuevo modelo de interacción entre sociedad y gobierno que puede transformar la forma de gobernar en todo el país.

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Pausa

June 8, 2010

— 12:00 am

Pausa al mundo…. Este 11 de junio empieza el mundial de Sudáfrica. Es difícil, para los que no somos aficionados, entender el fenómeno del futbol. Países, casas, oficinas, gobiernos, todos ponen en pausa su vida para presenciar como veintidós jugadores se disputan un balón. Este deporte, como ningún otro, levanta pasiones, transforma los ánimos de individuos y naciones, cambia los corazones, transforma la dinámica y las rutinas diarias. El mundial, nos llena de ánimo. Saca lo mejor de todos.

Es difícil imaginar a más de tres mil millones de personas simultáneamente atentas a partidos y festejos. Habrán 400 medios audiovisuales y 15 mil periodistas dedicados a Sudáfrica y al mundial. Por un mes, juegue quien juegue, medio mundo pone pausa.

Algo debe tener este deporte porque las cifras que atrae para inversión en capital físico y humano son impresionantes. Sudáfrica invirtió alrededor de tres mil millones de dólares en infraestructura. Las naciones respaldan a su selección con montos estratosféricos. Las empresas privadas se pelean por los espacios publicitarios y los asistentes por un asiento. Tan sólo de México, asistirán 15,000 visitantes de todos los niveles socioeconómicos, desde los ganadores de un sorteo hasta los disciplinados que llevan cuatro años ahorrando para lograrlo. Este fenómeno de masas es un deleite. Para muchos, equivale a tomar un mes de vacaciones mentales.

Es además un generador de negocios. Por ejemplo, por un jugador como Cristiano Ronaldo, portugués, que debe su nombre a la admiración que su padre sentía por Reagan, el Real Madrid pagó más de 100 millones de euros.

Jonathan Dos Santos, jugador de nuestra selección al que Javier Aguirre dio de baja recientemente, firmó un contrato con el Barcelona cuya carta de rescisión vale 30 millones de euros. Como estos hay cientos de negociaciones entre clubes que barajan contratos. El mundial reposiciona jugadores que entretienen al público a la vez que impresionan hombres de negocios.

De paso, la atención del mundo se centra en un país que vende una imagen renovada y busca transformar su destino.

México, como todos, entra en trance. Esperemos que, en medio de la guerra y a un mes de las elecciones, hasta el narco descanse. Por lo pronto, el Presidente Calderón no lo resistió: se va a Sudáfrica. Jacob Zuma lo anunció y presidencia lo confirmó. ¿Cómo no asistir a la inauguración? Hay que apoyar a la selección, ya tenemos el partido inaugural.

Felipe Calderón, futbolero como es, montó su teatro, armó su encuesta y se apuro a sacar pendientes. Ya se cumplieron 100 días de “Todos somos Juárez” y dice su coordinador, que ahí la vida fluye normalmente. Inauguró el primer puente levadizo de Latinoamérica y reconoció las dificultades para un acuerdo en la cumbre de Cancún. Ya ofreció pensión vitalicia a los padres de las víctimas de la guardería ABC y hasta declaró el 5 de junio día de luto nacional. ¿Qué más?

Puede irse a Sudáfrica el presidente y dejarnos cargar con su guerra. Puede dejar al Jefe Diego secuestrado, total es su familia la que negocia. Pueden quedarse las entidades tranquilas. Por un par de días no habrá intervenciones en los procesos electorales. Lo único relevante es que no se olvide el Presidente que el mundial sólo genera una pausa en el ánimo nacional. Que no se confunda. No es ni ganando la final que terminará la descomposición nacional.

Que no crea el presidente que vamos a olvidar el cinismo de Molinar que rechaza toda responsabilidad sobre la guardería ABC. Temporalmente dejaremos de pensar en cómo hay funcionarios que gozan sus puestos mientras no tengan que rendir cuentas.

¡Qué ventaja el Mundial! Por treinta días pensaremos en ganadores y perdedores de las canchas sudafricanas. Analizaremos penas y penales, jugadas y patadas, goles y expulsiones. Encontraremos responsables de las derrotas, nos apropiaremos de las victorias. El fútbol es algo así. Un espacio, un tiempo donde parece que todos asumimos un rol distinto. Dejamos los malos pensamientos. Conoceremos además al país anfitrión, que con todos sus problemas, es un ejemplo sobre manejo de transiciones democráticas.

Que aproveche su visita el presidente porque hay mucho que aprender de Sudáfrica. Allende el futbol, que pregunte sobre gestión de cambios estructurales y métodos para unir a un pueblo después de años de división. Que platique con Nelson Mandela. Que escuche, que se inspire porque después del mundial, cuando acabe la pausa, le quedarán 2 largos años de mandato que no se vislumbran fáciles. Tiene que reconsiderar sus estrategias, repensar su enojo con la ciudadanía. Debe reconectarse con los mexicanos, escuchar a amigos y detractores para poder palpar el ánimo nacional. No puede cambiarlo todo pero, con estrategia, paciencia, responsabilidad y trabajo será más fácil avanzar. Sudáfrica, tiene cosas que aportar. Mientras nosotros disfrutamos de la pausa…

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De colombianizaciones a colombianizaciones

June 1, 2010

— 12:00 am

En memoria de Adolfo Aguilar Zinser,

a 5 años de su muerte

Es recurrente el debate sobre la colombianización de México. El término suele referirse a la penetración del narcotráfico en la sociedad, la política, la economía y al padecimiento de sus consecuencias. Conforme se intensifica la “guerra” y se exhibe la magnitud del problema  crece el temor.

El gobierno niega las similitudes. Defiende su estabilidad económica, su fortaleza institucional, su control del crimen y se queja de la incomprensión de la opinión pública. La sociedad percibe el parecido. Predominan los muertos, desaparecidos, levantados, secuestrados, enfrentamientos, y penetración del narco en política, campañas, candidatos y autoridades. El narco pasó de rumor a noticias; de actividad ilegal a bandera política.

Aunque el gobierno lo niegue, el narco está públicamente casi en todos los ámbitos de la vida nacional. El último ejemplo es Greg Sánchez. Allende el momento político de su detención y los crímenes imputados, administró al principal centro turístico nacional por casi tres años. La vulnerabilidad del estado de derecho se hace palpable con mayor frecuencia en todos los órdenes de gobierno.

No hemos llegado al deterioro de Colombia. Hay pocos crímenes políticos de alto nivel (Diego Fernández, por ejemplo). No hay secuestros masivos todavía y la narcopolítica apenas empieza a hacerse pública.

Institucional e ideológicamente, también estamos lejos. Colombia lleva décadas con una estructura democrática y un modelo económico razonablemente estable, a pesar de los problemas de seguridad. Mientras, México sobrevive entre crisis, cambios de modelo y un dogmatismo a ultranza que no nos permite avanzar.

Estamos cargados de viejas ideas que nos mantienen amarrados al pasado o lo que hubiéramos querido que éste fuera. Vivimos en la nostalgia de tiempos pasados mejores porque los actuales no ofrecen perspectivas alentadoras. Instalados en esa dinámica, ni el gobierno ni sus opositores transforman su discurso. Plantean a EUA como enemigo, refrendan conquistas sindicales, hablan de paz social y de unidad nacional. Mantienen una identidad incompatible con el mundo moderno.

La lucha del narco por el poder en Colombia era distinta a la nuestra. Para bien o para mal, los colombianos aceptaron el Plan Colombia. Entraron de lleno a un esquema de cooperación con EUA y desarrollaron una guerra seria contra el narco. Hoy, tienen resultados concretos.

Nosotros no logramos ni eso. Hace 16 años que somos socios comerciales de EUA pero no podemos cooperar más allá de las cenas de gala. No planteamos esquemas de integración regional viables y atractivos para las dos naciones. No vemos más allá de una reforma migratoria y somos incapaces de lograr un desarrollo que evite la salida de nuestros connacionales. Nos indigna que den prioridad a sus intereses, pero en los nuestros ni nosotros pensamos.

No confiamos en la cooperación del vecino. Pedimos apoyo en la frontera, mandan a la Guardia Nacional y la Canciller levanta sospechas. Pedimos ayuda para facilitar el comercio. Promueven la modernización de aduanas y el gobierno cuestiona los mecanismos de operación. No superamos los atavismos de nuestra historia. Los tiempos y el mundo cambiaron. Tenemos que entender que si pedimos ayuda debemos cooperar. De lo contrario, rasquémonos con nuestras propias uñas y dejemos de exigir corresponsabilidad del vecino.

Vivimos un conflicto entre los que quieren lograr lo que no pudieron, y los que pretenden instaurar un modelo “ideal” que varía según su bagaje ideológico. Ante pleitos por principios añejos, los mexicanos estamos en el margen. Conforme avanzan las nuevas generaciones, esos discursos caen en oídos sordos.

El reciente proceso electoral colombiano plantea un nuevo significado del término  colombianización. Después de 20 años de sangre, Colombia logró lo que hoy se considera la campaña política más propositiva, civilizada y seria de Latinoamérica en los últimos años.

El discurso de las campañas se transformó, tuvo contenido, y desarrolló un nuevo vínculo con el electorado. En resultados, predominó el status quo y ¡el perdedor lo aceptó! El resultado se entiende. Para una sociedad en conflicto es normal buscar la continuidad de un gobierno competente como el de Uribe. Mockus fue un fenómeno entre los jóvenes y planteó mecanismos para pensar “fuera de la caja”. Empiezan a romperse viejos paradigmas y a abrirse discusiones sobre temas actuales ajenos a las   viejas ideologías.

Si estamos en proceso de colombianizarnos, que sea en este sentido. Que el desangramiento nacional nos lleve al desarrollo político. Que surjan líderes serios como el presidente Uribe, como Santos, o como Mockus o como los candidatos minoritarios que mucho aportaron al debate. Queremos planteamientos frescos que extirpen demonios y mitos, no estrellas de televisión que repitan el discurso revolucionario original. Ojalá que la colombianización a pesar de la sangre, genere el surgimiento de un gabinete que construya instituciones, de gobernadores trabajadores y de alcaldes innovadores. Entonces podremos decir que la colombianización de México es una buena noticia.

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